Crédito: Pedro Astaburuaga

El largo camino de la mujer trans que le dobló la mano a su isapre e hizo historia

Luego que su seguro se negara a cubrir intervenciones feminizantes, Alexandra Orrego decidió llevar su caso a la Suprema y ganó. Fue un fallo inédito que le ha permitido iniciar una nueva etapa en su tortuoso empeño por ser reconocida por quién es.

“Debe haber sido a mediados de 2016, más o menos en vacaciones de invierno. Estaba haciendo dormir a mi hija en el departamento que tenía mi mamá en Viña, cuando de repente me preguntó:

-Papá, ¿a ti te gustaría que yo hubiera sido niño?

Me dejó plop. Entendí una cosa muy importante: si una niña de 7 años me pregunta eso, ¿qué maldad puede haber? Ahí lo llevé a introspección y me vi como un niño de esa edad, metido en esto, sin saber qué hacer. Me curó ese pensamiento de que yo tenía algo malo, algo perverso.”

Ese es el episodio que recuerda Alexandra Orrego (55) como el hito cúlmine para comenzar su transición. Durante el segundo semestre de ese año, comenzó a tomar hormonas, a socializar con otras personas trans por redes sociales y a hacerse algunos retoques estéticos. El 2 de octubre de 2018, el 23° Juzgado Civil de Santiago autorizó la rectificación de su nombre y su sexo, incluso antes de la entrada en vigor de la Ley de Identidad de Género, tras una demanda patrocinada por la Universidad de Chile. Alex se convirtió legalmente en Alexandra. Pero eso no era suficiente, porque su apariencia no la acompañaba, cosa que la afectaba psicológicamente.

“A principios de este año, presenté un presupuesto de un cirujano para hacerme la adecuación corporal de implantes mamarios y una genitoplastia feminizante” con el objetivo de que su isapre, Colmena Golden Cross, cubriera las prestaciones. Sin embargo, el 25 de febrero le enviaron una carta rechazando su solicitud, debido a que para la aseguradora estas intervenciones no tenían “como fundamento el tratamiento de alguna enfermedad, patología o condición de salud”.

Alexandra, con la asesoría del Movilh y de abogados del estudio RCZ, interpuso un recurso de protección para revertir la situación. Tras una serie de negativas, el alegato escaló hasta la Corte Suprema, donde finalmente se ordenó a la isapre financiar su cambio de sexo. Fue un fallo inédito, que sentó un precedente jurídico muy relevante para la comunidad LGBTI y el cumplimiento de sus derechos.

El 2 de octubre de 2018, el 23° Juzgado Civil de Santiago autorizó la rectificación de su nombre y su sexo, incluso antes de la entrada en vigor de la Ley de Identidad de Género, tras una demanda patrocinada por la Universidad de Chile. Alex se convirtió legalmente en Alexandra. Pero eso no era suficiente, porque su apariencia no la acompañaba, cosa que la afectaba psicológicamente.

Para Alexandra fue confirmar una nueva etapa en una vida que ha estado llena de complejos. Tanto así que recién a sus 51 años ella se dio la oportunidad “sin culpa” de recomenzar, ahora, en un cuerpo de mujer. The Clinic conversó con ella y ésta es su historia.

Foto: Archivo personal

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El episodio con su hija en 2016 fue sólo el detonante.

Desde los seis años ya sentía atracción por las prendas femeninas. Se escondía en el baño de su casa para vestirse con la ropa de su madre y mirarse al espejo. A los 15, empezó a comprarse ropa “a escondidas, solo, muerto de vergüenza”. Tenía unas pelucas “re bonitas”, que después en sus fases de arrepentimiento las regalaba en el hospital a pacientes con cáncer. Se juraba a sí mismo que no lo volvería a hacer. 

Pero a los 32, en pleno día de trabajo, se puso los tacos y un vestido que escondía en su oficina, además de una bufanda para tapar su barba. Salió a caminar por el centro de Rancagua, “con la adrenalina a mil. Nadie se dio cuenta, pero fue súper arriesgado”. Eso fue en 1997, cuando todavía era Alex. Llevaba cinco años de casado y dos hijos.

Tiempo después, en ese mismo año, le contó a Pilar, su mujer. Intentaron manejarlo como pareja e hicieron un pacto: cuando él sintiera ganas de vestirse como mujer, lo haría frente a ella para que lo viera. 

“Ella no lo aguantó”, cuenta Alexandra. Se separaron por unos meses, pero después continuó con su vida matrimonial, que hoy resume así: “Era muy exigente, lo único que hacía era trabajar y criar. Nunca tuve un espacio para mí, para hacer nada de forma tranquila, fui postergando mis metas y nunca hubo satisfacción personal en el camino. Mi único objetivo era satisfacer las necesidades de mi familia”.

En mayo del 2012, ya habían nacido sus cinco hijos, pero tras una nueva separación de su esposa, se fue a vivir a una pequeña cabaña en Rancagua. Un día, recuerda, colapsó.

-Sólo tenía ganas de morirme. Comencé con una ideación suicida y llamé a mi hermano, di alertas a todo el mundo. Mi psiquiatra, a la que iba desde 2011, ordenó que me internaran en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile y me trajeron en ambulancia a Santiago. Ese choque entre ser hombre y ser mujer me deprimía y no quería aceptar lo que me pasaba.

Alex estuvo internado seis meses, diagnosticado con una depresión severa para la cual le aplicaron terapia electroconvulsiva. “Ni mi psiquiatra, ni mi madre, ni mi hermano, nunca sugirieron que yo pudiera ser trans. No había otra posibilidad, estábamos todos luchando por sacar adelante al hombre que había”, recuerda Alexandra.

“Ni mi psiquiatra, ni mi madre, ni mi hermano, nunca sugirieron que yo pudiera ser trans. No había otra posibilidad, estábamos todos luchando por sacar adelante al hombre que había”, recuerda Alexandra.

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A pesar de no haber terminado la carrera de derecho en la Universidad Diego Portales, Alexandra es descrita como una profesional “muy movida”. 

“Era bien ‘busquilla’. Llegó a nuestra oficina (Estudio Etcheberry) por ahí por el 2003, para ver si podíamos ayudarla a meter presos a algunos alcaldes”, explica el abogado Giampiero Fava. Alexandra lleva cerca de 30 años tramitando juicios correspondientes a la “deuda histórica” del Estado, con miles de profesores del país, derivada de la Ley de Municipalización de la dictadura. En 2005, presentó una denuncia junto al equipo de Fava ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que se tramita hasta hoy.

Paralelamente, en el 2000, también coordinó a un equipo de abogados con quienes formó un Organismo Técnico de Capacitación, encargado junto al Sence de realizar programas de formación de profesionales. A esta empresa llegó Mary (51) -nombre ficticio a petición suya- en 2003, a quién Alexandra considera que “sigue siendo mi sol en esto. Ella me ha apoyado, me ha levantado y me ha aceptado. Sin ella, quizás yo no estaría acá”.

Alexandra lleva cerca de 30 años tramitando juicios correspondientes a la “deuda histórica” del Estado, con miles de profesores del país, derivada de la Ley de Municipalización de la dictadura. En 2005, presentó una denuncia junto al equipo de Fava ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que se tramita hasta hoy.

“Alex siempre fue un jefe muy afable, educado y amoroso, preocupado por su familia”, dice Mary. En 2012, cuando él se ausentó por mucho tiempo de la empresa debido al colapso que sufrió, Mary, aunque no entendía lo que ocurría, comenzó a acercarse.

Lo invitó a pasar la Navidad con ella en 2014, para después entablar  una relación de pareja, que se mantuvo hasta 2017, cuando ella se enteró que Alex ya había comenzado su proceso de transición. Y si bien la acompañó durante el cambio registral, tuvieron meses en que se dejaron de ver.

Mary volvió a ver a Alexandra en enero de 2018, cuando se juntaron en un mall. “Ella se veía bien contenta. A Alex siempre lo vi un poco triste” recuerda. Hasta el día de hoy son dos amigas inseparables.

Foto: Archivo personal

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Los procesos en la Corte Interamericana por la “Deuda Histórica” se han prolongado por más de una década, lo que ha acercado profesionalmente a Giampiero Fava y Alexandra. “Hasta el día de hoy trabajamos juntos” afirma.

Fava recuerda que con ella vivió una de las grandes escenas de su vida.

Un día, hace no más de cuatro años, Alex -aún la identidad reconocida para Fava- le pidió que lo atendiera a las 6 PM en su oficina. Algo nuevo, porque siempre se juntaban en el restaurant Elkika de Providencia, cercano a la consulta psiquiátrica a la que asistía Alex.

“Pero me escribió como cuatro veces en un rato, diciéndome que era una situación delicada. ‘Pero obvio pos weon, puedes confiar en mí’” dice que le respondió el abogado. Sin embargo, en un último mensaje, Alex le escribió que finalmente no podría ir él, pero que sí iría una amiga. “Que cacho me mandó ahora”, pensó Fava, pero accedió de igual forma.

-A las 6:05 suena el timbre. Voy a abrir y estaba esta mujer en la puerta, que se quedó mirándome con una sonrisa. Tenía una peluca, un pañuelo en el cuello y una chaqueta de cuero. La mirada me resultó conocida, pero no alcancé a reaccionar, porque estaba terminando una reunión. La hice pasar a mi oficina, despedí a las personas con que estaba y cuando voy donde ella a saludarla de beso, caché que era Alex.

“Fue como si me hubieran pegado un golpe en la cabeza” recuerda al teléfono.

Aunque ese episodio fue sorpresivo para Fava, dice que desde entonces ha intentado acercarse más a ella. Alexandra sufre de una enfermedad autoinmune que le provoca bajas en las plaquetas de la sangre y que la ha tenido hospitalizada varias veces en los últimos años. “La he ido a ver a la clínica, cuando ha estado hospitalizada. Creo que tengo un deber de acompañarla y de darle apoyo”. 

También fue invitado a un cumpleaños de Alexandra, al que asistió con su señora y en el cual estaba Mary y su familia. “Fue un momento bien grato, porque ella estaba muy bien, lo que me hizo sentir bien”, recuerda.

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“Esta sentencia es un paso más en el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI y, específicamente, de las personas trans que sigue una senda marcada por tratados y convenciones internacionales que, de manera creciente y sostenida, han ido reconociendo y declarando los derechos humanos de estas personas”, declaró el abogado que representó a Alexandra, Ciro Colombara. 

Junto a Aldo Díaz, Carola Cotroneo y Branislav Marelic del estudio RCZ trabajaron intensamente durante para lograr que la isapre cubriera las prestaciones de implantes mamarios y la genitoplastia feminizante.

Para Mary, el caso también tiene una connotación especial porque “a diferencia de otras transgénero que se adaptan bien y no les importa tanto lo físico, para Alexandra eso es vital. Cuando yo ando con ella y algunas personas le dicen ‘señor’ a pesar de sus uñas hermosas o su pelo precioso, me asusto, porque eso la deprime mucho y la lleva a pensar en morirse”.

El punto que menciona Mary fue analizado por la Tercera Sala de la Corte Suprema a partir del documento “Vía Clínica para la adecuación corporal de personas con incongruencia entre el sexo y la identidad de género” publicado por el Minsal en 2010. Este, según la sentencia, concluye que “las cirugías de reasignación sexual no son consideradas operaciones con fines cosméticos, sino una intervención que favorece la adopción satisfactoria de la identidad de género con el que la persona se identifica”.

Para su amiga Mary, el caso también tiene una connotación especial porque “a diferencia de otras transgénero que se adaptan bien y no les importa tanto lo físico, para Alexandra eso es vital. Cuando yo ando con ella y algunas personas le dicen ‘señor’ a pesar de sus uñas hermosas o su pelo precioso, me asusto, porque eso la deprime mucho y la lleva a pensar en morirse”.

El tribunal también fue contundente para rebatir el argumento ocupado por la isapre, de que las cirugías que pretende realizar Alexandra son estéticas y cuyo único objetivo es su embellecimiento. Para eso se justificó en el mandato de no discriminación instituido por la ley de Identidad de Género, además de los instrumentos internacionales ratificados por Chile.  

-Por tanto, no sólo se trata de un deber de abstención del Estado sino que, también, una obligación positiva del órgano gubernamental de crear las condiciones para evitar la discriminación y exclusión de estas personas en el ejercicio de sus derechos, incluido, el de la seguridad social porque, como se dijo, la identidad de género, es una garantía inherente a la condición de persona humana, se lee en la sentencia.

“El gran desafío fue efectivamente conseguir un fallo de la Suprema que nos permita tener una justificación de peso del máximo tribunal del país para terminar con este tipo de atropellos. Porque eso es lo que hace Colmena, no es solamente un incumplimiento de contrato, sino que atropella los derechos de Alexandra al no reconocer su identidad de género diversa”, comenta sobre la sentencia Óscar Rementería, vocero del Movilh.

The Clinic contactó a Colmena Golden Cross, pero evitaron dar declaraciones.

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