Bárbara Hernández, la nadadora de aguas gélidas que va en conquista de los Siete Mares: “Soy una adicta a lo difícil”

A sus 33 años la “Sirena de Hielo”, como fue apodada en la Patagonia, ya se consolidó como la número uno en el ranking de aguas gélidas por dos años consecutivos, disciplina en la que se sumergió desde 2014. Sin embargo, hoy enfrenta una de las pruebas deportivas más importantes de su vida: el Desafío de los Siete Mares. Quiere ser la primera mujer sudamericana en cruzar los siete maratónicos -y costosos- estrechos en aguas abiertas, que están repartidos por todo el mundo. Hace poco logró atravesar el Canal de la Mancha, su sueño de toda la vida. Hernández conversó con The Clinic sobre sus recientes emociones, la falta de apoyo económico, su futuro deportivo y su lucha contra los dolores físicos tras nadar cuatro horas al día. Es amiga de la legendaria Kristel Köbrich y según dice, “no hay recambio”.

“El Everest de los nadadores”. Así llaman al Canal de la Mancha, brazo de mar de 34 kilómetros que separa a Francia con Inglaterra. En una noche de mucho viento, oleaje y frío, a principios de agosto Bárbara Hernández logró atravesarlo en 12 horas y 13 minutos, el reto deportivo más difícil de su carrera. Ya es la tercera aventura de la “Sirena de Hielo” dentro de un famoso desafío a nivel mundial: el Ocean’s Seven, que consiste en cruzar siete estrechos de aguas abiertas alrededor del mundo. Lo único que podría detener a una “adicta a lo difícil”, es la falta de dinero. Cada cruce le cuesta alrededor de diez millones de pesos entre el arriendo de tripulación, la inscripción del cupo, pasajes y alojamiento.

Hernández, quien además es la número uno del ranking mundial en aguas gélidas -entre cinco y cero grados por reglamento-, quiere ser la primera mujer sudamericana en nadarlos todos. Es psicóloga, recoletana e hincha de la ‘U’, aunque tiene su rencilla interior con el fútbol, pues le encanta lo que genera en la gente, pero “duele que sea portada de diario ‘los zapatos que se compró un futbolista, el tatuaje que se hizo o el aro que no se puso’”. Durante muchos años estudió y trabajó en paralelo a los entrenamientos, pero el 2019 ha podido dedicarse completamente a sus retos. La nadadora, después de haber cruzado el Estrecho de Gibraltar, el Estrecho de Catalina y el “Everest”, se sumerge en esta conversación con The Clinic. 

Cruzar el Canal de la Mancha es tu sueño desde los 17 años, ¿Cómo fue ese momento apenas saliste del agua y sabías que lo habías logrado?

Es una emoción muy difícil de describir, porque en la medida que uno prepara el desafío y hasta cuando uno tiene la oportunidad de tirarse al agua, pasa por distintos estados. Al principio vienes con toda la motivación, el cuerpo está fresco, viene un periodo en el que uno se tiene que adaptar a las olas, a la oscuridad, pero a medida que pasan las horas pasa de todo, viene el frío, el miedo de “¿Pucha me irán a sacar, lo estaré haciendo bien?”. Nunca pregunto cuánto me falta por llegar, me avisaron cuando ya íbamos más allá de la mitad y fue: “Ya, pasó lo peor, no queda nada”, pero la última parte fue la más difícil, veía tierra pero no llegábamos nunca. 

En el último trecho vas pensando en muchas cosas: “No, tengo que llegar al otro lado porque allá están mis papás esperándome, tengo que ir a ver a mi abuelita porque no alcancé a ir al cementerio antes de venir, mi tata quiere ir a comer, tengo que ir a pasear a mis guaguas (dos perros bóxer)”. Muchas partes del final, de verdad la hice casi en sollozos, y tocar la roca… me emocioné mucho, se me cayeron unas lágrimas. Ha sido el cruce más difícil de mi vida hasta ahora.

Al principio comenzaste en piscinas, ¿Alguna vez pensaste en dedicarte exclusivamente a esa disciplina y competir en eventos como los Panamericanos y JJ.OO.?

-Es el sueño de cualquier nadador cuando empieza, todos queremos ser seleccionados nacionales a los 15 años u ojalá lo antes posible, tener el uniforme de Chile… son cosas súper sencillas y muy simbólicas, pero es tu anhelo. Nunca fui la más rápida, siempre fui la perseverante. Ese es mi sello. Ellos me entrenaban gratis, entonces yo era la más comprometida, la que siempre estaba, pero viene todo un proceso difícil y doloroso que es aceptar que tu 100 de 100 no es suficiente para el objetivo de representar a Chile en esas condiciones “más tradicionales”. 

Entonces viene una etapa de definir “¿Entreno para ganar medalla?… ¿Entreno porque me gusta?” Y sí, el agua es lo que me gusta, es el lugar donde fluyo. Ahí viene esta posibilidad de ver otras opciones y caminos, que es la invitación que hago ahora a los más chiquitos en distintos deportes. Porque a veces cuando a uno no le resulta a la primera lo más fácil es abandonar, por eso tenemos tanto abandono deportivo en esas edades.

¿De dónde viene tu pasión por las aguas gélidas y abiertas? 

-Mi hilo conductor siempre es lo “difícil”, soy una adicta a lo difícil. Es una mezcla entre miedo y ese afán de probar si es posible hacerlo, cada vez vas buscando algo más difícil. Miro a la gente que lo ha hecho y digo: “Bueno, ¿Qué tan distintos son ellos de mí? Puedo tener la determinación, el compromiso está, si me entreno… ¿Por qué no?” 

¿Cómo desarrollaste tu umbral del dolor a lo largo de tu carrera?

-Aprendí preguntando y pidiendo consejos, entonces ya sé que lo que a mí me duele, le duele a todas y todos. Incluso a los rusos más secos y fuertes, los he visto tiritar. Si tirita un ruso, qué queda para la chilena. Creo que al final lo que te caracteriza es tu tolerancia, qué haces con el dolor y la frustración, cómo eres capaz de persistir. La estrategia no es: “No, no me duele”. El dolor está, pero no puedo centrar mi atención en eso. No me saldría del agua, me tendrían que sacar, me ha costado mucho.

TEMORES E INCERTEZAS

El apoyo de tu carrera proviene principalmente de la Fundación Impulso Inicial de Andrónico Luksic, ¿Cómo funciona el apoyo estatal del Ministerio del Deporte?

-Este es el primer año que me ayudan con tanto (10 millones), los otros años siempre habían sido con 5 millones. Antes de empezar todo esto era muy complejo, porque yo estaba en el limbo… Soy nadadora para afuera, que me reconocen y me valoran, pero acá en Chile no soy nada, ni chicha ni limoná. No soy nadadora de piscina, ni de las aguas abiertas que son muy tradicionales -con condiciones perfectas-, entonces estoy súper agradecida que se hayan dado el tiempo y que me reconozcan como deportista nacional. Siempre está la incertidumbre de ver cómo seguimos más adelante, porque estos desafíos son costosos, ya están agendados… y he contado con el apoyo de Andrónico Luksic. Le debo el 70% de mis carreras a él. Me encantaría tener esa tranquilidad de que los cruces van a poder ser costeados.

¿Hubo alguna vez que el miedo estuvo a punto de dominarte en pleno nado? 

-Creo que el miedo siempre está, pero no lo dejo invadir, más cuando estoy en las carreras y estos desafíos. Siempre tengo un temor, porque uno propone, pero en el momento de estar en el agua pueden pasar mil cosas que no puedes controlar, pero sí me puedo controlar en esas condiciones. Entonces, siempre dejo que el miedo pase a través de mí, que no se quede y me concentro en lo que decidí hacer y en cosas súper concretas, en cómo estoy respirando, braceando o cuánto llevo.

“LA PRIMERA EN”

Desafío Siete Océanos: ¿Has proyectado en cuánto tiempo quieres lograr el desafío? 

-Me gustaría poder proyectarme, por lo menos los próximos dos años dedicarme a full a tratar de sacarlos todos, pero creo que voy a tener nados hasta el 2022, porque hay algunos cruces que las ventanas de tiempo durante el año son muy acotadas, son dos o tres meses y hay muchas solicitudes de otros nadadores. Es muy probable que esté hasta el 2022, ojalá no más, por todo lo que requiere el tipo de entrenamiento que son realmente muy desgastantes, son muchas horas en mar y piscina.

¿Y de los estrechos que faltan, cuál es el más difícil? 

-Para mí todos son difíciles, pero tengo súper claras las dificultades de cada uno. Por ejemplo, sé que Molokai (Hawaii) tiene el agua más cálida -a 25º-, entonces es una dificultad para mí que estoy acostumbrada a nadar en aguas muy frías y tener que adaptarme a esa temperatura de piscina, y que ojalá no llegue ningún tiburón. ¿Sabes? En realidad no me da tanto miedo que me coma un tiburón o me muerda, sino que llegue y me saquen del agua. Eso me da mucho más temor que me vaya a hacer cualquier cosa, aparte que soy media piti en el agua, así que no sé si lo vaya a ver. O por ejemplo, el Canal del Norte, son alrededor de diez horas nadando en agua a 13º, eso es muy frío, porque es distinto nadar 20 minutos en hielo que nadar 10 o 15 horas donde ya estás con hipotermia.

¿CÓMO SE VIENE LA CORRIENTE?

El 2020 será un año importante y ajetreado para la “Sirena de Hielo”. En el mes de junio, tiene agendada la vuelta a la Isla de Manhattan, con la que podría obtener la Triple Corona, otro galardón entregado por la Federación de Aguas Abiertas, que congrega también al Canal de la Mancha y el Estrecho de Catalina. En agosto tiene reservado el cupo para cruzar el Canal del Norte en las frías aguas que separan a Escocia e Irlanda. Por si fuera poco, en octubre tiene el espacio confirmado para nadar el canal de Molokai. ¿Cuál son los problemas? Primero, Hernández confiesa que después de cada maratón queda “hecha un estropajo”. Segundo, no es fácil adaptarse a temperaturas y condiciones tan diferentes en lapsos cortos de tiempo. Tercero, sí, la plata. Entre los tres desafíos, necesita 30 millones de pesos.

Sin embargo, los desafíos deportivos no acaban en 2019. El ranking de aguas gélidas funciona de forma similar al modelo del tenis (ATP). Existe un circuito de competencias y Mundiales que suman puntos para esa clasificación. Para ratificar su primer lugar, Hernández entrenará en la Patagonia y en la Laguna del Inca (Portillo) antes de viajar a Letonia, donde competirá a fines de octubre de este año. Entrenará en Finlandia para la etapa siguiente en Rusia, que se realiza en diciembre. Después volverá a Chile para preparar el Mundial de Eslovenia en febrero próximo.

La gran diferencia entre las aguas gélidas y las aguas abiertas es la temperatura. Por reglamento de la Federación, el agua debe estar entre los 5ºC y 0ºC, incluso a -1ºC. Por lo mismo, el nado más extenso es de una milla (1,6 kilómetros), con una duración aproximada de 20 minutos. Como las aguas gélidas no son consideradas un deporte olímpico, poco a poco la Federación ha intentado postular a esta disciplina como, al menos, una “exhibición” para los JJ.OO. de Invierno de 2022.

¿Cuál es la mayor dificultad de mantener el 1er lugar del ranking de aguas gélidas?

-Es un deporte que se está masificando cada vez más en Europa, entonces muchas nadadoras, seleccionadas de sus países de natación tradicional y aguas abiertas, han visto en esta nueva disciplina una posibilidad de seguir compitiendo en el alto rendimiento, y en el largo o mediano plazo ser deportistas que estén compitiendo en los JJ.OO. de Invierno.

LAS DEUDAS DE “CHILITO”

¿Cuáles son los desafíos actuales a nivel país en la natación?

-Es llegar a tener esta visión que la natación no es un deporte para privilegiados, sino que sea imprescindible, que todo el mundo tenga acceso a practicarlo. Yo entiendo que no es fácil construir piscinas a lo largo de todo Chile, pero podríamos empezar a difundirla en los lugares más alejados de nuestro país. Nos falta la visión de que es un deporte que salva vidas. Una vez que tengamos esa masificación, paulatinamente vamos a tener más y mejores seleccionados nacionales, pero no nos podemos ir saltando pasos, que es lo que siempre hacemos en Chile, queremos medallas pero nadie quiere apoyar procesos.

¿Sería factible traer un evento de aguas gélidas a Chile en el mediano-largo plazo?

-Me encantaría. Me lo han pedido mucho de afuera, porque uno pasa a ser una embajadora de los paisajes de Chile y les encanta Portillo, la Patagonia, los glaciares, nuestros lagos… Pero siempre he sido bien cauta, porque acá no tenemos la visión para apoyar un deporte así, y me interesaría muchísimo que sean muchos chilenos los que quieran participar y probar esta disciplina que es muy natural. Puede venir un encuentro pronto porque en Argentina se organizan mucho más y están muy interesados en nadar acá. Así que es probable, no lo descarto.

¿Qué desafíos tienen los deportistas más allá de su carrera?

-Los deportistas tenemos una responsabilidad súper grande que es estar vinculados al país donde vivimos, a la sociedad de la que somos parte, de conocer los problemas reales de la gente real, de no quedarnos enfrascados solamente en nuestra burbuja. No basta con que critiquemos, sino que estemos dispuestos en algún minuto a constituirnos como las personas que toman las decisiones. Obviamente siempre es más fácil desde la crítica, intentar que las cosas pasen por obra y arte de magia.

¿Te sientes una referente de género en el deporte chileno?

-Con mucha responsabilidad, yo creo que sí, porque me escriben muchas mujeres y siento que puedo a través de todas estas decisiones, o el camino que he decidido ir forjando, colaborar y ayudar a mostrar a los otros lo que a mí nunca nadie me dijo antes: que es difícil, que muchas veces te van a dar ganas de dejarlo, que para nosotras siempre va a ser más difícil, pero si hay pasión y una convicción, es posible. Pero es así acá en Chile, no es que en todo el mundo te miran igual.

En algún momento comentaste en otras entrevistas que era difícil no saber dónde entrenar, de los horarios, pero… ¿Los entrenamientos son más regulares en cuanto al lugar y horarios?

-Sí, siento que he sido súper afortunada y tengo mucho más apoyo en cuanto a un principio. Puedo entrenar en la piscina del Estadio Nacional durante las madrugadas, puedo entrenar los feriados, los domingos, y eso claro que te da una estabilidad también, ya puedo planificar mis semanas con mi entrenador, sin tener que estar de tour por Santiago buscando una piscina. Eso se agradece absolutamente. El entrenamiento es del terror, son cuatro horas, 10 o 12 kilómetros diarios, 60 kilómetros semanales. Te duele hasta respirar y es un trabajo súper solitario, porque nadie hace este volumen, veo que la gente llega… y se va y se va, y tú estás en la piscina sola.

¿Te ves nadando como Eliana Busch a los 84 años?

-Sí jajaja, todo el rato, me encantaría nadar a esa edad en hielo, las maratones… obvio que sí.

Kristel Köbrich es amiga tuya, muy cercana, crecieron nadando juntas. Sobre su rol histórico en la natación chilena, y justo recientemente en los Juegos Panamericanos ganó la medalla de plata en 1.500 metros libres. ¿Cómo la definirías?

-Me emociona mucho pensar en ella porque somos amigas desde hace 25 años, es bonito poder haber visto y acompañado todos los procesos. Es una persona absolutamente disciplinada, que está dispuesta a hacer todo por su pasión. Sin lugar a dudas es una gran referente a nivel nacional e internacional también, son muy pocos nadadores que han podido mantenerse en un nivel mundial del alto rendimiento por más de 20 años. Estos son sus quintos Juegos Panamericanos, es la quinta medalla panamericana que se obtiene en la historia de la natación chilena, y las cinco las tiene ella. Siento que hay todo que aprender de Kristel y debemos reconocerla como lo que es. Ahí estamos un poquito atrás como país, tiene mucho que enseñar y algo pasa… porque no hay generaciones de recambio.

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