Ilustración de Patricio Vera

Maisa Rojas, climatóloga: “Necesitamos mujeres modelo: divisar mujeres en la arena pública, en todo tipo de temas, es súper relevante”

La destacada científica de la Universidad de Chile analiza las desigualdades que sufren las mujeres, especialmente en su área, donde aún predomina la presencia masculina. Advierte que la ciencia necesita del género femenino para los desafíos del futuro.

Maisa Rojas (47) es la directora ejecutiva del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2. Pero mucho más que eso también. Fue parte del Consejo Asesor Presidencial y Coordinadora Científica de la COP 25. Ha hecho grandes estudios sobre cambio climático en Chile y el extranjero. Y actualmente coordina a los autores del sexto informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) y es académica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. 

¿Qué evaluación hace de la situación de las mujeres hoy en día?

-La lucha por la igualdad de género aún no está ganada y hay que acelerarla. Yo pensaba que la generación de nuestras madres ya había hecho la pega con la pelea por el voto, pero hoy nos damos cuenta de que la discriminación de género -a nivel global- está profundamente arraigada, más de lo que creíamos y quisiéramos. La pandemia también fue un ejemplo lamentable. Hay mucho por hacer.

-¿En qué sentido la pandemia significó retrocesos?

-Se visibilizaron distintos tipos de desigualdades en la sociedad. La desigualdad estructural está detrás de todas las crisis, y en particular, con la pandemia, se mostró más la de género: sin el apoyo de los colegios, guarderías, o la ayuda doméstica. Las mujeres volvieron a lavar platos y a cuidar niños. Retrocedimos muchos años en cosas que no teníamos resueltas, independiente de los grandes avances que tuvieron los movimientos de mujeres, que lograron correr el cerco en algunos aspectos.

Retrato Maisa Rojas – Gentileza Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2.

-¿Cómo cuáles?

– Yo trabajo en una escuela de Ingeniería, históricamente masculinizada. Después de las movilizaciones de 2017, hubo un cambio de tono en la conversación bien importante. A la gran mayoría de los académicos hombres se les abrió un poco una realidad que antes de eso no habían visto. Eso a mí me pareció muy positivo, porque, en principio, no sabían cómo resolver una toma de mujeres. La mayoría del cuerpo docente eran hombres, por lo que tuvimos que intervenir las académicas mujeres para resolver conflictos, que teníamos una mirada distinta. Ahí se abre un rol de la mujer bien importante: llegó el momento de que la solución de conflictos de todo tipo -pienso en crisis globales que requieren de multilateralismo, como cambio climático, biodiversidad, pueblos indígenas- sea balanceada en el aporte.

Y dentro de la ciencia, ¿cuál es la situación?, ¿Se avanza hacia mayor igualdad de la presencia femenina?

– Va lento. Me da la impresión de que en algún momento se pensó que, por una cierta teoría de chorreo, esto iba a funcionar. Somos pocas mujeres académicas, porque hay pocas que hacen doctorados y pocas que estudian ciertas carreras (…). Es muy importante eso, porque para todas estas crisis que hablábamos, se requiere de mucha ciencia. Si las queremos solucionar y no tenemos mujeres en ciencia, no las vamos a resolver bien, porque ésta es menos efectiva si es menos diversa.

En Ingeniería de la U. de Chile se hace un programa de ingreso prioritario de equidad de género. ¿Dan resultado estas políticas?

– Sí, tenemos cuotas y ha funcionado. En los 80 entraba un 10% de mujeres, que subió a 20% en los 90 y ahora estamos por el 30%. Ahora se dan 40 cupos extra a mujeres que quedaron en lista de espera, que les faltó un punto o algo así. Eso ha provocado un aumento de postulantes mujeres, que quizás antes no postulaban porque las facultades de ingeniería tenían fama de ser muy hostiles con ellas. 

-¿Cuáles son los obstáculos más complejos en este techo de cristal que tienen las mujeres?

– Uff, hay techos de cristal que van apareciendo en cada etapa. Desde la básica que hay una cierta discriminación a las mujeres en las áreas matemáticas/científicas en particular. En todas las fases de la escolaridad formamos a nuestras niñas con estereotipos de roles para niñas y niños. Y después, obviamente, otra etapa bien crítica es el momento en que se tiene hijos. Ahí hay muchas mujeres que definitivamente terminan saliendo, más que los hombres. A un hombre tener hijos no le significa tener que dejar una carrera académica científica.

Por último, una cosa importante: necesitamos mujeres modelo. Divisar mujeres en la arena pública -en todo tipo de temas- es súper relevante. Si en los noticieros solamente aparecen las voces de hombres, pareciera que no existen mujeres que puedan ayudarnos a resolver los problemas y construir una sociedad mejor, que finalmente es lo que queremos. Extrañamente, a pesar de haber tenido dos veces una presidenta mujer, tenemos harto que recorrer.

“La lucha por la igualdad de género aún no está ganada y hay que acelerarla. Yo pensaba que la generación de nuestras madres ya había hecho la pega con la pelea por el voto, pero hoy nos damos cuenta de que la discriminación de género -a nivel global- está profundamente arraigada, más de lo que creíamos y quisiéramos. La pandemia también fue un ejemplo lamentable. Hay mucho por hacer”.

-En este contexto, ¿cómo se impulsa la participación femenina en la ciencia?

-Por suerte el Ministerio de Ciencia está desarrollando una política de género para asegurarse de que el aporte científico tenga diversidad de género. Entonces siento que con la institución científica que en Chile se está comenzando a dar, espero que se resuelvan estas cosas. Pero la acción afirmativa de las cuotas, sigue siendo yo creo un instrumento necesario por un buen tiempo.

-¿Cómo ve la lucha por la equidad de género hacia el futuro?

– Leí un estudio que se preguntaba cómo lograr el desarrollo de objetivos y metas de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, además de superar otras crisis que involucran límites planetarios, y la única forma de hacer estas trasformaciones profundas es abarcando cinco ámbitos, de los cuáles uno es la igualdad de género. O sea, asegurarnos de que el siglo XXI va a ser un siglo próspero y que no vamos a destruir el planeta para la humanidad requiere sí o sí que hay que resolver este tema.

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