Foto: Agencia UNO

¿Libertad o bien común?: Expertos desmenuzan el agotamiento de los chilenos frente a las medidas sanitarias

En medio del debate entre el Gobierno y la comunidad científica por el desconfinamiento y la tercera ola de contagios, están los chilenos. The Clinic conversó con cuatro expertos para ahondar en los signos de relajación que está mostrando la población tras más de un año de crisis sanitaria en el cuerpo.

A lo largo de la pandemia, las autoridades han implementado distintas medidas sanitarias para frenar la propagación del Covid-19. ¿Cómo ha respondido la sociedad chilena frente a ellas? La pregunta no es fácil de responder.

Transcurrido un año desde que el país entró en Estado de Emergencia por la aparición del virus, la Encuesta CEP de abril del 2021 ofrece algunas pistas: Un 65% de los consultados asegura que estamos peor que antes y un 51% piensa que lo peor está por venir, es decir, tanto el presente como el futuro se ven oscuros.

Además, el sondeo realizó una pregunta clave. Pidió a los encuestados definir qué es más importante, que las personas tengan libertad para desplazarse y hacer su vida, o prohibir el desplazamiento para controlar la pandemia. Un 38% se inclinó por esto último, es decir, uno de cada tres chilenos.

Sin embargo, la respuesta se ve atenuada por los hechos que permiten constatar cierta relajación en los últimos meses: El optimismo inicial que generó la vacunación, la realización de las elecciones a mediados de mayo y el reciente anuncio de un Pase de Movilidad que permite la libre circulación de personas inmunizadas.

Justamente, esta última medida ha generado una fuerte resistencia de la comunidad científica, principalmente por el actual escenario epidemiológico, donde nuevamente se está registrando un aumento sostenido de casos, poniendo nuevamente al sistema de salud bajo presión.

El más reciente informe del centro de estudios Espacio Público circunscribe estos hechos en el marco del denominado “populismo pandémico” y advierten que un escenario donde se siguen demorando las ayudas económicas y se reduce la adherencia a las medidas sanitarias, puede convertirse en “caldo de cultivo” para discursos aperturistas que no están fundados en evidencia científica ni en indicadores de salud.

Un problema de legitimidad

Marco Ceballos, doctor en Sociología y académico de la U. Andrés Bello, ofrece un diagnóstico poco alentador. A su juicio, la génesis del problema está en el hecho de que no están dadas las condiciones para adherir a las medidas sanitarias. “No es que las normas sean malas, sino que no son cumplibles”, subraya.

Para el experto, “cumplir las medidas sanitarias es una tarea muy difícil, y toda tarea difícil requiere los medios e incentivos (…) Las personas hacen el cálculo de costo beneficio, qué implica quedarse en la casa, no salir, en condiciones de supervivencia, en un contexto de encarecimiento del costo de los alimentos, de alza del desempleo, de aumento de la pobreza y del endeudamiento doméstico”.

En ese sentido, subraya que “la población no puede percibir eficacia en las medidas ni tampoco existen los incentivos para cumplirlas. A mí me parece que el agotamiento es la consecuencia de algo, y se traduce en un incumplimiento creciente de las restricciones sanitarias. La causa, sin embargo, está en otro lugar, en la política pública y en cómo se han comunicado”.

Muchas de las medidas sanitarias planteadas por la autoridad, según Ceballos, han sido “equívocas, inciertas y zizagueantes”. “Se abren los mall, pero no las áreas verdes”, ilustra. A su juicio, “las normas no valen por sí solas. No porque exista, se cumple. Es cosa de comparar la prohibición del consumo de marihuana, con sus altísimas tasas de consumo. La norma necesita tener legitimidad, eso es algo básico. Tiene que ser percibida como justificada, proporcional y eficiente. Y aquí están fallando esos tres elementos”.

“Las normas no valen por sí solas. No porque exista, se cumple. Necesita tener legitimidad, eso es algo básico. Tiene que ser percibida como justificada, proporcional y eficiente. Y aquí están fallando esos tres elementos”
-Marco Ceballos, sociólogo

Roberto González, investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y académico de la Escuela de Psicología UC, ofrece un contrapunto. Para él hay que desmitificar la idea de que los chilenos no cumplen, ya que “el grueso de la población tiende a seguir las medidas sanitarias, eso es lo que la evidencia ha mostrado”.

Sin embargo, advierte que el cumplimiento o no de una determinada norma “no es un acto meramente racional”. En ese sentido, explica que efectivamente los chilenos han sido sometidos a “una suerte de competencia por satisfacer necesidades que pueden llegar a ser tan importantes como el autocuidado para no infectarse, como la alimentación o el contacto social o afectivo. Por eso es que hay gente que se sale de la norma, no es que sean inconscientes o malas personas”.

Además, complementa que “hemos subestimado” el impacto que tienen las restricciones sanitarias en la salud mental, lo que la ha puesto en evidente “tensión con el sistema sanitario”. En ese sentido, acusa que se ha echado a andar una rivalidad entre “la salud física, mental y económica” y sugiere que debemos buscar “un modelo que integre estas distintas necesidades”.

Paula Luengo, doctora en Psicología y académica de la U. Católica, lee el problema desde la base de que la pandemia configura un “trauma colectivo”, es decir, un hecho que “descompagina totalmente tus coordenadas de existencia con situaciones altamente estresantes que se prolongan a lo largo del tiempo”.

En ese escenario, “se desencadenan una serie de mecanismos en nuestra mente para justificar por qué transgredir una norma. Uno de esos mecanismos se llama la comparación ventajosa. Es decir, si transgredo una norma, en mi cabeza no es tan grave, porque hay otros que hacen cosas peores, como por ejemplo, una fiesta clandestina”.

Libertad vs Bien común

Desde el inicio de la pandemia se ha planteado una distinción de Chile frente a la reacción que tuvo la población de países asiáticos como China, Japón o Corea frente a la pandemia. Se les calificó de ser más colectivistas y rápidamente destacaron por una adhesión disciplinada a las normas sanitarias.

El contrapunto lo han ofrecido recientemente países del eje occidental, como Estados Unidos, España o Argentina, donde se ha manifestado una tendencia más individualista mediante protestas justamente contra medidas sanitarias como el uso de la mascarilla, la prohibición del libre desplazamiento, entre otras.

Para González, Chile se para en una suerte de punto medio, o bien, “en transición”. “No somos todo lo colectivista que fuimos hace muchos años atrás. Vamos en camino a una cultura más individualista, que privilegia el beneficio individual por sobre el interés colectivo”, detalla.

“Hay una suerte de competencia por satisfacer necesidades que pueden llegar a ser tan importantes como el autocuidado para no infectarse, como la alimentación o el contacto social o afectivo”.
– Roberto González, psicólogo

Rodrigo de la Fabián, académico de la Facultad de Psicología de la U. Diego Portales, complementa esta misma idea señalando que, a diferencia de otros países de occidente, en Chile no se han levantado las banderas contra la “dictadura sanitaria”, salvo “pequeños grupillos, pero que realmente son anecdóticos”.

“En Chile, el argumento científico tiende a tener cierta legitimidad de derecha a izquierda. Kast no es Trump, y en la izquierda no tenemos un López Obrador. No hay un discurso anti-ciencia. No han habido focos de gran rebelión. Otra cosa es que no se respeten las normas, portarse mal. No es lo mismo pensar que una norma es injusta a decir que una norma es justa, pero no la puedo cumplir”, subraya.

La polémica gatillada por el Pase de Movilidad es un buen ejemplo de este escenario: “Yo no sé si la gente está celebrando. La gente está feliz de tenerlo, pero con un poco de culpa, porque todos sabemos también que no están condiciones reales para hacerlo, tenemos claro que no es el momento. Finalmente, uno se siente haciendo una maldad”, señala.

“En Chile, el argumento científico tiende a tener cierta legitimidad de derecha a izquierda. No hay un discurso anti-ciencia. No han habido focos de gran rebelión. Otra cosa es que no se respeten las normas, portarse mal. No es lo mismo pensar que una norma es injusta a decir que una norma es justa, pero no la puedo cumplir”.
– Rodrigo de la Fabián, psicólogo

Marco Ceballos siembra la duda. Él evita realizar cualquier lectura desde el estado psicológico de los chilenos o la idiosincracia. Sin embargo, rescata que si bien no existen estudios ni referencias similares a esta pandemia, Chile si ha llegado a tener “experiencias muy críticas de estrés social que han llevado a tomar medidas muy excepcionales, pero que no se traducen necesariamente en el incumplimiento o la resistencia a las normas dictadas por la autoridad”.

“Cuando hay grandes inundaciones, aluviones, incendios, terremotos y tsunamis más bien se indica todo lo contrario, es decir, se generan mecanismos de cooperación y cohesión social, de responder adecuadamente a las demandas de la autoridad, que son bien extremas muchas veces, en condiciones de largo tiempo sin agua potable, sin carreteras, sin acceso a combustible, con limitaciones alimenticias, con escuelas cerradas y el trabajo suspendido de facto. En esas experiencias no ha ocurrido este nivel de incumplimiento como consecuencia del agotamiento”, explica.

Paula Luengo se aleja de la idea de este dicotomía entre libertad y bien común, señalando que “hay un concepto que es más acorde a lo que estamos viviendo, que es la interdependencia. Es decir, dependo de las decisiones que toman los demás y los demás dependen de las decisiones que tomo yo”.

“Las autonomía no funcionan en este escenario de pandemia, excepto cuando son capaces de considerar la autonomía del otro. Es decir, yo gano, si ganamos juntos. Eso no quiere decir anular la libertad”
– Paula Luengo, psicóloga

Para la psicóloga, “las autonomías no funcionan en este escenario, excepto cuando son capaces de considerar la autonomía del otro. Es decir, yo gano, si ganamos juntos. Eso no quiere decir anular la libertad, sino cómo conjugo el respeto por mi libertad con la consideración de que eso va a tener una consecuencia con la colectividad”.

En ese sentido, Luengo subraya que la pandemia “nos ha obligado a pensar en términos interdependientes”. Sin embargo, esta idea “la tenemos muy aplastada por la sociedad de consumo y los modelos económicos que han privilegiado esta fantasía de que tenemos libertades individuales que no afectan ni son afectadas por los demás”.

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