Por Alejandro Basulto

Junto con el auge del neofascismo, hay otra tendencia ideológica y cultural que también está en el alza. Y ese es el fanatismo religioso. Aclaro, no el catolicismo, no el evangelismo, no el judaísmo, ni ninguna otra religión en especial. Sino que el fanatismo religioso, que también va de la mano con el mercenarismo religioso. Es decir, hablamos de personas, que nubladas de toda razón, atacan a otras por vivir de manera diferente a lo que dicta su religión y con tal de que sus postulados sean impuestos a todos y todas a través del Estado, son capaces de vender sus ceremonias y toda su religiosidad, al más cruel ultraderechismo.

Frente a ello, nos encontramos con dos escenarios. Uno en el que el Estado aún subsidia la religión en diferentes áreas, siendo que debería funcionar como Estado Laico. Y dos, que culturalmente no se ha hecho hegemónicamente reprochable que por ejemplo a un niño/a se le obligue a participar de un acto religioso contra su voluntad o que se le ataque desde el dogma por su identidad de género u orientación sexual.

En resumidas palabras y para aterrizar lo anterior con la temática de la niñez y adolescencia en específico, tenemos un Estado que subsidia el adoctrinamiento religioso contra niños, niñas y adolescentes, y una cultura hegemónica que todavía no reprocha debidamente el maltrato que nace del fanatismo religioso.

EL DEBER DE TENER UN ESTADO LAICO

Lo que primero hay que tener claro es que en Chile no hay un Estado Laico. En ningún artículo dice que el Estado chileno sea laico. Y tiene su razón obvia, ya que claramente a un gremialista y católico como Jaime Guzmán, nunca le hubiera parecido bien eso. Lo que sí hay es un Estado Religioso. Es decir, desde 1925 se separó de la Iglesia, pero no hay ningún impedimento en que el Estado subsidie y participe en actividades religiosas.

Es decir, el cambio matriz que debería haber, es cambiar la Constitución para tener oficialmente un Estado Laico y que se defina como que es el que no subsidia religión alguna, dejando este asunto en la privacidad de cada uno de los individuos y comunidades. Porque si no, tenemos un Estado que puede llegar a gastar millones de pesos en beneficio de una religión, a costa de los contribuyentes que no todos pertenecen a ella.

Posiblemente si hablamos de laicismo y niñez, lo primero que se nos vendrá a la mente es la educación. Que en Chile no es laica y tiene un decreto que viene de la dictadura (el 924) que obliga a impartir religión en todos los establecimientos educacionales, incluyendo claro está, los públicos.

Frente a la educación religiosa con recursos públicos no solo está la problemática de que se está adoctrinando a niños, niñas y adolescentes en una religión con recursos de todos los contribuyentes (sean creyentes de esa religión o no), sino que además da pasada a diversas discriminaciones. Desde comentarios LGTBIfóbicos de profesores contra estudiantes, a la existencia de alumnos educacionalmente marginados, ya que al estar eximidos, deben irse a otra aula.

Sin olvidar que el estar eximido no es decisión del estudiante, sino que del apoderado, por lo que si hablamos de uno ausente o de un niño/a que se encuentre en Sename, lo más probable es que se vea obligado a asistir a clases de religión, aún en contra su voluntad.

Por último con respecto a la educación, no solo la educación municipal y estatal no son laicas, sino que además el Estado a través de diversas leyes (Ley de Inclusión Escolar por ejemplo), financia proyectos educativos religiosos y que por lo tanto, incluirían adoctrinamiento religioso. Desde una perspectiva realista, puede que actualmente retirar la subvención a esos colegios, provoque una crisis de falta de matrículas, pero sí debe ser negada la posibilidad de que se sumen más colegios religiosos al beneficio de la subvención estatal y avanzar progresivamente de esa manera, hacia la laicización de la educación subvencionada..

Pero no solo la educación escolar es parte del adoctrinamiento religioso, o de una política de subsidio estatal a religiones (en especial, cristianas). También lo es el mismo Sename. Donde no solo la Iglesia tiene muchos hogares como organismo colaborador de la institución (con más de una denuncia por abuso en ellos), sino que también, hay residencias de Sename (estatales) en las que se dá una crianza religiosa por parte de los educadores y demás miembros del hogar.

Esto último es intolerable desde un perspectiva del respeto laico. Pero quisiera profundizar en lo de subsidiar a hogares pertenecientes a la Iglesia. Siendo la razón principal el abuso infantil. La cantidad de casos de encubrimiento en la misma Iglesia como también en sus hogares (un ejemplo, es lo que ocurrió en el hogar Villa San Luis), nos advierte sobre lo peligroso e irresponsable que es que el Estado tercerice la crianza de los niños más vulnerados dejandosela a ellos. Hoy nada menos que las cabezas de la Iglesia Católica están siendo investigadas por encubrimiento y el Estado aún sigue dejándole a niños y niñas vulnerados en sus manos.

Hay otras áreas en las que el subsidio estatal a lo religioso, es directamente una acción irresponsable y dañina contra la niñez y adolescencia. Pero pasemos también a las irresponsabilidades indirectas.

Ya que por ejemplo, desde el 2010 al 2018 el Estado le ha entregado 151 propiedades fiscales a iglesias evangélicas. Incluyendo la liderada por el cuestionado obispo Eduardo Durán (e integrada también por su hijo de diputado), que ha recibido el aporte de 8 propiedades fiscales entre el 2014 y el 2018, según una investigación de Ciper. La Iglesia del obispo Durán fue la más beneficiada de estas entregas de propiedades fiscales, recibiendo además de las 8 inmobiliarias, en comodato un inmueble de 978 mt2 cuyo avalúo fiscal es de $414 millones. Solo basta realizar un leve ejercicio de imaginación, para darse cuenta la cantidad de mejoras que se podrían realizar para la niñez y adolescencia vulnerada con todo ese dinero regalado.

LA NECESIDAD DE UNA CULTURA HEGEMÓNICA LAICA

Lo primero que hay que aclarar, es que un Estado Laico no es lo mismo que un Estado Ateo, es decir, no es un Estado que persiga y prohiba religiones (sino que solo no se mete con ellas, ni para su beneficio o en contra). Y una cultura laica no es una en la que haya una ausencia de religiones, sino que es una en la que haya un trato armonioso de estas entre sí y con las diferentes comunidades e individuos.

Una antípoda de cultura laica, sería por ejemplo lo que realizan ciertos pastores que salen a la calle a insultar y a denostar a personas LGTBI o que simplemente no sean creyentes. No es necesario explicar el por qué, debido a que tratar mal a alguien (y en público) por su identidad sexual o su creencia personal, es realmente una falta de respeto grave. De estas expresiones de intolerancia y violencia, pueden ser víctimas hasta niños y niñas, como fue el caso de las y los pequeños trans que fueron al congreso durante la tramitación de la Ley de Identidad de Género.

De hecho, si nos agarramos de la discriminación contra NNA transgénero, el mal llamado “Bus de la Libertad” es otra demostración de lo dañino que es el odio del fanatismo religioso, que es contrario a una cultura laica. Paseándose por las calles, insultó y atacó a todo niño o niña trans que leyera su mensaje. Una vergüenza y falta de respeto total.

Pero una cultura laica iría más allá. Hablemos de la catequesis, del bautismo. Hace poco leí el caso de un evangélico que se sentía orgulloso de obligar a su hija a leer la Biblia, cuando ella no quería y sufría por ello. De verdad no se logra entender a esos padres que imponen su religiosidad a sus hijos e hijas. Es como imponerles una ideología, inscribirlos en un partido contra su propia voluntad.

Y más aún, poniéndose uno de su lado, como padres religiosos, menos aún se entiende. ¿No sería lo ideal y lo más bello para todos, que el niño o niña llegue a Dios (o no) a través de su propia búsqueda y que no sea en vez su religiosidad algo producto de un adoctrinamiento e imposición que se realizó en su más temprana e indefensa inmadurez?

En resumidas palabras, una cultura laica, y en cuanto a los NNA, es una en la que nadie haciendo uso de su religión, te va a atacar por ser diferente o de otra creencia. Es una en la que no se verá bien que a niños y niñas se les obligue e imponga pertenecer a una religión, sino que en vez dejar que ellos, ya maduros, lleguen por su cuenta a una creencia o no en especial. Es una en la que los adultos cuidan, guían y entregan valores que van por encima de toda religión, como lo son el respeto, la solidaridad, la misericordia, entre otros fundamentales para sostener una convivencia social virtuosa.

Y junto con una cultura laica, se necesita de un Estado Laico que la sostenga, y viceversa. De tal manera, que aún ante los peores populismos y ataques provenientes desde el odio, el miedo y la ignorancia, la permanencia de una sociedad laica, de respeto y de paz, permanezca por sobre todas las dificultades.