1.- ¿Se han cumplido los objetivos marcados hace diez años?

Rotundamente no. En 2009, los Estados miembros de la Comisión de Narcóticos adoptaron una “Declaración política” con el objetivo de “eliminar o reducir considerablemente” la oferta, la demanda y el consumo de drogas hasta 2019, algo muy lejos de alcanzarse. De hecho, las plantaciones de opio, coca y cannabis han aumentado en los últimos años. Además, se han creado cientos de nuevas drogas sintéticas, hay más consumidores de drogas y hay más muertes por su uso. Numerosas ONG advirtieron en 2009 de que los objetivos de la CN no eran realistas.

2.- ¿Tienen todos los países la misma visión sobre cómo enfrentar el tema de las drogas?

Ni mucho menos. El enfoque “prohibicionista” que dominó las políticas antidroga desde la segunda mitad del siglo XX se resquebraja. En realidad, las medidas que aplican los Estados son cada vez más divergentes y el consenso es mínimo. En Europa y en cada vez más países de América Latina se ve el problema como una cuestión de salud pública y se cree que la criminalización del consumidor no es la solución. Por su parte, Rusia, los países árabes o gran parte de Asia siguen apostando por medidas punitivas, algunos hasta el punto de seguir aplicando la pena de muerte por narcotráfico. Una muestra de esa falta de acuerdo es la legalización del cannabis para uso lúdico en Uruguay, Canadá y en diez Estados de EEUU. Las convenciones sólo permiten usar esa droga con fines médicos o científicos. Estos países consideran que con la regulación del mercado se quita fondos a las organizaciones criminales y se combate mejor la criminalidad. La falta de resultados con las políticas “prohibicionistas” ha llevado a que algunos países experimenten nuevas opciones por su cuenta, rompiendo un consenso que hasta ahora parecía intocable. Pero también hay políticas represivas unilaterales, como la brutal campaña en Filipinas, con asesinatos extrajudiciales de supuestos narcotraficantes. Las diferencias sobre el respeto de los derechos humanos de los consumidores y los tratamientos -en algunos países asiáticos se los interna sin juicio o se los somete a maltratos- son también un punto en disputa. “Las drogas han destruido muchas vidas, pero las políticas gubernamentales equivocadas han destruido muchas más”, dijo en una ocasión Kofi Annan, años después de ser secretario general de la ONU.

3.- ¿Hay ahora más o menos drogas que hace diez años?

Hay más variedad y más cantidad. El último informe sobre estupefacientes de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) alerta de que la producción de opio y cocaína está en máximos históricos. Gran parte de este aumento se debe a la expansión de los cultivos de adormidera en Afganistán. Como resultado, la heroína, la droga más letal, se ha abaratado en Europa y Oriente Medio. En 2017 la producción mundial de opio llegó al máximo histórico de 10.500 toneladas. En 2016 la producción de cocaína también alcanzó el nivel más alto jamás registrado, con unas 1.410 toneladas. Respecto a las drogas sintéticas, en los últimos años se han producido incautaciones récord de sustancias como anfetaminas y metanfetamina, así como de sus precursores, lo que indica un auge de este mercado. Además, han aparecido cientos de nuevas sustancias químicas. Entre 2009 y 2017 se han detectado 803 nuevos narcóticos en 111 países, según la ONUDD.

4.- ¿Han aumentado las muertes vinculadas con las drogas?

Sí, casi se han triplicado. El número de fallecimientos relacionados con el consumo de drogas pasó de 183.500 en 2011 a 450.000 en 2015, según datos de la ONUDD, lo que supone un aumento del 145 %. Ese aumento se atribuye al incremento de la producción de opio, a nuevos analgésicos y tranquilizantes de origen ilegal y, en general, a la proliferación de sustancias que ha creado “una complejidad sin precedentes en el problema de las drogas”, según el último informe de este organismo. Solo en EEUU, en 2017 se registraron más de 70.000 muertes por sobredosis de derivados del opio y opioides sintéticos usados como tranquilizantes o analgésicos.

5.- ¿Y América Latina?

América Latina es una de las regiones del mundo que ha sufrido más en la lucha contra el narcotráfico. La región tiene la mayor tasa de homicidios del planeta, lo que, en parte, se debe a la violencia vinculada al narcotráfico. En México, el entonces presidente Felipe Calderón (2006-2012) sacó a soldados a las calles en su declarada “guerra contra el narcotráfico”. Su sucesor, Enrique Peña Nieto (2012-2018), no modificó esa estrategia y siguió la espiral de violencia. Desde 2006 se han producido alrededor de 200.000 asesinatos en México relacionados con el narcotráfico. Ante el círculo vicioso de represión y violencia, países como Guatemala, México, Colombia, Ecuador, Bolivia o Uruguay han pedido cambios en las estrategias internacionales. Muchos países de la región se han alejado de la simple criminalización del consumidor y han adoptado un enfoque de salud pública y promovido programas pioneros de desintoxicación y prevención. En varios países, como en Colombia, el consumo personal se ha despenalizado y es ahora una falta administrativa, algo que se aplica en Europa desde hace lustros. Numerosas naciones han comprendido que en la lucha contra el narcotráfico es inútil que el Estado dedique enormes recursos a perseguir a los pequeños consumidores. Uruguay fue el primer país del mundo en el que el Estado reguló la venta de cannabis.

6.- ¿Y qué pasa con Estados Unidos?

EEUU ha sido durante décadas el promotor de las políticas de mano dura contra las drogas. Desde que el presidente Richard Nixon declarase en 1971 la “guerra contra las drogas”, ha financiado y apoyado en el exterior la lucha contra el narcotráfico, mientras que dentro de sus fronteras ha aplicado una dura legislación que ha llenado sus cárceles de consumidores de drogas, sin haber reducido la demanda. Desde la década de 1980, la población carcelaria de EEUU ha pasado de 500.000 a 2,2 millones, con una presencia desproporcionada de integrantes de las minorías: actualmente uno de cada tres presos es afroamericano. En los pasados años, tanto a escala federal como estatal, se han suavizado las políticas represivas y en diez estados se ha legalizado el consumo de cannabis con fines recreativos. Se da así una situación extraña: mientras el Gobierno federal aplica los tratados contra las drogas, algunos de sus estados no los cumplen. Para el expresidente de Colombia César Gaviria, este cambio es el principio del fin de la denominada “guerra contra las drogas”. “Estados Unidos empezó la guerra contra las drogas y ahora la está terminando”, vaticinó en declaraciones a Efe en 2015.

7.- ¿Y qué traerá el futuro?

La opinión de numerosos expertos es que el consenso internacional se mantendrá sobre el papel pero cada país adoptará políticas internas cada vez más divergentes. Algunos apostarán por medidas más liberalizadoras y por la regulación, mientras que otros doblarán la apuesta por la mano dura, lo que, como hasta ahora, tendrá un gran impacto en la población más vulnerable.