Aula Móvil: el proyecto de una escuela de La Pintana para combatir la deserción escolar

Foto: Archivo personal

Aula Móvil: el proyecto de una escuela de La Pintana para combatir la deserción escolar

Hace unos meses, la Escuela Básica Óscar Salinas de La Pintana, transformó su furgón escolar en una sala de clases móvil. ¿La razón? Seguir haciendo clases a aquellos alumnos que no tenían la posibilidad de conectarse a las clases virtuales. Desde entonces, un equipo compuesto por distintos profesores se dedicó a recorrer distintos puntos de la comuna durante las mañanas para seguir enseñándoles a alrededor de 12 niños de segundo a octavo básico.

Hace unos meses, la Escuela Óscar Salinas en La Pintana decidió transformar el furgón del establecimiento en un aula móvil para llevar el aprendizaje a los estudiantes que no se conectaban a las clases online, ya fuera porque no tenían internet, dispositivos electrónicos para conectarse o las condiciones económicas para imprimir sus guías. 

La idea fue tomada del caso de una escuela rural en el sur de Chile –en la comuna de Mariquina– que adaptó un aula móvil a comienzos de la pandemia y decidieron replicarla. Adaptaron el furgón de la escuela como una sala de clases, colocaron mesas y sillas adentro, una pizarra, cajas con útiles escolares y decoraron las paredes del vehículo con afiches alusivos a los contenidos. También adoptaron medidas de seguridad para prevenir contagios como poner micas de vidrio para separar al estudiante del profesor y contar con toallitas desinfectantes y alcohol gel. 

La iniciativa partió en un pensamiento de la directora, que luego fue presentada por dos profesoras: Karina González y Angélica Aballay, docentes de matemáticas y de ciencias, y luego fue financiado con recursos del establecimiento. Su implementación fue posible gracias a un equipo de funcionarios de la escuela entre los que se encuentran la encargada de convivencia, Mitzi Tamayo, y la coordinadora de ciclo, Doris Puglicivich, que se encargaron de adaptar el interior del furgón como una sala de clases, organizar los grupos de estudio y docentes y localizar los lugares donde se ubicaría el Aula Móvil. El proyecto también fue apoyado por Jaime Miranda, quien facilitó el vehículo.

“Algunos niños no estaban aprendiendo porque no podían participar de las clases online. La Pintana y Puente Alto son las comunas con mayor deserción escolar en Chile y no queríamos que eso siguiera aumentando”, comenta Angélica sobre la motivación del proyecto.

“La escuela buscaba llevar las clases a todos los lugares posibles. En estos tiempos de pandemia, han sido complicadas las conexiones online para niños tan vulnerables como los que hay en la comuna. Algunos constantemente no tienen internet y no pueden asistir a las clases, por lo que se están quedando sin aprender. La iniciativa surge de las ganas de abarcarlos a todos ellos, que nuestra escuela acoge inmediatamente y genera las instancias para que se lleve a cabo esta propuesta”, agrega Karina. 

Foto: Archivo personal

“En estos tiempos de pandemia, han sido complicadas las conexiones online para niños tan vulnerables como los que hay en la comuna. Algunos constantemente no tienen internet y no pueden asistir a las clases, por lo que se están quedando sin aprender. La iniciativa surge de las ganas de abarcarlos a todos ellos”, dice Karina. 

EL ORIGEN DEL PROYECTO

A comienzos de la pandemia y como la mayoría de los profesores, adaptaron sus clases al formato online por lineamientos de la institución. Las clases se realizaron por videollamada durante las tardes y varios alumnos se conectaban, pero había otros que no y eso les empezó a preocupar. Fue ahí cuando se empezó a gestar la idea del Aula Móvil: se le contó a la dirección del colegio de esta idea, la cual fue acogida e implementada por la encargada de Convivencia, Mitzi Tamayo. “Queríamos que los estudiantes que no se podían conectar también pudiesen tener la oportunidad de ir a clases, pensando en la desigualdad a la que se enfrentan en relación a los niños que sí podían asistir” misma idea que tenía la institución de poder llegar a todos los estudiantes, dice Karina.

El horario de las clases es de lunes a viernes desde las 10 de la mañana hasta las 1 de la tarde y las realizan en sectores cercanos a donde viven los estudiantes. Al comienzo, la mayor parte de las clases en esta modalidad fueron adentro el furgón, pero una vez que empezó el calor, comenzaron a sacar las mesas y sillas para hacerlas al aire libre. En ambos casos, manteniendo la distancia física y usando mascarilla.

Angélica Aballay a la izquierda y Karina González a la derecha. Foto: Archivo personal

¿Han perdido alumnos con la pandemia?

Karina: Con los alumnos de las clases remotas no hay mayores dificultades porque se conectan de manera estable. A quienes intentamos abarcar ahora es al resto de los estudiantes que no pueden hacerlo ni realizar sus trabajos ni guías. No tienen quién les explique los contenidos para seguir aprendiendo. Algunos papás no terminaron su formación y para nuestra escuela es importante poder motivar a que sus hijos sigan estudiando y que no deserten. Hay niños que han repetido y si lo siguen haciendo probablemente se van a ir de la escuela y no queremos eso. El proyecto educativo afianza un compromiso que supera lo educativo. 

¿Cómo es la modalidad para atender a todos los estudiantes que asisten?

Karina: La encargada de convivencia se contacta se previamente con las familias para que lleven a sus niños a la hora y lugar que le corresponde. Una vez que se decide si subir al furgón o quedarse afuera, se va atendiendo a los niños por turno. Se realiza una clase de 30 minutos con cada profesor. Una vez que termina, nos tomamos cinco minutos para desinfectar los espacios. Luego de eso, llegan otros niños y los vamos atendiendo a todos de la forma más ordenada posible. 

Angélica: También, cuando cada estudiante cuando llega, se le toma la temperatura y se les da alcohol gel. Luego de la clase, una vez que cada niño desocupa su espacio, tiene que pasar una toallita desinfectante que él mismo manipula con guantes que después debe botar. Cuando volvemos al colegio, todas las cosas se desinfectan.

Foto: Archivo personal

¿Cuántos profesores participan del proyecto?

Karina: Unos 15 profesores de distintas asignaturas entre Lenguaje, Inglés, Historia, entre otras. En general, la mayoría de los profesores van una vez a la semana a hacer sus asignaturas. A cada alumno que asiste, se le imparten al menos tres ramos por día y se les enseña lo mismo que en las clases remotas.

¿Qué les parece a los niños tener clases en esta modalidad?

Angélica: Ellos van súper motivados. Saben que lo que se hace es con cariño y enfocado en su educación para demostrarles que son capaces a pesar de que haya ciertas restricciones. Existe una brecha cultural en nuestro país que los profesores tratamos de remediar de algún modo. Por ejemplo, hay un montón de palabras que algunos niños no conocen porque su capital cultural es muy reducido porque lo que ven en sus barrios es pasta base, balaceras y funerales narco. 

“Los niños saben que lo que se hace es con cariño y enfocado en su educación para demostrarles que son capaces a pesar de que haya ciertas restricciones. Existe una brecha cultural en nuestro país que los profesores tratamos de remediar de algún modo”, agrega Angélica.

“Los niños saben que lo que se hace es con cariño y enfocado en su educación para demostrarles que son capaces a pesar de que haya ciertas restricciones. Existe una brecha cultural en nuestro país que los profesores tratamos de remediar de algún modo”, dice Angélica.

En ese contexto tan duro, ¿qué rol cumple la escuela para esos niños?

Doris: Es su vía de escape. Algunos prefieren estar en el colegio que en sus casas, porque ellos sienten que ahí son atendidos con más amor y cercanía, que hay un espacio donde saben que alguien siempre los escuchará. Hay estudiantes con ganas de estudiar y superarse, pero por el entorno en el que están sus esfuerzos se ven algo coartados. Muchas niñas pasan a ser la mamá de sus hermanos más chicos, hay niños que trabajan en la feria o estacionando autos, hay de todo. En la escuela mantienen su cabeza ocupada, pero mientras estén en la casa no, porque enfrentan duras realidades. Por otro lado, también hay apoderados que los apoyan y son súper comprometidos, que cumplen con todo y que pese a tener bajos recursos económicos, tienen las ganas de ayudar a sus hijos a salir adelante.

Mitzi: Nuestros estudiantes se sienten felices en la escuela, porque para nosotros todos importantes. Tienen un espacio de resguardo en que se les educa y protege y que están rodeados de amor y dedicación. Cuando teníamos clases presenciales en muchas ocasiones nuestros niños, no querían irse a sus casas, ahora con el aula móvil, se sienten felices de reencontrarse con los docentes y sentir aunque sea por un momento las muestras de afecto de nuestro personal.

“Hay estudiantes con ganas de estudiar y superarse, pero por el entorno en el que están sus esfuerzos se ven algo coartados. Muchas niñas pasan a ser la mamá de sus hermanos más chicos, hay niños que trabajan en la feria o estacionando autos, hay de todo. En la escuela mantienen su cabeza ocupada, pero mientras estén en la casa no, porque enfrentan duras realidades”, explica Doris.

¿Cómo influye en ustedes conocer su realidad?

Karina: Ver esta realidad todos los días toca tu alma. Pasan muchas cosas y creo que por eso también estamos buscando constantemente cómo darles más cosas, más herramientas que los ayuden a satisfacer sus necesidades. Queremos darles todo, más amor y más contención a nuestros estudiantes porque estamos viéndolos, nadie nos está contando. 

Angélica: Hay estudiantes con ganas de estudiar y superarse, pero por el entorno en el que están sus esfuerzos se ven algo coartados. Muchas niñas pasan a ser la mamá de sus hermanos más chicos, hay niños que trabajan en la feria o estacionando autos, hay de todo. En la escuela mantienen su cabeza ocupada, pero mientras estén en la casa no, porque enfrentan duras realidades.

Me imagino que algunos deben extrañar la escuela…

Doris: Sí, al igual que los profesores. Todos extrañamos ese contacto. Además, uno puede detectar muchas cosas estando en la escuela. Uno tiene al niño día a día en la escuela y es fácil saber cómo se encuentra y si les ha pasado algo. Se les da contención día a día y estamos pendientes de ellos. Es un espacio lindo y cercano que ahora está afectado. Los estudiantes extrañan compartir con sus compañeros, las celebraciones, todas esas cosas tan entretenidas que se dan. 

Foto: Archivo personal

¿Qué esperan a futuro del proyecto?

Mitzi: Queremos que todos nuestros estudiantes tengan acceso a una educación de calidad, que ni la comuna en la que vivan ni las condiciones socioeconómicas sean un impedimento para aprender. Queremos que nadie se quede sin educación. Nuestra mayor motivación son nuestros estudiantes, pero especialmente nuestros niños y niñas y que tengamos la posibilidad de implementar muchas más aulas móviles que acojan a nuestros estudiantes durante todo el año. Además, si la iniciativa sirve para que otros colegios se motiven e imiten la idea en otras comunas donde los niños no pueden asistir a clases virtuales, nosotras con eso, ya nos damos por pagadas.

“Si la iniciativa sirve para que otros colegios se motiven, puedan copiar la idea en otras comunas donde los niños no pueden asistir a clases virtuales y cada vez haya más niños que se están educando, nosotras con eso, ya nos damos por pagadas”, afirma Mitzi.

MÁS QUE HACER CLASES

Desde la escuela también se han impulsado otras iniciativas para ayudar a aquellos estudiantes más desfavorecidos. “Al comienzo de la pandemia, notamos que el acceso a la educación no era la única falencia, nuestros estudiantes no podían aprender. Había algunas familias que carecían de productos para cubrir sus necesidades básicas, por lo que iniciamos en conjunto con el trabajador social una campaña para entregar canastas y  a nuestras familias más necesitadas. Karina con Angelica y otros docentes impulsaron paralelamente otra campaña de recolección de útiles de aseo como shampoo, cepillos dentales, desodorantes, entre otros”, cuenta Mitzi. 

Esta semana los niños terminaron su año escolar y actualmente la comunidad del establecimiento se encuentra realizando otra campaña. Esta vez, para financiar las cenas de Navidad de 210 familias de sus estudiantes que se encuentran en una situación crítica de vulnerabilidad. Los aportes se reciben hasta el próximo 22 de diciembre.

Afiche de la campaña para Navidad
Comentarios
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