Justicia para el “Polera”: La historia de Manuel Alejandro Rebolledo Navarrete, atropellado por un infante de marina en el toque de queda en Talcahuano

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Justicia para el “Polera”: La historia de Manuel Alejandro Rebolledo Navarrete, atropellado por un infante de marina en el toque de queda en Talcahuano

El 21 de octubre un grupo de militares irrumpió con un camión en una protesta que se realizaba en Talcahuano. En esta se encontraba Manuel Alejandro Rebolledo Navarrete (23), el “Polera” como le decían sus cercanos, fanático del fútbol, hincha de Colo-Colo y socio del club Juventud Porteña, donde era conocido por siempre estar organizando beneficios para ayudar a quien lo necesitara. Ese día un infante de marina sacó ese vehículo de la calle y lo atropelló, arrebatando así la vida del hijo mayor de Manuel y Luisa. Hoy, a cuatro meses de su fallecimiento, los padres hablan sobre lo que ha sido superar esta situación y la impotencia que les causa ver que el uniformado mantenga su libertad pese al crimen que cometió. Asimismo, se refieren al video filtrado de una cámara de seguridad en el que se ve el instante en que Alejandro es atropellado, volviendo a hacer presente el dolor que esto significa para ellos.

La tarde del lunes 21 de octubre la familia Rebolledo Navarrete se encontraba sentada en el comedor de su casa, en la población Libertad de Talcahuano (Región del Biobío), tomando once. En la mesa estaba el padre de la familia, Manuel Rebolledo Ibacache, la madre Luisa Navarrete Contreras y el menor de sus dos hijos, Bastián. En ese momento sonó un celular. El padre, sin sospechar el motivo de la llamada, contesta:

-¡Aló, Pato! Parece que atropellaron al Alejandro.

El mayor de sus hijos, Manuel Alejandro Rebolledo Navarrete de 23 años, o el “Jano” como le decían en la familia, andaba ese día en una manifestación. Esa misma jornada el contralmirante Carlos Huber, encargado de la zona de catástrofe en la región del Biobío, había adelantado el toque de queda para las 18.00 horas y las Fuerzas Armadas tenían el control de las principales ciudades.

A pesar de esto y como ocurrió en la mayoría del país, las manifestaciones se realizaron sin importar las restricciones. Fue bajo ese contexto que se informó sobre supuestos saqueos a las industrias pesqueras ubicadas en Avenida Gran Bretaña, movilizando al personal de la Armada hasta ese lugar para controlar la situación y dispersar a los manifestantes, entre ellos, el Jano.

Debido al caos generado por la presencia militar, el joven corrió hacia un sitio eriazo ubicado en la población Libertad, donde él vivía, para alejarse del peligro. Sin embargo, el infante de marina, Leonardo Medina Camaño, sacó de la calzada a toda velocidad el camión que conducía y lo atropelló, arrollando su cabeza. Su muerte en el lugar fue inmediata.

Sin siquiera alcanzar a cortar la llamada recibida, la familia entera se levantó y salió corriendo hasta el lugar. Una vez instalados, la madre llegó desesperada y comenzó a preguntarle a los militares y carabineros que permanecían ahí, sobre la persona que habían atropellado. Les decía que era su hijo, que por favor la ayudaran, pero la ignoraron por completo. 

-No señora, aquí no ha pasado nada- respondían con indiferencia, relata la mujer.

De pronto su marido llegó arriba de un auto y sin mayores detalles partieron rumbo al Hospital Las Higueras, con la esperanza de encontrar ahí a su hijo.

EL POLERA

Luisa y Manuel con tan sólo 15 y 17 años, respectivamente, se enteraron que serían padres, noticia que tomaron con felicidad y nerviosismo. Un nueve de julio de 1996 nació el Jano, era su primer hijo, nieto y bisnieto de la familia, por lo que con esfuerzo todos ayudaron a cuidarlo y a tener las cosas que necesitaba. Los papás de Luisa se hicieron cargo de su crianza, tarea que asumieron hasta que Alejandro cumplió los 12 años y se fue a vivir con sus padres de manera definitiva. Como toda la familia vivía en el mismo sector, siempre tenía la atención de todos, nunca le faltó cariño.

Alejandro era conocido por sus amigos como el “Polera”, debido a que cuando cumplió nueve años, su papá, a quien le decía Pato, le regaló una camiseta de Colo-Colo. De pequeño siempre le gustaron las poleras con cuello recuerdan sus padres, por lo que cuando recibió esta última no paraba de sacarse fotos para mostrarlas a sus conocidos o publicarlas en su Facebook. Todos le decían “oh y esa polerita, está bonita la polera”, quedando con ese apodo.

Esa alegre personalidad y entusiasmo es la que marcaría el resto de su vida. Cuando hablaba con otras personas le decían entre bromas que se pusiera serio, que dejara de reírse porque no sabían si creerle o no lo que estaba contando.

“Era juguetón, cariñoso, entusiasta, le gustaba compartir, integrarse a cosas sociales y participar en todo”, recuerda su madre, agregando que se llevaba tan bien con todos que para las vacaciones nunca le faltaba una invitación para salir. “Ya po, Alejandro vamos a acampar, bucha, contigo hay que sacar hora para poder salir”, decían sus amigos, quienes disfrutaban su sentido del humor y andar con él.

Desde niño siempre fue inquieto pero con buen desempeño en el colegio. A pesar de eso comenzó a trabajar de inmediato una vez que terminó su educación escolar para ayudar a la familia. Constantemente se movía haciendo beneficios junto a sus padres, vendiendo completos, empanadas o lo que fuera para generar un ingreso extra y poder pagar el arriendo de la casa. El Jano compraba alguna cosa y partía junto a su papá a las canchas o pasaban por cada una de las casas de la población ofreciendo lo que tuvieran.

Manuel Alejandro Rebolledo Navarrete. Fotografía: Cedida.

“La vida de nosotros es así y en ese sentido Manuel siempre era un aporte más para nosotros. Él, por el entusiasmo que tenía, atraía a la gente. Entonces eso es lo que uno extraña, porque ayudaba. La personalidad que tenía era muy grande y bonita, se hacía querer. Llamaba al público y así el negocio de nosotros salía adelante, trabajaba bien”, cuenta Luisa.

Otra parte importante en la vida de la familia y en especial para Alejandro, fue la llegada de Bastián, su hermano menor que nació cuando tenía doce años. Siguiendo la tradición familiar, su pasión por el fútbol se hizo evidente y comenzó a jugar de arquero. En ese sentido, Alejandro siempre le dio consejos a su hermano. Le decía que tenía que seguir con su sueño, con lo que le gustaba y que siempre iba a tener su apoyo sin importar lo que pasara. Dejaba todo de lado por acompañar a su hermano cuando tenía que viajar para jugar, estaba seguro de que él sería quien podría ayudar a la familia a salir adelante.

JUVENTUD PORTEÑA Y SU HIJA, DOS GRANDES AMORES

Una de las cosas que más motivaba a Alejandro desde pequeño era el fútbol, su papá siempre lo llevaba a entrenar. Le gustaba jugar de delantero, arriba, de 11 porque era zurdo. Sus primeros pasos los dio en el Juventud Porteña, equipo en donde su padre fue el director técnico durante un tiempo. Con emoción recuerda los momentos en que entrenaba a su hijo. También recuerda cuando parte del equipo le alegaba porque nunca lo sacaba de la cancha.

“‘¿Pero cómo voy a sacar a mi hijo? Si es el mejor’, les decía riéndome. Yo era el encargado de ellos, uno sabía el que jugaba y el que no, y Alejandro jugaba harto a la pelota”, relata. Luego, el Jano se convirtió en socio de la Banda del JP, la fiel hinchada del club, participando y organizando todas las actividades que se realizaban. “Lo que él decía, se hacía”, menciona Manuel sobre su hijo, que era considerado por sus amigos como el jefe de la banda, rol que a él no le gustaba. Siempre decía que sólo lo hacía por ayudar.

El Jano compartía así su amor futbolero por tres equipos: Colo-Colo, Juventud Porteña y Juventud Venecia, estos dos últimos de su población, La Libertad. Manuel cuenta que siempre iba a las canchas con sus dos hijos a ver los partidos de barrio y que, a pesar de ser hincha de Universidad Católica, también los llevaba al Ester Roa o al Estadio CAP a ver los encuentros de Colo-Colo. Hasta a los amigos de sus hijos invitaba y en grupo iban hasta la misma barra para alentar al cacique.

Manuel Rebolledo (padre), Bastián Rebolledo (hijo menor) y Luisa Navarrete (madre), posando junto a una foto del Jano. Fotografía: Cedida.

De joven él también jugaba fútbol, hasta que sufrió una caída trabajando en el puerto como pinchero (persona sin contrato que hace turnos como estibador). Esto le provocó la pérdida de la rótula de su rodilla izquierda y no pudo seguir haciendo deportes, por lo que al recordar a su fallecido hijo habla con orgullo, pero con un profundo pesar a la vez: “Yo era arquero, mi hijo chico ahora es arquero, él mide un metro 75 y tiene 12 años, él es el que nos va a dar las alegrías que nadie nos… (se quiebra). Es algo que duele hablar todo esto igual”.

Alejandro tenía una hija, Paulita, su otro gran amor en la vida que había tenido junto a su pareja, Pilar Álvarez. Los tres vivían junto a los padres del Jano, llevaban una vida feliz y sencilla. Salían todos a pasear o a ver los partidos de Bastián. Luisa cuenta que la llegada de la pequeña cambió la vida de su hijo, lo hizo más adulto ya que se debía preocupar de que no le faltara nada.

Paulita sólo tenía un año y tres meses cuando falleció su padre, por lo que aún no puede comprender nada de lo que ha pasado. “A ella se lo quitaron, porque no se fue por enfermedad ni nada. Se lo quitaron brutalmente. Y al tener 23 años no disfrutó nada a su hija, nada, nada”, dice Luisa. A pesar de esto dice estar segura de que cuando su nieta crezca va a ver todos los recuerdos que le dejó su padre y así entender lo mucho que la amaba a ella.

JUSTICIA PARA ALEJANDRO

Al momento de su muerte, Alejandro venía de participar en una de las primeras manifestaciones que se hicieron en la zona luego de que iniciara el Estallido Social el 18 de octubre de 2019. La familia es firme en decir que él sólo iba a las marchas y que ese día estaba ahí en la población cuando empezaron los desmanes.

El Jano hizo presente su apoyo al movimiento social durante esas primeras jornadas. Incluso el día anterior junto a toda la población y con los hinchas del Juventud Porteña habían realizado una manifestación en el sector. Por eso, por el hecho de que ellos sabían que su hijo quería un cambio para la sociedad, es que les duele tanto como familia que haya muerto a manos de los militares y que el infante fuera dejado en libertad mientras se realiza la investigación, sólo con arraigo nacional y firma quincenal.

“La pega de ellos no es matar a un ser humano. Pero lo tienen (al infante) trabajando en sus labores con firma quincenal al desgraciado, eso es una burla para mí”, explica Luisa, enojada. Asimismo, señala que no han recibido ningún tipo de ayuda por parte de las autoridades, los que no quieren asumir responsabilidad en el caso.

Manuel, el padre, crítica la gestión del alcalde de Talcahuano. “Henry Campos, ese personaje, no se hizo ver en ningún momento. Al menos tendría que haber venido a ver al primer muerto en Talcahuano, haber aparecido dando el pésame, un apoyo, algo. La tele aquí tampoco cubrió nada. Todos se esconden porque son del bando de Piñera”, menciona.

En este sentido, una de las cosas que más les duele es el hecho de que al ser de una población marginal, todos dicen que sólo “murió un delincuente no más”, “un delincuente menos” y que nadie es capaz de ver a la persona y la familia que hay detrás, a la hija que quedó sin padre.

Tanto Manuel como Luisa se mantienen firmes en sus intenciones de cambiar esa visión sobre su hijo y lograr justicia con la cárcel para el marino que lo atropelló.

En ese sentido el padre recuerda que antes de que falleciera conversaba mucho con su hijo, que salían a carretear los dos y que él, también lo consideraba un amigo: “Es algo que igual me duele mucho, ahora nos quedamos con Bastián y él (Jano) falleció. Es un hijo el que me mataron y el milico es un desgraciado total ese hueón, tiene que estar preso”.

EL ORGULLO DE UN PADRE

Cuando la familia llegó hasta el Hospital Las Higueras alcanzaron a ver justo como bajaban a una persona de la ambulancia y lo entraban rápidamente en la camilla. Desesperados y sin tener la certeza de si era o no su hijo se acercaron hasta los paramédicos los que, siguiendo el tono de los uniformados, no le entregaron ningún tipo de información. Le insistían que era su hijo hasta que les dijeron que esperaran al médico, que estaban realizando labores de reanimación.

Fue luego de escuchar eso y ver los videos que comenzaron a subir a las redes sociales, que la rabia y la decepción se apoderó de ellos. “El Jano venía muerto ya. Él murió al instante ahí, estaban acomodándole el cuerpo no más, si venía todo molido. Fue una muerte brutal, el camión le pasó por encima, lo quisieron matar”, relata su padre. 

“Llegó sin los dientes, sin nada, su cabecita toda rota, parchada le tenían su cabeza. Eso estaban haciendo. ¿Qué reanimación?”, agrega la madre que con enojo menciona que sin importar el toque de queda, los militares no debieron haberle provocado la muerte a él ni nadie. Hacia ellos apuntan sus mayores críticas como padres, ya que en los videos vieron como los mismos uniformados que atropellaron al Jano, intentaban tapar el cuerpo con tierra. “Eso es lo que hacen los perros”, asegura Luisa, quien está convencida de que a su hijo lo querían hacer desaparecer.

Durante la mañana del miércoles 4 de marzo se dieron a conocer dos videos de unas cámaras de seguridad, las que pertenecían a las empresas pesqueras que supuestamente estaban siendo saqueadas. Las imágenes eran parte de la investigación que llevaba a cabo, por lo que ante la insistencia de algunos medios la familia había negado el acceso a este. Sin embargo, estos fueron filtrados pese a la solicitud de los padres de Alejandro, provocando en ellos una desesperación y dolor indescriptibles al tener que revivir ese duro momento.

Manuel por su parte dice que no puede explicar el dolor que siente al ver esas imágenes y la crueldad de los militares. “Te duele harto eso. Ver que uno no pudo hacer nada como papá, porque si uno quisiera actuar uno actúa no más, pero como hay hijos y mi nieta por detrás, uno siente pura impotencia. Pero el de arriba va a hacer la justicia al último y ese que mató a mi hijo, va a tener que dar esa pelea”, cuenta entre lágrimas.

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EL padre de Alejandro sosteniendo una fotografía de él durante una reunión con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la Universidad de Concepción. Fotografía: Roberto Pino Almeyda.

Al primer juicio ellos no pudieron asistir, ya que ese mismo día debían retirar el cuerpo de Alejandro para después velarlo. Mientras conversan dicen estar ansiosos de poder ver la cara del marino que asesinó a su hijo en la siguiente formalización, de ver en su rostro si siente algo de arrepentimiento. El pasado 20 de febrero la familia llegó hasta el juzgado de Garantía de Talcahuano para interponer una querella en contra de Leonardo Medina Camaño, para aumentar el grado de su formalización de un cuasidelito de homicidio a un homicidio simple, esperando que se declarado culpable y reciba una pena acorde al crimen cometido.

Manuel Rebolledo padre dice que no sabe qué hará cuando vea al infante de marina por primera vez. Algo le va a gritar, dice, al mismo momento que siente un profundo dolor al recordar que para su cumpleaños no estará su hijo. “Pa’ uno es fome, es triste y voy a tener que acostumbrarme que así va a ser de aquí en adelante. Hay que seguir la vida, como se dice. Y seguir po’, por su hermano chico para que él sí cumpla sus sueños y le dé una alegría a su hermano que está en el cielo”.

Comentarios
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