El femicidio de Daniela Vivar: “Ella pidió ayuda y nadie hizo nada”

Daniela Vivar

El femicidio de Daniela Vivar: “Ella pidió ayuda y nadie hizo nada”

El 2 de diciembre del 2019, Daniela Vivar fue asesinada en la calle Aníbal Pinto en Quellón. Días antes, ella había presentado una denuncia por amenaza de muerte de su expareja José Oyarzo ante la Fiscalía, y se decretó una orden de alejamiento que Daniela de inmediato sospechó que sería inservible. Tras la detención de José, el único imputado por el crimen, la ciudad se paralizó, el Tribunal fue apedreado, la comisaría de Carabineros rayada, y su familia se organizó para “no dejar de meter ruido hasta que llegue el juicio y le den cadena perpetua” al que, según dos testigos del hecho, es el responsable. Esta es la historia de Daniela Vivar.

En la madrugada del 2 de diciembre del 2019, sonó el teléfono de la casa de Marcia Vivar, le avisaban que habían encontrado a su hermana, Daniela, apuñalada en la calle Aníbal Pinto en Quellón. De manera inmediata supo quién lo hizo y recordó las palabras que la misma Daniela le había dicho días antes, “¿una orden de alejamiento? ¿Y para qué me va a servir eso a mí?”. Daniela había sobrevivido a más de 10 años en una relación tóxica con José Oyarzo, el único sospechoso de su crimen y que es apuntado incluso por dos testigos que se encontraban en el lugar donde fue asesinada. Ella puso término a esta relación a principios del 2019, pero cuando José Oyarzo supo con certeza que tenía una nueva pareja, no la dejó tranquila, tanto así que llegó a amenazarla de muerte.

A pesar de que el corazón de Daniela llegó latiendo al Hospital ese 2 de diciembre, ya no había nada más que hacer. Su familia lo supo, y tan pronto se firmó su certificado de defunción, han estado constantemente en las calles de Quellón, gritando frente a la Fiscalía, los Tribunales y comisarías. Incluso han interpretado cantos de Las Tesis cambiando la palabra “violador” por “asesino”, y ruegan porque este movimiento no decaiga antes de que se cumplan los 90 días decretados por el Tribunal para que se realice la investigación.

“Quellón es súper machista”

El 8 de marzo del 2019, ocurrió un hecho histórico en Quellón, miles de mujeres repletaron sus pequeñas calles en lo que ha sido la marcha del Día de la Mujer más masiva de la historia de la isla. Dirigentas de distintas localidades de la provincia, como Chonchi, Ancud y Castro, decidieron reunirse ese año ahí, donde termina la Ruta 5, para responder al llamado de la Coordinadora nacional 8M. “Esa marcha fue fuerte, pero no cambió nada, Quellón es súper machista”, dice Deborah, sobrina de Daniela, aunque se describe como casi hermana pues su corta diferencia de edad siempre las hizo muy cercanas.

“Acá en Quellón nosotras no teníamos recuerdo de un femicidio, pero eso no quiere decir que no sea machista, al contrario, hay mucho alcohol, eso es lo peor”, agrega su mamá, Angélica, además hermana mayor de Daniela Vivar.

La familia de Daniela llegó a Quellón cuando ella tenía solamente 2 años en 1991. Bajo la promesa del eterno desarrollo y la aparición en masa de las salmoneras, su padre Rigoberto y su madre María, esperaban dejar atrás un historial de pobreza, alcohol, y mal pasar. A pesar de que sus vidas en Quellón no fueron tan distintas a las que llevaban en el continente, las tres hermanas, Marcia, Angélica y Daniela disfrutaron su infancia en la isla. La mayor de las hermanas, actualmente vive en otra región. 

Daniela llegó hasta segundo medio en el Liceo Rayén Mapu; establecimiento que a pesar de que las clases ya se dieron por cerradas, permanece en una toma simbólica, con consignas a favor del movimiento social nacional, pero con un sector dedicado a Daniela, con carteles y velas completamente empapadas por la lluvia. Su tercero y cuarto medio, los terminó en una nocturna ya pasados sus 20 años. Durante mucho tiempo se dedicó a trabajar en las salmoneras por temporadas, hasta que sacó certificación de cocinera. “En la casa no cocinaba nunca sí, aunque siempre venía a preguntarme dónde tenía comida escondida, que un pancito, o un pastelito por ahí”, dice Marcia, la otra hermana de Daniela.

“Daniela conoció a… a esta persona cuando ella tenía 20 años, él era 10 años mayor que ella sí. Lo conoció por otras amistades que tenía Daniela, porque ella era muy amiga de todo el mundo. Así fue como conoció a este… a este tipo”, relata Angélica evitando a toda costa el nombre del hombre que actualmente es el único sospechoso del asesinato de Daniela, “la relación era demasiado tóxica, él siempre fue posesivo, siempre fue agresivo, pero claro acá muchos hombres son así entonces quizás casi que era normal”.

La violencia de género expuesta

“Nosotras siempre sospechábamos estas cosas, pero llegó un momento en el que por primera vez vimos el verdadero carácter que tenía. Un carácter agresivo, pudimos ver a lo que podía llegar”, dice Marcia mientras su hermana y su sobrina asienten y bajan la cabeza. “Fue hace cinco o seis años atrás, era una cena familiar donde estábamos todas, nosotras y nuestros hijos, yo estaba con mi pareja igual. Ni siquiera me acuerdo qué pasó, pero de la nada empezó a tratar mal a Daniela, yo lo encaré y le dije que no correspondía que la insultara y ofendiera. Ahí él pescó un cuchillo, y mi pareja se alteró y fue a pegarle para retenerlo”.

Después de un forcejeo, las hermanas lograron sacar a José Oyarzo de la casa, quien se quedó afuera gritando que quería ver a Daniela. Deborah no la dejó bajar sola “yo voy a ir contigo aunque no quieras”, le dijo. “Tomé unas piedras del patio y me las metí al bolsillo porque éramos dos mujeres y no se me ocurrió otra forma de defenderme. Mi mamá y la tía Marcia estaban sosteniendo al tío (la pareja de Marcia) que lo tuvieron que encerrar para que la violencia no siguiera escalando”, relata. Cuando salieron de la casa, José le pidió a Deborah que lo dejara a solas con Daniela, pero ella dijo que “no, que no iba a hacer eso porque ya le había cortado el brazo a Daniela en la discusión. Le pedí que me mostrara sus manos, que las tenía escondidas. Me las muestra y tenía unas piedras más grandes que las que había sacado yo. O sea su intención era agarrarla a piedrazos”.

Daniela Vivar

“Lo que yo no entiendo es cómo pasó todo esto”, dice Angélica. Ella también fue víctima de violencia intrafamiliar años atrás, puso una denuncia en Fiscalía e inició un proceso de separación que, en sus propias palabras la liberó. “La Daniela ahí me dijo ‘pero hermana cómo pudiste dejar que te hiciera esto, cómo pudiste ser tan tonta, yo nunca voy a dejar que nadie me haga nada’. Yo siento que igual la entiendo. Porque la primera vez que un hombre te pega, tú no reaccionas, no sabes qué decir, tratas de entender porque te deja en shock. La segunda vez ya empiezas a buscar patrones, como ‘me pega porque hice tal cosa’, y de ahí en adelante es súper difícil salir porque ya te metiste en el espiral que no te deja salir, entonces la entiendo, pero por qué no me dijo”.

“Ella siempre andaba inventando excusas”, complementa Deborah, “decía ‘no es que me salió este moretón porque justo me pegué con la puerta, que me corté con la reja de la casa, que me caí de las escaleras’, y nunca asumía lo que estaba pasando. Nosotras sabíamos, pero cuando ya lo confirmamos en esa cena empezamos muy en serio a insistirle que lo dejara”.

“¿De qué me sirve?”

A pesar de los esfuerzos de sus hermanas y su sobrina, Daniela no logró salir de su relación con José Oyarzo hasta principios de este 2019. “No sabemos bien qué pasó, pero sí sabemos que quedamos tranquilas cuando nos dijo y nos dimos cuenta de que iba en serio”, dice Marcia, quien agrega que “además, meses después yo la veo llegar a mi casa, y estaba tan esbelta, tan flaca, y se veía tan bonita, yo supe altiro que tenía pololo, uno bueno, porque nunca había estado así. Andaba risueña”. “Enamorada po, conoció el amor”, interrumpe Deborah. El nombre de la nueva pareja de Daniela será omitido en este reportaje (por su propia intimidad y seguridad), y será reemplazado por la letra S.

“Ellos andaban felices en general, hasta que los pilló este tipo”, dice Angélica. “Sí, ellos estaban saliendo del colegio donde trabajaba Daniela y apareció José Oyarzo”, complementa Deborah. “Perdón las palabras, pero literal que les dijo ‘quién es este hueón, espérame no más cuando te pille hueón’, así les dijo, y al tiro le dijo que no le iba a aguantar esa actitud”. Deborah de manera casi inmediata empezó a sospechar de la actitud de José hacia Daniela, la veía asustada, nerviosa y muy preocupada. “Una noche le dije ya a ver tu WhatsApp, y lo ví y tenía mensajes horribles, los tengo acá”, dice.

Mensaje registrado por Deborah:

“Ya te caché que andai con otro weón, te juro que tú no vai a ser para nadie más. Te voy a pescar y te voy a apuñalar. Te voy a rajar la guata, el cuello y la cara”.

Daniela Vivar en la Plaza de Armas de Quellón

El 16 de noviembre, José Oyarzo llamó a Daniela Vivar y le pidió una breve reunión. “Él la llamó porque ellos tenían una cachorrita en común y ellos la querían como una hija porque ella no podía tener hijos”, explica Marcia, quien agrega que “estaban en esas conversaciones, para que ella pudiera sacarla de ahí o llegar a un acuerdo. Entonces él le dijo que vaya a su casa, que estaba con su papá y su hijo, que no estaba solo y que todo iba a estar bien. Ella dijo que desconfió de primera, pero fue con la intención de sacar su cachorra de la casa. Cuando llegó allá, cuando entró, dijo que se dio cuenta de que estaba él solo, con las armas ahí encima de un sillón (un cuchillo y un martillo), y él estaba con las mangas hasta acá arriba y los brazos cortados, sangrando. Y ahí empezó la tortura”. Marcia prefiere no describir lo que pasó en esos cerca de 45 minutos en los que Daniela estuvo a solas con José antes de que lograra salir corriendo, y llegara tiritando donde su hermana (la misma Marcia), pidiéndole que la acompañara a poner la denuncia a Fiscalía, que finalmente ingresó el 19 de noviembre.

“Es muy triste uno ver las reacciones… uno no espera eso”, dice Marcia mientras empieza a llorar. Ella relata el día en el que fueron a poner la denuncia por amenazas de muerte casi con el mismo dolor con el que después relató su fallecimiento. “Llegamos y era como sentir que te están juzgando, que por qué pasó, por qué no tenía ninguna marca, por qué fue a la casa de él. Y no fueron capaces de mirar que ella… su reacción, era de una persona que no podía dejar de temblar, no hallaba las palabras con qué explicar. ¿Cómo no ver el miedo que ella tenía? Entonces que ellos te digan, nosotros nos vamos a encargar de poner una orden de alejamiento, y le vamos a dar aviso, y te vamos a poner custodia y… tantas cosas que, no sé. Pienso que son cosas que son para un papel. Por eso que ella salió con la mente que salió de ahí, y me dijo ¿de qué me va a servir esto?”.

Cuando Daniela llegó a la casa, insistió en el tema y habló con Deborah, quien recuerda que “ella llegó con un poco de rabia porque me decía que ¿de qué le iba a va a servir el tema de los 300 metros? ¿Qué son 300 metros? O sea ¿de qué estamos hablando? Los Carabineros nunca jamás pasaron por acá afuera de los domicilios que dejamos testificados. Ella tenía que pasar de casa en casa para que él le perdiera el rastro. Una vez yo puse en Facebook que me estaba cambiando de casa para que él supiera que yo ya no estaba viviendo en el mismo lugar y que la Daniela se pudiera quedar conmigo más segura. Él constantemente, todos los días y a cada rato le mandaba mensajes de audio en WhatsApp, le mandaba textos, te juro que jamás yo nunca había escuchado audios tan fuertes como le mandaba él”.

Las pruebas contra José Oyarzo

“Llamaron primero a mi casa y contestó mi hija”, empieza a relatar Marcia cuando es consultada sobre lo que pasó el 2 de diciembre del 2019. “Ahí de a poco empezó a salir la información. Supimos que llegó con vida al hospital, pero su corazón ya no estaba latiendo bien, se sabía que no había nada que hacer”.

Daniela iba llegando a la casa que compartía con amigos en la calle Aníbal Pinto de Quellón, cuando, según el testimonio de dos testigos que son parte de la carpeta de investigación, fue atacada por José Oyarzo quien la golpeó violentamente y la apuñaló repetidas veces. “Él debe haber pensado que había terminado con ella, porque se paró y fue a buscar a la Susana, la amiga de Daniela que también estaba en la calle”, dice Angélica, mientras Deborah rápidamente la interrumpe: “en varios medios y relatos que vi  dicen que Daniela se levantó y caminó tres pasos, pero eso no es así. Ella caminó casi tres casas hasta llegar donde estaba José Oyarzo tratando de atacar a su amiga Susana y no sé cómo, te juro que no sé cómo, logró detenerlo. Sacó fuerzas quizás de dónde y tironeó a José Oyarzo hasta que cayeron juntos al suelo. Fue como su última lucha, bueno, la penúltima porque ahora estamos dando la lucha nosotras por ella”.

Daniela Vivar

Después de esto, José Oyarzo estuvo varias horas desaparecido. La policía lo buscaba bajo presunción de fuga. “Él quería irse al monte yo creo, había ido a su casa a buscar unas frazadas cuando se lo llevaron detenido”, dice Deborah. Actualmente está cumpliendo la medida cautelar de prisión preventiva en Puerto Montt, mientras corren los 90 días (a partir del 2 de diciembre) que decretó el Tribunal para que se investigue el caso, el cual es visto con optimismo por la parte querellante que apunta a conseguir la cadena perpetua en contra de José Oyarzo

Yo no voy a descansar hasta que este tipo pague lo que le hizo a Daniela. No voy a permitir que se las saque con que estaba bajo el alcohol o las drogas porque no es así. Yo tengo los mensajes que le mandó a Daniela esa misma noche donde dice que está en todas sus facultades mentales, así que no. Teníamos la preocupación de que fuera a decir que está loco o algo, pero el abogado me dijo que nos tranquilizáramos, que él estaba plenamente consciente de lo que estaba haciendo cuando fue a matar a la Daniela” dice Deborah.

“A Daniela la podíamos salvar”

Según datos de la Fiscalía de Los Lagos, durante el año 2019, las denuncias por violencia intrafamiliar aumentaron en un 12% en total en la región. Un número que en Quellón se duplica, registrando un aumento de 25,6% respecto del año anterior. A pesar de que las hermanas de Daniela afirman que después de la primera marcha que hicieron para visibilizar el caso, cerca de 30 mujeres se acercaron a denunciar a sus parejas, desde la Fiscalía indican que aún cuando en diciembre del 2019 se vio un aumento importante de denuncias ante la Fiscalía por violencia intrafamiliar, esta tiene relación con la tendencia total del año.

La Fiscalía de Los Lagos, encargada del caso, ostenta un récord nacional, alcanzando un 81% de judicialización de delitos de violencia intrafamiliar, siendo por mucha distancia el porcentaje más alto de todo Chile, ya que a nivel nacional la judicialización de estos casos solamente alcanza un 49,59%. 

Las críticas de la familia de Daniela se centran en lo que califican como “inoperancia” de los órganos del Estado que debían resguardar a Daniela.  “A ella, a Daniela, la podíamos salvar en realidad, era cosa de que hicieran su pega”, dice Deborah hablando muy rápido. Ella añade que “Tengo rabia porque al final ellos no saben lo que es. Él (José Oyarzo) le dijo claro a la Daniela, que si no era ella, iba a ser cualquiera de nosotras. La cosa era hacerle daño a ella. Si no la dañaba físicamente, a alguna de nosotras en algún momento nos iba a encontrar en la calle o en cualquier lugar y nos iba a atacar. Igual estábamos amenazadas de muerte y tampoco nos sentimos protegidas”. 

Actualmente la Seremi de la Mujer y Equidad de Género es parte querellante en el caso de Daniela. El abogado del organismo y representante de la familia de la victima, Marcelo Urra, afirma que hay altas probabilidades de que se consigan condenas contra José Oyarzo, “no solamente porque se cuenta con dos testigos del hecho, que es mucho más de lo que ocurre en otros casos donde el asesinato se comete entre las cuatro paredes, sino que también porque se puede identificar que esta es una actitud que él llevaba desde hace un buen tiempo contra Daniela y sus cercanos”.

“El problema acá es de la legislación chilena”, afirma Urra, “porque no existe una ley integral que castigue la violencia hacia las mujeres de manera transversal. ¿Sabe por qué este caso es tan frustrante para la familia? Es que ellas pusieron una denuncia de amenazas contra la expareja de Daniela Vivar, pero en Chile, bajo la legislación actual, el delito de amenazas de muerte no tiene distinción de género. Si un hombre pone una denuncia de amenazas de muerte contra otro hombre, tiene las mismas cautelares -que ya son demasiado bajas- que si una mujer que convive con su pareja pone una denuncia contra él. Por eso es necesario que la legislación reconozca los delitos de género que vienen antes del femicidio, para poder entregar cautelares más duras o que se puedan tomar medidas más rápidamente”.

Desde la Fiscalía de Los Lagos, la abogada asesora, Claudia Olguín, aclara que aún cuando se realizan estas denuncias por amenazas en el contexto legal actual, los funcionarios de la Fiscalía han pasado por varios entrenamientos para reconocer cuándo se trata efectivamente de un tema de género y se enmarca junto con una denuncia por violencia intrafamiliar. De todos modos, Claudia afirma comprender “la frustración o la sensación de inseguridad de la familia que no percibe una ronda constante, o una atención más intensa por parte tanto de Fiscalía, Sernameg y otros. Aquí se necesita un trabajo más coordinado”.

La seremi de la Mujer y la Equidad de Género de Los Lagos, Viviana Sanhueza, por su parte afirma que “el año 2019 fue especialmente difícil en la Región de Los Lagos en materia de femicidios. La muerte de Daniela, el único caso registrado en Chiloé, nos duele profundamente al igual que los otros siete que cobraron la vida de mujeres en distintos puntos de nuestro territorio. En cada uno de ellos nos hemos puesto a disposición de las familias de las víctimas ofreciéndoles asesoría jurídica y reparatoria (…) Este escenario nos hizo incrementar nuestro despliegue territorial, generando nuevas estrategias de prevención y respuesta. Un número importante de los ataques se registran en área rurales, carentes de servicios y con escasa conectividad, por lo que enfocamos nuestros esfuerzos preventivos desarrollando actividades en esas zonas, compartiendo un mate con mujeres y sosteniendo diálogos cercanos, para sensibilizarlas sobre la violencia intrafamiliar, de manera que puedan identificar sus signos y generar estrategias de autoprotección”.

“Yo puedo entender todas esas cosas que hacen en las oficinas de la mujer”, dice Marcia, “pero tienen que entender que para nosotras era terrible todo. Ese tiempo que estuvo puesta la denuncia fue terrible. No puedo explicar lo que era pensar que ella salía de la casa y no volvía. De repente por equis motivo se le apagaba el teléfono y era una angustia tremenda”. 

Las hermanas de Daniela, acompañadas de su sobrina Deborah, la más entusiasta y expresiva, dicen que seguirán marchando sin parar, interviniendo, llamando a “hacer ruido en las audiencias, que él pueda escuchar adentro que desde acá le estamos gritando asesino sin parar. Que el fiscal sepa, que lo sepan los jueces también: a la Daniela la mataron porque ella pidió ayuda y nadie hizo nada, y eso nos duele, y nosotras vamos a seguir”, insiste. 

El sábado 14 de diciembre hicieron una caminata, y aprovechando el día despejado, prendieron unas velas en el lugar donde murió Daniela. Entre todas hicieron un círculo alrededor para bloquear el viento implacable de Quellón, y las velas permanecieron encendidas aún con las fuertes ráfagas. Antes de que la gente se fuera, Deborah insistió “quiero que pague, para poder llorar en paz”.

Comentarios
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