Colectivo LASTESIS: “Es tanto el nivel de violencia que recibimos que no da para que a ninguna se le suban los humos”

Créditos: Agencia Uno.

Colectivo LASTESIS: “Es tanto el nivel de violencia que recibimos que no da para que a ninguna se le suban los humos”

Esta semana salieron a las librerías no con uno, sino con dos libros publicados por editoriales distintas. Uno corresponde a un manifiesto político de su trabajo; y el otro, a la antología de textos fundamentales del colectivo que dio la vuelta al mundo con la performance “Un violador en tu camino”. A pocos días del 8M, hablan sobre la adaptación de los formatos ante la coyuntura, la importancia de la resistencia feminista de fondo y forma, y la fuerza del colectivo como única manera de sobrellevar la violencia.

Sibila Sotomayor, Daffne Valdés, Paula Cometa y Lea Cáceres, integrantes del colectivo interdisciplinario LASTESIS, por estos días están a tope. Se preparan para presentar este 7 de marzo “Resistencia”, una performance en vivo para la extensión de Santiago a Mil que busca traducir algunas ideas de los autores Judith Butler y Paul B. Preciado, entre otros. Además, hacen la promoción por partida doble de su debut literario con “Quemar el miedo”, un manifiesto publicado por Planeta y “LASTESIS”, una antología de textos feministas de Penguin Random House.

Ambos ejemplares cumplen con el objetivo de seguir denunciando las violencias cotidianas que día a día enfrentan las mujeres y las disidencias y, por qué no, hacer un llamado a la revolución feminista. Una invitación a “observar el mundo, habitarlo y accionar desde lo colectivo para transformarlo en un lugar seguro donde el patriarcado se cuestione y, finalmente, se destruya”, explican.

Y es que hace poco más de un año ocurrió el hito que lo cambió todo para este colectivo artístico: esa performance feminista titulada “Un violador en tu camino” realizada en el frontis de la Comisaría de Carabineros en pleno estallido social, y que dio la vuelta al mundo llegando a lugares tan lejanos como el Líbano, Túnez, Mozambique y Kenia. El eco de ese trabajo incluso fue destacado por la revista Time, al destacarlas dentro de las 100 personalidades más influyentes del 2020. 

En suelo local, su obra también tuvo cuestionamientos: durante junio Carabineros interpuso una denuncia en la Fiscalía acusándolas de incitar acciones violentas en desmedro de la institución, demanda que fue sobreseída en enero, dado que el Ministerio Público no pudo acreditar que existiera una relación entre los dichos del colectivo y las eventuales agresiones a dicha institución.

Performance “Un violador en tu camino” en Plaza Sotomayor. Al centro y de rojo: Paula, Sibila, Daffne y Lea. Crédito: Agencia Uno

A más de un año de esa primera intervención, ¿cómo han decantado entre ustedes el fenómeno mundial que generó su performance?

Sibila Sotomayor: Se ha decantado en que tenemos mucho trabajo. Lo cual agradecemos como artistas, sobre todo en este contexto de pandemia. Pero nuestro trabajo más que artístico, es activista. Por eso para nosotras es muy importante estar siempre reiterando que nuestro objetivo de difundir teoría y denuncia feminista contra el patriarcado, es hacerla desde el arte. Ahora, vemos que el arte tiene distintos soportes en donde se puede manifestar: formas, estilos, materialidades, etcétera. En nuestro caso, trabajamos la performance y por lo tanto nuestro soporte es el cuerpo, siempre desde una perspectiva interdisciplinaria que combina lo textil, lo visual e incluso lo musical.

¿De qué forma adaptaron su trabajo artístico ante la contingencia?

SS: Durante todo el año pasado tuvimos que adaptarnos muchas veces porque la performance pasó a estar prohibida en el espacio público por las medidas sanitarias. Entonces trasladamos nuestro trabajo hacia, por ejemplo, el video performance. Estuvimos haciendo varios trabajos audiovisuales entremedio y escribiendo algunos pequeños textos para colaboraciones escritas en distintos lugares. Así como nosotras antes hicimos uso de la teoría y la palabra para traspasarla a otros formatos como la performance, ahora es cómo nuestra visión dialoga efectivamente con el formato libro, con el formato palabra, quiénes son nuestros referentes, quiénes nos inspiran y cómo eso influye en nuestra voz como colectivo. 

En el caso del libro de antología, ustedes lo plantean en el prólogo como un collage, una estructura libre, sin orden ni jerarquías, que permitiera muchos sentidos y lecturas posibles. De hecho, inician el libro con “Estado vegetal” de la dramaturga Manuela Infante, que no es una lectura “tan obvia” para formarse en el feminismo. ¿Cuán importante es para ustedes desarrollar el concepto de collage en su propia obra? 

Daffne Valdés: Sentimos que es un elemento muy importante porque define de alguna manera nuestra metodología de trabajo. Responde al resultado de una investigación constante también y de la pregunta: ¿Podemos hacer las cosas de una manera feminista?

“…Ahora es cómo nuestra visión dialoga efectivamente con el formato libro, con el formato palabra, quiénes son nuestros referentes, quiénes nos inspiran y cómo eso influye en nuestra voz como colectivo”.

¿En qué se traduce esa forma? 

DV: En realizar un trabajo feminista no sólo desde contenido o mensaje, sino también en la forma. La palabra collage nos hace sentido porque habla de elementos que se superponen, de algo que no está jerarquizado. Donde la persona que lee esto, en el caso del libro, puede hacerlo en el sentido que quiera, no vamos indicando una estructura lógica determinada por la cultura o una importancia determinada “de esto va primero, esto va después”. Para nosotras el feminismo va de eso también: pensar cómo hacer nuestro trabajo desde una forma totalmente distinta a la que nos enseñaron, por ejemplo, en el ámbito académico. Metodológicamente para nosotras hacer una obra, un montaje o una performance se estructura de forma patriarcal, muy vertical, muy jerárquica con esta figura del director o un autor. Eso fue parte de nuestra formación. Utilizar el feminismo en nuestro método de trabajo implica desestructurar todas esas lógicas que aprendimos, en ese sentido la idea del collage apareció como una luz en el camino o como una respuesta a esta investigación constante. Nosotros tampoco sabemos cómo se hace, pero es esto lo que nos ha hecho sentido hasta ahora.

Intervención “Un violador en tu camino” en Plaza de la Dignidad. Crédito: Agencia Uno

Por estos días lanzan dos libros y presentan una puesta en escena en Santiago a Mil. Hace unos meses fueron destacadas por la revista Time. Su performance “El violador en tu camino” se convirtió en un arma de protesta incómoda reproducida en lugares insospechados por miles de mujeres y disidencias. Esta exposición también conlleva críticas y violencia. ¿Qué pasa con sus egos frente a tanto estímulo?

SS: Es tanto el nivel de violencia que nosotros recibimos a diario todo el tiempo que no da para que a ninguna se le puedan subir los humos. El hecho de que todos los días te estén acosando y enviando mensajes privados y posteando deseándote lo peor no da para eso. Desde el día uno a nosotras nos decían “ojalá las violan”, “ojalá las maten”. Todo el tiempo nosotras hemos adoptado una política de no responder porque no queremos entrar en ese juego, porque no se puede dialogar con estas personas, es todo muy violento. Y eso evidentemente afecta, es complejo pensar que tu familia puede ver esos comentarios. No es un asunto fácil y lo que nos ha servido es apoyarnos entre las cuatro, el hecho de que seamos un colectivo y no seamos una sola persona que está cargando con todo. Porque no es un ataque individualizado, es al colectivo, y tratamos de verlo de esa manera pero en ese contexto créeme que es muy difícil que una de nosotras ande por las nubes.

Y a nivel mediático, ¿cómo perciben lo que se dice de ustedes?

SS: ¡Hasta Carabineros de Chile nos persigue! Tampoco es tan así como que nos tratan con guantes, o sea la prensa también se ha prestado para que nos hueveen. Nosotras nos enteramos de que Carabineros de Chile nos habían denunciado gracias a que La Tercera les facilitó la plataforma a ellos para que nos enteráramos. La gente que nos manda mensajes por redes sociales es una arista, pero la violencia también proviene del sesgo mediático, también proviene de lo institucional. Aunque también hay mucho apoyo, eso es innegable, y menos mal, lo agradecemos, sirve para equilibrar un poco la balanza.

DV: Toda esta plataforma o visibilidad la tomamos con responsabilidad sobre todo ante el movimiento feminista latinoamericano. De todas maneras entendemos que este tipo de cosas, estar presentes en la opinión pública y los en medios  extranjeros, sí o sí aporta a la causa, abre la puerta para que visibilicemos problemáticas locales como la falta de derecho al aborto libre o las cifras de femicidio y violencia doméstica, entre otras. Por ese lado asumimos lo que nos toca y en pos de la causa prestamos el cuerpo. 

Estamos a días del 8M.  El año pasado había un ánimo eufórico, festivo, tremendamente colectivo a raíz del estallido social. Este año, apunta a todo lo contrario, principalmente por las condiciones que proporciona la pandemia. En ese sentido, ¿cómo observan este contexto?

SS: Es complejo, porque también hay un tema con las medidas sanitarias, la fase 2 y 3, y la cantidad de gente que se puede reunir en el espacio público. Si ya al ser mujeres y/o disidencias somos corporalidades más vulnerables a otros tipos de violencia, además de las que ya conocemos, este contexto se vuelve muy difícil porque porque finalmente vamos a salir a la calle igual, la marcha va a ser igual y nos vamos a juntar igual. Sabemos que, a diferencia de otros años donde quizás la marcha podría subsistir un rato, puede que en este caso venga de inmediato la represión y sea mucho más violenta ya que de forma colectiva todas vamos a estar violando las medidas sanitarias. Entonces ese nivel de vulnerabilidad que menciono se acrecienta a partir de la violencia institucional.

Libro: LASTESIS Antología Feminista
Autor: Colectivo LASTESIS
300 páginas
Editorial Penguin Random House

¿De qué forma han podido percibir violencia institucional durante esta coyuntura? 

SS: Durante todo este año pudimos ver cómo se vuela cada vez más la violencia patriarcal, por ejemplo, en el aumento de casos de violencia doméstica, o la cifra de femicidios que está lejos de bajar sino todo lo contrario. Entonces todo esto te habla de un tema social, claro, pero también de que hay medidas políticas que no están facilitando las cosas. A ver, tampoco queremos hacer un llamado a decir “filo, chao la pandemia y hacemos lo que queremos”. No, tenemos que cuidarnos, pero también la lucha feminista sigue necesitando de aparición, sigue necesitando de un espacio de activación en lo político y de enunciar nuestras demandas el espacio público. Creo que no hay una respuesta clara, definida, sólo podemos hacer un paneo y elaborar este panorama donde no hay respuestas exactas.

“Entendemos que este tipo de cosas, estar presentes en la opinión pública y los en medios  extranjeros, sí o sí aporta a la causa, abre la puerta para que visibilicemos problemáticas locales como la falta de derecho al aborto libre o las cifras de femicidio y violencia doméstica, entre otras. Por ese lado asumimos lo que nos toca y en pos de la causa prestamos el cuerpo”.

Tomándome de lo que dicen, la pandemia lo que hizo fue privarnos del contacto con otros, quitarnos el espacio público, parte del trabajo que hacen tiene que ver con lo colectivo y cómo este mensaje se propaga en la calle. A partir del contexto, ¿cómo se resignifica la idea de espacio público? 

DV: Esto es algo que le ha pasado a muchas personas. Preguntarse cuál es el espacio público hoy que no tenemos la calle. Todos estos espacios más reducidos y estas redes virtuales que se han tenido que generar por obligación, tienen por un lado lo bueno que  es podernos comunicar de manera instantánea con otras personas y organizaciones en otras partes del mundo. A nosotras, por ejemplo, nos toca compartir con gente de todos lados por  Zoom.  Pero por otro lado también tiene esta brecha que tiene que ver con que no todas las personas tienen el mismo acceso a un computador, internet o el tiempo, entonces  a nosotras nos ha tocado adaptarnos como tantos otros trabajadores. Pero respondiendo, se trata de utilizar las herramientas que existen y ponerlas a disposición del discurso,  tratar de, en lo posible, continuar con la colectivización y la organización pensando siempre que el futuro va a ser un poco mejor y podremos salir de nuevo a la calle.

Libro: Quemar el miedo
Autor: Colectivo LASTESIS
136 páginas
Editorial Planeta

¿Cómo se vislumbran los próximos meses para LASTESIS?

Paula Cometa: Seguir haciendo todo lo que hacemos. Nuestra aspiración con la antología es hacer un aporte a la literatura feminista, pero también a la literatura general, y nos encantaría que algún capitulito o el libro incluso, fuera de lectura escolar, algo que permita permear ese espacio. Por supuesto, vamos a seguir trabajando en los temas que nos interesan, que tiene que ver con lo que hemos trabajado sobre violencia estructural y a medida que vayan avanzando las fases de este confinamiento poder llevar  adelante   distintos tipos de performances, intervenciones y/o colaboraciones. 

SS: Y a largo plazo, nuestro objetivo es tener una escuela de artes feminista acá en Valparaíso.

“Tampoco queremos hacer un llamado a decir ‘filo, chao la pandemia y hacemos lo que queremos’. No, tenemos que cuidarnos, pero también la lucha feminista sigue necesitando de aparición, sigue necesitando de un espacio de activación en lo político y de enunciar nuestras demandas el espacio público”.

¿Hay piso para lograrlo?

SS: Ojalá que sí. A la gente le encanta invitarnos y apoyarnos y eso se agradece, pero eso no necesariamente se materializa o “se pone”. Nosotras seguimos trabajando de manera autogestionada, esto no es grito y plata para nada, entonces ahí tenemos que ver si en algún momento tiramos alguna campaña de crowdfunding para ir de a poco materializando este sueño. Igual primero tenemos que tener un espacio propio para poder trabajar, nosotras trabajamos en nuestras casas. El año pasado hicimos una residencia en la ex cárcel y ahí trabajamos un rato, pero nos gustaría tener una salita nuestra para dejar nuestras cosas, para desarrollar nuestro trabajo artístico y para que nuestros insumos no estén guardados aquí en la casa. Y bueno, con el tiempo ojalá seguir avanzando en este proyecto que es una idea de largo aliento. Esperamos que estas redes que hemos creado en el mundo nos sirvan para que tengamos las condiciones materiales para poder llevarlo a cabo.

¿Y cómo imaginan ese espacio?

DV: Pensamos sobre todo en saldar la deuda con la historia del arte y la presencia de las mujeres y las disidencias. De alguna manera tomar esta misma idea que antes hablamos del collage y buscar otras formas de llegar a los objetivos que no sean patriarcales, que no sigan jerarquías, que sea una escuela completamente experimental e idealmente, que vayan con salida de cancha todos los días (risas). 

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