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Columna de Paulina Astroza y Jorge Araneda: Entre perdedores y ganadores en Afganistán

Grandes perdedoras, y esto es lo más doloroso y preocupante, son las mujeres y niñas afganas. Los “Mil Soles Espléndidos” se están empezando a apagar. Las promesas hechas por los Talibán en las negociaciones de Doha de inicios de 2020 con el gobierno de Trump no serán cumplidas.

La caída de Kabul ante los grupos Talibán y el establecimiento de un “Emirato” en todo Afganistán, tendrá adversas consecuencias para todos los afganos, especialmente las mujeres y niñas, poblaciones urbanas, chiítas hazaries y, en general, las comunidades no adherentes al fundamentalismo islámico proclamado por este grupo, quienes son tratados de “infieles” y, por tanto, de enemigos. Asimismo, este evento tendrá enormes implicaciones fuera del país, en particular en la región circundante, pero ¿quiénes son los grandes ganadores y perdedores en las últimas semanas?

Sin duda, entre los ganadores regionales se encuentra Irán. Dado que la totalidad de las tropas estadounidenses fueron retiradas de Afganistán, con quien comparte frontera. En comparación a principios del 2000, Irán estaba casi completamente rodeado militarmente, con más de 100.000 soldados en Irak y Afganistán. En la actualidad, la administración Biden sólo cuenta con la presencia estadounidense en Irak, lo que la vuelve insignificante. Esto contradice las políticas de EE.UU. que busca presionar económicamente a Teherán en un intento por debilitar y/o derrocar a su gobierno, y disuadirlo de su programa nuclear. Aunque Irán está siendo cauteloso en sus declaraciones sobre Afganistán y niega rumores de enfrentamientos fronterizos con los Talibán, el control por parte de un movimiento fundamentalista sunita de línea dura generará ciertos temores. Recordemos que casi entró en guerra con los talibanes en 1998, después de la muerte de ocho diplomáticos iraníes. 

Este evento tendrá enormes implicaciones fuera del país, en particular en la región circundante, pero ¿quiénes son los grandes ganadores y perdedores en las últimas semanas?

Asimismo, Pakistán es el otro gran ganador en los actuales eventos, ya que su principal preocupación es su vecino India, y vería con agrado si éste reconoce al gobierno talibán. Esto es, en parte, gracias al creciente descontento hacia Afganistán desde 2001, considerándolo más proclive hacia la India y un tanto hostil hacia los intereses de Pakistán. Hace dos meses, el presidente afgano, Ashraf Ghani, acusó a Pakistán de enviar más de 10.000 “yihadistas” a través de la frontera y de negarse a presionar a los Talibán a que negociarán. Pakistán se encuentra entre India y Afganistán y este último es potencialmente una de las grandes rutas para el comercio terrestre indio hacia Asia Central, más aún si se construyen líneas ferroviarias de alta velocidad, desde y hacia China. Por décadas, Pakistán había temido verse rodeado con India por un lado y un gobierno pro-Nueva Delhi en Afganistán por el otro. Con una victoria de los Talibán, Pakistán ahora tiene un firme aliado en Kabul.

Eso deja a la India como un posible perdedor, de las últimas semanas. Dado que su acceso a los mercados de Asia Central podría bloquearse de forma efectiva y su vecino Pakistán tiene ahora un nuevo aliado. Sumado a que en términos concretos el futuro de su puerto de Chabahar en el sur de Irán, que tenía la intención de eludir Pakistán, podría ponerse en duda.

Con una victoria de los Talibán, Pakistán ahora tiene un firme aliado en Kabul.

Sin duda, es complejo categorizar a Uzbekistán y Tayikistán, vecinos de Afganistán, entre ganadores o perdedores. Sin embargo, ambos comparten el temor de la influencia de un fundamentalismo musulmán de línea dura a lo largo de sus fronteras. La élite de Uzbekistán es postsoviética, de mentalidad secular y tiende a ver los fundamentalismos de tipo talibán como una forma de terrorismo. De hecho, Tayikistán tuvo un fundamentalismo propio después de la caída de la Unión Soviética en 1991, que las cúpulas del poder todavía recuerdan. Esto posiblemente volverá a aproximar las relaciones entre estas naciones y Rusia. 

Evidentemente, un potencial ganador de la región será Rusia. Desde que las relaciones con EE.UU. y la UE se deterioraron después de la anexión de Crimea en 2014, Moscú redujo su apoyo a la presencia estadounidense en Afganistán. Sin tropas norteamericanas en Asia Central, se presenta una enorme oportunidad para reafirmar las cooperaciones en seguridad rusa sobre las antiguas repúblicas soviéticas en la región. Moscú sólo teme el descontrol de la producción de amapola de Afganistán, un serio problema de adicción entre los jóvenes urbanos rusos.

Por último, entre los perdedores se encuentra EE.UU., especialmente dado la imagen internacional que la administración Biden generó. Sumado a desfavorables y contradictorias declaraciones entre el Pentágono y el Secretario de Estado; la enorme atención internacional; y la retirada precipitada de la capital. Washington espera un desarrollo interno de las dinámicas en Afganistán, y que los Talibán no busquen crear un paraíso de grupos radicales que genere un repunte del terrorismo internacional

Grandes perdedoras, y esto es lo más doloroso y preocupante, son las mujeres y niñas afganas. Los “Mil Soles Espléndidos”[1] se están empezando a apagar. Las promesas hechas por los Talibán en las negociaciones de Doha de inicios de 2020 con el gobierno de Trump, no serán cumplidas. La promesa de mantener y respetar los derechos civiles y políticos más básicos ganados por las mujeres y niñas en estos 20 años de ocupación occidental en las zonas controladas por el gobierno afgano será incumplida.

Ya estamos viendo imágenes y comunicados de los corresponsales en Afganistán que cuentan cómo los Talibán ya empezaron a buscar y ejecutar a mujeres que lideraron ONG feministas o que trabajaron como periodistas o ejercieron cargos públicos. El régimen brutal que se impuso a mujeres afganas entre 1996 y 2001 por los Talibán es de una crueldad máxima. Ejecuciones públicas por acusaciones de adulterio, lapidaciones, prohibición de estudiar y trabajar, de reír o conversar en público, obligadas a usar el burka (que solo permite ver a las mujeres a través de una rejilla) o los matrimonios de niñas de 10 años con hombres talibán, son solo una muestra de la brutalidad de este grupo fundamentalista islamista que nada tiene que ver con otras interpretaciones del islam y el Corán que existe en otros países musulmanes.

La promesa de mantener y respetar los derechos civiles y políticos más básicos ganados por las mujeres y niñas en estos 20 años de ocupación occidental en las zonas controladas por el gobierno afgano será incumplida.

Lamentablemente, este tratamiento a mujeres no sólo ocurre en Afganistán. El Talibán es solo la muestra de un extremo del fundamentalismo islamista. En otros lugares del mundo, especialmente África, las mujeres y adolescentes sufren de menosprecio, discriminación, crueldad y falta de reconocimiento de sus derechos más básicos como personas humanas. Que los ¨Mil Soles Esplendidos¨ brillen ante un escenario tan oscuro en Afganistán y la humanidad entera.      

*La doctora Paulina Astroza Suárez es directora del Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Concepción. Jorge Araneda es PhD. (c) en Relaciones Internacionales Oriente Medio, la Universidad de Ankara YB, Turquía. Posee una maestría en Historia Contemporánea de la Universidad de Chile. Sus líneas de investigación se relacionan con la diáspora árabe / musulmana en América Latina y las políticas exteriores de Chile con respecto al Medio Oriente.

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[1] Famoso libro del escritor afgano estadounidense Khaled Hosseini que cuenta la historia de amistad, solidaridad y sufrimiento entre dos jóvenes afganas.

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