Despidos por zoom

Me despidieron por Zoom

La pandemia no sólo cambió la manera de trabajar, sino también la forma en que nos despiden. Aquí, cuatro trabajadores cuentan su experiencia luego de ser desvinculados de sus empresas a través de una videollamada, un Zoom o una inesperada reunión por Meet.

Joel González ingresó a su correo institucional poco antes de las 10 de la mañana del pasado jueves 16 de septiembre. A través de él, como era habitual desde que se encontraba trabajando en el sistema telemático, aceptó la solicitud para una reunión por Meet, una de las tantas plataformas de videollamadas como Zoom o Teams que a partir de la llegada del coronavirus se masificaron entre trabajadores, estudiantes y que incluso comenzaron a operar en instituciones más tradicionales como el Congreso, el Poder Judicial o el sistema de salud. 

Al inicio de la reunión, al desbloquear la pantalla y el micrófono, se sorprendió de ver al encargado de recursos humanos conectado junto a su jefatura. Allí, como todo quien ha sido desvinculado de su empleo, entendió antes de escuchar el “estás despedido” de la boca de su superior, que su historia de casi diez años en la empresa aduanera en que trabajaba llegaba hasta ahí.

Al momento del despido, la guata se le revolvió y un animal se le atoró en la garganta. Las voces en su cabeza comenzaron a ser más fuertes que las que proyectaba el altavoz de su dispositivo. Mientras su empleador justificaba la decisión del despido, pensó en el crédito hipotecario que acababa de pedir y el pie que ya había pagado junto a su pareja para comprar su casa propia. El miedo y la incertidumbre se apoderaron de él. 

“No esperaba que me fueran a despedir por Meet. Me sentí super mal, me dio mucha lata y pena. Me asusté. Fue algo muy inesperado e impersonal. Me imagino que es un alivio para ellos no tener que lidiar en persona con alguien que se pueda molestar”, comenta Joel masticando aún el episodio a días de su despido. 

La reunión duró cinco minutos. Joel sólo recuerda lugares comunes y palabras con una cortesía impostada: “Que te vaya bien”, “te deseamos el mayor de los éxitos”, “no te preocupes, el lunes te esperamos para que veamos los papeles y el finiquito”, fue parte del diálogo que recuerda.  

Al desconectarse de la reunión, quedó en blanco. Unos minutos después, a las 10:23 de la mañana, decidió desahogarse en sus redes sociales con un mensaje corto pero preciso: “Estoy destruido, me acaban de despedir vía Teams, si alguien sabe de trabajos en lo que sea, me avisa”.

El mensaje fue compartido por 1.700 usuarios, quienes empatizaron con la situación de Joel. Algunos, incluso, le comentaron que también habían sido despedidos por videoconferencia a lo largo de la pandemia. 

“Yo tengo súper pocos seguidores, el mensaje lo escribí para mi grupo de amigos y familiares. Me sorprendió el impacto que tuvo el tuit en general. Me sorprendió para bien eso sí , recibí mucho apoyo de la gente”, cuenta Joel. 

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El académico en derecho del trabajo de la Universidad Andrés Bello, Anderson Weldt, explica que en Chile existe un procedimiento legal e intransigible para que se materialice un despido. “La ley es muy clara en eso, el despido siempre tiene que ser por escrito. Siempre”, afirma. 

Al respecto, añade que esa notificación escrita puede entregarse de manera personal o por carta certificada al domicilio del empleado. Precisa que en ningún caso se puede enviar por correo electrónico, Whatsapp o videollamada, a diferencia de países como Estados Unidos donde es una práctica legalizada.

Considerando la obligación del despido por escrito, Weldt aseguraque esta norma generalmente se cumple. Sin embargo, añade que la entrega de información previa a la formalidad legal de aquel documento es la que se está realizando a través de videoconferencias.

“En el acto del despido se producen dos fenómenos distintos: la información vale decir cuando un jefe llama a un trabajador y le dice “te aviso que a contar de ahora estás despedido”. Eso es una información, pero eso no es excluyente. Una cosa es informar, pero eso no vale, hay que cumplir con la formalidad legal por escrito, que es el segundo fenómeno”, añade Weldt.

Más allá de los aspectos jurídicos, Weldt reconoce que a lo largo de su experiencia en el derecho laboral, lo que más le molesta a los trabajadores son las “formas” de terminar las relaciones contractuales por parte de los empleadores. Maneras que, a su juicio, han sido aún peores por la impersonalidad de las redes. 

“Lo de las plataformas por videoconferencia hace que ese despido sea aún más impersonal, es como lo que pasó en Estados Unidos el año pasado, cuando despidieron a cientos de trabajadores por Zoom. Y ni siquiera los despidió una persona física, fueron despedidos a través de una grabación. Ese es un buen ejemplo de que el trabajador alega, más que por el despido, porque no se toman en cuenta los años de trabajo, ni la dignidad de ellos”, asegura el abogado. 

El ejemplo que menciona Weldt efectivamente ocurrió en California. Particularmente en la empresa de scooters eléctricos Bird (que opera también en Chile). Allí, más de 400 de sus empleados fueron despedidos por un mensaje genérico a través de Zoom, casi como si se tratara de una película de ciencia ficción.

Fue tal el escándalo por aquellos despidos, que el propio presidente de la empresa dio explicaciones en sus redes sociales. Travis VanderZanden aclaró en su cuenta de Twitter que no era una llamada grabada, sino una en directo. “No dejamos ir a los empleados con una llamada pregrabada, fue en vivo por Zoom, aunque no es lo ideal”, aseguró.

Con ese mensaje el empresario reconoció que efectivamente  despidió a un tercio de sus trabajadores por Zoom. Acción por la cual se disculpó en Twitter: “Visto en retrospectiva debimos hacer llamadas uno a uno a los cientos de afectados, aunque tomara un par de días”, añadió.

Muy lejos de California, en Santiago la cientista política Soledad Araya (27) cuenta una experiencia similar a la vivida por los empleados de Bird. Ella, oriunda de Taltal, llevaba casi 10 meses trabajando en una empresa dedicada a la consultoría de marketing. Ese era su primer trabajo con contrato indefinido desde que se tituló, por lo que decidió arrendar un departamento con una amiga, dejando atrás años en los que vivió gracias a la buena voluntad de otra amiga que le brindó techo. 

Llevaba apenas tres meses viviendo en su nuevo hogar, cuando llegó el coronavirus al país. Por lo mismo, a mediados de marzo del 2020 comenzó a trabajar de manera telemática. Dos semanas después, recibió una de las llamadas más insólitas de su vida. 

“Lo mío fue muy triste, ni siquiera me despidieron por Meet o Zoom, fue por una videollamada de Whatsapp que además se veía entrecortada”, cuenta hoy, a más de un año del despido y ya instalada en un nuevo empleo en una universidad.  

“Creo que lo pudieron hacer mejor. Citarme a la oficina o algo más formal. Sentí que mis jefes estaban llenando una lista de cosas por deshacer y que yo era un check más en esa lista de cosas. Sentí que se lo tomaron como algo sin importancia”, cuenta Soledad, quien agrega: “La reunión fue muy corta. Me dijeron que era por necesidades de la empresa, me ofrecieron una carta de recomendación y ese tipo de ayuda. Además me notificaron que me pagarían el mes de aviso y me dieron la dirección para ir a buscar mi finiquito. A los días me llegó la carta de despido”, asegura. 

Poco antes de terminar esa reunión, una nueva situación hizo aún más lamentable la escena del despido. Soledad la recuerda entre risas: “Ya estábamos terminando la reunión y me pidieron el computador de la empresa. Yo nunca tuve acceso a un computador de la empresa en mi casa. Me lleve los archivos a mi correo y trabajaba desde mi computador personal. Ellos ni siquiera sabían eso y ni siquiera era una empresa tan grande”, recuerda. 

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Gonzalo Gálvez también fue despedido a través de Zoom. Él, periodista de profesión, llevaba tres años trabajando como coordinador de comunicaciones en una universidad privada. El último de ellos en un régimen de home office por el coronavirus. Según cuenta Gonzalo, en medio de la pandemia la universidad resolvió disolver la unidad de comunicación, despidiendo a gran parte de los periodistas que allí trabajaban.

“Fuimos cayendo uno por uno. Mes a mes. Yo me mantuve un par de meses agarrado hasta que en mayo del 2021 me llegó la llamada vía Teams”, recuerda.

Pese a la poco convencional manera de ser despedido, Gonzalo asegura que entendió las razones de la empresa para hacerlo de esa manera. Recalca que en la reunión virtual intentaron ser lo más cordiales dentro de lo posible. 

“Se portaron bien en la llamada. Pero igual es raro, uno no está acostumbrado a eso, pero a mí me llamaron del decanato de la facultad. Me dieron explicaciones y todo. La forma y el trato fue bueno”. 

Gálvez asegura que gran parte de que él entendiera la situación se debió a que esos eran tiempos de altas cifras de contagio y de mortalidad por Covid-19, sobre todo ese mes.

“Quizás me pudieron citar allá, pero la verdad es que la situación estaba bien complicada con la pandemia. Todos nos tuvimos que adaptar, pudo haber sido distinto, pero creo que en mi caso fue la mejor manera posible. No sentí que fueran chuecos. Aunque sé que con algunos colegas la cuestión fue super fría, pero conmigo no se portaron mal”, cuenta. 

A diferencia de Gonzalo, Rodrigo Jara (50), un trabajador en el rubro de proyectos de arquitectura, no tiene un buen sabor con respecto a la manera en que lo despidieron de su último trabajo en una consultora de ingeniería en la que trabajó en Viña del Mar.

Alcanzó a trabajar allí casi un año. Cuenta que el despido se dio luego de que él pidiera una licencia médica por estrés. 

“Tuve un episodio de ansiedad. Presenté una licencia de cinco días. Después tomé mis vacaciones. De vuelta alcancé a trabajar tres semanas y me llamaron para cortarme en una reunión por Zoom. Usaron el argumento de necesidades para la empresa, pero luego de echarme pusieron un aviso de que estaban buscando gente para mi cargo”, señala.

Dice que el despido no lo tomó por sorpresa. Él solía tener reuniones por Zoom, pero esa mañana sospechó de qué se trataba, ya que una secretaria de la oficina lo llamó para recalcar la importancia de la reunión: “Eso me pareció raro. Empecé sospechar que me podían despedir”, dice, añadiendo que la reunión de despido fue un espectáculo triste. 

“El despido fue patético. Mientras era la reunión de Zoom, yo estaba teletrabajando con mi computador y ese computador lo tengo conectado a un monitor más grande. Por una pantalla estaba la reunión del Zoom en la que me estaban despidiendo, y en la otra pantalla veía que alguien se estaba metiendo a mi computador de la oficina, el que estaba conectado a teletrabajo. Estaban cerrando y borrando todos mis archivos. Fue como que me estuvieran desalojando”, asegura. 

Rodrigo cuenta que el despido le afectó en lo mental y que acrecentó el cuadro de estrés que había presentado semanas antes, por lo que empezó a asistir al psiquiatra: 

“Estaba con una cuestión en la guata, que no sabía lo que era y él me explicó que ese nudo en la guata era debido a la injusticia de ese despido. Uno no merece un trato así. Yo trabajé esos 16 meses de corrido. Esa licencia fue el único tiempo que falté, de hecho el médico que me atendió me dijo que me iba a dar 21 días de licencia y yo le dije ‘dame 5 no más y me tomo mis vacaciones’. Esto me dejó descompuesto, pero afortunadamente me hice asesorar con psiquiatras como corresponde y ahora está todo bien”.

Quien también dice sentirse mejor que en el momento de su despido es Joel González. Comenta que el fin de semana de las Fiestas Patrias lo ayudó a despejarse. También que le sirvieron el gran número de mensajes de ánimo que recibió luego de publicar el tuit de su despido. 

Cuenta que entre los buenos deseos y palabras de apoyo, incluso aparecieron nuevas ofertas de trabajo. Por lo mismo subió otro mensaje a sus redes agradeciendo el apoyo e intentado explicar lo que sintió luego de ser despedido por una videollamada, pero esta vez proyectando un nuevo futuro: 

“Gracias a todos por sus consejos y buenas vibras, ya está pasando más que nada la pena, mal que mal fueron 9 años dedicados y siempre da un poco de miedo empezar de nuevo”. 

https://www.theclinic.cl/2021/09/23/es-boomer-invalidar-una-fuente-como-wikipedia-directora-ejecutiva-de-wikimedia-analiza-el-efecto-que-provoco-el-choque-sichel-provoste/