La historia escrita por Osvaldo Bazán se remonta a la década del noventa en Rosario, Argentina ¿Los protagonistas? Nico y el propio Osvaldo, una pareja que se rompe sin razón aparente. Las preguntas que plantea el montaje son universales: ¿Por qué se acaba el amor? ¿Por qué nos abandonan? Con humor, música y reflexiones varias intenta dar respuesta a esas interrogantes.

Pero para convertir su propia ruptura en una obra musical fue todo un proceso. Antes fue un libro, antes fue un relato, antes fue una terapia: Un día, en plena sesión, el psicólogo le dijo a Bazán: “Sos escritor, ¿por qué no escribís?”. Así fue como toda la pena de la ruptura se convirtió en páginas y páginas de su historia junto a Nico.

-Empecé a escribirlo y se lo mostré. Y me dijo: “Mirá, lo que pasa es que cuando vos me lo contás acá, llorás y cuando vos escribís hacés chistes”. Entonces dije perfecto, no vengo más y me dedico a escribir chistes. Ese relato no tenía ninguna intención de ser público.- recuerda al otro lado del teléfono desde Argentina.

Pero lo fue y el destinatario era sólo uno: Nico. Para Osvaldo los dos años que habían pasado desde su abandono no habían sido suficientes y viajó desde Buenos Aires -ciudad a la que se había cambiado para superar el quiebre- a Rosario con el fin de entregarle el texto.

-Llegué a las nueve de la noche, pero no estaba en la casa. Me quedé sentado afuera hasta las 10 de la mañana del otro día.  Cuando aparece por su casa, estaba con otro muchacho. Ahí tuvimos una pequeña pelea. Me vine y decidí, ahora sí, que se había terminado- recuerda.

Varios meses después de ese hecho, Bazán imprimió copias del texto y las repartió entre sus compañeros del periódico en que trabajaba en esa época. Así fue como entre periodistas se compartieron el escrito y lo incitaron a publicarlo.

-Salió en 1999 y funcionó bien, ya va por la sexta edición. La idea era simple: contar una relación amorosa desde que se termina hasta el comienzo. Y tratar de desentrañar por qué. Cuando lo hice me di cuenta de que en realidad no estaba hablando sólo de una relación homosexual, sino que de cualquier persona que está hecho pelotas porque lo dejaron.

Una noche del año 2006, Osvaldo estaba en su casa revisando Twitter. Allí vio un comentario de Ricky Pashkus -director de teatro reconocido en Argentina- que decía: “En Argentina tenemos todo para hacer comedia musical: buenos cantantes, músicos y escenógrafos, pero nos faltan buenos libros”. Allí, sin mayores pretensiones, el periodista le escribió: “Yo tengo un libro para una comedia musical”.

Ambos se fueron de vacaciones y quedaron de verlo dentro de un mes.

-Cuando nos juntamos, yo fui decidido a decirle ‘no, no lo vamos a hacer, discúlpame, te hice perder el tiempo’”. Estaba convencido de que ya había sido. Entonces Ricky me empezó a explicar por qué era una comedia musical. Yo le dije: “¿Sabés qué pasa? no lo vamos hacer, porque yo no admitiría que otro lo adapte para el teatro y yo no lo voy a hacer porque para mí las comedias musicales son una pelotudez”. Cosa que en ese momento pensaba seriamente. Entonces Ricky me dijo: “Pero claro que son”, y ahí me convenció. Me desorientó mucho esa respuesta.

Desde ese día, Ricky visitó la casa de Bazán una vez por semana todos los viernes para enseñarle cómo convertir su libro -y tragedia- en un musical.

-Cuando estábamos en la mitad del proceso, me angustié pensando: “Bueno, ¿y esto qué música lleva?”. Llegué a la conclusión de que era una música tipo Pimpinela, pero degenerada. Y la respuesta a eso era Miranda!- dice entre risas.

El casting chileno se realizó en marzo con una amplia convocatoria que hizo un llamado a actores, bailarines y cantantes. El elenco, ya escogido, tendrá su debut en las tablas del Teatro Mori Bellavista el próximo 2 de mayo.

¿En qué radica la relevancia de este trabajo teatral?

-Lo importante es que esta historia es el fiel reflejo de lo que le pasó a muchísima gente: cómo enfrentas una relación gay en países latinoamericanos por esos años. Creo que las cosas que nos pasan -discriminación, violencia, ataques homofóbicos- son porque no nos hemos explicado lo suficiente, porque no nos han escuchado lo suficiente. Cuando vos terminás de contar la historia homosexual, lo que te queda es que la homosexualidad no es nada. No es absolutamente ninguna otra cosa más que un mal entendido, es una manera de relacionarse distinta a la que tiene la mayoría de la gente, y lo que ha pasado es que la dinámica de relación entre las mayorías y las minorías ha sido muchas veces cruel. Lo único que yo intentaba era desmontar esa crueldad, pero no es una obra aleccionadora.

ntiendes el éxito que ha tenido esta obra?

-La gente se divierte de principio a fin, pero también llora en algún momento, lo que es bárbaro porque pagas una misma entrada para reir y llorar. También hubo una identificación muy grande: cuando vos mostrás que el problema del abandono amoroso no tiene género ni sexualidad, estás diciendo somos todos iguales. Y somos todos iguales porque somos diferentes, en eso nos igualamos.

¿Esta idea de que todos somos iguales en la diferencia fue algo que surgió mientras creabas o lo racionalizaste después?

-En el 2004 publiqué “Historia de la homosexualidad en la Argentina”, que es un tratado periodístico de historia en donde me puse a estudiar e investigar las raíces de la discriminación y llegué mucho antes de la llegada de Colón a América. Cuando empezás a leer te das cuenta que siempre fue político, que siempre alguien le sacó rédito, que siempre a alguien le interesó tener una minoría subyugada.

Esta obra también llega en una discusión parecida en Chile, ¿qué importancia crees que tiene la difusión y la muestra de este tipo de montajes o expresiones artísticas?

-Para mí es fundamental y es una enorme alegría que se pueda hacer en Chile en este momento. Yo participé muy activamente en la Ley de Matrimonio Igualitario acá en el Congreso, di charlas, defendí la idea en todos los foros posibles, anduve por todo el país hablando del asunto, creo que es justamente el apoyo que puede darse a través de lo no esencialmente político, a través del arte, de historias, a través del corazón… Una cosa es cuando lo entendés, otra cosa es cuando lo sentís.

¿Reconfiguraste tu trabajo como una forma de hacer activismo?

-Fue un proceso vital, no buscado como tal. Yo me despierto una mañana y tengo un montón de mensajes en mi celular y veo que en el Congreso de la Nación, el día en que se discutió entre diputados la Ley de Matrimonio Igualitario cerraron la discusión leyendo el epílogo de mi libro de historia, y eso no es algo que yo haya buscado. Ocurrió. En sociedades como la nuestra que un profesional exitoso en lo suyo salga y diga: “sí, soy gay y está todo bien”, es una presencia muy potente y política.

La obra la escribiste hace varios años, probablemente más joven y bastante más inexperto, ¿qué visión tienes hoy del amor?

-Creo es bastante parecida la mirada. El amor es una sucesión de malos entendidos que a veces salen bien. Ahora tengo una relación de 20 años que viene saliendo bien, pero no te puedo asegurar que eso vaya a seguir pasando. Tuve una historia de seis años con Nico que venía saliendo bien y un día llegué a mi casa y ya no estaba. Es medio de todos los días y exige voluntad, trabajo.

¿Te gustan las comedias musicales hoy en día?

-Ahora no soy prejuicioso, hay muchas que me gustan y muchas que no me gustan nada. Igual, las que más me gustan son las mías. Ahora entiendo por qué en un momento todos se ponen a cantar y a bailar como locos. Antes pensaba: “pará, sentate, está todo bien, no hace falta que grites”. Cuando no te alcanzan las palabras tenés que cantarlas, cuando no te alcanza para expresarte tienes que bailarlo.