Patricio Vera

La desconocida visita del ministro Bellolio a Gastón Soublette

El viernes 20 de agosto, el filósofo y musicólogo de 94 años recibió en su casa de Limache al vocero de gobierno. La conversación duró casi tres horas y abordaron temas sociales y políticos. Una semana después se falló el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, donde Gastón Soublette -que era candidato- no ganó. Desde su entorno miraron entonces con suspicacia la visita ministerial. “Dicen que (eso) me costó el premio, y quién sabe”, desliza Soublette. El ministro Bellolio lo descarta: “No tuvo nada que ver”.

I.“Un examen muy largo”

Viernes 20 de agosto de 2021.

Su reloj marcaba las 10.30 de la mañana cuando salió a abrir el portón de su quinta en Limache. Había dos autos de vidrios polarizados, recuerda, cuatro escoltas y otro funcionario que descendía de uno de los vehículos. Finalmente, apareció ante sus ojos un sexto hombre, el Ministro Secretario General de Gobierno Jaime Bellolio.

“Lo conocía sólo a través de la televisión”, recuerda hoy Gastón Soublette, quien días antes había recibido un inesperado llamado telefónico en que se le anunció la visita del vocero de gobierno.

“Hablé primero con su secretario. Él me llamó un día antes y me dijo que el ministro Bellolio quería hablar conmigo. A mí me pareció tan desproporcionado esto. Mire, le dije, yo me siento muy honrado de que él quiera hablar conmigo pero quiero saber de qué, porque él conoce mi currículum y sabe quién soy yo. Yo me muevo en el mundo de los principios, no de los procedimientos ni de las políticas inmediatas. Entonces, por qué querría él hablar conmigo. Su secretario me dijo: es un asunto personal. Nada más. Agendamos una fecha y ese día llegaron muy puntuales”, cuenta el filósofo, musicólogo e investigador de 94 años.

Crédito: Jaime Reyes

Prendió la estufa y sirvió café. El ministro y su periodista tomaron asiento en el luminoso living de la antigua casona donde Soublette vive hace varios años. Sacaron lápiz y un archivo cada uno. “Había un amplio cuestionario y ellos tomaron notas todo el tiempo”, recuerda el también académico de la UC.

La conversación se prolongó durante poco más de dos horas y 45 minutos.

“Abarcamos todos los temas, desde las pensiones, la pobreza, la minería, la economía, el empoderamiento de la sociedad, los pueblos originarios, la educación, el medioambiente y un sinfín de cosas”, comenta el Soublette.

“Yo le dije al ministro Bellolio: ¿por qué hace esto usted? Me dijo: ‘estamos consultando a otro tipo de gente’. En eso yo le encontré razón, porque Cristián Warnken les echó en cara en una entrevista al presidente Sebastián Piñera que en el gobierno se informaban solamente de lo que les pueden decir los economistas, cientistas políticos y los ingenieros comerciales, y que era necesario que oyeran a los académicos, a los intelectuales, a los escritores y a los artistas”, agrega.

La entrevista de Cristián Warnken al presidente Piñera, a la que Soublette hizo alusión, fue organizada por ICARE y realizada en agosto de 2020. A la hora y media de conversación, el mandatario comentó: “Recurrir a los sabios es muy sabio”. Warnken replicó: “Invite a Gastón Soublette a La Moneda. Es un sabio”. Piñera sonrió y añadió: “Sí, he leído mucho a Soublette, y yo creo que los filósofos, los poetas, los sabios, hoy día los necesitamos más que nunca”. 

Gastón Soublette asoció inmediatamente dichas declaraciones con la visita del ministro Bellolio a su casa. Después de casi tres horas de encuentro y varias tazas de café, el académico los condujo nuevamente a la entrada de su casa y se despidieron.

“Me perturbó un poco su visita”, contó Soublette horas más tarde. Ese mismo viernes 2o de agosto, el académico dio una entrevista al programa “Una conversación necesaria” de Radio Latina Limache. Lo invitaron a hablar sobre su segunda postulación al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, que se entregaba a la semana siguiente. Fue entonces que reveló detalles de su encuentro con el Secretario General de Gobierno. 

Soublette dijo que en esa reunión le habían preguntado su opinión sobre el presidente Piñera: “Es mi adversario político y eso dije, pero respeto al adversario y les di mis razones”, contó Soublette en la radio. “Fui enumerando mis cargos: por ejemplo, le dije que cuando se trató de hablar de educación, el presidente contestó que la educación es un producto de consumo. Yo les dije que eso a mí me chocó como si me pegaran una patada en la guata. Después, sobre el medioambiente, qué contestó: que la gente merece más cuidado que los árboles, y yo escribí una carta en El Mercurio diciendo que era muy terrible esa respuesta porque crea un dilema falso. O la gente o la naturaleza, y eso es falso. La gente no se puede salvar sin la naturaleza. O el estallido social, qué le nació decir: estamos frente a un enemigo poderoso. Una visión muy pobre, le dije. Esas son mis razones por las que no estoy de acuerdo con el presidente Piñera”.

“Yo le dije al ministro Bellolio: ¿por qué hace esto usted? Me dijo: ‘estamos consultando a otro tipo de gente’. En eso yo le encontré razón, porque Cristián Warnken les echó en cara en una entrevista al presidente Sebastián Piñera que en el gobierno se informaban solamente de lo que les pueden decir los economistas, cientistas políticos y los ingenieros comerciales, y que era necesario que oyeran a los académicos, a los intelectuales, a los escritores y a los artistas”

Seis días después de ese encuentro, el jueves 26 de agosto, el abogado, escritor, periodista y académico de la Universidad de Chile José Rodríguez Elizondo fue anunciado ganador del Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2021.

El jurado -integrado por el ministro de Educación, Raúl Figueroa; Ennio Vivaldi, rector de la Universidad de Chile; Emilio Rodríguez Ponce, rector de la Universidad de Tarapacá y representante del CRUCH; José Luis Cea, representante de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales; y el ingeniero y filósofo Marcos García de la Huerta, último galardonado en 2019- decidió otorgárselo por “los sobresalientes méritos académicos y la proyección de su trabajo en la opinión pública. Asimismo por la creatividad, lucidez e independencia de su obra ensayística, reconocida también fuera de Chile”. 

Gastón Soublette era candidato a ese mismo premio. Cercanos a él y grupos de vecinos habían levantado meses antes una campaña de recolección de firmas para postularlo. Reunieron 7.620 adherentes y cartas de apoyo de personalidades como los premios nacionales Raúl Zurita, Elicura Chihuailaf, Héctor Noguera y Guillermo Núñez, además del ecologista Juan Pablo Orrego, la periodista Ximena Abogabir, el historiador Pedro Cayuqueo, el rector de la Universidad Católica Ignacio Sánchez y el senador Ignacio Latorre. También el sacerdote Felipe Berríos.

Cuando no se lo ganó, en su círculo cercano recordaron esa visita del ministro días antes y empezaron las suspicacias. Así se lo comentaron al propio Soublette. Mientras, en Limache, diversas organizaciones ciudadanas y vecinos se manifestaron frente a la estación. “Gastón Premio Nacional”, se leía en el lienzo.

“Quizás es mejor que no me premiara este sistema. Se ve que no le caigo bien a la oficialidad”, dice Soublette al teléfono. “Yo supe extraoficialmente que el currículum mío para la premiación era muy apreciado porque es muy variado; yo he tocado la cultura tradicional y popular, la cultura indígena, la musicología, la literatura, el cine, incluso me he metido en la filosofía, sobre todo en la línea oriental de China, y además en la teología. Méritos tenía”.

Soublette dijo que en esa reunión le habían preguntado su opinión sobre el presidente Piñera: “Es mi adversario político y eso dije, pero respeto al adversario y les di mis razones”, contó Soublette en la radio. “Fui enumerando mis cargos: por ejemplo, le dije que cuando se trató de hablar de educación, el presidente contestó que la educación es un producto de consumo. Yo les dije que eso a mí me chocó como si me pegaran una patada en la guata.

Y agrega: “Yo sé que la persona que ganó no es cualquiera. Rodríguez Elizondo es un hombre de estudios, pero es un experto en cuestiones de política internacional. No lo veo muy metido en lo que específicamente son las humanidades. Él es un valor, sólo estoy haciendo notar cuál es el criterio que el jurado ha usado para premiarlo. Porque el ganador anterior, Marcos García de la Huerta, es también un experto en filosofía política. Entonces, finalmente resulta que el premio es político, más que de las humanidades. Esa es la idea que yo me he terminado de formar a la sugerencia de muchas personas que son más avispadas que yo en materia política y que me dijeron ¡date cuenta, la visita del ministro fue por la premiación!”.

–¿Y usted, qué cree?

–Inmediatamente después de la visita del ministro me quedé con la impresión de que el Gobierno estaba poniendo en marcha la iniciativa de dialogar con personas de otras áreas, atendiendo a la sugerencia de Warnken. Y creo que el ministro sí tuvo la inquietud de venir a verme, para conocerme y saber cómo yo pienso sobre muchos temas. Creo que él ha leído también algunas de las cartas que este profesor de 94 años ha escrito y publicado en El Mercurio, y no desconfío de esa buena intención suya, pero la cercanía del Premio Nacional y el hecho de que no me lo dieran me hizo pensar que también tendría relación con eso, pero yo no sabía ni sé aún cuál pudo ser. Lo cierto es que en ese examen que me hizo pasar el ministro, que fue muy largo, le quedó claro que yo no estoy con la propuesta de este gobierno. Que no estoy de acuerdo con la mirada con que ellos conciben la política y la organización social en general. No sé qué habrá hecho con eso él, pero algunos me han dicho que eso me costó el premio y, quién sabe, los premios tienen siempre una lógica política”.

–¿Qué impresión le causó el ministro Jaime Bellolio?

Yo me formé la idea de que el hombre tiene cultura humanística. Puede hablar en un alto nivel intelectual, y además es una persona muy simpática, muy abierta. No todos los políticos tienen esa característica, pero uno nunca puede saber qué hay detrás de lo que la persona está diciendo, porque me dio la impresión de que en gran parte él estaba de acuerdo con lo que yo decía. Su periodista, que también participó de la conversación, siempre agregaba cosas a lo que yo decía, dándome a entender que también estaba de acuerdo conmigo. Más del 80% de mis afirmaciones fueron compartidas por ellos dos. Ahora, no sé si eso es así en la realidad o fue para que yo hablara y expresara mi pensamiento. Y en general mi visión de la política de los últimos años no fue positiva. Yo creo que ahí se formaron la idea de que no podían contar conmigo.

Inmediatamente después de la visita del ministro me quedé con la impresión de que el Gobierno estaba poniendo en marcha la iniciativa de dialogar con personas de otras áreas, atendiendo a la sugerencia de Warnken. Y creo que el ministro sí tuvo la inquietud de venir a verme, para conocerme y saber cómo yo pienso sobre muchos temas. Creo que él ha leído también algunas de las cartas que este profesor de 94 años ha escrito y publicado en El Mercurio, y no desconfío de esa buena intención suya, pero la cercanía del Premio Nacional y el hecho de que no me lo dieran me hizo pensar que también tendría relación con eso, pero yo no sabía ni sé aún cuál pudo ser.

–¿Qué conclusiones saca hoy de esa visita?

Aún me pregunto el por qué de su visita, más allá de las temáticas. Vino para acá, lo cual me parece muy destemplado, o sea, desproporcionado. Es curioso que un ministro tan importante como él y que es el brazo derecho del presidente de la República venga a visitar a un profesor académico viejo para preguntarle y hacerle una entrevista en la que se habló de todo. Yo no creo que un ministro de su talla venga solamente por conocer mi opinión para su cultura personal. Hoy me pregunto si cuando me dijeron que era una “visita personal” suya se trataba de algo personal conmigo o en relación a él (ríe). Al principio creí en eso, pero personas que entienden más de política me han hecho ver que quizás sí hubo una motivación política detrás de su visita y que esto tuvo que ver con la premiación, aunque yo no me diera cuenta en ese momento. Ahora lo veo con más claridad.

II.Ministro de visita

Durante los últimos cuatro o cinco meses se ha reunido con alrededor de 70 académicos y pensadores de distintas áreas. Desde filósofos, poetas y sociólogos, hasta antropólogos y periodistas. “No son conversaciones secretas, pero sí reservadas por el contenido de las mismas”, cuenta a The Clinic el Ministro Secretario General de Gobierno, Jaime Bellolio.

Jaime Bellolio. Crédito: Agencia Uno.

“La mayoría son académicos que han trabajado el estallido y el cambio sociológico del país, desde la visión antropológica, filosófica, de la ciencia política, periodística e histórica, todos muy diversos y con el objetivo de tener una retroalimentación como Gobierno con otros sectores y comunidades mucho más allá de la contingencia del día”, agrega. Uno de esos interlocutores fue Gastón Soublette.

Aún me pregunto el por qué de su visita, más allá de las temáticas. Vino para acá, lo cual me parece muy destemplado, o sea, desproporcionado. Es curioso que un ministro tan importante como él y que es el brazo derecho del presidente de la República venga a visitar a un profesor académico viejo para preguntarle y hacerle una entrevista en la que se habló de todo. Yo no creo que un ministro de su talla venga solamente por conocer mi opinión para su cultura personal.

“Yo llevaba meses intentando juntarme con él y fue una experiencia muy potente. Hablamos de todo, desde el paleolítico hasta la modernidad, y yo creo que tanto él como yo valoramos esa instancia. Estoy leyendo un par de libros más suyos para cuando volvamos a juntarnos. Él mismo pidió que nos juntáramos de nuevo y lo haremos más adelante”, cuenta Bellolio.

–¿Cómo recibió usted durante ese encuentro las opiniones y críticas que Gastón Soublette hizo sobre el gobierno?

–Obviamente, él tiene una mirada crítica de muchísimas cosas que escinden en el actual Gobierno, pero el objetivo de la conversación iba mucho más allá de la contingencia: generar una mirada más reflexiva de lo que nos pasó y lo que viene hacia adelante como país, y de ahí saltamos desde temas de espiritualidad hasta los pueblos originarios en Chile y otras partes del mundo. Fue una experiencia notable. Me he reunido con personas de miradas muy diferentes en todo ámbito y un grupo numeroso de ellos seguramente con preferencias políticas de oposición a este gobierno, pero eso no obsta que uno pueda tener un intercambio intelectualmente honesto y constructivo de ideas. Algunas las rebato y en otras estamos en desacuerdo y ya, siguiente tema. Son conversaciones con sentido, valiosas y profundas que no tienen como objetivo modificar conductas de ellos ni las nuestras, pero sí dialogar, que es probablemente lo que más hace falta en el país. Estamos acostumbrados a debatir y a negociar pero no a dialogar, que significa tratar de escucharse en un espacio seguro en que uno pueda exponer sus ideas sin ser tergiversadas, cercenadas o malinterpretadas. Eso fue lo más rico de la conversación con Gastón Soublette y así también ha sido en todos estos diálogos.

“Yo llevaba meses intentando juntarme con él y fue una experiencia muy potente. Hablamos de todo, desde el paleolítico hasta la modernidad, y yo creo que tanto él como yo valoramos esa instancia. Estoy leyendo un par de libros más suyos para cuando volvamos a juntarnos. Él mismo pidió que nos juntáramos de nuevo y lo haremos más adelante”, cuenta Bellolio.

–¿De qué manera el gobierno va a considerar estos diálogos que usted ha sostenido con Soublette y otros académicos?

–Nosotros las hemos considerado más en el sentido de abrirnos a procesos de escucha que después tienen incidencia en la manera en que uno hace política pública. Pongo un ejemplo: para el nuevo Plan Paso a Paso hicimos un plan de escucha con más de 140 organizaciones distintas, algunas súper opositoras al gobierno y otras más apartidistas. Esa apertura y esa riqueza intelectual me parecen a mí muy interesantes y me cambian la mirada de cómo decir ciertas cosas y enfrentar ciertos tópicos. Hay ciertas políticas que requieren una sensibilidad distinta, y escuchar y dialogar es parte clave. No es que esté incorporada en específico la mirada de alguien, sino que es más bien más general y de una mirada más de largo plazo.

–¿No pensó que su visita podía despertar suspicacias tanto en Soublette como en su entorno, dada la cercanía de la entrega del Premio Nacional de Humanidades?

–Nosotros llevábamos meses tratando de juntarnos, pero por el Covid, por tiempos míos y porque además yo tenía que viajar a Limache no pudimos juntarnos antes. Además, no podía ser por medios tecnológicos. Tenía que ser presencial y buscamos el momento adecuado en que fuese seguro y tuviéramos ese espacio de conversación. No tuvo nada que ver con la entrega del premio. En la conversación, sí pude valorar el inmenso aporte de Gastón Soublette en temas tan relevantes como la historiografía, la musicología, el valor de los pueblos originarios, entre otros.

–¿Cree que en el Premio Nacional, como en otros, existe un factor político?

–Los premios nacionales se otorgan a destacadas personalidades en base a lo que decide un comité especializado, que discute sobre la trayectoria, los aportes y las cualidades de las distintas personas nominadas.

Nosotros llevábamos meses tratando de juntarnos, pero por el Covid, por tiempos míos y porque además yo tenía que viajar a Limache no pudimos juntarnos antes. Además, no podía ser por medios tecnológicos. Tenía que ser presencial y buscamos el momento adecuado en que fuese seguro y tuviéramos ese espacio de conversación. No tuvo nada que ver con la entrega del premio.

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