Ilustración: Patricio Vera

Entre el cuidado y la Convención: cinco historias de constituyentes y sus demandas por un Estado social cuidador

Los cuidados han sido una labor asociada históricamente a las mujeres y esta responsabilidad también recae hoy sobre algunas integrantes de la Convención Constituyente. Aquí, cinco convencionales cuentan cómo ha sido compatibilizar el cuidado de sus familiares con su trabajo político y la importancia de que esta materia sea parte de la nueva Constitución.

La ajedrecista Damaris Abarca (31), constituyente por el distrito 15, vive en Rengo junto a su hijo Elián de tres años. Por la instalación de la Convención, se vino a Santiago con él y ha vivido en carne propia la dificultad de compatibilizar su labor como convencional con sus cuidados. Durante los primeros días, su mamá viajó para ayudarla, pero pronto se tuvo que devolver. Ahora, ha ido resuelto la situación intercalando el cuidado con el papá de su hijo y una red de apoyo que tiene en la capital.

Hace unos días debió retirarse del Palacio Pereira a las tres de la tarde, cuando aún estaba trabajando. Debía ir a cuidar a su hijo en vista de que no había ningún espacio en el edificio donde pudiera dejarlo mientras ella continuaba con las reuniones que tenía agendadas. Tuvo que asistir sólo de forma remota. Desde su casa, se conectó a las que pudo, a la vez que jugaba con su hijo al lado o hablaba en voz baja para no despertarlo.

Hasta el momento, la única guardería disponible en los espacios de trabajo de la Convención es una sala ubicada en el segundo piso del ex Congreso. El pasado 7 de julio, Abarca publicó un tuit acompañado de una foto donde mostró cómo es este espacio. “Es un espacio súper chiquito, como de 3×2. Hay enchufes cerca y hay una ventana que está a ras del piso, es un lugar bien inseguro. Tampoco hay personas capacitadas para cuidar y estar con niños. Si tienes una guagua, no tienes dónde mudarla y tampoco hay cocina cerca para calentarles la leche”, explica.

También dice que junto a otras constituyentes feministas han estado trabajando en un catastro para recopilar información sobre los convencionales que requieren algún tipo de apoyo en los cuidados. Según cuenta, quienes conforman el listado hasta ahora son principalmente mujeres –convencionales constituyentes y asesoras– y sus necesidades se relacionan con cuidados de hijos pequeños, personas con discapacidad y adultos mayores. 

La constituyente Damaris Abarca junto a su hijo.

La constituyente por el distrito 23, Manuela Royo (38), al igual que Abarca, cuida a una hija de tres años. Cuando aún era candidata, salía a hacer campaña con ella y ahora, para participar de la Convención, viajaron juntas desde su localidad en Curacautín hasta la capital. La llevó también a las primeras sesiones, incluyendo la de inauguración, donde caminaron tomadas de la mano para depositar los votos en la urna. Luego de unos días, optó por dejarla al cuidado de otra persona mientras trabaja.

Lamentablemente, no existe en el espacio de la Convención Constitucional, ni en el Palacio Pereira ni en el ex Congreso, ningún lugar adecuado para el cuidado de niñas y niños que así lo requieren. Que no se generen las condiciones para que podamos trabajar tranquilas hace que sea algo bien difícil e injusto para quienes somos cuidadoras. También es importante evaluar la situación de las mujeres que trabajamos en pandemia y que no tenemos espacios para cuidar a nuestros hijos”, señala Royo.

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Manuela Royo junto a su hija en la sesión inaugural de la Convención.

La actriz Malucha Pinto (65), constituyente por el distrito 13, es madre de un hijo de 33 años que nació con parálisis cerebral y conoce de cerca la importancia de los cuidados. Pese a que hay una señora que lo ve mientras ejerce su trabajo como convencional, esto sólo lo hace hasta las 7 de la tarde para poder llegar a su casa antes del toque de queda, situación que también le ha complicado las cosas. 

“A veces las reuniones se alargan y hay muchos temas que hay que tratar durante la noche, porque al día siguiente tienes que llegar con algunos acuerdos tomados. Se pueden agendar instancias entre las 7 y las 11 de la noche y eso nos complica quienes tenemos labores como cuidadoras. Ese tipo de cosas dificulta poder participar en igualdad de condiciones con los hombres en la Convención”, dice.

“Es súper complicado, porque no tengo la posibilidad de trabajar hasta muy tarde. Ha sido una organización difícil en la casa, porque hay un modo de trabajar que funciona a cualquier hora, que no considera la casa, los cuidados a niños, adultos mayores o personas en situación de discapacidad, como es mi caso. Nosotras vivimos corriendo y pidiéndole a alguien que nos secunde”, agrega.

Tatiana Urrutia (38), constituyente por el distrito 8, tiene dos hijos adolescentes, una niña de 14 y un niño de 16 que, por ahora, optó por dejarlos al cuidado de su madre para evitar dejarlos solos en la casa mientras trabaja. Desde hace casi una década milita en Revolución Democrática, donde es miembro fundadora, así que desde hace años viene luchando por compatibilizar su vida familiar con la política.

“La política, en general, se escapa de los horarios de oficina. Por suerte, ahora puedo contar con la ayuda de mi mamá en el cuidado. Como están con ella, trato siempre de pasar a verlos después de las reuniones y luego me vengo a mi casa. Esta era la primera vez que me postulaba a un cargo público después de años militando. Yo antes nunca había podido tomar la decisión de dar un paso al frente, porque el tema de los niños era como algo que no tenía cómo resolver. Pero hoy son más grandes y entienden mejor la situación”, cuenta.

“Creo que esto también habla mucho de la experiencia de las mujeres en política. Hay decisiones que no se toman a cierta edad, cuando los niños están más chicos, porque una suele ser quien carga con la mayor parte de la responsabilidad del cuidado. Por eso debemos pensar en formas de participación donde las mujeres no tengan que esperar para ser parte de su junta de vecinos o ser candidatas a un cargo público, sino que esto ocurra en el momento en que se sienten convocadas”, añade.

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La constituyente Tatiana Urrutia junto a su hijo.

Otra constituyente que tiene alguien a su cuidado es Vanessa Hoppe (41), quien vive en Cañete con su abuela de 100 años, que tiene hipertensión y principios de demencia senil. Por el teletrabajo, ella la había podido ver sin problema durante la pandemia, pero ahora, por la Convención, tuvo que viajar a Santiago y dejarla al cuidado de una persona que se encarga de asistirla de lunes a viernes.

De momento, no ha podido encontrar a alguien que la pueda atender durante los fines de semana, por lo que ha viajado a cuidarla ella misma. La travesía no es menor: si viaja por carretera, demora alrededor de nueve horas en recorrer los más de 630 kilómetros que separan a su ciudad de Santiago.

“En la semana puedo trabajar tranquila, pero los sábados necesito estar desde temprano allá porque aún no he encontrado a nadie que sea de mi absoluta confianza y la pueda cuidar los fines de semana o feriados. Sería bueno que podamos contar con un margen de al menos un día para quienes necesitamos viajar de vuelta a nuestras casas”, cuenta.

También le parece importante que los cuidados sean un tema que se trabaje en la nueva Constitución: “Se debe entender la corresponsabilidad del Estado en las labores de cuidado, es decir, que tome medidas para apoyar a las personas cuidadoras. Hay algunas mujeres que dedican toda su vida a cuidar a sus padres o a otros familiares enfermos, pero luego llega la edad de jubilarse y no tienen fondos previsionales. Es una discusión muy relevante que debe darse en la Constituyente”, explica.

Las propuestas

Las constituyentes mencionadas coinciden en que aún no existe una guardería infantil en óptimas condiciones, sala cuna ni otros apoyos logísticos ni económicos destinados a enfrentar el problema que conlleva estar al cuidado de personas dependientes. Creen que este es un tema que debe ser considerado dentro del reglamento del organismo para garantizar la igualdad de oportunidades entre quienes tienen gente a su cuidado y quienes no.

La convencional por el distrito 9, Bárbara Sepúlveda, junto a otras feministas han estado trabajando propuestas para que la Convención se haga cargo de este problema. Algunas de ellas son, por ejemplo, que se habilite un espacio en alguno de los edificios que administra la Convención o en algún otro lugar cercano que permita la estadía temporal de niños pequeños. 

“Normalmente, los espacios de quehacer político se piensan de forma muy masculina y se transforman en espacios que excluyen a las mujeres, porque se tienen que retirar antes de las labores que están cumpliendo o incluso no pueden asistir presencialmente porque están cumpliendo labores de cuidado”, dice Sepúlveda.

Mariela Serey es constituyente por el distrito 6 y una de sus banderas de lucha son los derechos de los cuidadores. En 2017, fundó la Asociación Yo Cuido, que pretende visibilizar y dar mejor calidad de vida a los cuidadores informales de personas con algún grado de dependencia. La organización la fundó en Villa Alemana a raíz de su experiencia como cuidadora de su hija con parálisis cerebral severa, que falleció hace tres años.

Serey también ha estado participando en levantar propuestas para resolver el problema en torno a los cuidados. “Creo que hay que trabajarlo en el reglamento y en el presupuesto, va todo de la mano. Quienes cuidan a personas dependientes y deben viajar desde sus regiones, tienen que dejar a otro que cuide, entonces se les debería dar algún tipo de apoyo. Otro asunto importante es velar que los horarios de trabajo serán coherentes con los de cuidado”, señala.

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Mariela Serey

También destaca la importancia de discutir en la Convención sobre los derechos relacionados con el cuidado. “Hay que consagrar el derecho a recibir cuidados, pero también el derecho a decidir si cuidar o no, que hoy no existe. Es importante que otros factores, como el Estado, las familias y la comunidad se hagan parte del cuidado para que se equipare la cancha y la responsabilidad no recaiga sólo en nosotras”, agrega.

La Directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL, Ana Güezmes, indica que es importante que se evalúen las barreras y limitaciones que tienen los constituyentes. “Se deben analizar desde la sobrecarga de los cuidados, a la falta de acceso o uso de la tecnología, a otras limitaciones. Estos temas deben ser recogidos en la organización de los trabajos para ‘que nadie se quede atrás’ y ‘nadie se quede afuera’”, indica.

También propone algunas iniciativas que pueden ser útiles para el óptimo funcionamiento de la Convención: “El establecimiento de un espacio para el cuidado infantil para las y los convencionales y sus equipos; desarrollo de alternativas de cuidados; y algo muy importante que hemos aprendido de las experiencias parlamentarias es establecer horarios de trabajo”

Reflexiones sobre los cuidados

La investigadora del Observatorio Nueva Constitución, Lucía Miranda, señala que hoy es clave un Estado que participe en los cuidados. “Se requiere un Estado que palie las desigualdades que por inercia generan el mercado y la cultura, específicamente confinando a la mujer al espacio privado, castigándola cuando se sale del espacio privado para ocupar el espacio público, como ocurre con las convencionales y con todas las figuras de mujeres trabajadoras”, explica.

La académica de la U. Católica también señala que, pese a que la paridad en la Convención es un hecho, que algunas constituyentes se enfrenten a esta situación reafirma que las labores de cuidado recaen principalmente sobre mujeres. “Gráficamente, se puede interpretar como una carrera donde hombres y mujeres salen a correr una maratón, pero los obstáculos entre ellas y ellos son culturales y distintos, bajo el amparo de un modelo de Estado que recrudece todo tipo de desigualdades estructurales/culturales”, dice.

Además, apoya la implementación de facilidades para las constituyentes cuidadoras que así lo requieran. “Soy una convencida de que todo empleo público (como lo es la función de representación y la labor constituyente) debe constar con mecanismos institucionales de respaldo: sueldo, salud, pensión, asistencia social, y ya que no se puede pedir permiso parental, un mecanismo de guardería o cobertura para quienes estén en período de cuidado”, señala. 

Ana Güezmes también destaca el punto de que el trabajo de cuidados que realizan mayoritariamente las mujeres se ha incrementado durante la pandemia. “Este trabajo se ha incrementado durante la pandemia en la medida que se han trasladado a los hogares mayores responsabilidades del cuidado de la salud y la educación. Esto sin duda es una limitante para la participación de las mujeres en la vida pública y política, también limita el tiempo de descanso y ocio, que es muy importante para la salud integral”.

Su reflexión también coincide con las cifras disponibles. Según estimaciones de la CEPAL, en Chile las mujeres en hogares donde hay menores de 5 años dedican 48,9 horas semanales al trabajo no remunerado como las tareas domésticas y el cuidado, el triple de tiempo que dedican los hombres a las mismas labores.


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