Columna de Maite Orsini: La miopía del Gobierno ante las miserables jubilaciones de las mujeres

Columna de Maite Orsini: La miopía del Gobierno ante las miserables jubilaciones de las mujeres

El proyecto de reforma al sistema de pensiones representa la miopía del gobierno en esta materia, y su incapacidad de hacerse cargo de lo que el movimiento feminista demanda…

Por Maite Orsini, diputada Revolución Democrática

El 8 de marzo de este año, el movimiento feminista se volcó a las calles de todo el país para mostrar que las mujeres somos una fuerza transformadora cuyo objetivo es construir una nueva sociedad. Nuestras demandas, como feministas, buscan ampliar la democracia en todos los ámbitos: desde el fin de la violencia machista que precariza nuestra vida, pasando por el acceso a la educación como un derecho social, hasta el fin de las AFP y la creación de un nuevo sistema de seguridad social.

La amplitud del movimiento es rechazada por sectores políticos conservadores por tratarse de problemas que “exceden” a lo que se llama y reconoce como feminismo. Esta crítica es incapaz de concebir que el movimiento no tiene una agenda sectorial para mujeres, sino que al contrario, tiene una propuesta transformadora para todo el país. No resulta sorprendente, por ello, que tanto el Presidente como la Ministra Plá hicieran diversos llamados a no parar el 8 de marzo, ya que, en sus palabras, las demandas del movimiento habían sido asumidas por el gobierno.

Tampoco resulta sorprendente que esa visión se relacione con algunas propuestas que componen la “Agenda Mujer”, así como en diversos proyectos de ley que a ojos del movimiento feminista no pueden sino aparecer como contrarios a sus principios y demandas. En esta columna quería comentar las razones por las cuales el proyecto de reforma al sistema de pensiones representa la miopía del gobierno en esta materia, y su incapacidad de hacerse cargo de lo que el movimiento feminista demanda.

En primer lugar, el proyecto presentado es una profundización del modelo de ahorro individual. No añade ninguna lógica solidaria para colectivizar los riesgos. ¿Por qué esto es importante para un proyecto feminista? Porque uno de los primeros pasos que debemos dar hacia una sociedad libre de todo tipo de discriminación es la visualización del trabajo no remunerado relativo a las labores de cuidado. ¿Por qué una mujer que se dedicó a cuidar sus hijos -al mismo tiempo que el padre trabajaba- no recibe ningún reconocimiento de esta labor en su pensión? El trabajo que han hecho las mujeres es parte fundamental de la reproducción de la fuerza de trabajo de las sociedades y seguir apuntando a un modelo de ahorro individual v/s un sistema que colectivice riesgos es no reconocerlo.

En segundo lugar, este proyecto ofrece aportes miserables a cientos de miles de mujeres que no tienen cotización y reciben la Pensión Básica Solidaria. Por ejemplo, las mujeres menores de 70 años verán aumentada su pensión en sólo 11 mil pesos. ¿Bajo qué criterio sostienen que este es un aumento significativo? Un mayor aumento en los montos y en la cobertura beneficiaría directamente a las mujeres que han sufrido un discriminación histórica en el mercado del trabajo, tanto en sus sueldos como en las labores que se les han asignado, avanzando en cambiar la lógica de focalización de gasto hacia una de prestaciones universales.

Por último, el subsidio a las mujeres de clase media, que entregaría 5.500 pesos por cada año cotizado por sobre los 16 años es, sencillamente, una fantasía: el promedio de años cotizados es solo de 15,6 en el caso de las mujeres. Sin embargo, este no es un problema puramente paramétrico: la mirada de fondo detrás de esta medida es la lógica de subsidiar el trabajo de las mujeres y no una política acertada en términos de previsión social y feminismo. La razón de ello es que las tasas de reemplazo para la mayoría mejorarían sólo marginalmente y de manera regresiva, con un mayor retorno para las mujeres que pudieron acceder a mejores oportunidades de trabajo formal y excluyendo a quienes no pudieron o dedicaron mayor tiempo a labores de cuidado y otros trabajos informales.

El desafío que pone el movimiento feminista en los hombros de legisladoras y legisladores es el de acercarse a toda discusión con una óptica feminista. En el caso del debate previsional, esto significa buscar los mecanismos que nos permitan reconocer, con un impacto concreto y significativo en las pensiones, el trabajo no remunerado como una labor económica clave para la sociedad. Desde Revolución Democrática y el Frente Amplio estamos convencidas y convencidos que la introducción de aspectos solidarios en la reforma previsional, como una pensión universal y ahorro colectivo, es el camino para socializar los costos del trabajo no remunerado sin privatizar sus beneficios. Créditos foto: Fernando Ramírez. 

Comentarios
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