Patricio Vera

Isabel Parra y el fin del Museo Violeta Parra: “Nos vamos con todas las obras de la Viola a la Universidad Católica”

Meses atrás, la hija y tutora del legado de la artista y cantautora chilena recibió una inesperada oferta del rector de la UC, Ignacio Sánchez. “Le abrió las puertas de la universidad a la Violeta para ser su nueva casa, y yo acepté”, revela Isabel a The Clinic. Las obras serán trasladadas desde los depósitos donde aún se encuentran tras los incendios que sufrió el museo durante el estallido, hasta el Campus Oriente de la UC, donde serán conservadas y exhibidas a contar del próximo año. “Para irnos, es necesario disolver el Museo Violeta Parra. Y estamos en eso”, cuenta.

Lo mantuvo en secreto hasta ahora.

El viernes 24 de septiembre dio un recital acústico en el Teatro Nescafé de las Artes. Fue su reencuentro con los escenarios y el público después de más de un año y medio de pandemia. La anterior había sido una semana cargada de entrevistas para ella, y en todas le hacían la misma pregunta: ¿Qué va a pasar con el Museo Violeta Parra? Isabel, su mayor y única hija viva, unas de las voces de la Nueva Canción Chilena y presidenta de la fundación que lleva el nombre de la multifacética artista, respondía lo mismo una y otra vez: “No tengo idea”. Dos días antes, sin embargo, cuenta hoy en su departamento en Providencia, había recibido un llamado de Ignacio Sánchez, rector de la Universidad Católica. Su oferta la tomó por sorpresa.

“Me propuso recibir a la Violeta Parra en la universidad con todo lo que eso significa; infraestructura, estudios sobre la Violeta, sobre su vida y obra, y un lugar de exhibición permanente como el Campus Oriente, además de la Casa Central. Le abrió, en definitiva, las puertas de la universidad a la Violeta para ser su nueva casa y tener todo lo que no hemos tenido nunca en el museo, y yo acepté”, revela Isabel Parra a The Clinic.

“Con el rector no hemos tenido relación alguna en el pasado, y que una persona como él tenga la finura y la deferencia de buscar mi teléfono y contactarme para ofrecerme esto, es realmente gratificante y esplendoroso. Como familia, estamos muy felices. Y la Violeta también, eso lo doy por hecho. Ella estaría totalmente aprobando este cambio de barrio. Por esa razón, nosotros nos vamos con todas las obras de la Viola a la Universidad Católica. Y para irnos, es necesario disolver el Museo Violeta Parra. Y estamos en eso”, asegura.

“Me propuso recibir a la Violeta Parra en la universidad con todo lo que eso significa; infraestructura, estudios sobre la Violeta, sobre su vida y obra, y un lugar de exhibición permanente como el Campus Oriente, además de la Casa Central. Le abrió, en definitiva, las puertas de la universidad a la Violeta para ser su nueva casa y tener todo lo que no hemos tenido nunca en el museo, y yo acepté”, revela Isabel Parra a The Clinic.

El museo abrió sus puertas el 4 de octubre de 2015, tras años de espera. Emplazado en Vicuña Mackenna 37, a pasos de la Plaza Dignidad y la denominada Zona Cero, el edificio tenía un característico diseño de guitarra que fue encargado al arquitecto chileno Cristián Undurraga y el proyecto tuvo un costo total de más de $900 millones financiados por el Estado. En pleno estallido social, hace ya dos años, el edificio sufrió los costos de la revuelta en las calles y fue incendiado tres veces en menos de tres semanas: el primero fue el 7 de febrero de 2020, cuando fueron necesarias diecinueve compañías de bomberos para apagar el fuego; luego otro el viernes 28 de febrero y un tercero al día siguiente. La planta fue consumida por las llamas. El museo se cambió de sede y reabrió sus puertas el 8 de febrero de este año en el Centro de Extensión del Instituto Nacional (CEINA), que también alberga hoy al Cine Arte Alameda.

“Mi hija Milena (Rojas, jefa de Colecciones y Patrimonio del museo) y otras personas se organizaron para sacar todas las obras antes de que se desatara toda esa locura que se desató, y las resguardaron y llevaron a los depósitos. Y menos mal que se hizo, porque en el museo todo quedó inutilizable. Lo que no se alcanzó a quemar, quedó impregnado de ese humo negro y de esa huella fétida de muerte, porque no se me ocurre otra palabra que muerte. Ese museo floreciente, que tanto le gustaba a la gente, se acabó”, comenta la también cantautora de 82 años.

En paralelo a la catástrofe material surgió la crisis interna al interior del espacio y el distanciamiento con Cecilia García-Huidobro, directora del museo, recuerda hoy Isabel: “Yo estoy alejada ya del museo. Distanciada sin vuelta. Mi relación con la dirección del museo estaba totalmente partida, sobre todo a contar del estallido. Y hasta el día de hoy lo está”.

“Yo no quería hablar más sobre el museo, estaba comiéndome la mierda y el dolor. Desde el tercer incendio, yo decía: no queremos reconstruir el museo en Vicuña Mackenna. No vamos a reconstruir el museo ahí por ninguna razón. Nosotros nos vamos con la Violeta, pero no sabemos dónde. Lo único que yo tenía claro era que no volvíamos a la Zona Cero. En las puertas del museo le dispararon a Gustavo Gatica, que fue uno de los ciegos que dejó todo ese periodo doloroso y violento. Ese era mi discurso y lo fue hasta septiembre pasado, cuando di mi último recital y todas esas entrevistas. En medio de todo ese dolor y esa angustia, apareció esta oferta de la Universidad Católica y fue impactante. Yo me volví loca de felicidad. En el museo ya están al tanto, pero nadie más lo sabe”, asegura.

“Yo no quería hablar más sobre el museo, estaba comiéndome la mierda y el dolor. Desde el tercer incendio, yo decía: no queremos reconstruir el museo en Vicuña Mackenna. No vamos a reconstruir el museo ahí por ninguna razón. Nosotros nos vamos con la Violeta, pero no sabemos dónde. Lo único que yo tenía claro era que no volvíamos a la Zona Cero”.

En paralelo a los trámites que implican la disolución administrativa del Museo Violeta Parra, Isabel ha puesto en marcha lo que será el traslado de las más de 50 obras que pertenecen a la Fundación que lleva también el nombre de su madre, entre arpilleras, trabajos en papel maché y pinturas, y que hasta el día de hoy permanecen en distintos depósitos de la Universidad de Chile, uno en el Museo de Arte Contemporáneo y otro en la Facultad de Medicina de la misma, en Quinta Normal. Todas llegarán hasta las dependencias de la Facultad de Artes de la UC, cuenta, donde serán restauradas y exhibidas a contar del próximo año.

-¿Cuál será la figura legal de ese traspaso de las obras a la UC?

-Es una figura que tenemos que acordar aún. No hay ninguna imposición de ningún tipo. La obra es nuestra, seguirá siéndolo y nosotros la prestaremos bajo diferentes condiciones. Será seguramente un comodato, un préstamo voluntario y permanente de todas las obras, como hace la Fundación Van Gogh y la de muchos otros artistas. Yo tengo la confianza y toda la fe de que saldremos ganando y que la Violeta también. Las obras no solo se exhibirán en los salones y pasillos del Campus Oriente y la Casa Central, sino que habrá además estudios sobre el arte visual de Violeta Parra, se estimulará el interés académico en su obra y también habrá itinerancias, que no hemos tenido nunca. ¡La Violeta no ha ido ni a Talagante! Entonces, todo lo que ha querido hacer la Fundación Violeta Parra con la obra no lo ha podido hacer y lo vamos a poder concretar con la universidad.   

-¿Cuándo se concretará el traspaso?

-Este proyecto se comenzará a concretar cuando finiquitemos el traspaso. Lo más probable es que las cosas estén resueltas a partir de marzo del próximo año, a comienzos del año académico. Espero que las obras ya estén allá para esa fecha.

“Las obras no solo se exhibirán en los salones y pasillos del Campus Oriente y la Casa Central, sino que habrá además estudios sobre el arte visual de Violeta Parra, se estimulará el interés académico en su obra y también habrá itinerancias, que no hemos tenido nunca. ¡La Violeta no ha ido ni a Talagante!”

-¿Qué pasará con el terreno y lo que quedó del edificio del museo?

-No tengo idea. Será el gobierno el que tome las decisiones a futuro.

-¿Qué conclusiones saca hoy de esa pérdida?

-El museo estaba muy mal protegido, eso es lo primero que hay que decir. Debió tener, como la Embajada de Argentina de al lado, un portón de fierro cuando se avecinaba todo o en realidad desde siempre. Había que levantar ahí un fuerte. Y por supuesto no se hizo. Hubiera sido raro que no quemaran un museo que estaba abierto y al lado de un sitio eriazo además, donde los pacos entraban y les cambiaban las ruedas a sus vehículos. Fue muy duro y lo pasamos muy mal. Fue muy violento todo. Yo creo que lo más violento que puede hacer el ser humano es prenderle fuego a un espacio para la cultura como era el Museo Violeta Parra. Quemar la vida cultural no tiene nombre. ¡Y la quemaron los cabros! Bueno, hay 200 teorías sobre quién lo hizo y aún no se sabe nada.

-¿Que pasó con la investigación que había por los incendios?

-Hay una investigación, pero es por decir que la hay y que hay algo, en realidad. Si realmente la hubiera, se supone que nosotros deberíamos estar en un seguimiento de esa investigación, y hasta ahora nunca me han llamado para nada que tenga que ver con el incendio del museo o una investigación. Ni siquiera la ministra de Cultura (Consuelo Valdés) se apareció por el museo. Ese es el interés que ha habido.

-¿Critica la gestión que se hizo durante estos años en el museo?

-Fíjate que hace un tiempo postulamos a la Violeta Parra a la Bienal de Venecia, y desde la organización echaron de menos que el proyecto no la mostrara en profundidad. Eso es un fracaso para quienes manejan a la Violeta Parra y para quienes son responsables del prestigio, además de para quienes la postularon. Entonces, hay carencias. Siempre las hubo. Y esa responsabilidad la tuvo la dirección del museo.

Un regreso

El futuro arribo de Violeta Parra y sus obras a la Universidad Católica será más bien un regreso, comenta su hija: un año después de que la autora se quitara la vida de un disparo en febrero de 1967, el entonces rector de la universidad, Fernando Castillo Velasco, organizó A Violeta Parra, el primer homenaje y muestra póstuma de la cantautora de Gracias a la vida en Chile.

“Aún conservo el afiche original de ese evento. Fue en la Casa Central y hubo varias obras suyas que fueron expuestas, además de invitados, mesas de conversación, mucha música y amigos suyos. Me acuerdo en particular de Margot Loyola. Era 1968, yo tenía a mi hija chica, y acordarse de ese momento hoy es muy emocionante porque la muerte de mi mamá había sido muy reciente, pero también porque pienso en que la Violeta ya estuvo ahí, en la universidad, y que ahora va a volver a ese lugar. Eso es muy emocionante para mí”, dice Isabel.

A sus espaldas, en el living de su departamento, cuelga de una de las paredes la obra 5 de abril, una cruenta escena de la Matanza del Seguro Obrero ocurrida ese mismo día del año 1932 y que su madre pintó sobre una superficie de cartón.  

“Mi mamá tenía un cuñado que trabajaba en la papelera, el tío Joaquín, marido de su hermana Hilda. La Violeta pintó muchos cartones gigantes, no era una artista excéntrica. Ella trabajaba con materiales muy domésticos”, recuerda.

“Ella me sostiene. Es muy fuerte la conexión, porque es mi amiga, además de mi mamá. De cierta manera, es ella quien me dice lo que viene. Y lo que hay que hacer. Ella sabe que tiene una hija que aguanta, y que aguanta de la mejor manera. A mí me hace bien preocuparme de la Violeta Parra

“Me impresiona que en algunos sectores en Chile se siga considerando a la Violeta una artista menor. Porque a pesar del renombre, Violeta Parra es una artista popular en este país. Es el único donde le han puesto esa etiqueta. Y es muy gratificante que ahora la academia haga nuevamente este gesto de nobleza y de valoración hacia ella. La Universidad de Concepción fue la primera en interesarse en su obra y su visión. La contrataron, se la llevaron a dar clases y hasta hoy tienen una cátedra con su nombre. Las universidades siempre han apadrinado a los artistas notables del mundo. La misma UC tiene en su colección las obras de Gastón Soublette, de José Gandarillas, de Huidobro. Ahora van a recibir toda la pintura religiosa de Claudio Di Girolamo, que es maravilla, y que la Violeta se sume a todo ese universo son, para mí, palabras mayores”. 

-¿Cómo es tu conexión personal hoy con tu mamá?

-Ella me sostiene. Es muy fuerte la conexión, porque es mi amiga, además de mi mamá. De cierta manera, es ella quien me dice lo que viene. Y lo que hay que hacer. Ella sabe que tiene una hija que aguanta, y que aguanta de la mejor manera. A mí me hace bien preocuparme de la Violeta Parra. De repente despotrico porque hay mucha dificultad, pero me alegra que ella no haya presenciado la quema de su museo. Y este cambio de acción con la Universidad Católica es un formidable regalo para ella. No sé si tendré el tiempo, por la larga vida que tengo, de ver todos los frutos que dará este paso, pero para mí ahí se queda la Violeta y ahí va a permanecer, en la Universidad Católica.

Radiografía del presente

Goza de buena salud y dice haber llegado, a sus 82 años, al momento de su vida en que puede gozar también de los privilegios de la tercera edad. “Me dicen pase señora, y yo no me niego nunca. Estoy más vieja, pero aún tengo la misma energía”, dice Isabel Parra. A pesar de las buenas noticias y del provechoso periodo que ha vivido durante la pandemia en términos creativos, la cantautora reconoce sentirse a ratos “como la mona” y aturdida por el escenario político por el que atraviesa el país.

“Estoy triste, deprimida, con rabia, de todo. Estoy como creo que está medio Chile, medio nomás, porque este país son dos países en uno. Chile está partido en dos, pero esto viene del siglo pasado. Desde que tengo memoria que está esta división entre pobres y ricos, y es muy duro seguir viviendo en un país así de desigual”.

-¿Cómo ves la polarización que hay hoy en el país?

-La conozco, y es similar a la que había previo a la Unidad Popular. Había mucha resistencia de ciertos sectores, y siempre hubo esa división. Cuando hablan de la diversidad social y política en Chile, es real, porque hay de todo, y por eso la unificación que uno esperaría, ese equilibrio en la comunidad y la sociedad chilena, no existe. Entonces, claro, estoy como la mona cuando pienso en este candidato que quiere suprimir el Ministerio de la Mujer, o en el famoso diputado ése (Johannes Káyser), que debería ir preso por su supuesto sarcasmo y por difamar al ser humano. Es muy patético lo que veo hoy en Chile, y muy deprimente también.

-¿Cómo te tomas la suerte de satanización que hay incluso hoy con la izquierda?

-Herencia de la dictadura, eso es. Es la gran herencia que nos dejó Pinochet, porque los comunistas para Pinochet eran la pandemia permanente e histórica. “El cáncer marxista”, eso se le quedó a la gente. Yo fui militante de las Juventudes Comunistas, tuve muchos compañeros que amé mucho y que están desaparecidos, el Víctor Jara fue asesinado por comunista y por cantor revolucionario. Entonces, a estas alturas de la vida que la gente tenga miedo de la palabra comunismo o comunista, y que además la derecha lo use para volver a la campaña del terror de la Unidad Popular, es horrible y vergonzoso. Uno dice por qué la gente es tan tarada acá en Chile. Por qué hablan tanta imbecilidad y cómo es posible que Pinochet siga reinando en el reino de Kast. Cómo es posible eso.

“Entonces, claro, estoy como la mona cuando pienso en este candidato que quiere suprimir el Ministerio de la Mujer, o en el famoso diputado ése (Johannes Káyser), que debería ir preso por su supuesto sarcasmo y por difamar al ser humano. Es muy patético lo que veo hoy en Chile, y muy deprimente también”

-¿Y las divisiones y dudas al interior de la misma izquierda y centroizquierda?

-También me molesta mucho eso, la justificación del voto. Hay tantos en la izquierda diciendo que, como ellos son marxistas y leninistas, no les quedó de otra y tuvieron que votar por Boric. Yo creo que no es el momento de pensar así. No es el momento de tratarnos de amarillos ni de ponernos más etiquetas tan así sueltos de boca. Mucho menos de titubear al respecto. Yo tengo mucha confianza en Gabriel Boric, toda la confianza, y es fantástico que un hombre tan joven como él esté al frente de este tremendo buque y de ese tremendo y único enemigo además, que es el fascismo. Yo aún creo que todo se puede revertir, y para eso hay que estar juntos y acompañarse.

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