Juan Alcayaga, Don Carter: “Yo soy más fome que la cresta”

Un cómico video, el cual sedujo hasta a MC Hammer, trajo a la palestra a este mítico personaje. Aprovechamos de conocer sus facetas desconocidas. Aquí habla, entre otras cosas, de su profesión, de su vida personal, de sus zonas sensibles, de una filosofía de vida, de su juventud y su vejez.

El Profesor Rossa, la leyenda, contesta el teléfono este jueves: “Aló, ¿quién es?”. La prensa le lanza sin demora: “Ayúdenos. Queremos ubicar a Don Carter”. Un áspero silencio. Al Profesor Rossa no le encaja el objetivo: “Mm”, dice, meditabundo, sospechando una ilegalidad. 

Rossa y Carter son viejos amigos, dos humanos enlazados por un historial televisivo, la televisión animalista, El Mundo del Profesor Rossa. Compartieron once años en ese programa: uno era aquel Quijote adherido a un bigote y el otro era un Sancho Panza adherido a una pequeña panza. Fue la dupla didáctica de los chilenos en etapa escolar. Ambos, junto a la gigantesca ave, Guru Guru, formaron un trío que analizaba las rarezas del reino animal. “Mm”, persiste Rossa. Y luego, intrigado, el Profesor revela en un lenguaje coloquial:

-Y pa qué querís hablar con ese huevón… si es más huevón.

-Por el video. Y para saber de su vida.

Don Carter vivía tranquilamente en Providencia hasta que un video lo actualizó. En el video él baila, o bien, lleva a cabo un batido de elongaciones, se estira, pone muecas de animal y finge que toca un teclado. A su lado, en esta pieza audiovisual, el Profesor Rossa ejecuta pasos de baile inauditos, cada cierto rato pareciera que se electrocuta, hace la mímica de un solo de guitarra, salta y también pone muecas de animal. Están en una fiesta, hay una plaga de jóvenes que, a su vez, hacen otros pasos de electrocutados. El video es acompañado con el tema “It´s all good” de MC Hammer, el rapero, el que despierta las fiestas de matrimonio.

-¡No sé quién hizo ese video! Es un pegoteo de viejas imágenes- revela el Profesor con una risa.

El video impactó a la sociedad. El video impactó a millones de personas. El video impactó a MC Hammer quien, atónito por esta pieza que se elaboró en el tercer mundo, un mundo desprovisto de elasticidad, transmitió en redes sociales una carcajada. Y un pulgar alzado. Y lo envió al mundo y los millones de adeptos al rapero se impactaron al ver a estos adultos excitados y con un natural declive muscular bailando con felicidad un hit planetario. 

Y allí figura Don Carter, alucinado. 

https://twitter.com/MCHammer/status/1389346176059592704

-¿De verdad querís hablar con ese huevón?- pregunta el Profesor.

-Sí. ¿Quién es en verdad Don Carter, Profesor?

-Es un huevón muy bueno para el garabato. ¡Puta que es garabatero ese huevón!- exclama el Profesor Rossa- ¡Ese huevón tira más chuchadas que yo!

Y, resignado, dona el contacto. 

EL ARTISTA

-Aló- dice Carter, con voz firme.

-¿Carter?

-Sí, Carter- responde como detective.

-¿Puede hablar?

-Estoy hablando, huevón.

Don Carter, el personaje, es un cartero que nació fuera de foco. Habitó, por años, un margen de la escenografía de El Mundo del Profesor Rossa. Don Carter, cuyo nombre es Jimmy Carter y estaba dramatúrgicamente casado con la señora Conchita, tenía una misión fundamental: escuchar al Profesor Rossa y digerir con gestos de asombro sus enseñanzas. Don Carter se desarrolló por once años en segundo plano.

-A Don Carter el protagonismo le daba lo mismo- opina Don Carter.

-¿Vio el video?

-Sí. No sé quién chucha lo hizo.

-¿Y lo de Hammer?

-No sé quién chucha es Hammer.

-¿Qué sabe en concreto?

-Que lo vio más gente que la cresta.

-Usted baila con gracia, Carter. Tiene el don de la coordinación.

-Yo hacía el loco no más, no me daba ni cuenta. Puta que lo pasábamos bien.

Don Carter dice que, cada cierto tiempo, un video cómico los pone en vigencia. Ellos, dice, refiriéndose al Profesor Rossa y a él, no activan nada. No es un plan de mercado, es tan sólo un fan apto para la edición que los ha hecho famosos otra vez. Y así se juntaron un conjunto de escenas con bailes neuróticos. 

-¿Nunca quiso exigir más protagonismo en televisión?

-Y pa qué.

-Para acceder al primer plano… y tal vez a la gloria.

-Pero si yo no estudié teatro para estar en el primer plano. Yo estudié teatro para otra cosa.

“Don Carter dice que, cada cierto tiempo, un video cómico los pone en vigencia. Ellos, dice, refiriéndose al Profesor Rossa y a él, no activan nada. No es un plan de mercado, es tan sólo un fan apto para la edición que los ha hecho famosos otra vez. Y así se juntaron un conjunto de escenas con bailes neuróticos”.

-¿Para qué?

-Para hacer teatro, pos huevón. 

-¿Qué tipo de teatro?

-Yo quería hacer a Ionesco. 

-Lo puedo imaginar- miente la prensa. 

-Teatro con contenido. Fíjate que la gente cree que soy un tipo de televisión. Pero yo actué en El Violinista en el Tejado. Mi personaje era el rabino. Yo actué en La Pérgola de las Flores. Yo he escrito obras, comedias con humor social, he fundado una compañía de teatro llamada Serotomina. Yo tengo otro lado.

-La gente no conoce ese lado, Don Carter.

-Es que yo no soy sólo Don Carter.

Lo cierto es que sí, en efecto, Don Carter es el popular, es al que exigen una selfie, o al que piden un garabato emitido al teléfono. 

-¡Miren, es Don Carter!- le gritan en la calle.

Y se le abalanzan. Y él, dice, jamás se altera, es un mito domesticado, un tipo contento. Él sabe que nadie le gritará: “¡Miren, es el actor de teatro hermético!”

Él sabe lo siguiente:

-Carter es muy chileno.

“Fíjate que la gente cree que soy un tipo de televisión. Pero yo actué en El Violinista en el Tejado. Mi personaje era el rabino. Yo actué en La Pérgola de las Flores. Yo he escrito obras, comedias con humor social, he fundado una compañía de teatro llamada Serotomina. Yo tengo otro lado”.

De manera que Don Carter es el cartero que bailó con espasmos y vivió a un costado de la toma. Fue el héroe ungido en el rincón, el dos, el que aportó con la bandeja. Don Carter, posteriormente, fue el que dio sentido al chiste con doble sentido en Mentiras Verdaderas, al llamado chiste tierno en esos viernes en que imperó, digamos, la cochinada con rating. Pero el que estudió teatro es el otro: el que nació en Antofagasta y el que tiene un apellido vasco y otro italiano; es decir, el que está destinado a ser efusivo por causa de su árbol genealógico es el otro: el señor Juan Alcayaga Sasso.

DON JUAN

-Usted, a fin de cuentas, no es Don Carter en verdad. Usted es Don Juan.

-Nada de Don Juan. Si yo soy feo, huevón.

-¿Cuál es su característica principal, Juan?

-Hacer reír. De distintas maneras. A veces con un baile más raro que la cresta. Y otras veces con una ironía más elegante.

-Disculpe, pero creo que la gente no lo conoce en serio…

-Es que no soy serio.

-¿Qué es?

-Un gallo bueno para el hueveo que a veces piensa lo que ocurre en la sociedad. 

-¿Usted es permanentemente cómico?

-Creo que sí. Me echaron de varios colegios porque era permanentemente bueno para el hueveo. Y hasta, como era costumbre en la época, me pegaron varillazos.

Le decían: “Alcayaga, ponga las manos”. Y le pegaban con la varilla. O le decían: “Alcayaga, de espaldas y agachado, por favor”. Y le hinchaban los glúteos con la varilla.

-¿Le pegaban a causa de ser cómico?

-A causa de ser payaso.

-¿Es un payaso?

-En todos lados.

-¿Por qué es un payaso, Juan?

-Es que no sé…

-¿Considera que debe haber alguna razón para las payasadas?

-Me sale. A veces no quiero ser divertido y los demás se ríen.

“Me echaron de varios colegios porque era permanentemente bueno para el hueveo. Y hasta, como era costumbre en la época, me pegaron varillazos”.

Dice que, en los setenta, fue un payaso con contenido izquierdista, un adscrito a Allende. En su etapa de estudiante en la Universidad de Chile, Alcayaga salió a las calles y reclamó, lanzó una piedra, le hizo un corte de manga a la fuerza pública, fue un idealista empapado por el guanaco. “Puta, como todos”, confiesa. ¿Fue un chistoso con ideología? “Sí, claro”, admite. 

-No había nadie de derecha en la universidad- recuerda.  

-¿Qué quería en esa época?

-Puta, un mundo mejor.

En estos momentos da la impresión que Juan Alcayaga hace una pausa poética y destina un pensamiento a sus años de rebeldía. A los segundos vuelve en sí. 

-Y después empecé a trabajar…

Y suspira: 

-… y nunca paré de trabajar. 

MELANCÓLICOS ANÓNIMOS

“Pero, perdone”, arremete la prensa, “es sabido que los payasos son melancólicos”. “Sí”, dice. 

-¿Es usted melancólico, se bajonea con relativa frecuencia?, pregunta la prensa. 

-Sí -dice Juan Alcayaga-, me bajoneo a veces. Me pongo a llorar por cualquier cosa.

-¿Tiene momentos grises?

-Muchos.

-¿Por qué se pone triste?

-Por problemas. Porque soy normal, pos huevón. Qué creís, que soy el hombre de acero.

-¿Por qué llora cuando llora?

-Por todo. Por películas, por noticias negativas. 

“Sí, me bajoneo a veces. Me pongo a llorar por cualquier cosa”.

Juan Alcayaga se abraza a llorar junto a su esposa número dos llamada Marta Pinto. Llevan treinta y seis años de casados y un millón de conversaciones juntos. Tiene un hijo con su esposa número uno, tiene una nieta, se encariñó con los otros hijos de Marta. 

-La gente no se imagina como soy. Yo soy más fome que la cresta.

Juan Alcayaga es un actor de clase media ilustrada, tiene 72 años y siempre ha tenido trabajo. Cuando Juan jubile su pensión tendrá un valor de 127 mil pesos. Juan está a punto de completar el crédito hipotecario de un departamento en Providencia. Juan se acuesta temprano. Juan no ha fumado marihuana, no ha esnifado cocaína, no se excede en el alcohol, únicamente hace el amor con amor. A veces, dice, sale a un evento con el Profesor Rossa y, tras la actuación, Juan dice:

-Ya. Me voy a acostar.

Y el Profesor Rossa le dice:

-¿Me estai hueveando…?

Y Juan se va a acostar. Y el Profesor Rossa se va a brindar.

-Y, bueno, algo muy importante- amenaza ahora Juan.

-Cuente.

-La verdad es que me encanta la ópera.

-¿A usted?

-¡Wagner! ¡Uf, fascinante!

Juan se acuesta temprano. Juan no ha fumado marihuana, no ha esnifado cocaína, no se excede en el alcohol, únicamente hace el amor con amor. A veces, dice, sale a un evento con el Profesor Rossa.

-¿Qué más le interesa?

-Los libros de crecimiento personal.

-¿Usted ha crecido interiormente?

-Sí- revela iluminado-, mucho. 

Lo que ocurre es que Juan descubrió una estrategia para combatir la tristeza. Ha comenzado a adiestrar su mente, a fortalecerla con una metodología inventada en Hawai.

-Se llama Ho’oponopono- comenta con gravedad.

-¿Con esa técnica usted bloquea la melancolía?

-Algo así- susurra, triunfador.

-¿Pero qué hace?

-Mire- explica y da la sensación que baja un poco la voz, que mira a los lados- cuando siento una rabia, cuando me enojo, cuando estoy puteando contra algo, o estoy triste por algo… respiro con tranquilidad y repito lo siguiente: Lo Siento, Perdóname, Gracias, Te Amo.

-¿Qué ocurre cuando dice eso?

-Desaparece todo.

-¿Por sólo repetir las frases…? 

-¡Claro!

Juan Alcayaga sonríe como un sabio. 

-¿Y usted, Juan, le ha pedido algo a Dios?

-Nada, fíjate. Mira que he sido huevón… Y yo creo en Dios, pero no en los curas. Los curas no deberían existir. Yo, la verdad, rezo en mi estilo a Dios. Yo le converso. 

-Qué impresionante…

-¿Qué?- pregunta Juan.

-Usted es el reverso de Carter…

-Yo creo que uno actúa para no mirarse hacia adentro. Se hace todo hacia afuera.

Silencio. 

“Mire, cuando siento una rabia, cuando me enojo, cuando estoy puteando contra algo, o estoy triste por algo… respiro con tranquilidad y repito lo siguiente: Lo Siento, Perdóname, Gracias, Te Amo”.

-¿Qué viene después?- preguntamos teatralmente, exagerando la atmósfera.

-Creo en la reencarnación…

-¿Volverá, Juan?

-Sí. 

-¿Y si vuelve convertido en otro Profesor Rossa?

-¡¡¡Nooooo!!! ¡A ese huevón le dan puros infartos! ¡Y fuma todo el día!

-¿Y si vuelve convertido en un nuevo MC Hammer?

Juan ríe. La risa es distinta.

-Disculpe… ¿Carter está ahora con usted?

-Aquí.

-¿Carter? 

-Hola…- se multiplica el actor.

-¿Qué sentido tiene el doble sentido, Don Carter?

-El doble sentido no tiene sentido. A menos que sea consentido- y entonces Juan Alcayaga y Jimmy Carter, tan distintos el uno con el otro, finalmente ríen al mismo tiempo. Y así, juntos y lejanos, desaparecen por un tiempo. Hasta que aparezca el próximo video.  

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