Sandra no se llama Sandra. Andrea tampoco se llama Andrea. Miriam no es Miriam. Las tres, profesionales en ámbitos diversos, piden como única condición para iniciar la charla no revelar sus verdaderas identidades. No tienen miedo, al contrario, se definen como luchadoras. Solicitan el anonimato para no tener represalias en sus trabajos. Las mujeres que alzan la voz y son fanáticas del fútbol aún son vistas con recelo.

Sandra, Andrea y Mirian son voceras de la agrupación Nuestra Cruzada, un movimiento feminista que hace rato se hace notar en San Carlos de Apoquindo alentando a la Universidad Católica. Sus intervenciones traspasan los márgenes de una cancha de fútbol. El suyo es un movimiento político.

“Somos una agrupación que se define como feminista, separatista, independiente y autónoma, de hinchas de la Universidad Católica”, describe Andrea.

“Lo nuestro es feminismo puro –agrega Sandra- pues necesitábamos una agrupación como esta para poner temas sobre la mesa. Un trabajo en el fútbol netamente de género, desde mujeres, para mujeres y hecho por mujeres”.

-¿La agrupación surgió a partir de otros movimientos feministas?
A unísono las tres responden que no, que los tiempos coincidieron. Este grupo de hinchas se conocieron en el estadio y luego comenzaron a coincidir en diferentes marchas: Día de la Mujer, manifestaciones contra el sistema de AFP, 11 de septiembre. Pronto se percataron que las coincidencias iban más allá del aliento por los colores del mismo equipo de fútbol.

Se reunían de manera informal, hasta que un hecho trágico las motivó a formar el grupo, a decir basta. La noche del 30 de abril del 2018, en la cancha del Estadio Nacional, Universidad de Chile enfrentó a la Universidad de Concepción. El triunfo fue para los sureños por 2-1. Tras el partido cinco sujetos, ataviados con camisetas de la U de acuerdo a las cámaras de seguridad instaladas en el sector, abordaron a una mujer de 28 años en las proximidades de la estación Ñuble del Metro de Santiago. La redujeron y trasladaron a una plaza cercana al sector, en la calle Carlos Dittborn. Con la oscuridad y el silencio como cómplices, tres de ellos abusaron sexualmente de la mujer. La dejaron en el lugar, despojándola del dinero que portaba, sus tarjetas y su teléfono celular. La víctima caminó hasta su casa en el sector oriente de la capital. Fue a constatar lesiones junto a su marido a una clínica privada. No hubo detenidos por el incidente.

“Ahí dijimos No más. Hasta ese día teníamos un grupo de redes sociales donde organizábamos actividades, pero era momento de parar, de protegernos. Había que hacer algo, establecernos como agrupación”, explica Sandra.

Así nació Nuestra Cruzada.

“Comenzamos a trabajar de inmediato entregando información en el estadio de acuerdo a los tipos de violencia que existen, mostrar que somos violentadas en todo lo que conlleva ir al estadio. Eso incluye el trayecto y la salida. Necesitábamos visibilizar la violencia. No nos íbamos a quedar calladas nunca más, ni sentirnos culpables por denunciar. No nos vamos a ir a ninguna parte y estamos abiertas a que vengan todas las que quieran”, señala Andrea.

Su primera actividad fue la interpelación a Cruzados, la Sociedad Anónima que controla los destinos del club de la franja. Le pidieron realizar mamografías para las hinchas en medio de una campaña por el Cáncer de mamas. “Tampoco salió como queríamos –admite Andrea- porque se le dio ese beneficio sólo a las mujeres que fueran socias y se realizó en la Clínica San Carlos, que queda muy lejos. Nosotros queríamos que fuera para todas y en un lugar de más fácil acceso”.

Añade que “el nuestro es un movimiento político porque el feminismo en sí es político. La galería es nuestro espacio de lucha. Peleamos por el feminismo, el precio de las entradas, contra las AFP, contra las sociedades anónimas capitalistas que dominan el fútbol”.

No les gusta el término “empoderamiento”. Aseguran que sus intervenciones ya son conocidas al interior del club, con reacciones diversas.
Sandra distingue entre “dos tipos de hinchas. Está el de redes sociales, que con suerte conoce el estadio y el que va a San Carlos. La primera reacción del hincha de redes sociales es el rechazo, nos dicen que no podemos mezclar el fútbol con política, que no ocupemos los colores del club. Creen que vamos a crear un partido político y es lo que menos queremos. Ese tipo de hinchas es muy agresivo, amenazante, ofrece golpes, envía fotos para amedrentar, como diciendo que nos tienen identificadas. A algunos de esos los hemos visto en el estadio, pero nunca hacen nada en persona, solo se llenan la boca. Y está el hincha que va al estadio, que ya nos ubica. Hay apoyo, nos ofrecen ayuda en caso de eventualidades. Se dan cuenta que no somos solo un discurso”.

Viajan a lo largo de Chile y al extranjero. Han realizado intervenciones en la Casa Central de la Universidad Católica en favor del aborto libre y en la marcha feminista que conglomeró a miles de personas en marzo pasado. Entrar a Nuestra Cruzada requiere de un protocolo de ingreso.
“Nos contactan casi siempre por redes sociales, les preguntamos si son mayores de edad, si pertenecen a algún piño de la barra. Se agenda una reunión en el estadio para saber por qué quieren participar, qué buscan. Se les entrega una carta compromiso sobre la participación en las actividades y algunas cosas sobre las que nos regimos. Que mantengan en su vida una praxis feminista, nada de discriminación de ningún tipo, ni dentro ni fuera del estadio”, describe Sandra.

Poseen una estructura que no es jerárquica, sino que se distribuye en diferentes comisiones. Tan relevante como el espacio en el estadio es la trinchera que descubren en las calles. Miriam sostiene que “tratamos de estar presentes en todas esas actividades que nos definen. La autodeterminación de los pueblos, marchas sociales, vamos a talleres municipales, nos reunimos por la muerte de Camilo Catrillanca. La UC salió campeona jugando en Temuco y nosotros llevamos banderas, lienzos. Hicimos una manifestación política en la mitad de la barra en plena vuelta olímpica”.

Es tiempo de las sociedades anónimas en el fútbol. La pelota se transa en la bolsa de valores y la casta de antiguos dirigentes dio paso a empresarios que vieron en el balompié una plataforma de éxito inesperada. En este contexto, Cruzados SA es la concesionaria que controla al club deportivo de la Universidad Católica.

“Con ellos no tenemos relación, sí interpelación”, asegura Andrea. “Nosotros no le pedimos nada a las sociedades anónimas, les exigimos. La respuesta de ellos ha sido positiva en algunas cosas, pero podría ser mejor. Lamentablemente tenemos que aceptar que son los que rigen nuestro club”. Su compañera Sandra agrega que “con nuestra aparición, han tomado más en cuenta a las mujeres. Para el 8 de marzo, Día de la Mujer, Cruzados solicitó a la ANFP que en el derecho de admisión se incluyeran condenas por abusos sexuales y violencia de género. No se les ocurrió a ellos directamente, pero al menos lo tienen presente. Nació de una exigencia nuestra”.

El papel de la mujer en el fútbol ha sido, históricamente, menospreciado, desde todas las esferas: dirigentes, hinchas, jugadores y medios de comunicación. En la agrupación evitan el contacto con algunos de ellos debido a sus líneas editoriales. “Hace un tiempo hicimos una campaña de igualdad de género. Le pedimos colaboración a los planteles masculinos y femeninos de la Universidad Católica y casi todos aportaron con mensajes y fotos. Radio Cooperativa tituló que ‘Luciano Aued encabeza campaña de igualdad’ y eso no fue así. A las jugadoras ni las mencionaron, por ejemplo. Cuando una futbolista destaca hablan de la ‘Alexis Sánchez del fútbol femenino’. Siempre el parámetro es masculino”, resalta Andrea. Para Sandra “no vamos a aparecer en un medio donde se habla del feminismo y en dos páginas más allá hay machismo duro y cosificación de la mujer”.

JEISSON VARGAS Y EL CHAPA FUENZALIDA

Jeisson Vargas es jugador de la Universidad Católica. Hace un par de años surgió como la gran esperanza del cuadro cruzado, pero nunca despegó. Se fue a jugar a Argentina y luego a Canadá con escaso éxito. Con 21 años cumplidos regresó esta temporada a su club de origen con el objetivo de recuperar el nivel que encandiló a todos. Pero una sombra cubre a Vargas. En marzo pasado su esposa lo denunció por violencia intrafamiliar. La justicia decretó que el futbolista debía abandonar de inmediato el hogar que compartía con su pareja, además de la prohibición de acercarse a ella en un radio de 200 metros. Un año atrás, cuando jugaba en Estudiantes de La Plata, también fue denunciado por maltratos.

Vargas sigue siendo parte del plantel de la UC.

“Jamás podríamos apoyar a alguien acusado de violencia contra una mujer, como Jeisson Vargas. Lo vamos a criticar, da igual que se ponga nuestra camiseta. Ante situaciones como esa siempre le creemos a la mujer. Preferimos creerle a la mujer y reconocer si nos equivocamos en caso que una denuncia sea falsa, a creerle a un hombre que después puede ser un abusador o violador”, asegura Sandra con vehemencia.
Andrea añade que “para nosotros la Universidad Católica va más allá, quizás sea una pasión que a veces escapa de lo racional. Por lo mismo jamás podría defender que la camiseta del equipo que amo la vista un violador, un pedófilo o un violento. Los hinchas de la UC le cantan asesino a Johnny Herrera (atropelló a la joven Macarena Cassasús el 20 de diciembre del 2009, ocasionando su muerte), pero no son capaces de criticar a Jeisson Vargas. Para nosotros eso es una incoherencia. Nos da pena, rabia, que esa persona que defiende mis colores sea un maricón. Él debería ser separado del grupo hasta que la situación se aclare. Lo mínimo es que reciba una sanción de acuerdo a la gravedad de lo que hizo. No se robó un lápiz de un supermercado. Está acusado de violentar a una mujer”.

Otro caso que las moviliza es el de José Pedro Fuenzalida, el actual capitán de la Universidad Católica. El Chapa, como es apodado, es uno de los jugadores más representativos de la UC. Un futbolista atípico. No proviene de un estrato económico bajo, como la mayoría de los jugadores. Incluso se retiró del fútbol durante un período para enfocarse en sus estudios de Ingeniería comercial. Ha expresado públicamente su apoyo a la derecha política chilena. Para la agrupación, Fuenzalida no representa sus creencias y no lo ven como el líder de la escuadra.

“Lo del Chapa no resiste análisis”-, dice Andrea. “Ha declarado estar en contra del aborto porque se supone que es Pro-Vida, pero no fue capaz de condenar a Jeisson Vargas. Si te declaras Pro-Vida no puedes avalar el maltrato a una mujer. Nosotras no estamos llamando a las mujeres a abortar, estamos a favor de la posibilidad de una mujer de decidir sobre su cuerpo. Antes del partido con la U le preguntaron directamente por Vargas y dijo que era algo que no le competía. Somos muchas las mujeres que alentamos a la UC. De ellas el 70 por ciento o más hemos sufrido violencia de género. Nadie pide que crucifique a un compañero, pero debe tener una posición”.

El caso del capitán cruzado las enciende. Sandra asegura que “la violencia debe ser condenada venga de donde venga. El Chapa avala esas actitudes mientras él no se entere, pero no tuvo ningún problema en hablar del aborto, en decir que no le parecía que las mujeres pidieran más derechos de los que corresponden. Muchas mujeres del club lo idolatran, por eso es importante que tenga una postura. Además, es una persona educada que tuvo todas las herramientas para instruirse”.

EL MACHISTÓMETRO

El machismo se manifiesta en situaciones que muchos veían como parte del paisaje. Nuestra Cruzada elaboró un “machistómetro”, una especie de instructivo que se le entrega a las aficionadas que acuden a San Carlos de Apoquindo para que evalúen el nivel de machismo y violencia al que están expuestas.

“Son diferentes categorías, de menor a mayor. Van desde situaciones que parecen cotidianas hasta algunas que son derechamente graves”, explica Andrea.

Miriam describe que “lo adaptamos al estadio porque las personas creen que la única violencia que existe es la física. Si una chiquilla de 17 años lee esto va entendiendo lo que es machismo y como enfrentarlo. Queremos cambiar en base a educación. No queremos sacar a toda la gente del estadio, solo queremos sacar a los abusadores”.

Las viñetas que se pueden leer en el machistómetro son las siguientes.
-Decir que la mujer no entiende de fútbol.
-Creer que si la pareja no sabe de fútbol es más femenina.
-Elogiar a una mujer por saber de fútbol ya que “lo disfruta como hombre”.
-Comentar con cuántos hombres se ha involucrado una hincha para desvalorizarla.
-Decirle a la pareja que vaya acompañada al baño.
-Prohibir o molestarse porque una mujer toque algún instrumento de la banda o que ocupe un espacio en el núcleo, ya que es un lugar de hombres.
-Insultar a árbitros o jugadores rivales con apodos femeninos (considera cantos) o apelando a la cultura de la violación.
-Prohibir a su pareja que use ropa ajustada en el estadio.
El machistómetro recomienda buscar ayuda a partir de las siguientes actitudes:
-Prohibir a la pareja ir al estadio sola o sin su presencia.
-Aprovechar los gritos de gol para abusar de otras hinchas, ya sean amigas o extrañas.
-Acosar a una mujer en la barra, ya sea desde lejos o acercarse lo suficiente para incomodarla.
-Abusar sexualmente de hinchas en los viajes o en los trayectos al estadio.
-Abusar sexualmente de las hinchas en los carretes que se dan en los viajes, aprovechándose del alcohol.
-Asesinar a una mujer.

“Nos llegan denuncias por acoso, tocaciones, amenazas, hombres que les sacan fotos a las hinchas para después extorsionarlas”, reconoce Sandra.
Andrea explica que “escuchamos el relato de la víctima, le creemos y le preguntamos qué acción desea tomar. Hay varias opciones. La contención emocional, realizar acciones legales, funas anónimas o públicas, exposición del relato sin nombre”.
Ella misma recuerda un caso reciente en el cual una hincha se acercó a la concesionaria para denunciar un abuso en su contra. “Fueron las funcionarias de Cruzados las que le respondieron que ellas no tenían forma de ayudarla, pero le recomendaron acudir a nosotras, a Nuestra Cruzada”.

MADRES, MONJAS Y ZORRAS

El fútbol es territorio proclive para apodos peyorativos, modos con que las barras se refieren despectivamente a sus rivales. En ese contexto, a Colo Colo le dicen “las zorras”, la Universidad Católica es conocida como “las monjas”, mientras que Universidad de Chile, “las madres”. Solo apelativos femeninos.

“Eso lo tenemos que cambiar, no se puede usar una figura femenina y darle una connotación negativa o violenta”, dice Sandra. Andrea agrega una anécdota que ocurrió en el último partido en que se enfrentaron ambas universidades, en San Carlos de Apoquindo.

“Había un tipo delante de mí que le gritaban ‘madres culiás’ a la Universidad de Chile. Una mujer estaba a su lado. Era su mamá. Lo encaré y le pregunté si se daba cuenta lo que estaba gritando o cantando. Basta de ‘perra’, ‘zorra’, ‘madre’, ‘monja’. Basta. Para el partido contra la U hicimos un lienzo que decía ‘Madre es quien me dio la vida y León es el de Collao’. Puedes escribirle o cantarle algo al rival con ingenio, sin caer en el sexismo o la violencia. Nosotros cantamos ‘te juro por mi madre que nunca te voy a abandonar’. No podemos usar la misma figura para ridiculizar al rival”.

El camino que escogieron es el de un cambio cultural. “Entendemos que es un cambio lento, paulatino, pero sólido. En el año que llevamos trabajando hemos logrado cambios, pero sabemos que estamos luchando contra un sistema político, cultural, económico y social. Un patriarcado capitalista”, asegura Miriam.

Su objetivo traspasa con creces el ámbito del estadio. La sentencia de Andrea lo resume. “Nosotros no vamos a descansar hasta que en Chile haya un gobierno feminista. Ese es nuestro objetivo y no nos vamos a detener”.

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Los casos de Colo Colo y la U

Las aficionadas de la Universidad Católica no son las únicas que han formado agrupaciones feministas en sus barras. Como la mayoría de los equipos chilenos, Colo Colo es dirigido por una sociedad anónima, Blanco y Negro. El Club Social y Deportivo tiene dos puestos en el directorio, de acuerdo a los estatutos de la concesionara. Dentro de la estructura del Club Social surgió una comisión de género que tiene como objetivo plantear las demandas de las mujeres en el plano institucional y en la relación entre sus hinchas. Una de sus integrantes, Denisse Méndez, relata que “comenzamos a trabajar impulsadas por la ola feminista y tratamos de crecer a partir de ahí. Entramos en un territorio masculinizado y nuestro objetivo es que cambie esa visión que mira todo desde el hombre, quienes veían a las mujeres como invasoras de un espacio que les pertenecía”.

La comisión de género de Colo Colo comenzó a trabajar a comienzos del 2018. Aseguran que el uso del lenguaje sexista en los cánticos, basados en la “cultura de la violación”, fue uno de los primeros puntos que buscaron atacar. “El periodismo deportivo tampoco ayuda demasiado –asegura Denisse-. “Hablan de paternidad de un equipo sobre otro, por ejemplo, usando otra vez un término masculino para establecer un dominio o supremacía”.

Existen varios puntos comunes entre los diferentes movimientos feministas en el fútbol. La reacción masculina usa como argumento el “folclore del fútbol” para perpetuar ciertas actitudes. “Eso es algo que tenemos que cambiar porque simplemente no corresponde. Muchas veces son los protagonistas del juego los que no ayudan mucho. El técnico de la U, Alfredo Arias, dijo que él no lloraba como niñita. Johnny Herrera que se refiere a la hinchada de Colo Colo como zorras. Nada de eso ayuda”, señala Denisse.

Respecto al plantel de jugadores, asegura que “nos apoyaron con algunos videos. Mario Salas, el entrenador, hizo un llamado a asistir a la marcha feminista del pasado 8 de marzo. Esos son actos que nosotras destacamos”.

También en Colo Colo, pero desde una plataforma diferente, surgió el colectivo Janequeo. Nacen como agrupación desde una de las barras del cuadro albo, sin vinculación directa con la dirigencia del club y menos con la concesionaria. Lorena, quien solicitó reserva de su verdadera identidad, cuenta que comenzaron a trabajar en un movimiento feminista en agosto del año pasado. “Empezamos para la previa de un clásico contra la Universidad de Chile, cansadas de las etiquetas machistas que hay en los cánticos. Replicamos la campaña que habían hecho las chicas de Nuestra Cruzada de la UC y trabajamos juntas en la organización de la Junta Nacional de las Hinchas del Fútbol en noviembre del año pasado”.

La comisión de género de la Universidad de Chile se formó a finales del 2017. Surgió a partir de la Asociación de Hinchas Azules, un grupo de “resistencia contra el fútbol de mercado, que busca la recuperación del club para sus hinchas y que en ese contexto aspira a una igualdad de género”, explica Natalia Dávila Méndez, integrante de Las Bulla, la agrupación feminista de la entidad azul.

Comparten principios transversales con los movimientos de otros clubes. “Existe una cultura del hombre en el fútbol. Se dice que el sentimiento por un club se hereda del padre, del abuelo. Hay una canción que dice eso. Nosotras cambiamos la letra y la adaptamos. Cantamos ‘como me enseñó mi madre, cómo me enseñó mi abuela’. Hemos hecho un trabajo para reivindicar la palabra madre y todos los términos femeninos que se usan de forma peyorativa o violenta”, añade Natalia.

Las Bulla no tienen ninguna relación con Azul Azul, la sociedad anónima que dirige a la Universidad de Chile. Natalia confirma que “no nos interesa nada lo que hacen o lo que piensan, no les pedimos cosas, ni exigencias, nada. Para nosotros la incorporación de Jorge Burgos al directorio, por ejemplo, es impresentable. Una persona que en su momento dijo que la desaparición de las niñas de Alto Hospicio era porque se habían ido solas, a prostituirse, no merece ningún tipo de análisis. Como agrupación no nos vamos a detener hasta que el club regrese donde pertenece, a sus hinchas”.
Agrupaciones similares se han multiplicado en otros clubes. Audax Italiano, San Luis de Quillota. Deportes Concepción, Fernández Vial son algunas barras que ya se han organizado bajo el alero de la temática feminista. Un movimiento que llegó para quedarse en un territorio que parecía reservado solo para hombres.