Moisés Riquelme, periodista, y Rafael Carvajal (*), médico, se conocieron por Grindr en diciembre de 2016. El primer encuentro entre ambos sucedió en Viña del Mar, donde residía el facultativo.

Pese a la distancia, la relación perduró: la mayor parte de la veces, Carvajal viajaba a Santiago y se quedaba en el departamento del periodista. El contacto entre ambos era frecuente y así lo demuestran los mensajes de WhatsApp que intercambiaban y en que, en tono afectuoso, compartían las noticias sobre su vida cotidiana: las clases que daba Rafael, las reflexiones sobre la contingencia que aportaba Riquelme. Y, por cierto, cuándo y dónde volverían a verse.

Al cabo de algunos meses, Moisés cuenta que presentó a Rafael en su familia, y por un tiempo sintió que lo “amaba”.

Sin embargo, en entrevista con The Clinic, Moisés relata que en mayo de 2017, el día de su cumpleaños, aprovechando que Rafael dormía, revisó su teléfono. Tenía el pálpito de que lo estaba engañando con otra persona y quería comprobarlo. Lo que encontró, afirma, le cambiaría su vida.

—Me metí a su WhatsApp y vi un par de grupos que me llamaron la atención. Eran textos que me perturbaron, en donde él se jactaba con otras personas de haber expuesto a terceros a una transmisión intencional de VIH. Ellos, incluso, se definían como personas con el virus, y además daba la impresión de que ‘coleccionaban’ enfermedades de transmisión sexual, porque hablaban de gonorrea, de sífilis y de cómo esto se lo transmitían a terceros en base a engaños— afirma.

Recuerda que los participantes del chat acuñaban términos técnicos que demostraban conocimientos médicos para manejar las enfermedades sin arriesgar sus propias vidas.

—Vi mensajes como: “Hueón, sabís qué, dejé de tomar el tratamiento, no me siento mal, pero ahora tengo un montón de enfermedades. Ahora viene el proceso en donde tengo que solucionar esto, curarme, y después volver a lo mismo”. En el fondo, eran personas que manejaban cosas como la posología de los medicamentos, que tenían conocimientos técnicos de cómo poder sobrellevar esta vida y hacerlo factible—.

Moisés asegura que leyó los mensajes temblando por el temor a que Rafael despertara y lo descubriera. Y que entre las palabras se le quedó grabada una: “Infectaíto”. En la intimidad, afirma, su pareja le decía: “Estás infectaíto de amor” y mientras leía los mensajes en su cabeza comenzó a crecer la sospecha de que la frase tenía un sentido distinto al de cariño, que hasta entonces le atribuía.

Dice que por un momento quiso despertarlo y pedirle explicaciones, pero que tuvo miedo. “No sabía cómo podía reaccionar y estábamos solos”, dice. Así que esperó a que amaneciera y le dijo a Rafael que tenía que ir a trabajar. “Pero él estaba tan relajado que me dijo que se quedaría otro rato. Se fue más tarde, cuando yo ya no estaba”.

Cuando Rafael volvió a Viña del Mar, Moisés se dedicó a ordenar su departamento. Es lo que hace, cuenta, cuando está nervioso. Al pasar la aspiradora por debajo de la cama, encontró un frasco de medicamentos.

—Al principio no le presté atención, porque seguía bloqueado. Después, cuando me di cuenta de que tenía 17 pastillas de Atripla (un medicamento que se usa en el tratamiento del VIH), me angustié mucho más—.

Moisés Riquelme (*), denunciante. 

PERSONA CERCANA

Moisés contó su descubrimiento a una amiga. Sin embargo, ella le advirtió que la historia sonaba a ciencia ficción: “Si no tienes cómo demostrarlo, es inverosímil”, le dijo.

Acudió, entonces, a una segunda persona, quien le dio el mismo consejo: “la única forma que tienes de demostrar que esto es cierto, es obtener algún tipo evidencia concreta”.

De esta manera, a poco menos de un mes del episodio, y luego de una conversación telefónica que duró cerca de tres horas, en la que Moisés le dijo a su pareja lo que había descubierto, ambos acordaron reunirse para conversar en profundidad sobre el asunto. En el intertanto, Moisés se hizo exámenes y descubrió que ahora era VIH positivo, algo que, asegura, no era tal al momento de conocer a Rafael.

—Nos juntamos en mi departamento. Yo redacté una lista de preguntas que necesitaba que él me respondiera. “Yo sé todo, no me mientas, porque va a ser peor. Cuéntame todo”, le dije. Y me lo contó todo—asegura Moisés. Lo que no le dijo, admite, es que estaba grabando la conversación con el teléfono celular que se metió en el bolsillo.

Aunque obtenida subrepticiamente, la grabación fue admitida como prueba en una investigación que se realizó en el Tribunal de Ética del Colegio Médico, en la Región de Valparaíso, a petición de Moisés. En dicha instancia, los consejeros oyeron extractos de la grabación en que Rafael admitía que tenía VIH desde hacía tres años; que había ocultado esa condición a su pareja “por miedo al rechazo”; que mantenía contacto con personas que transmitían el virus en forma intencional y que se había involucrado con ellos, porque no sabía cómo manejar su enfermedad.

Los consejeros, según fuentes consultadas, oyeron la conversación en que Moisés le preguntaba a Rafael qué pretendía al participar en grupos de personas que se dedicaban a transmitir la enfermedad, sabiendo que era VIH Positivo. La respuesta del aludido fue que no lo tenía claro, pero que tal vez buscaba relacionarse con personas en su mismo estado.

Moisés le retrucó que es distinto relacionarse con personas ceropositivas a sentir satisfacción por transmitir el virus, y cuando le preguntó por qué le había negado tantas veces tener VIH, Rafael le dijo que por “miedo” a su rechazo y a ser juzgado por los demás.

En una parte del diálogo que se escuchó ante el Tribunal de Ética regional, Moisés también le preguntó a Rafael por qué le había transmitido la enfermedad de modo intencional. Él le respondió que fue por egoísmo, y le reconoció que había actuado mal, que lo que había hecho era “impagable” e “irremediable”, pero que a partir de ese momento intentaría hacer las cosas “bien”.

En síntesis, lo que le pedía Moisés a Rafael en esa conversación no era dinero, sino apoyo emocional y sincero. Varias veces le dijo que no quería ser “un cacho” en su vida y Rafael le prometió que, junto con hacerse responsable de los gastos médicos que la nueva condición de su pareja le imponían, estaría acompañándolo, que no iba a desaparecer.

—“Sí, fue intencional, no lo medí, discúlpame”, me dijo cuando conversamos. A partir de esa situación, le dije: “Huevón, soy positivo. Esto es lo que tú propiciaste. ¿De qué forma le hago frente?” Al poco tiempo caí en depresión: fui al psicólogo, al psiquiatra y me empezaron a medicar. Pasé de ser una persona súper activa, que iba al gimnasio, con vida social, a ser un mueble. Tomé Sertralina en dosis alta y me fui apagando de a poco— recuerda Moisés.

Debido a la cantidad de licencias médicas que solicitó en este período, parte de las cuales fueron facilitadas por su propia expareja, Moisés perdió su trabajo como periodista. Rafael, entonces, le ofreció ayuda económica como una medida de reparación.

—Me pidió que no lo denunciara, me aseguró que había entendido que había hecho mal las cosas y quería enmendarlo. “Yo te voy a dar unas lucas mensuales, para que puedas seguir con tus tratamientos y exámenes”, me dijo. Al principio me preguntaba a cada rato cómo y con quién estaba, o si necesitaba algo. Pero fue desapareciendo poco a poco, hasta que, de un momento a otro, dijo: “Oye, sabes que lo estuve pensando, y quiero que le demos una especie de marco o contrato, la ayuda que te estoy dando, para protegerte a ti y a mí”.

Así, el 5 de septiembre de 2017, Moisés recibió un correo electrónico del abogado Claudio Rodríguez Romo, en representación de Rafael, con un documento adjunto.

—Lo imprimí y lo leí. Allí, se comprometía a subvencionar mi Isapre y a pagarme un estipendio mensual, por una cantidad limitada de tiempo, siempre y cuando yo le demostrara que estaba asistiendo a terapia psiquiátrica, a través de bonos y cosas así. La última cláusula establecía que ninguna de las dos partes se conocía. O sea, se trataba de un acuerdo de confidencialidad, de secreto, sobre la relación que habíamos tenido— asegura Moisés.

En efecto, el documento, al cual tuvo acceso The Clinic, establecía que Rafael le pagaría a su expareja 450 mil pesos durante tres meses, a partir de la eventual firma del acuerdo, bajo el concepto “costos de vida”. Para ello, debía asumirse confidencialidad entre las partes.

HONORABILIDAD

Moisés se negó a firmar el contrato y buscó asesoría legal. En un principio, contactó a un abogado que le cobró tres millones de honorarios por negociar con la contraparte, pero las gestiones fracasaron cuando los defensores de Rafael se negaron a aceptar el monto de indemnización que exigía Moisés: 6.000 UF, poco más de 160 millones de pesos al precio actual. Por llevar la causa a tribunales, el mismo abogado pedía a Moisés ocho millones, que el profesional no tenía, pues había quedado cesante.

Fue en este contexto que, por consejo de una conocida, llegó a la Clínica Jurídica de la Universidad de Chile, a presentar su caso. La entidad, alojada en la Facultad de Derecho y que acepta representar casos pro-bono, debatió al respecto y aceptó la petición de Moisés. El seguimiento del caso fue asignado a Elías Jiménez Bravo, egresado de Derecho de esa casa de estudios y ayudante en el área de Interés Público de la Clínica.

—Cuando le comenté esta situación, Elías me dijo: “Acá, la verdad, hay un tema que tú tienes que tener presente: la transmisión de VIH en Chile no es un delito, y por lo tanto no es perseguible penalmente. Sin embargo, se entiende que, al transmitir una enfermedad de este tipo, se causa un daño a tu persona, y, por tanto, se vulnera un derecho fundamental que es a tu integridad y tu salud”.

En conversación con este medio, Jiménez plantea que “Moisés llegó a la Clínica tensionado por el cobro y el fracaso de su abogado anterior. Además, la Corporación Nacional del Sida (Conasida) y Onusida efectivamente dicen que no se puede condenar a las personas por transmitir el VIH. Sin embargo, la ONU, a renglón seguido, agrega que la excepción de esto es que la transmisión se haga intencionalmente. Este caso, entonces, era la excepción”. (ver nota secundaria)

Elías Jiménez, defensor de Moisés Riquelme (*).

En Argentina y Brasil, por ejemplo, la transmisión dolosa del VIH está penada. Y, al menos en Brasil, se han detectado y encarcelado a personas que se asocian para transmitir el virus y competir por el número de personas a las que han afectado, poniéndoles lo que ellos llaman el “sello”, o la estampilla. Sin embargo, el tema es de difícil tratamiento en el debate público, pues las organizaciones civiles plantean que criminalizar a una persona VIH positiva solo contribuye a aumentar el prejuicio y la estigmatización y que son muy pocos quienes cometen este tipo de abuso.

“Yo lo comprendo”, dice Moisés, “¿pero qué hago yo con mi vida, que fue destrozada de un día para otro, en forma intencional? Esto no fue un accidente”.

La Clínica Jurídica presentó el caso ante el Ministerio Público, donde comprobó que efectivamente no existe una figura legal que permita castigar esta conducta. Como segundo paso, denunciaron el hecho ante el Colegio Médico de Valparaíso, y se pusieron los antecedentes en conocimiento del hospital donde trabaja el denunciado, y la universidad privada donde imparte clases. De estas entidades, solo el Colegio Médico inició una investigación por posibles faltas a la ética. Según conoció The Clinic, en la universidad el facultativo fue suspendido por tres meses de su cargo, pero luego se levantó la medida, “pues no existió ninguna sanción en su contra y no había motivo para mantener la medida”, dijo una fuente directiva, a condición de anonimato.

Moisés alega que el proceso de investigación que llevó a cabo el Tribunal de Ética del gremio médico incluyó cuestionamientos improcedentes a su vida personal, a diferencia de lo que habría ocurrido con su contraparte.

—Además de ser un proceso súper lento, a mí me afectó un montón, porque no hubo consideración hacia mi posición de denunciante. Me preguntaron cuántas parejas sexuales había tenido en mi vida o qué tipos de cosas me gustaban en el ámbito sexual. El argumento del Tribunal de Ética del Colegio Médico es que estaban poniendo en tela de juicio la ‘honorabilidad de una persona cercana’, pero a él nunca le preguntaron ese tipo de cosas. Por el contrario, le preguntaban sobre su trabajo, o si se consideraba un buen doctor— recuerda.

Jiménez agrega: “A los testigos que llevamos también le preguntaron por la vida sexual de nuestro representado, mientras que a los testigos del denunciado le hicieron consultas relacionadas con su vida profesional”.

Consultado por esta materia, el Colegio Médico de Valparaíso respondió que “el Tribunal Regional de Ética es un ente autónomo”, por lo que desconoce el procedimiento objetado por Moisés. “En cuanto a lo puntualmente señalado, no tenemos ningún indicio de que ello haya ocurrido.  Ni el denunciante ni sus abogados han planteado alguna situación como la que señala, y el Tribunal ha resguardado celosamente la confidencialidad de la causa, por lo que carecemos de todo antecedente sobre el punto”, añadió.

Las instituciones donde trabaja el denunciado, en cambio, declinaron emitir declaraciones para este artículo.

El Tribunal de Ética del Colegio Médico de Valparaíso resolvió que los antecedentes presentados por Moisés no eran concluyentes. Aunque aceptó la inclusión de la grabación como evidencia, luego estableció que los exámenes de carga viral presentados por el médico en su defensa demostraban que se encontraba en condición de “indetectabilidad” y que, por lo tanto, era “imposible” que transmitiera la enfermedad.

La resolución fue apelada por Moisés, con el argumento de que, técnicamente, sí era posible que el médico manipulara los períodos en que dejaba de seguir el tratamiento. El caso, en la actualidad, se encuentra bajo revisión del Tribunal Nacional de Ética del Colegio Médico, que actúa como segunda instancia.

 

SHOCK

Como se dijo anteriormente, uno de los elementos más relevantes que tomó en cuenta el Tribunal de Ética Regional para desestimar los cargos, fueron los exámenes médicos que presentó la defensa de Rafael, que lo señalaban como una persona indetectable, es decir, que su carga viral es cercana a cero.

—Eso es muy cuestionable. Científicamente, una persona indetectable debe tener por lo menos 200 replicantes de virus por mililitro de sangre. El problema es que él dijo que era indetectable al momento de hacerse los exámenes, no en el momento en que estuvo con Moisés. Especulando sobre el modus operandi que podría haber empleado, el doctor pudo haber tomado pastillas por el tiempo justo para lograr la indetectabilidad y luego abandonar el tratamiento, para retomarlo antes de hacerse un nuevo exámen. Moisés, por ejemplo, como parte su tratamiento, demoró poco tiempo en ser indetectable con medicación— dice Jiménez.

El abogado también cuestiona que el Tribunal de Ética del Colegio Médico haya pasado por alto las licencias médicas ofrecidas y facilitadas por Rafael, las transferencias de dinero que le hizo, respaldadas con comprobantes, y que revelan que, al menos inicialmente, se sentía responsable de que el periodista hubiera contraído el virus.

También se ignoró una presentación de PowerPoint que el médico le envió a su entonces pareja, rotulada: “Yo quiero una sexualidad responsable”, acompañada del mensaje: “Lo prometido”. Con ella, buscaba persuadirlo de que la mejor manera de prevenir enfermedades de transmisión sexual, era manteniendo una pareja única y estable. En ese caso, el uso del preservativo, argumentaba Rafael, era innecesario.

Moisés asegura que la relación comenzó con uso de preservativo, algo en lo que él ha sido siempre muy cuidadoso, y que fue el médico quien le insistió en que dejara la protección, pues ya tenían una relación estable. Rafael, dice Moisés, le envió el ppt para persuadirlo de que para ellos era seguro tener relaciones sin condón. “Yo me negaba hasta ese momento. Sin embargo, con esto, me hice la idea de que esta persona se estaba ayudando a sí mismo y a mí. Él era médico, confié en que sabía de qué estaba hablando, en que me estaba proveyendo información para mi tranquilidad”, afirma.

—Legalmente, la existencia de este correo es importante, porque demuestra que fue un tema que se conversó. Además, en el audio, Rafael admite que no confesó su condición de transmisor por miedo al rechazo, que participaba en grupos transmisores y que lo que hizo fue con intencionalidad. Pero la contraparte construyó ante el Colegio Médico una imagen de que la víctima era el médico, quien habría sido extorsionado por Moisés, por interés monetario— dice Jiménez.

La presentación enviada, según se aprecia en el propio documento, fue confeccionada por el médico para fines académicos, pues tiene el logo de la universidad donde trabaja y el nombre del ramo que imparte. Las imágenes que contiene, no obstante, también llaman la atención de la defensa de Moisés, pues incluye material en extremo explícito de infecciones de transmisión sexual, que según Jiménez “corresponde a una forma de enseñanza que busca causar impacto a través del shock y que está en desuso hace rato”.

Moisés agrega que estas imágenes tendrían un correlato con diversas situaciones que experimentó mientras mantuvo una relación con él. Recuerda, por ejemplo, su gusto por novelas y películas pornográficas “sangrientas”, que intentaba que Moisés viera, y preguntas íntimas relacionadas con el sadomasoquismo. “Tenía cortes en sus piernas, cerca de la ingle, que según me confesó, eran autoinflingidos. A veces, incluso, me preguntaba si me gustaría cortarme”.

INDETECTABLE

Junto con apelar ante el Tribunal de Ética a nivel nacional del Colegio Médico, la Clínica Jurídica de la Universidad de Chile presentó el caso ante los tribunales civiles.

La demanda fue presentada en febrero de 2019 ante el Segundo Juzgado Civil de Viña del Mar, acusando daños y perjuicios perpetrados por Rafael Carvajal en contra de Moisés Riquelme. Los demandantes exigen que se declare “que existió actuar doloso o, al menos culpable, en la transmisión de VIH/sida” por parte del médico, lo que produjo “un daño patrimonial y extrapatrimonial” al periodista que, en suma, superarían los $200 millones de pesos. Como primera medida, se solicitó que el tribunal dictara como precautoria el embargo de la cuenta corriente del demandado, cosa que el tribunal aceptó.

—Tenemos claro que la aceptación de una medida precautoria no puede considerarse como anticipatoria de lo que resolverá el tribunal en el caso. Pero, lo relevante para nosotros, es que a juicio de la sentenciadora, existen pruebas suficientes que constituyen presunción grave y que justifican esa medida— afirma Jiménez.

Por su lado, la defensa del denunciado respondió con una demanda “reconvencional”. En otras palabras, no sólo negó las acusaciones de Moisés, sino que el demandado interpone una contrademanda, acusándolo de extorsión, que le habría ocasionado ya daño económico y moral.

¿UN ACTO DE DESPECHO?

Al igual que en la causa presentada ante el Tribunal de Ética del Colegio Médico de Valparaíso, los abogados de Rafael aseguraron que no fue él quien le transmitió el VIH al demandante, por su condición de indetectable. Y que el periodista tuvo más de una pareja sexual mientras mantuvo la relación afectiva con el denunciado, por lo que otra persona pudo causar esta situación.

Moisés niega la segunda acusación, “pues tuvimos un compromiso de fidelidad que, al menos yo, respeté mientras fuimos pareja”.

En cuanto a los exámenes médicos, Jiménez hace un alcance: “Efectivamente los chequeos médicos arrojan que es indetectable. Pero, si te fijas bien, hay más de un año en los exámenes que se hizo Rafael mientras estuvo con Moisés. Solo después que él lo encaró retomó la periodicidad y se sometió una vez cada seis meses a los exámenes. Nuestra teoría al respecto es que Rafael sabía cuándo y cómo disminuir la presencia del virus en su sangre, para así figurar como indetectable y, por supuesto, evitar una crisis de salud”. El descubrimiento del frasco de Atripla, complementa Moisés, apunta en la misma dirección.

Según se aprecia en la contestación, el médico se sometió a un examen de carga viral el 1 de junio de 2016, seis meses antes de iniciar su relación afectiva con Moisés. El siguiente data del 13 de septiembre de 2017, es decir, casi cuatro meses después del término de la relación y de haber sido encarado por él. Además, ocurre ocho días después de que su abogado le enviara el acuerdo de confidencialidad a Moisés.

Luego de este examen, Rafael se sometió a otro cinco meses después, el 28 de febrero de 2018, y posteriormente, el 3 de abril de 2019, en los que fue declarado indetectable

El Estudio Aguirre, Vidal y abogados Asociados, que representa al demandado en Viña del Mar, respondiendo a preguntas de The Clinic, confirmó que su postura será intentar demostrar que la víctima es el médico, quien ha sido “objeto de extorsión” por parte del demandante y que la evidencia de dichas acusaciones solo serán presentadas en el juicio.

“Para nosotros, esta demanda es una monstruosidad. Haberle achacado que él contagió el VIH es imposible. Nuestro cliente desde 2013 está con un tratamiento antiviral que impide la transmisión del virus. Es imposible biológica y científicamente, que esto haya ocurrido. Así lo señala la propia ONU Sida y los estudios que hay sobre la materia. Lo que pasa es que esta es una realidad científica nueva: si todas las personas que tienen el VIH se hicieran el tratamiento, se acaba el SIDA”, dijo un abogado a nombre del estudio.

Pero si el tratamiento se abandona, el virus se vuelve a reproducir en la sangre.

-Eso no es inmediato, requiere un período. Por lo menos, de seis meses a un año. Y para que el examen salga negativo, también se requiere un período largo de tratamiento. Además, el demandante se había hecho un test de VIH, que salió negativo, en 2015, mucho tiempo antes de conocer a nuestro representado. Lo más probable, en nuestra opinión, es que antes o durante la relación con nuestro cliente, se haya contagiado el virus en otra relación”.

El demandante sostiene que fue su cliente quien le instó a no usar preservativo

-Él estaba grande, ¿no? Sabía los riesgos que corría. Es verdad que nuestro cliente no le informó en un comienzo que era portador del virus, pero después del descubrimiento, él volvió a tener relaciones con nuestro cliente, quien le explicó que era indetectable y por lo tanto no lo podía transmitir. Todo lo demás que él cuenta es falso.

El profesional descartó que el médico haya participado en grupos con intenciones de transmitir el VIH conscientemente, pero al mismo tiempo afirmó que “no conoce” ni ha escuchado los audios en que Rafael lo reconocería.

“Yo creo que este joven se enamoró y le costó mucho aceptar el rompimiento de la relación. ¿Sabe usted que le pedía como indemnización 6.000 UF, más de 160 millones de pesos?”

¿A usted le parece una cifra exorbitante para una persona que reclama que le transmitieron esta enfermedad de manera intencional?

-¿Y que la tenga que pagar un profesional que no tiene esos recursos? El demandante tiene derecho al Auge, al GES y su tratamiento está cubierto por el Estado. Lo que pasa es que está muy endeudado y que se apruebe esta demanda sería muy conveniente para él.

El abogado Matías Insunza Tagle, quien dirige la defensa de Rafael, dijo a este medio que “el Código de Ética profesional impide que se ventile por la prensa los argumentos y antecedentes presentados ante el Colegio Médico, por lo que esta parte no vulnerará dichos principios ni normas, que han sido permanentemente quebrantados por quien ha insistido en entregar a los medios de comunicación hechos torcidos y carentes de fundamento, con el único afán de perjudicar a un reputado profesional con imputaciones falsas”.

La infectóloga del Departamento de Medicina Interna de la Universidad de  Chile, y vicepresidenta de la Sociedad Chilena de Infectología, Claudia Cortés Moncada, describió a petición de The Clinic las circunstancias técnicas que permiten la “indetectabilidad”. Ella expuso que ésta se logra “cuando una persona sigue su tratamiento de forma rigurosa y ordenada, lo que nosotros llamamos ‘100% de adherencia’, hasta que su carga viral baja del umbral de 50 partículas por mililitro de sangre, aunque en término investigativos, también se consideran 200 como base”.

Según la especialista, cuando una persona alcanza la indetectabilidad, “se descarta de plano que pueda transmitir el virus por la vía sexual”. Para ello, asegura, es necesario “estar seis meses en carga viral indetectable de forma sostenida”.

“Si yo abandono el tratamiento, o lo sigo de forma parcial, a los pocos días el virus empieza a replicarse y a aumentar. Por eso, sólo puedo confiar en que no me van a transmitir el virus, si la persona con la que me estoy relacionando tiene un examen reciente a mano. Si esa persona no es ordenada con sus medicamentos, es una apuesta a ciegas”, agrega Cortés.

Es decir, en este caso, al menos teóricamente, si Rafael abandonó el tratamiento después de hacerse el examen el 1 de junio de 2016, ya estaba con una proporción suficiente de virus en su sangre al momento de conocer a Moisés. Y para volver a la indetectabilidad, constatada el 13 de septiembre de 2017, bastaba que reiniciara el tratamiento en marzo de 2017, poco antes de terminar la relación con el periodista.

 

(*) Los nombres del demandante y demandado en este caso han sido cambiados, en resguardo de su intimidad y de lo establecido en la ley 19.779.