Carmen Romero: “Las artes tienen que estar consagradas en la nueva Constitución como un derecho”

Gentileza Fundación Teatro a Mil

Carmen Romero: “Las artes tienen que estar consagradas en la nueva Constitución como un derecho”

Aunque el diagnóstico que hace el mundo de las artes sobre el estado de la cultura post pandemia no es alentador, la directora del Festival Internacional Santiago a Mil está expectante del futuro. Plantea desafíos desde el rol del estado, los privados y el mundo de la cultura. Sabe que tras esta crisis hay una oportunidad y que hoy, en medio de una discusión constitucional, es imperioso consagrar las artes como un derecho.

¿Cómo se piensa un festival esencialmente callejero en una dinámica social post pandemia? El desafío es enorme y bien lo sabe Carmen Romero, directora del Festival Internacional  Santiago a Mil. Desde marzo pusieron a disposición todo el material de archivo en la plataforma Teatroamil.tv y a la fecha han desarrollado dos ciclos en modo virtual como Teatro Hoy y Danza Hoy, además de apoyar en la transmisión al festival de teatro y marionetas La rebelión de los muñecos.

La apuesta es seguir con ello, continuar un ciclo de teatro chileno en septiembre, y proyectar el trabajo hasta 2021, cuando se inicie la 28º versión del emblemático festival entre el 3 y el 24 de enero. El objetivo de esta nueva edición es que el arte y el público vuelvan a encontrarse.

De acuerdo a su directora, la idea es transformar el festival en un evento híbrido, que se ajuste a todos los resguardos y protocolos -elementos en que las compañías ya trabajan-, pero que pueda salir otra vez a la calle y probar nuevos formatos: proyecciones, balcones como escenario y experiencias transmediales, además de la implementación de una sala virtual para continuar en paralelo la programación online.

Aunque los ojos están puestos en el futuro, la gestora cultural sabe el precario estado de las artes y la cultura actual, y en esta entrevista con The Clinic plantea desafíos. Pese a ello, confía en la capacidad de adaptación del mundo cultural.

¿Cuál es tu diagnóstico de la situación que enfrenta hoy la cultura?

-Estamos en un sector súper precarizado: fuimos los primeros en cerrar y seremos los últimos en abrir. Se detuvo todo y las compañías viven de las taquillas; entonces, la situación es tan grave que hay familias que no tienen sustento. La preocupación se hace evidente, y por otro lado, no ha habido medidas urgentes que realmente sean de ayuda. Actualmente, la comunidad teatral resiste únicamente por la solidaridad del propio sector, pero eso es claramente insuficiente. Tampoco hay que olvidar que la precarización no es nueva: la mayoría de las compañías de danza, de teatro, los músicos son independientes y el 85.1% no cuenta con contrato que garantice su protección. Esa vulnerabilidad que te digo es algo real y permanente.

La experiencia teatral en sala como la conocíamos, ¿se terminó?

-Yo veo que la experiencia teatral en la sala va a seguir existiendo, lo que pasa es que hay que readaptarla a esa nueva realidad post Covid-19 y que no solamente es una cuestión económica, sino que implica medidas sanitarias, de comportamiento social. Y hay que adaptar esos protocolos sanitarios, que tienen que ser los nuestros. No somos igual que el fútbol. Ese es un tema: ¿cómo no escuchan a este sector? Se agradecería mucho que el Ministerio de Economía pudiera poner medidas exclusivas para que los teatros abran, recojan los protocolos y ayude económicamente a que esto suceda. Hay que adecuar esos aforos. Yo miro a Uruguay, que está haciendo hoy día teatro, y la gente volvió y agotó todas las entradas. O sea, ¿cómo no voy a estar esperanzada? Estoy segura de que si nos miran, si nos escuchan, podemos salir de esto.

Carmen Romero – Gentileza Fundación Teatro a Mil

¿Ese es el principal problema? ¿Que no los escuchan?

-Basta de no escuchar. Lo único que necesitamos es que nos entreguen el apoyo que se necesita para reabrir las salas de teatro y ésa es una medida súper concreta. ¿Por qué si van a ayudar a otros sectores, no nos van a ayudar a nosotros? ¿No van a ayudar a Latam? ¿O van a dejar que quiebre? ¿Por qué no le ayudan a los teatros? ¿Por qué no ayudan a los museos? ¿Por qué no ayudan a los centros culturales? ¿Por qué no vamos a recibir subsidios? Eso es lo que hay que hacer. ¿Cuánto más vamos a esperar? Si lo que se necesita es súper claro. Subsidio aquí y ahora para las Artes Escénicas y las Artes en general del país. Hemos demostrado mil veces cómo se para el teatro en Chile. Cómo sobreviven las salas independientes a pesar de todo, sin ayuda. ¿Por qué no van a apostar por ellas? ¿Cómo el Estado se hace cargo de considerar este sector como un bien de primera necesidad? 

¿Pero es un asunto de estrechez? ¿De ignorancia?

-Totalmente, bastaría hoy día con tener medidas concretas. Subsidio directo para que las salas puedan reabrir cuanto antes y que los artistas puedan seguir funcionando. Después, si vamos a hacer trabajos digitales, libérenlos del IVA ya. Muchos de los artistas no entran en ninguna ficha social. ¿Qué medidas tenemos para ellos en concreto? ¿Cómo no se entiende todavía que las artes son el vehículo que nos va a permitir recomponernos emocionalmente, dialogar, comprender el mundo de otra manera? Las artes nos permiten esa mirada, entender que estamos en este mundo para mucho más que tener un trabajo fijo o sueldo mensual. Estamos en el mundo para convivir con el mundo y todo eso surge a través de las artes. 

“Yo veo que la experiencia teatral en la sala va a seguir existiendo, lo que pasa es que hay que readaptarla a esa nueva realidad post Covid-19 y que no solamente es una cuestión económica, sino que implica medidas sanitarias, de comportamiento social. Y hay que adaptar esos protocolos sanitarios, que tienen que ser los nuestros. No somos igual que el fútbol”.

Venían en un escenario muy mermado por el estallido social, ¿qué lecciones sacaron de esa coyuntura?

-Pese al  estallido social, nosotros hicimos el festival en enero igual, pero hoy día, con la crisis sanitaria, todo se profundiza y complejiza. Ahora se pone en duda el rol del Estado como subsidiario: nosotros necesitamos un Estado que apoye, que de estabilidad, donde los artistas y nosotros mismos dejemos la competencia por el concurso, vivir sólo de taquillas es imposible. Lo que me parece impresionante, pese a que los artistas no tengan un flujo estable y esté parado todo, igual se reinventan, hay una enorme creatividad también. Inmediatamente apareció el teatro por Zoom, nosotros salimos ofreciendo nuestros archivos y la música también se reinventó, entonces, se empieza a crear con otros formatos y lenguajes.

Claro, la experiencia teatral se trasladó a las casas.

-Pero el financiamiento de esta tecnología y el trabajo, ¿qué implica? Hoy día el teatro se está haciendo desde las casas. Los teatros públicos tienen un financiamiento para mantenerse todo el año, pero si les recortan el presupuesto de programación ¿cómo se sostienen? Hoy los teatros son las casas. ¿Por qué vamos a responder con más de lo mismo si estamos viviendo una vez más una precariedad en el sector? Lo más increíble es que aunque seremos los últimos en abrir, fuimos los primeros en poner todo a disposición para que la gente se quede en su casa.

Este encierro ha dejado clara la importancia del arte, para sostenerse, resistir. ¿Cómo has observado el choque de eso con la realidad que hoy viven las artes en general? 

-Creo que la pandemia puso en valor de nuevo el arte. O sea, ¿qué significiaría nuestra vida sin el acceso a la música, a los libros, al teatro, a la compañía que nos dan los artistas a través de la pantalla? Las exposiciones virtuales, las visitas a los museos, el hecho de que estén proliferando las plataformas, nosotros con Teatroamil.tv. Es imposible pensar en la salud mental, de la que tanto se ha hablado, sin el arte y sin la colaboración de los trabajadores del arte. 

“¿Por qué si van a ayudar a otros sectores, no nos van a ayudar a nosotros? ¿No van a ayudar a Latam? ¿O van a dejar que quiebre? ¿Por qué no le ayudan a los teatros? ¿Por qué no ayudan a los museos? ¿Por qué no ayudan a los centros culturales? ¿Por qué no vamos a recibir subsidios? Eso es lo que hay que hacer”.

El recorte al mundo de las artes parece inminente bajo la premisa de que no es prioridad y claro, considerando la magnitud de la crisis actual y las consecuencias económicas. ¿Cómo se están preparando? 

-Las diez instituciones culturales que recibimos apoyo constante y que no estamos sujetas a concursos, estamos peleando, de nuevo, para que el próximo año no nos recorten el presupuesto. ¿Por qué tenemos que seguir yendo a pelear al Congreso? A esas reuniones nosotros debiéramos ser invitados a proponer más programación, a entregar más, porque podemos hacerlo y porque sabemos cómo hacerlo. Nosotros vivimos en crisis desde siempre. Pero ya basta, estamos agotados de explicar por qué las artes y la cultura son tan importantes para la gente, hay una especie de ceguera, de estrechez, de no querer entender. Cuando antes se hablaba del medioambiente y era un tema ignorado, es lo mismo que nos pasa a nosotros, pero lo nuestro es ancestral.

En ese sentido, ¿qué evaluación haces de la gestión que ha realizado el Ministerio de las Culturas? 

-Creo que la ministra entiende el problema, nos apoya y, de hecho, este segundo semestre no tuvimos que devolver ni sufrir un recorte. Más allá de ese fondo de 15 mil millones en el plan de emergencia, que finalmente fue una reorganización de recursos que no se iban a ocupar en otros lados, no hay mucho más. Actualmente estamos hablando con Hacienda, lo que es muy bueno, pues necesitamos hacerles entender lo que esta crisis significa para la vida de las personas que trabajan en el arte, que ellos lo asuman y lo entiendan. Entendemos que la lucha de la ministra ha sido esa también, pero hay algo que no está fluyendo. A las instituciones culturales nos pidieron escenario con rebaja de distintos porcentajes para el próximo año. La cosa es al revés: “¿Qué harían ustedes con más presupuesto? ¿Cómo ayudamos a activar el sector?”.

Los protocolos en etapa cuatro, recién proponen la apertura de centros culturales con 25% de capacidad. ¿Son realistas esos protocolos a la situación actual de la cultura en Chile?

-Las artes han sido nuestras compañeras durante toda esta pandemia, pero lo primero que se abren son los malls. Entonces, mi pregunta es; ¿si se abren los malls por qué no se pueden abrir los teatros o las salas de cine? ¿Por qué el Estado no ayuda a que se reactive el sector? La lógica de los fondos concursables ya no resiste, necesitamos poner a la cultura como un bien de primera necesidad, como lo declararon en Alemania, y tener un presupuesto acorde para que los teatros, cuando vuelvan a abrir, no tengan que cerrar. Porque oye, además de que vamos a tener menos público en las salas, también hay que pagar las medidas sanitarias que se requieren para que esos espacios sean seguros. Son recursos que se van a requerir.

“Lo que me parece impresionante, pese a que los artistas no tengan un flujo estable y esté parado todo, igual se reinventan, hay una enorme creatividad también. Inmediatamente apareció el teatro por Zoom, nosotros salimos ofreciendo nuestros archivos y la música también se reinventó, entonces, se empieza a crear con otros formatos y lenguajes”.

¿Ahora el desafío es tener presencia en la Constitución entonces?

-Creemos que así es como vamos a tener que construir este país, conversando, sentados, el tiempo que nos tomemos. Por eso para nosotros es tan importante que las artes estén en la Constitución como un derecho y ése es nuestro foco y visión como fundación: estamos convencidísimas de que las Artes tienen que estar en el nuevo documento. Desde el año pasado trabajamos impulsando esto, con otros cabildos culturales, para tener argumentos y convencer a quienes no nos creen de por qué las artes deben estar en la nueva Constitución de Chile. 

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

El asunto del consumo cultural tiene tres grandes aportes: el estado, los privados y el público. ¿Cómo se distribuyen esas responsabilidades entre los actores sociales?

-En esta discusión sobre la importancia del arte y la cultura, es súper importante incluir a la sociedad civil. En el ecosistema cultural el Estado no tiene la única responsabilidad. Por otro lado creo que también es importante el rol de las empresas, que se sientan parte también de esta reconstrucción emocional del país y sepan que tienen que seguir comprometiéndose con el desarrollo y fortalecimiento de este sector cultural. En ese sentido, creo que nuestra alianza con BHP es súper paradigmática a la hora de pensar políticas públicas y mecanismos tributarios que permitan fomentar esos vínculos. Empresas que apuesten por un proyecto, no con un fondo, que entiendan que las artes y las culturas son parte fundamental de la vida de las personas.

“Es importante también que desde este sector dialoguemos con las empresas para entenderlas. Hay una confianza que depositan las empresas en ti, para que cumplas un rol. O sea si tú dices que necesitas recursos para hacer 20 obras, tienes que cumplir con esas 20 obras”.

Los aportes sostenidos como los que les entregan a ustedes son excepciones. 

-Ahí hay un gran desafío que también tiene que ver con una estrechez.

Pero, ¿de quién es la estrechez? ¿Del mundo cultural, los empresarios, el estado como mediador?

-Creo que es una estrechez de todos los actores. Porque en el fondo hay una responsabilidad del gobierno al no crear o al no impulsar que la Ley de Donaciones Culturales realmente pueda expandirse más para facilitar ese mecanismo. Por ejemplo, para hacer teatro desde las casas, teatro por Zoom, nosotros tenemos que pagar una exención del IVA de las entradas. Imagínate, hoy por hacer teatro desde la casa, tengo que pasar por esa comisión y sería súper fácil decir que todo el teatro que se está realizando está liberado de IVA. Si estamos en una pandemia y necesitamos a las artes ¿por qué no hacemos eso?.

“Es imposible pensar en la salud mental, de la que tanto se ha hablado, sin el arte y sin la colaboración de los trabajadores del arte”.

Claro, por qué seguir entorpeciendo.

-Yo creo que hay muchas otras medidas que podríamos hacer para que las empresas donen más a la cultura. Es importante que entiendan cuál ha sido el rol de la cultura y las artes en esta pandemia. Perfectamente podrían estar financiando, así como lo han hecho sanitariamente, también en la salud mental de las personas desde un apoyo más robusto a las artes. Es importante también que desde este sector dialoguemos con las empresas para entenderlas. Hay una confianza que depositan las empresas en ti, para que cumplas un rol. O sea si tú dices que necesitas recursos para hacer 20 obras, tienes que cumplir con esas 20 obras. Entonces, hay un diálogo que tiene que ser mucho más fluido entre el sector cultural, el sector empresarial y el Ministerio.

ADAPTAR EL FESTIVAL

¿Cómo se piensa el Festival Internacional Santiago a Mil hoy?

-El festival tiene que ser vivo y primero que todo, tiene que volver a la calle, volver a los teatros y tenemos que volver a encontrarnos. Ya lo hemos hecho antes: ir dónde está el público, instalarse en ferias, hacer un recorrido por el centro de Santiago con audífonos, son formatos que ya existen. Nosotros hemos traído formatos de artistas de la danza, el mismo José Luis Vidal, que trabaja con la ciudadanía y la invita a participar. Por otro lado, en lo que respecta a la fundación, nosotros seguimos buscando la conexión con el público. Uno sabe que al otro lado de la pantalla ya no hay solo una sola persona, a veces hay familias completas detrás y sabemos que van a seguirnos, que van a volver al teatro con nosotros.

“Por eso para nosotros es tan importante que las artes estén en la Constitución como un derecho y ése es nuestro foco y visión como fundación, que estamos convencidísimas de que las Artes tienen que estar en el nuevo documento”.

Lo planteaste, hay un interés por salir a la calle, ¿cuáles serán los resguardos?

-Muchos de los artistas con los que contamos en esta edición han ido creando pensando el distanciamiento que se necesita, otros se han adaptado. No podemos dejar de pensar que hoy día a lo mejor los escenarios pueden ser los balcones, el cielo, las proyecciones. Claramente los festivales que estamos pensando para el futuro son híbridos. Está lo presencial, pero el formato cambia. Pero claro, seguramente podremos llegar a mucho más público que antes, porque está lo en vivo pero también el formato digital.

¿Qué expectativas tienes para enero del 2021?

-Apenas abramos las salas de teatro, estamos seguros que vamos a agotar todas las entradas. Nosotros vamos a estar en la calle de todas maneras, en todos los formatos, de todas las formas y con todos los resguardos, pero necesitamos volver a encontrarnos. 

“No podemos dejar de pensar que hoy día a lo mejor los escenarios pueden ser los balcones, el cielo, las proyecciones. Claramente los festivales que estamos pensando para el futuro son híbridos. Está lo presencial, pero el formato cambia. Pero claro, seguramente podremos llegar a mucho más público que antes, porque está lo en vivo pero también el formato digital”.

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