Sofía Correa advierte que en la Convención Constitucional, al igual que en las reformas del 2005, también habrá negociación política.

Sofía Correa, historiadora: “Los convencionales deben entender que son parte de un todo que es mucho más complejo”

En conversación con The Clinic, la académica de la Universidad de Chile advierte que al igual que en las reformas constitucionales del 2005, en el órgano constituyente "también tendrá que haber negociación, porque si no hay negociación, hay imposición y eso es la anti-política". Especialista en la historia de la derecha nacional y en procesos constituyentes, Correa, además, analiza el saliente gobierno de Sebastián Piñera, donde el Estallido Social y la Pandemia también son factores ineludibles de reflexión. “(El gobierno) no pareciera tener una brújula clara en términos políticos”, agrega.

“Cuando la elite chilena se enfrenta a la competencia política de fuerzas sociales antagónicas que desafían su poder, entonces esta se constituye en derecha”.

Así se inicia el texto de contratapa del libro “Con Las Riendas del Poder: La Derecha Chilena en el Siglo XX” de la historiadora Sofía Correa, un clásico de la historiografía nacional para comprender a un sector político que en la historia reciente gobernó con Jorge Alessandri Rodríguez y, en dictadura, bajo el régimen de Augusto Pinochet. Y si bien la anterior cita refiere a la pasada década de 1930, la caracterización que su texto hace del sector, bien aplica para el gobierno de Sebastián Piñera, su segunda administración, desafiada por un Estallido Social y una Convención Constitucional que desmontará la institucionalidad que la misma derecha impulsó a través de la Carta Fundamental vigente, proceso donde, actualmente, el oficialismo es franca minoría.

En este sentido, la académica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile -a cargo de la cátedra Historia Institucional de Chile y del Taller de Historia de los Procesos Constituyentes-, es voz autorizada para analizar, fuera de las ligerezas propias de la contingencia, al sector que sustenta a la saliente administración de Sebastián Piñera y que cuenta con escasas posibilidades de mantenerse en el poder

En la última Cuenta Pública de Sebastián Piñera ante el Congreso Pleno, la gran pregunta en el debate político era cómo pasará a la historia el el Presidente. Usted, que ha dedicado años de estudio a la derecha en Chile, le formulo la misma interrogante: ¿Cuál es el legado que deja el segundo gobierno de Sebastián Piñera?

-Un análisis en perspectiva histórica, tendrían que decir que es un gobierno que políticamente fracasa. Lleva al conglomerado en que se apoya, a los partidos de la derecha, a una debilidad enorme. Es un gobierno extremadamente débil frente al Congreso, o sea, a sus opositores; es un gobierno que políticamente tiene que hacer permanentes concesiones y que no pareciera tener una brújula clara en términos políticos, sobre todo hacia finales de su mandato.

También creo que lo más positivo que puede mostrar el gobierno de Sebastián Piñera, es efectivamente la vacunación masiva de la población chilena en esta Pandemia. Él, con mucha anticipación, vio la necesidad de comprar vacunas. Si lo vemos en el contexto latinoamericano, es extraordinario, es algo único.

-Sin restarle méritos al gobierno en el proceso de vacunación, si le hiciera la misma pregunta en un contexto de normalidad, sin esa circunstancia que apareció en el camino como fue la Pandemia, queda la duda sobre cuáles serían los aspectos positivos con que el actual gobierno pasará a la historia.

-La vida está llena de circunstancias que ocurren inesperadamente, entonces tampoco podemos prescindir de las circunstancias que te toca vivir. Creo es que es lo más positivo que puede mostrar el gobierno es la vacunación, la inteligencia de Piñera como hombre de negocios. En todo caso, la pregunta que hay que hacerse también es por qué la ciudadanía chilena, con un alto porcentaje, mucho más del 50% de los votos, lo volvió a elegir Presidente hace cuatro años atrás.

-El país ha dado giros sorpresivos. En el año 2013, Michelle Bachelet fue electa por amplia mayoría con una agenda de reformas estructurales. Pero la ciudadanía hace un viraje a la derecha y vuelve a elegir a Sebastián Piñera.

-Es muy curioso, como bien lo planteas en tu pregunta. De cierta manera, ya lo conocían, ya lo conocíamos: no era una novedad, ya sabíamos quién era. Y es curioso por qué se derrumba este apoyo. Yo no tengo respuestas demasiado claras, pero creo que hay que mirar todo el periodo histórico de los gobiernos de la Concertación, que tienen una cierta unidad de propósitos y de proyectos, de formas de hacer política, hasta el 2010 cuando es electo Piñera por primera vez. Pero por otro lado, el primer gobierno de Bachelet también es como una bisagra; sorprendentemente es Bachelet-Piñera, Bachelet-Piñera. Si se eligió a Piñera es porque se pensó que él encarnaba una posible solución, porque no se buscó una figura diferente. Se temió en ese sentido y después fue perdiendo apoyo tan dramáticamente.

-Previo al Estallido Social, algunas autoridades de gobierno daban declaraciones un tanto sui géneris, como la de un ministro que recomendaba a la gente levantarse más temprano para evitar las aglomeraciones en el Metro. Tal vez ese tipo de afirmaciones hayan sido caldo de cultivo para gatillar la Revuelta del 18O.

-La dirigencia de todos los partidos políticos en general fueron sorprendidos el 18O, la ciudadanía en general también, lo que es un problema bien serio. Fueron sorprendidos porque tuvieron una actitud de mirar la realidad social desde la distancia que, por ejemplo, ofrecen las encuestas. No se miró la gravedad, por ejemplo, de cierta violencia que estaba ocurriendo en la sociedad chilena. Y no me refiero sólo al narcotráfico, tampoco se le dio la importancia que tenía a la violencia que estaba ocurriendo en los liceos y universidades, en donde las tomas se transformaban en actos de fuerte violencia: ahí ya había un deterioro. Entonces hay un punto, una señal de una tensión muy fuerte. Además de las tensiones, las necesidades no resueltas.

¿Por ejemplo?

-La percepción de la gente de que sus necesidades no eran escuchadas, por ejemplo. El acceso a la salud, tener que hacer colas desde primeras horas de la mañana en los consultorios. Yo sé de funcionarios de la salud que antes del 18 de octubre fueron agredidos por pacientes o familiares de los pacientes. También todas las carencias que la gente fue manifestando después del 18 de octubre; las actuales pensiones son todavía incapaces de permitirle a la gente que se jubila vivir una vida digna o poder arreglárselas con esa jubilación. Son problemas que se van acumulando y que se veía que existían, pero no se tomaban con la gravedad que implicaba.

-Da la impresión de que a la derecha le cuesta interpretar a la sociedad.

-Creo que el problema de interpretar a la sociedad no ocurre sólo con la derecha, por eso hablo de las dirigencias políticas en general. La política se fue haciendo distante del ciudadano frente al electorado. Esto fue una de las peores consecuencias del sistema electoral binominal, porque permitió saber quiénes serían electos cuando se nombraban los candidatos. El binominal dejó en manos de las dirigencias políticas esa decisión y, en el fondo, no era la ciudadanía la que definía las elecciones.

-La actual derecha política sigue estando ligada a la dictadura militar y uno de los problemas de la Revuelta del 18 de Octubre fueron las violaciones a los derechos humanos. ¿Qué pasa ahí entre la derecha y la cultura de respeto de los Derechos Fundamentales?

-No estoy de acuerdo con la premisa porque no son comparables ambas situaciones. Por otro lado, tampoco me parece que permite comprender los fenómenos políticos el pensar que sólo la derecha tiene este problema frente a los Derechos Humanos. O sea, cuando el Partido Comunista no condena la situación de los Derechos Humanos en Venezuela, Nicaragua, Cuba, también están mirando para el lado y también está negando la existencia de transgresión a los derechos humanos: son tan responsables unos como otros. Son muchos en Chile los que tienen problemas con los derechos humanos.

-Pero hubo informes de cuatro organismos internacionales condenando la vulneración de los derechos humanos en Chile. Hay una responsabilidad política de quienes dirigen el país.

-También hay informes de organismos internacionales frente a lo que sucede en Venezuela, Nicaragua. Entonces: ¿quién va a tirar la primera piedra? Esa es la pregunta, porque no puede tirar la primera piedra quien tiene tejado de vidrio.

A su juicio: ¿Cómo el gobierno administró el Estallido Social?

-Con asombro y temor, con intentos de mantener el orden público sin lograrlo. Todo este problema que mencionas de los Derechos Humanos tiene que ver con enfrentamientos de Carabineros y jóvenes en la calle. Por eso decía que no eran ni comparables con la transgresión de los derechos humanos en la dictadura. En la dictadura no eran enfrentamientos en la calle, eran casas y lugares específicos donde llevaban a la gente a la tortura. ¿Entonces qué haces? El gobierno no puede controlar el orden público y cuando intenta controlar el orden público, tiene problemas con una policía que no sabe cómo conducirse frente a eso.

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Negociación o Antipolítica

-Una consecuencia política del Estallido Social es el Proceso Constituyente. Sin embargo, la derecha quedó reducida a una minoría en la Convención Constitucional: se van a escribir las bases de la institucionalidad para las próximas décadas y las ideas del sector arriesgan a estar ausentes. En ese sentido, ¿Qué le espera a la derecha en este proceso?

-Yo no sé cómo va a ser la convención, nadie lo sabe y la gran incógnita es cuánta conversación, cuánto diálogo y entendimiento va a haber. Cuando decimos la derecha, me da la impresión que lo vemos como un grupo monolítico y cerrado. Yo pienso que no es la manera de verla. Por otra parte, el electorado de derecha tampoco es un grupo monolítico. Hace poco estábamos hablando del apoyo que recibió Piñera como presidente de la república sobre el 50% del electorado. ¿Cómo se va a escribir una nueva Constitución desconociendo a una proporción significativa de la sociedad chilena? El problema es que las constituciones en Chile han sido hechas siempre desde la imposición de un sector sobre otro. Por eso yo escribí muchas cosas desde el año 2015, siempre apostando a que existiera una Constitución nueva a partir de un proceso desde el Congreso Nacional, sobre todo después que se había reformado el sistema binominal.

-Hubo un Proceso Constituyente iniciado en el gobierno de Michelle Bachelet que esta administración no tomó. ¿Falta de convicción del gobierno?

-Es muy sorprendente, porque si el análisis del gobierno y de las fuerzas políticas de la derecha era que la ciudadanía no tenía como tema central el cambio constitucional y actuó en consecuencia (..) Hay una incongruencia, porque si efectivamente se pensó que era necesario hacer un cambio tan drástico como un cambio constitucional, debió haberse pensado y conducido el proceso durante todos estos años.

-¿Es la impronta conservadora de la derecha a adaptarse a los cambios sociales?

-La derecha es quien representa a los sectores conservadores de la sociedad y los cambios quieren llevarlos adelante en forma paulatina. La Constitución tiene un origen que todos conocemos, promulgada luego de un Plebiscito que fue fraudulento, pero fue fuertemente transformada, no es la misma Constitución del 80. No es menor que el 2005 Ricardo Lagos dijera que ahora sí teníamos una Constitución democrática. Hay que preguntarse también por qué eso no penetró en la conciencia política, por qué se siguió hablando de la Constitución del 80 y nunca de la Constitución del 2005. Es una Constitución con la cual gobernaron todos los presidentes de la Concertación, incluido el Presidente Lagos y la Presidenta Bachelet, que vienen del Partido Socialista, y ninguno de ellos dijo “no se puede gobernar con esta Constitución”.

-Cabe preguntarse sobre la participación ciudadana en las reformas constitucionales del 2005 y la legitimidad que ello implica.

-Probablemente uno de los problemas del 2005 es la falta de discusión política a nivel nacional sobre estas reformas que son fruto de una negociación, y en la Convención también tendrá que haber negociación, porque si no hay negociación, hay imposición y eso es la anti-política. El 2005 las demandas de participación tampoco eran tan altas, entonces tiene que ver también con cambios culturales de los últimos tiempos.

-A propósito de negociación y ejercicio de la política, hubo una declaración de los constituyentes de la Lista del Pueblo antes de instalarse la Convención, donde llamaban a ejercer “la soberanía popular sin subordinarnos a un Acuerdo por la Paz que nunca suscribieron los pueblos”. ¿Cómo lo interpreta usted?

-Soy una persona que cree fuertemente en la democracia representativa, por lo tanto estoy en desacuerdo total con todo lo que ellos dicen ahí. Creo en la democracia representativa y quienes firmaron ese acuerdo son representantes de la ciudadanía.

-A su juicio, ¿Dónde radica la soberanía: en el actual Congreso habilitó el proceso constituyente o la Convención Constitucional?

-Las constituciones surgen justamente porque la soberanía se distribuye entre distintos poderes del Estado. Aquí hay un órgano que fue electo para un propósito específico, que fue discutir y redactar una nueva Carta Fundamental. No para legislar, no para gobernar ni decidir sobre materias que no tienen competencias.

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La “Derecha Social” y un esquivo socialcristianismo

-El candidato presidencial, Mario Desbordes, levantó el concepto de “derecha social” para diferenciarse ante una derecha que presuntamente no tendría la capacidad para leer el país en un proceso de cambios políticos y sociales. Sin embargo, en las elecciones internas de RN, el ex ministro de Defensa perdió. ¿Cuál es su análisis?

-Lo de “derecha social” es una forma de calificarse a sí mismo y probablemente proviene de su asesor, el filósofo Herrera (Hugo Herrera, intelectual de derecha y asesor del ex ministro Mario Desbordes), que quiere construir una derecha que tiene como referente el social cristianismo de los años 30. Eso es un error.

-¿Por qué?

-Por múltiples motivos. Primero, porque el socialcristianismo fue siempre algo muy marginal en la derecha y siempre terminó saliéndose de la derecha: la tradición histórica de la derecha no es el socialcristianismo. Desde los años 30 las figuras del social cristianismo dejaron ser de derecha. Pensemos, por ejemplo, en la Falange Nacional. Además, es anacrónico plantearse una derecha de hoy a partir de una discusión de la década del 30. Plantear esa derrota de Mario Desbordes como una derrota de aquellos sectores de la derecha más vinculados a los problemas de la sociedad, es poner demasiado en Mario Desbordes características que están dispersas en diversas derechas y que no necesariamente las representa él.

-Y sin embargo, ganó en la interna de RN el senador Francisco Chahuan, quien llamó a reconfigurar la Confederación Democrática -alianza entre el Partido Nacional y la Democracia Cristiana contra el gobierno de Salvador Allende- para frenar “el tsunami rojo de la extrema izquierda”.

-Lo que veo es que en Renovación Nacional siempre hubo un sector que ha querido generar cercanías con la Democracia Cristiana, pero la DC no acepta esto. Los intentos de generar un partido de derecha que logre una alianza estable, no circunstancial como el CODE, sino que una alianza estable con la Democracia Cristiana, es una estrategia que nunca les ha funcionado.

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-¿Qué le dice a usted que los candidatos presidenciales de derecha guarden silencio cuando en un debate de TV les preguntan si se sienten herederos del Presidente Piñera?

-Porque es un Presidente que ha perdido apoyo ciudadano en forma significativa. Es un Presidente que ha tenido serios problemas con su sector político; por una parte no ha logrado el apoyo de los parlamentarios de su sector a sus proyectos fundamentales, incluso les han votado en contra. Ni siquiera el candidato de su partido se siente heredero. Ninguno quiere ser continuador o heredero de este gobierno.

-Entonces, ¿Qué le espera a la derecha a futuro?

-Visualizo que la derecha tiene que recomponer su expresión partidista. Corresponden a un ciclo histórico que se terminó. Se va a reformular su expresión política y eso puede significar varios partidos de derecha en una asociación estable. Visualizo también una práctica política que va a buscar distanciarse de la tecnocracia, con una búsqueda de cercanía con la ciudadanía local.

-¿El país va a girar a la izquierda luego de estas elecciones presidenciales?

-Hay un electorado que se izquierdizó, ciertamente. Las votaciones de la Convención y de gobernadores, van mostrando que el electorado se volcó hacia la izquierda, como se volcó hacia la izquierda en los años en la segunda mitad de los sesenta y setenta. Son ciclos históricos. También creo que sería bueno, así como hablemos de ‘las derechas’, hablar de ‘las izquierdas’ en plural.

-En una entrevista radial, usted sostenía que el país estaba viviendo “un proceso de preocupante radicalización”. ¿A quiénes responsabilizaría por ello?

-Los seres humanos podemos buscar soluciones nuevas a viejos problemas. En ese sentido, la historia no tiene por qué repetirse, no tiene por qué repetirse una polarización hasta la confrontación. Entonces está en la responsabilidad de los dirigentes políticos el ser capaces de buscar entendimiento en las diferencias. Si no nos empezamos a mirarnos y aceptarnos en esta diversidad, es muy difícil la convivencia. Es un llamado importante frente a quienes tienen responsabilidades políticas, partiendo por los convencionales que deben ser capaces de entender que ellos son una parte de un todo que es mucho más complejo.

-¿Qué opinión tiene del candidato presidencial del PC, Daniel Jadue?

-No me atrae la figura de Daniel Jadue. Es una persona que no es flexible, no es una persona que busque entendimientos. Aunque ahora como candidato está tratando de mostrar otra cosa, pero se le sale esta otra dimensión porque, en el fondo, se le sale lo que realmente es: intransigente. Su historia, su vinculación con los grupos más radicalizados del mundo palestino, sus tensiones con el mismo Partido Comunista hasta hace unos años atrás, han sido siempre por sus posiciones inflexibles y confrontacionales.

-Y si Piñera le entrega la banda presidencial a un comunista, ¿será un fracaso histórico para la derecha?

-Ese escenario no me lo imagino todavía. Sé que es una posibilidad, pero creo que va a haber mucha densidad histórica en el tiempo que queda de aquí a las elecciones, pueden pasar muchas cosas. ¿Quién se hubiese imaginado que en febrero del año 64 la derecha iba a bajar la candidatura de Julio Durán y le iba a entregar todo su apoyo a Eduardo Frei Montalva? Hay elecciones presidenciales que son predecibles, pero hay algunas que son impredecibles, y creo que en este momento no podemos predecir qué va a pasar en la elección presidencial.

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