María Riveros, dirigenta social de Lo Hermida: “Cuando las mujeres nos organizamos, nos creemos el cuento”

Ilustración de Patricio Vera

María Riveros, dirigenta social de Lo Hermida: “Cuando las mujeres nos organizamos, nos creemos el cuento”

Ha estado cuatro décadas vinculada a los Derechos Humanos, a las ollas comunes y a una activa labor frente a la violencia contra la mujer en el Colectivo de Mujeres Malwen. En esta conversación, la dirigenta se refiere a las nuevas generaciones y reflexiona sobre el futuro en la emblemática población.

“He sido dirigente social toda la vida”, dice al teléfono María Riveros Toledo (61 años, madre de dos hijos). Llegó a la población Lo Hermida, en Peñalolén, hace mucho tiempo, cuando tenía 16 años. Hoy sigue allí, desde donde realiza su incansable trabajo social.

 “Esto uno lo lleva en la piel. En 1976, en plena dictadura, nos incorporamos a las comunidades cristianas a efectuar trabajos comunitarios”, recuerda Riveros, donde sus primeras labores asociadas a sus vecinos tuvieron que ver con el tema de Derechos Humanos. 

“En ese tiempo también teníamos una olla común. Por esos años nos ayudaba a financiar la Vicaría de la zona Oriente. Por eso cuando tocó armarla de nuevo era como que todo ya lo sabíamos”, señala la dirigente social de Lo Hermida, emblemática población que surgió a comienzos de los 70. 

Después del estallido social de octubre de 2019, regresaron las ollas comunes, financiadas con donaciones y eventos solidarios, y a los pocos meses se propagó el coronavirus, en marzo de 2020. María Riveros, junto al grupo de vecinos que la ayuda, llegaron a entregar almuerzos para 120 familias. La olla común lleva el nombre de Violeta Parra. 

“Al principio cocinábamos con fuego en la plaza, pero llegó la pandemia y un vecino nos pasó el patio de su casa, donde nos pusimos a cocinar, ya protegidos con mascarillas. Repartíamos con fichas los alimentos a las familias. En estos momentos son 60 familias que siguen dependiendo de la olla común. También se hace un trabajo de ayuda a mujeres que están solas con hijos”, dice María Riveros, quien realiza su labor solidaria con un grupo de compañeras llamado Colectivo de Mujeres Malwen.

“Nosotros no vivimos con mucho, más bien con poco”, comenta. En estos últimos años logró tener un puesto en la feria junto a su marido donde, hasta antes de la pandemia, ofrecían útiles de aseo. “Además, yo hago podología y rebuscándolas por aquí y por allá”, cuenta sobre cómo sobrevive en familia y con orgullo dice que sus dos hijos son profesionales. 

Su hija Carolina estudió computación y su hijo Pablo es abogado y asesora a los vecinos en diferentes trámites. “A las mujeres, él las ayuda con las pensiones alimenticias, y también a otras personas con el tema de los bonos, porque no todos se manejan en Internet”, señala María, quien además de organizar las ollas comunes ha participado, junto al Colectivo Malwen, en actividades barriales para abordar temáticas como la despenalización del aborto y el embarazo en adolescentes.   

María Riveros, a la derecha, junto al equipo de la olla común Violeta Parra de Lo Hermida.

-En este último tiempo ¿Qué cree que han ganado las mujeres? ¿Qué han perdido y qué queda pendiente?

-Acá, en la población, las mujeres salen adelante como sea, cuando las abandonan, con uno, dos, tres cabros chicos. Sufren violencia, pero igual se levantan. Creo que falta mucho en cuestiones de leyes de protección hacia las mujeres. Acá, había una mujer que sufría violencia, su excompañero tenía orden de alejamiento, y Carabineros debía visitarla dos veces al día, pero eso no ocurría. Finalmente, éramos nosotros los vecinos, los que teníamos que estar pendientes de que el hombre no hiciera nada contra ella. Como mujer y pobladora nos queda cuidarnos entre nosotras mismas. 

-Comparado a antes, ¿ahora hay más respeto hacia la mujer?

-Yo creo que siempre ha habido violencia contra la mujer, pero antes no se sabía o se ocultaba. En Lo Hermida tenemos un grupo de 12 mujeres, que vamos para todos lados, el Colectivo de Mujeres Malwen, donde tratamos temas como la violencia hacia las mujeres y el embarazo precoz. Acá, a los 13 o 14 años, las mujeres pueden quedar embarazadas. Nosotras hacíamos charlas y campañas en los colegios, repartimos condones, para hablar estos temas en la población. 

-Para usted como dirigente social, ¿quiénes son sus referentes? 

-Todo lo que hacemos acá es por nosotras mismas y nuestras necesidades. Había un ministro que dijo que no sabía cómo vivíamos y yo le creo. Porque no lo saben. Pensándolo bien, nuestros referentes somos nosotras mismas. Nosotras nos levantamos desde las necesidades porque no hay preocupación de las autoridades. Ahora, la olla común se llama Violeta Parra, para nosotras su legado es histórico y social. Una mujer que a través de su arte denunció las injusticias que todavía siguen vigentes.

   

María Riveros (de pie a la izquierda) junto a su equipo de la olla común Violeta Parra de Lo Hermida. Actividad sobre la despenalización del aborto.

-Respecto del activismo social, ¿hay interés en las nuevas generaciones?

-Así es. Las nuevas generaciones han visto cómo nos hemos esforzado por ellos. Y muchos se vuelven profesionales, pero luego no tienen trabajo. Mi hijo tiene 30 años y todavía vive con nosotros. Muchos cabros jóvenes con sus familias viven de allegados. Acá, en Lo Hermida, hay seis comités de allegados organizados por la necesidad de un espacio propio. Hay una escuela de circo, orientada a los niños. Hay una banda de mujeres que bailan y hacen un carnaval en la población. Y todos ellos son pura gente joven.  

“Acá, en la población, las mujeres salen adelante como sea, cuando las abandonan, con uno, dos, tres cabros chicos. Sufren violencia, pero igual se levantan. Creo que falta mucho en cuestiones de leyes de protección hacia las mujeres. Acá, había una mujer que sufría violencia, su excompañero tenía orden de alejamiento, y Carabineros debía visitarla dos veces al día, pero eso no ocurría. Finalmente, éramos nosotros los vecinos, los que teníamos que estar pendientes de que el hombre no hiciera nada contra ella. Como mujer y pobladora nos queda cuidarnos entre nosotras mismas”. 

-¿Cómo ve hoy la solidaridad entre los vecinos?

-La mayoría de la gente es muy solidaria. Yo no sé si en otros lados se vive así. Incluso personas que han venido a trabajar, a realizar labores voluntarias, nunca se olvidan. Luego quieren vivir acá. Es emocionante. También, en este sector, se viene a vivir mucha gente del sur, mucha gente mapuche, y es muy fácil convivir. A veces, en una actividad, las mujeres con un poco de harina y agua hacen sopaipillas, y otro aporta con un pebre… Siempre hay una casa abierta para compartir. En general, la gente se cuida los unos a los otros. Pero, lo cierto, es que acá ha habido mucha represión policial y también entre todos nos cuidamos. 

-¿Qué espera del futuro de las mujeres en Chile?

-Lo importante es que nos creamos el cuento, que seamos mujeres grandes, que no nos dejemos pasar a llevar por nadie. Muchos hombres, quizás no emplean la violencia física, pero sí psicológica. Así aplanan, achatan, a las mujeres. Pero cuando las mujeres nos organizamos, nos creemos el cuento, es como que revivimos. Debemos empoderarnos, valorarnos más, exigir desde niñas más respeto, porque nadie nos puede pasar a llevar.  

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