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Alejandra Pérez, constituyente: “Destaparme ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida”

Sobreviviente del cáncer de mamas, durante el estallido social se hizo conocida por lucir con orgullo las cicatrices de su doble mastectomía, usando su cuerpo como lienzo de frases como “hasta que la dignidad se haga costumbre”. Tras ser elegida como constituyente, afirma que "hay que tratar de dejar la nueva Carta Magna lo más sostenida posible a las próximas generaciones".

Se hizo conocida durante el estallido social por manifestarse con su torso desnudo, dejando al descubierto las cicatrices de su doble mastectomía, producto de la operación de un cáncer de mamas grado 4 y un cáncer de ganglios grado 6. Hoy, un año y medio después, Alejandra Pérez (43) es una de los 155 constituyentes elegidos para redactar la nueva Constitución de Chile.

A pesar de que vive en Maipú, pasa mucho tiempo en Quinta Normal, comuna donde se crió y tiene un negocio de plantas desde hace dos años. Se define a sí misma en tres palabras: dueña de casa. “El trabajo de una dueña de casa es súper dignificante, pero invisibilizado. Se suele pensar que sólo cocinamos, lavamos y cuidamos niños cuando en realidad hacemos un aporte silencioso a la economía del país”, dice con orgullo quien fue candidata independiente por el distrito 9 en la Lista del Pueblo.

En su apretada agenda, Alejandra accedió a esta conversación por videollamada. En el otro lado de la pantalla, se ve alegre y lleva puestos unos lentes ópticos azules que combinan perfectamente con su color de pelo. Desde su casa en Maipú y entre sorbos de café, recuerda distintos episodios que han marcado su vida. La historia de su cáncer, las manifestaciones en Plaza Dignidad y también a su madre, de quien heredó las ganas de movilizarse. 

Crédito: Sebastián Albuquerque

Una tercera casa: Plaza Dignidad

Para Alejandra, las idas y vueltas desde su casa a Plaza Dignidad fueron algo natural desde el inicio del estallido. La noche del 18 de octubre, se acostó con la sensación de que lo vivido durante ese día durante las manifestaciones había sido un sueño y que al día siguiente todo desaparecería. Pero no fue así. Al día siguiente, la gente seguía en las calles. “Qué bueno saber que yo no era la única descontenta”, pensó.

La idea de marchar a torso desnudo vino poco después. “¿Sabes qué? Voy a marchar sin polera”, le dijo en ese entonces a una amiga suya. Ella la apoyó sin dudarlo. Un día, se juntaron afuera del metro U. Católica, se sacó la polera y dejó al descubierto una consigna que le había escrito su hija en el pecho. Luego marchó a paso firme por la Alameda, esquivando las miradas curiosas.

Desde ese momento en adelante, iba cada vez que podía y repetía su performance. A veces incluso llegaba sola y, con un plumón en la mano, le pedía a algún asistente con letra bonita que le escribiera consignas en el pecho. Con el tiempo, las personas se le acercaban a saludarla, pedirle fotos y conversar con ella. Se volvió uno de los íconos de la movilización junto a personajes como la Tía Pikachu (Giovanna Grandón) y el Pelao Vade (Rodrigo Rojas), que hoy también son constituyentes y sus compañeros de lista.

¿Qué te pareció el cariño de la gente?

-Fue lindo. También me reencanté con las fotos. Antes no me sacaba, no me gustaba. Me parece que verme a torso desnudo genera muchas cosas. Es un ejercicio de empatía. Yo soy súper cercana, de abrazar y hacer cariño, entonces me gustaba que la gente se acercara a hablar conmigo o a pedirme una foto. Creo que destaparme ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida.

“El trabajo de una dueña de casa es súper dignificante, pero invisibilizado. Se suele pensar que sólo cocinamos, lavamos y cuidamos niños cuando en realidad hacemos un aporte silencioso a la economía del país”.

¿Cómo fue para ti la experiencia de marchar así?

-Hasta ese minuto yo no andaba en la calle sin mi prótesis de pechugas. Cuando marchaba, llevaba un banano donde las dejaba guardadas. Además, como yo venía de esta cirugía, mi piel estaba súper dañada. Pasé por quimioterapias y radioterapias y cuando mi hija u otra persona me escribían en el pecho con plumón, había cierto dolor en el proceso. Otra sensación extraña era que yo sentía que las pechugas eran como un escudo y yo ahora andaba sin él. Al principio me sentía súper vulnerable y siempre intentaba protegerme esa zona con mis brazos, pero cambió con el tiempo. Ahora me siento mucho mejor sin polera que con ella. Para mí es bacán, ojalá anduviera en pelota todo el día (risas).

Crédito: @fotosdeamalia

¿Por qué decidiste mostrar tu nuevo torso sin mamas? 

-Por un lado generar conciencia sobre la realidad del cáncer y también tiene esto de romper con la cosificación del cuerpo femenino, pero de eso yo me di cuenta más tarde. Me dije a mí misma que un par de pechugas no me validan como mujer y así lo siento. Yo no soy más o menos mujer por tener senos o dos pelotas, en el caso de hacerme la reconstrucción. De hecho, tomé la decisión de no hacerme una reconstrucción. Yo estoy súper conforme con lo que soy. Soy la misma persona tenga o no pechugas.

Combatir el cáncer

La mamá de Alejandra murió de cáncer en enero de 2014, en Holanda. La acompañó durante sus últimos días y luego, cuando volvió a Chile, quiso realizarse un examen genético para ver la probabilidad de desarrollar cáncer de mama. Pero por su elevado precio, no lo pudo pagar en ese momento y lo postergó.

Alejandra estaba acostumbrada a palparse las mamas para asegurarse de que no había nada malo. En diciembre de ese mismo año, en su autochequeo de rutina, se encontró un bulto del tamaño de una lenteja. Eso fue suficiente para despertar su inquietud y pasó los meses siguientes entre consultas al médico y exámenes, mientras el bulto crecía y crecía en su interior. 

El veredicto final lo tuvo la mañana de un 25 de diciembre, el día de su cumpleaños, en la Fundación Arturo López Pérez. Ahí, el doctor la revisó y le dijo que había un 99% de seguridad de que tenía cáncer. La inscribió en el AUGE y le encargó hacerse otros exámenes, mientras ella sentía que el mundo se le venía encima.

La palabra cáncer es muy fuerte, todos la asocian a muerte. No había salida. Fue como en las películas. Tengo la imagen del doctor que me hablaba y me hablaba y yo no le entendía nada. No procesaba. Cuando salí de la consulta, con mi marido nos miramos y no dijimos nada. No fue necesario. Nos fuimos tomados de la mano y lloramos juntos todo el camino”, recuerda Alejandra.

Crédito: @imagenografiko

¿Y qué vino después?

-Sentía una soledad frente al mundo, viviendo esta enfermedad muy de mierda. Todo fue como estar en una película donde yo era protagonista, pero sin un libreto escrito. Fui dejando de tener vida. Me iba días completos al doctor, porque tenía una hora a las 11 am y un examen a las 3 pm. Y cuando me dicen que el cáncer también está en la otra pechuga peor todavía. Me dije: ¿Ahora qué hago? ¿Empiezo a despedirme? ¿A sacarme fotos? ¿Me voy de viaje? Pasé a ser como un animalito de esos que llevan al matadero, me decían que hiciera algo y yo obedecía. Mi cáncer era fulminante y yo fui perdiendo mi voluntad a medida que avanzaba.

Me imagino que debió ser muy complejo para ti, considerando que estabas acostumbrada a ser muy autónoma y realizar tú las labores domésticas…

-Claro. Me vi anulada. Cuando una es mamá, siempre está la idea de que si tú no estás bien, nada funciona. Yo sentía que era la cabeza, el pilar, todo. Pero como fui perdiendo mi autonomía, entendí lo importante que es el rol que cumple el acompañamiento a los enfermos. Mi familia tenía que cocinarme el almuerzo, ayudarme a levantarme y a bañarme. Una deja de ser autovalente y eso es súper duro.

Crédito: @chilevombativo

El 2 de enero de 2017, Alejandra se realizó su mastectomía. Pese a que tenía la posibilidad de sacarse sólo una mama y media, ella optó por sacarse las dos. “No iba a poder vivir tranquila si me dejaban media pechuga y a los tres años después me decían que se me había expandido el cáncer hasta ahí. Lo más sano para mí era sacarme las dos completas”, dice.

“Todo fue como estar en una película donde yo era protagonista, pero sin un libreto escrito. Fui dejando de tener vida. Me iba días completos al doctor, porque tenía una hora a las 11 am y un examen a las 3 pm. Y cuando me dicen que el cáncer también está en la otra pechuga peor todavía”.

¿Qué sentiste cuando te viste al espejo por primera vez?

-Cuando me sacaron los parches, me vi al espejo y te juro que no sentí nada. No sentí que fuera algo terrible. No me costó mirarme. Nada. Me miré al espejo, me empecé a reconocer con el tacto y a los días después me saltó la inquietud de querer hacerme fotos. Quería mostrar esta realidad y lo pude concretar durante las manifestaciones en Plaza Dignidad.

Ser constituyente

La vida de Alejandra siempre ha estado ligada a la política. Durante la dictadura, su familia fue perseguida. Un tío suyo fue preso político y logró el exilio en Holanda en 1978. Más tarde, le siguió otro tío y finalmente su madre. La madre de Alejandra pertenecía al Partido Comunista y luchaba clandestinamente por el retorno a la democracia. 

Durante esos años, su mamá trabajó en la Población El Polígono en Quinta Normal junto a un grupo de pobladores con el fin de democratizar la junta de vecinos. En ese espacio, organizaron charlas y reuniones cuya ubicación iba cambiando para evitar ser descubiertos. Alejandra recuerda que, de noche, salía junto a su mamá a pegar afiches y panfletos y que ella marchaba llevándola en brazos por la Avenida General Velásquez, durante las manifestaciones por el Día del Trabajador.

“Mi mamá me inspiró a movilizarme. En los comentarios de Facebook, siempre me dicen que mi mamá está conmigo, que debe estar súper feliz allá arriba y siento que sí, que de ahí viene mi espíritu. Hay cosas maravillosas que se heredan y para mí esta es una de ellas”, cuenta.

Durante el comienzo del proceso constituyente, las mismas ganas que tenía de movilizarse se transformaron en un deseo de participar en la Convención. Quiso llevar las demandas de la calle a este nuevo espacio.

¿Cómo ve su elección como constituyente?

-Me encanta la posibilidad de conversar distintas posturas con el resto de los constituyentes electos. Los 155 representantes tienen oficios y carreras muy variadas y eso es lo que más me apasiona del proceso. Siento que este no va a ser solo un proceso de la sapiencia, de los que más saben, sino que también hay personas como yo, que tenemos sentido común y una vida normal y a lo mejor vemos cosas que otros no. Creo que esta va a ser una Constitución que nos va a regir los próximos 40 o 50 años y hay que tratar de dejar lo más sostenida posible a las próximas generaciones. 

“Los 155 representantes tienen oficios y carreras muy variadas y eso es lo que más me apasiona del proceso. Siento que este no va a ser sólo de los que más saben, sino que también hay personas como yo, que tenemos sentido común y una vida normal y a lo mejor vemos cosas que otros no”.

¿Cuáles crees que serán tus luchas principales? 

-Las pensiones, educación gratuita y de calidad por sobre todo, derecho a la salud. Creo que esto es lo más profundo, porque cuando hablas de salud va incluida la alimentación, el agua, lo físico, lo mental, es un tema muy integral. Todos estos son pilares fundamentales de la sociedad y cuando logras tener eso bien, la gente puede vivir dignamente. 

¿Y hay temas ligados a tu experiencia, como el cáncer de mama y los cuerpos, que te interese llevar a la constituyente?

-Yo creo que puedo aportar desde ahí, desde lo vivido. Para mí tiene un gran valor hablar de lo que nos pasa y no sólo de lo que leemos. En el tema del cáncer entra una mejor cobertura en salud y en lo más femenino, una mayor protección ante el machismo y el patriarcado. Pero creo que todas las propuestas deben trabajarse de manera integral y en conjunto con los territorios. Yo soy mandatada por el pueblo y espero poder llevar su voz a la Constituyente.

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