Juan Pablo Luna, cientista político: “Chile tiene un gobierno que ha renunciado a gobernar”

Gentileza Ciencias Políticas UC

Juan Pablo Luna, cientista político: “Chile tiene un gobierno que ha renunciado a gobernar”

Está convencido de que el problema de fondo es la legitimidad del sistema político chileno. Desde ahí plantea que la elite ha sobreinterpretado las demandas de la ciudadanía y no se ha hecho cargo de los temas más apremiantes. “Este gobierno ha demostrado que no tiene la voluntad de hacer reformas en serio”, sostiene.

“Este seguirá siendo un año de incertidumbre. No me animo a pronosticar nada, pero sí diría que es un año de hastío. Todos venimos cansados, desgastados. Y hay muchas variables que pueden hacer que este cansancio, este hastío, esta vulnerabilidad, siga estando ahí. Quizá, si logramos sintonizar y empatizar con lo que está viviendo el país, pueda abrirse un camino interesante para construir una sociedad mejor. Pero todavía no veo señales para hacer ese giro”.

El cientista político Juan Pablo Luna quisiera estar más optimista. La sombra del pesimismo lo hace mirar la contigencia política y social con una mirada más crítica que luminosa. ¿Por qué? Porque desde su perspectiva analítica hoy está en juego la legitimidad del sistema político e institucional y cree que eso no tiene fácil salida. 

Considera que el mundo político ha puesto demasiadas fichas en el proceso constituyente, dejando de lado temáticas que impactan el cotidiano de la gente y que requieren soluciones urgentes. 

Profesor titular de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica, Luna es uno de los politógolos más prestigiosos del país. También es un académico respetado en universidades extranjeras. Es doctor en Ciencia Política de la Universidad de Carolina del Norte y ha sido profesor visitante en Salamanca, Brown, Princeton y Harvard.

Como investigador ha puesto el foco en los sistemas de partidos políticos, la representación, los efectos políticos de los desigualdad y el Estado. Hoy observa atento uno de los años más decisivos del país. No sólo por la cantidad de elecciones que se aproximan, sino que por lo que enmarca la discusión de una nueva Constitución.

-A un mes de la elección de constituyentes, ¿cómo ves el camino que se empezará a transitar en la redacción de una nueva Constitución?

-Me parece que lo más importante es que el proceso constituyente pueda relegitimar el sistema político. Todo lo demás se arregla en el camino, pero sin legitimidad no puedes solucionar nada. 

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-¿Y cómo se recupera la legitimidad en un momento en que el desacople entre la ciudadanía, instituciones y mundo político  se ha ido acrecentando? 

Yo creo es muy, muy difícil. Es probable que el 12 de abril tengamos distintos tipos de decepción. El tema será cómo se procesan esas decepciones. Porque no creo ni que los partidos logren dominar completamente la elección ni que los independientes barran con los partidos. Las máquinas van a seguir funcionando. 

-Entonces, ¿la decepción podría ser que la Convención Constitucional funcione con las lógicas de siempre?

-No sabemos muy bien qué va a pasar en la convención constituyente. Lo que debería pasar -aunque es poco probable-, es que los constituyentes lleguen medios descolocados porque ninguno ganó demasiado. Eso podría hacer trastabillar la lógica de los alineamientos y de las cuentas fáciles que siempre saca el mundo político. Por lo tanto, parte de la relegitimación del sistema debiera pasar porque la constituyente funcione hacia la ciudadanía de un modo diferente a cómo opera el sistema político. 

-¿Lo ves posible? Eso sería un cambio radical en el ordenamiento de la política…

-Para ponerlo en otros términos: lo que ha pasado acá es que hay sectores que no dialogan entre sí. Hay un corte entre la sociedad, el sistema político, las instituciones. La elite y los actores del sistema han tratado de empatizar con ese quiebre en función de polarizarse en una lógica izquierda-derecha, rechazo-apruebo, peleas chicas y personales. Se miden o se increpan en quién condena la violencia, quién condena el incendio a la estatua, quién condena a Carabineros, quién apoya el tercer retiro de las AFP… 

“Es probable que el 12 de abril tengamos distintos tipos de decepción. El tema será cómo se procesan esas decepciones. Porque no creo ni que los partidos logren dominar completamente la elección ni que los independientes barran con los partidos”

-¿Consideras que son peleas chicas?

-Sí, pero sobre todo creo que esa polarización tiene a la gente bastante hastiada, cansada y reafirmándose en su desconexión. Entonces, la clave del proceso es que la Convención logre funcionar con una lógica relativamente autónoma del sistema político. Y que de esa manera logre refundar las claves institucionales de una nueva política para transferirle legitimidad. Dicho eso, creo es muy poco probable que eso suceda.

-¿Por qué?

-Poque el vacío y el desfonde que tenemos es absoluto. El problema de la legitimidad es como la confianza. Si se rompe, es muy difícil recuperarla. Y si no hay giros simbólicos relevantes sobre cómo va a funcionar la convención constituyente, será muy difícil recobrar la confianza y la legitimidad en el sistema. 

LA GENTE. LA ELITE

-Anticipas algunas decepciones con el proceso constituyente. ¿Eso podría volver a generar rabia y activar la calle? 

-Creo que el problema es que la elite ha sobreinterpretado a la calle, lo que la gente quiere y espera. Los chilenos están suficientemente sensibilizados sobre cómo funciona la política como para no esperar mucho. En ese sentido, no sé si hay tanta expectativa -como proyectamos- respecto a la nueva Constitución. 

-¿Pero el proceso constituyente no vino, justamente, a responder a expectativas?

-Sí, pero hay dos desplazamientos que el sistema político ha tratado de hacer. Por un lado, todos los grandes temas los ha desplazado diciendo: “Eso lo va a tratar la Constitución”. Y, segundo, han tratado de volcar la energía, el descontento de la gente, al proceso electoral. Esas dos proyecciones son riesgosas. Estás poniendo demasiado en el proceso constituyente y en las próximas elecciones. 

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-¿Y dónde está el riesgo?

-La gente está menos involucrada con ese proceso de lo que pensamos. Está más involucrada con los temas que afectan su vida cotidiana. O sea, la pobreza, la inseguridad, el empleo. Esos son los temas grandes, pero el sistema político no está discutiendo. 

¿Dirías que la elite optó por armar su propio relato de lo que ha sido la crisis política, económica y social? 

Sí. Mi sensación es que lo que pasó el 18 de octubre, les debió mover el piso a todos los sectores dirigentes. O sea, debió provocar mucha más incertidumbre y vulnerabilidad de la que ha generado. 

-¿Por qué? ¿Esa era la salida para entender el fondo de la crisis?

-Claro, porque al entender la incertidumbre y la vulnerabilidad  en que vive gran parte de los chilenos, realmente se puede ver lo que está detrás de los problemas de sustentabilidad del modelo y sus claves institucionales. Aquí se tendrían que estar releyendo las métricas con las que midió el éxito del caso chileno en su momento. Y la elite tiene que preguntarse con mucha humildad qué es lo que no estábamos entendiendo. Pero esa conversación no la estamos teniendo. 

-¿Y qué es lo que la elite ha “sobreinterpretado”, a tu juicio?

-Bueno, todo lo que ha pasado desde el estallido social. Eso está en la base de la fragmentación polarizada que estamos viviendo. En el fondo, a la elite le ha resultado más cómodo seguir pontificando desde arriba sin involucrarse de verdad con los problemas que tiene el país. Si los escuchas, verás que citan a la gente que ha hecho trabajo de campo y que entiende la subjetividad popular. Te hablan de Kathya Araujo, de Manuel Canales, pero después siguen en la misma. O sea, buscan empatizar con lo que ellos creen que la gente quiere. 

-Da la impresión de que vas más allá del tema constitucional…

Es que lo que está en juego aquí es el modelo de desarrollo. ¿Cómo va a crecer Chile de aquí en adelante? ¿Qué tipo de empleo va a generar la economía en un contexto marcado por los temas ambientales y la robotización? Los derechos sociales tienen que financiarse. No puedes usar el mismo patrón de crecimiento económico que tuviste hasta ahora. ¿A quién y cómo le vas a cobrar impuestos? Todo eso requiere de un aparataje político que no va a estar en la constituyente y que es muy difícil que lo genere este sistema político. 

“Aquí se tendrían que estar releyendo las métricas con las que midió el éxito del caso chileno en su momento. Y la elite tiene que preguntarse con mucha humildad qué es lo que no estábamos entendiendo. Pero esa conversación no la estamos teniendo”

-Pero es más que redibujar la cancha. Es hacer otra cancha, ¿o no?

-Chile necesita un nuevo modelo de capitalismo. Me refiero a un modelo de crecimiento de protección social. Eso es lo que la gente está demandando. Y eso no es Venezuela, no es Cuba, no es Corea del Norte. A ratos da la impresión de que estamos discutiendo caricaturas bien superficiales. 

¿Y habrán condiciones para un cambio así de estructural? No me refiero sólo a la elite.

-Lo que pasa es que algunos creen que o volvemos al modelo anterior o nos vamos a un modelo socialista revolucionario. Probablemente, la gente está en un punto mucho más moderado y entiende que es una construcción que va a tomar un tiempo. Lo preocupante es nadie está pensando en cómo hacer viable ese camino. Yo creo que las dificultades en Chile son más políticas que materiales. Y que nos quede claro que sin desarrollo social, no hay institucionalidad que se sostenga. Ese es el círculo en el que estamos. 

LA MOCHILA PRESIDENCIAL

-En ese sentido, ¿los candidatos presidenciales están leyendo bien el país? ¿O están desconectados también?

Hay candidatos que están leyendo bien el panorama, pero tienen limitaciones para aterrizar esa lectura.

¿En quiénes piensas? ¿Daniel Jadue, Joaquín Lavín…?

-Tanto Jadue como Lavín tienen el mismo lastre. Ambos tienen un diagnóstico razonable, pero a los dos les cuesta salir de su nicho y de su historia. Lavín puede creerse socialdemócrata, pero si la gente ve que va a gobernar con Cristián Larroulet, tal vez crea que Lavín va a tener problemas para instrumentar ese tipo de agenda. Lo mismo le pasa a Jadue con su pertenencia al mundo comunista. Cada uno carga  con una mochila. El problema no es tanto el diagnóstico, sino la capacidad de implementar sus propuestas con los cuadros y las historias que cada uno tiene.

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¿Ves algún otro candidato o candidata que pueda empalmar mejor su diagnóstico con un plan de acción?

-Honestamente, no. La candidatura de Paula Narváez –que ha tenido buenas salidas- abre la pregunta de ¿por qué no lo hicieron antes? En el caso del Frente Amplio uno podría decir bueno, éste es un escenario ideal para ellos, pero ¿dónde están?  El estallido les pasó por el costado. En todos esos mundos hay candidatos y candidatas interesantes, pero estamos en una situación en la cual es difícil lidiar con los pasivos de cada uno. 

-¿También es difícil lidiar con el clima de polarización?

-Claro. Todos están hablándole a un mundo súper específico. Tienen un techo bajo y muy poca capacidad de articular mayorías. Eso significa que, cualquiera sea la opción,  vamos directo a un gobierno débil.  Y te añado otro problema: el tono y el clima. 

-¿En qué sentido…?

-En política, los tiempos y los contextos son tan importantes como las acciones y las personas. Una acción bien orientada, en un contexto determinado, puede ser muy transcendente, y en otro momento, puede ser una caricatura. Entonces, lo que tenemos es un problema de asincronía entre lo que se necesita y lo que el sistema puede dar. 

-La dificultad para generar mayorías, ¿lo ves en todas las cartas presidenciales que se han mostrado hasta ahora?

-Primero, creo que esta cantidad de candidatos es un síntoma de la crisis. Y es muy probable que quién gane la elección presidencial, va a terminar teniendo muy poco poder. O sea, va a terminar en un escenario similar al del gobierno actual. Chile tiene un gobierno que ha renunciado a gobernar. A excepción de la gestión de las vacunas y de la pandemia, hay temas enormes que no están siendo abordados. Por ejemplo, la situación de las fuerzas de orden, de Carabineros. Y mi temor es que el país, la democracia, no resiste mucho más tiempo sin un gobierno capaz de articular políticas públicas consensuadas para avanzar en asuntos que el pais requiere.

“Tanto Jadue como Lavín tienen el mismo lastre. Ambos tienen un diagnóstico razonable, pero a los dos les cuesta salir de su nicho y de su historia”

-A Piñera le queda un año. ¿Podría, realmente, resolver problemas que llevan años y que otros gobiernos tampoco solucionaron?

El gobierno de Sebastián Piñera hoy no tiene capital político para gobernar. Hasta el 21 ó 22 de octubre del 2019, tuvo una oportunidad para reinventarse, pero la perdió. Desde ahí quedó, básicamente, inhibido de gobernar y de hacer un cambio de timón fundamental. Una de las cuestiones que más preocupa es el tema de Carabineros. 

¿Por qué?

-Porque los conflictos fundamentales del país tienen que ver con el orden público, la seguridad ciudadana, la expansión del crimen organizado, la situación de la Araucanía. Todos tienen una vertiente con Carabineros. Pero ninguna de esas preocupaciones ciudadanas, pueden ser solucionadas sin una reforma profunda de las fuerzas de orden. En ese sentido, este gobierno ha demostrado que no tiene la voluntad de hacer reformas en serio. Tampoco cuenta con el capital político para hacerlo. El problema es que la resolución de esos asuntos, no puede esperar a la discusión de la nueva Constitución. Pero, bueno, ya vemos que éste es un gobierno con muy poca capacidad para incidir en los procesos políticos del país. Y cuando lo ha hecho, ha acentuado el deterioro.

El gobierno puede estar débil, pero en el mapa político, la derecha se ve bastante mejor parada que la izquierda.-O sea, la derecha puede ganar las elecciones, puede tener buena presencia en la constituyente, pero tampoco tiene mucha capacidad para gobernar. Y lo mismo le va a pasar a la izquierda. Estamos en un empate trágico. Lo lamentable es que seguiremos en ese trágico empate porque aún el que gane las elecciones, será un actor débil. Ganar elección no es ganar el poder.

Comentarios
Sabía ud que... Reabrir cines en pandemia es pan para Hoyts y hambre para mañana -------------------------------- Sabía ud que... La pandemia nos enseña a valorar las pequeñas cosas, especialmente las microscópicas -------------------------------- Sabía ud que... En Las Condes y Vitacura las candidaturas de izquierda ya entraron en tierra derecha -------------------------------- Sabía ud que... Cada vez que a Piñera lo denuncian por el caso Enjoy pone cara de póker -------------------------------- Sabía ud que... Si el río suena, es porque seguramente hay cuicos carreteando debajo del puente --------------------------------