Patricio Vera

Cantar como soprano para recuperarse del Covid

En la Universidad Católica implementaron este año el programa “Respira, sana y canta”: 12 sesiones on line en que cantantes líricas ayudan a convalecientes de Covid a recuperar su voz, su respiración y sus energías. Cantan melodías clásicas, desde Mozart a villancicos navideños. Los resultados son sorprendentes. Esta es la crónica de esas clases que son mucho más que música.

Jenny activa el sonido de su cámara y toma la palabra. Cuenta que tiene 38 años, dos hijas y que trabaja como asistente social en un hospital de Santiago. Allí se contagió de Covid en junio del año pasado. Estuvo grave, más de un mes y medio intubada. Fue una paciente en estado crítico; estuvo varios momentos casi muerta. Algunos días dejaban entrar a su esposo para que la acompañara, aunque ella estuviera inconsciente. Como a sus pulmones se les olvidó respirar, tuvieron que hacerle incluso una traqueotomía. Pero sobrevivió. Hoy está agradecida de estar viva, aunque carga con secuelas respiratorias que la hacen ahogarse cuando habla o hace un esfuerzo.

“Estoy aquí porque me encanta cantar”, dice, optimista, con voz levemente disfónica.

Es lunes 2 de agosto, siete de la tarde; y en la pantalla de este Zoom sólo hay mujeres. Todas tuvieron Covid, con distintos estados de gravedad. El de Jenny fue el caso más extremo. Varias de esta reunión ya lo conocían, porque trabajan con ella en el mismo hospital en Peñaflor. Por ejemplo, Cindy, quien también se contagió allí, donde trabaja como asistente social, aunque ella pudo pasar la enfermedad en su casa. O Javiera, fonoaudióloga de ese hospital, a quien el coronavirus le dio tos y dolor de cabeza; y optó por irse a una residencia sanitaria junto a su hija. También Carolina, nutricionista, a quien el Covid le dejó una afonía permanente, pero también una lección: que hay que mirar la muerte con menos dramatismo, como un ciclo más de la vida. 

Claudia las escucha en silencio. No las conocía antes de que se encendieran las cámaras. Cuando le toca hablar, se quiebra con timidez. Cuenta que el Covid le quitó a dos hermanos con una diferencia de apenas cinco días; y un tercero estuvo 45 días hospitalizado. Eso fue en junio del año pasado. Este 2021, se contagió ella, su marido, sus tres hijos y una hermana, quien también estuvo grave en un hospital. A Claudia le provocó una neumonía rebelde, que luego la tuvo más de un mes en rehabilitación. Desde entonces tiene crisis de pánico.

“Todo ha sido muy doloroso… Estoy aquí porque quiero mirar al Covid de una manera menos triste”, dice, aún conmovida.

Cuando ya han hablado todas, lo hace Vanessa Rojas. Ella es la única que no ha tenido Covid, pero es quien se hará cargo de acoger y ayudar a estas mujeres que sí lo padecieron. No lo hará desde la medicina ni con un tratamiento convencional, sino a través de la música. Tiene 25 años y es soprano. Asiste a una academia en el Teatro Municipal de Santiago; y sabe bien lo que es ayudar a otros a sacar la voz: dirige coros de niños en Vitacura y en La Cisterna.

“Ustedes serán mis alumnas de canto. Pero no importa si cantan bien o mal, no voy a pedirles eso -dice Vanessa, en una personal declaración de principios-. Yo quiero que lo pasen bien y aprendan técnicas para respirar mejor. Que ellas les ayuden en su proceso de sanación y para la vida. Van a abrir un espacio que nunca se han dado y van a enfrentar su cuerpo desde otra perspectiva. No tengan pudor de emocionarse. En arte, el llanto es la puerta a la libertad de las emociones”.

“Todo ha sido muy doloroso… Estoy aquí porque quiero mirar al Covid de una manera menos triste”, dice, aún conmovida.

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Lo que hace Vanessa Rojas no es fortuito ni una improvisación. Sus clases son parte de un programa gratuito que la Universidad Católica armó en julio y se llama “Respira, sana y canta”. Son dos sopranos y una mezzosoprano que, en ciclos de 12 sesiones -tres por semana- realizadas por Zoom, ayudan a personas convalecientes de Covid a reactivar su sistema respiratorio y a estimular su voz a través de cantar música clásica. Las tres jóvenes profesoras conocen de qué se trata ese trabajo: para poder cantar profesionalmente, ellas están ejercitando su respiración toda la vida; y es esa técnica la que enseñan en estos talleres.

Ejercicios de respiración del programa “Respira, sana y canta”.

La idea fue pensada por la cantante lírica Miryam SingerPremio Nacional de Artes Musicales y jefa de la Dirección de Artes y Culturas en la Universidad Católica-, luego de ver los buenos resultados de una iniciativa de la English National Opera: ENO Breath. Durante 2020, esta institución inglesa realizó un programa piloto que consistía en usar las mismas técnicas de respiración de los intérpretes líricos para apoyar a los pacientes de Covid que tenían dificultades para respirar y, de paso, elevar sus niveles de felicidad. Comenzaron con 12 personas, y seis meses después ya habían atendido a mil, en un esfuerzo que reunió a diez hospitales del norte de Inglaterra.

“Van a abrir un espacio que nunca se han dado y van a enfrentar su cuerpo desde otra perspectiva. No tengan pudor de emocionarse. En arte, el llanto es la puerta a la libertad de las emociones”.

“En nuestro programa en Chile, estos tres meses hemos estado en contacto con doce centros hospitalarios y en los talleres on line han participado unas 70 personas recuperadas de Covid. En tanto, las cápsulas con ejercicios en nuestra página web han tenido miles de visitas -cuenta Miryam Singer-. Pero queremos más. Están el potencial y las ganas para llegar a más gente en Chile y en otros países del Cono Sur que quieran sanarse cantando. Esta es una iniciativa benéfica que puede ayudar a tantas, tantas personas”.

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Entre las presentaciones de la primera clase hubo una más. La mía. Me contagié de Covid en septiembre del año pasado. La complicación de mi neumonía no dejó otra opción que conectarme a ventilación mecánica. Estuve tres semanas intubado, en las cuales hice todas las complicaciones posibles. La última, la que me tuvo al borde de la muerte, fue cuando el virus reventó mis intestinos y debí entrar de emergencia a pabellón. La pericia del cirujano y una dosis de suerte me salvaron la vida.

Escucho con atención a Jenny, a Cindy, a Javiera, a Carolina, a Claudia. Estoy aquí para contar y escribir sus historias, que inevitablemente hablan también de la mía. Los recuperados del Covid, a fin de cuentas, formamos una sola tribu.

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Lunes 9 de agosto, siete de la tarde, cuarta sesión.

Sólo llegan al Zoom tres alumnas: Cindy, Claudia y Jenny. Las tres son muy puntuales. Llegan, además, con un repertorio ya definido. En la clase anterior, decidideron que querían cantar sólo música docta. Nada pop. Sentirse cantantes líricas, aunque sea la media hora que dura cada encuentro.

“En nuestro programa en Chile, estos tres meses hemos estado en contacto con doce centros hospitalarios y en los talleres on line han participado unas 70 personas recuperadas de Covid. En tanto, las cápsulas con ejercicios en nuestra página web han tenido miles de visitas -cuenta Miryam Singer-. Pero queremos más. Están el potencial y las ganas para llegar a más gente en Chile y en otros países del Cono Sur que quieran sanarse cantando. Esta es una iniciativa benéfica que puede ayudar a tantas, tantas personas”.

Para comenzar, como cada clase, Vanessa las hace ponerse de pie. La idea es activar la musculatura, les repite. “Como cantantes, nuestro instrumento no es la voz, ni las cuerdas vocales, ni la laringe, sino el cuerpo completo”, explica. Entonces empiezan a estirar y encojer los brazos. Inspiran profundo, exhalan lento. “Mírense por dentro”, pide la profesora. Luego separan las piernas y se llevan las manos a las puntas de los pies. Se dan palmadas rápidas en el pecho, en el vientre, en los muslos. Expanden el tórax. Se masajean el cráneo con todos los dedos. Aprietan las manos. Echan los hombros hacia atrás. Giran la cabeza en círculos sobre el cuello.

Ejercicios de calentamiento respiratorio del programa “Respira, sana y canta”.

Luego empiezan las vocalizaciones. Les pide sentarse erguidas sobre una silla y hacer el sonido de una T y varias S casi sin abrir la boca. Primero inspirar y luego, botando el aire, pronunciar esas letras de forma sostenida: TSSSSSSSSS. Lo hacen varias veces, y Vanessa las acompaña al piano.

“Me avisan si se marean”, advierte.

Vanessa les pide trabajar la letra M, con una voz alta. Les da una nota al piano, y sus alumnas comienzan: MMMMMMMM. “Eso, que les pique por dentro”, dice. Y les van contando con los dedos el tiempo en que deben mantener ese sonido: uno, dos, tres cuatro, cinco…

“Que vibre la garganta, como si fuera un baño de burbujas por dentro”, les dice Vanessa, antes de repetir por cuarta vez la rutina de la letra arrastrada. “Vamos, vamos, estos ejercicios son el gimnasio para entrenar el aire”.

Escucho con atención a Jenny, a Cindy, a Javiera, a Carolina, a Claudia. Estoy aquí para contar y escribir sus historias, que inevitablemente hablan también de la mía. Los recuperados del Covid, a fin de cuentas, formamos una sola tribu.

Jenny se detiene. Le quita el sonido a su cámara. Se lleva las manos al rostro y se pone a llorar. Vanessa le pone pausa a la clase. “Jenny, ¿qué pasa?”. Jenny sigue llorando. “Tranquila, no pasa nada. No hagas el ejercicio si no puedes”. Jenny continúa llorando. “Pasaste por un proceso muy difícil, no debes sobreexigirte”. Jenny sigue llorando, en silencio.

“Daría todo para estar contigo y darte un abrazo”, la consuela Vanessa.

Jenny dejar pasar unos minutos; y recién entonces puede hablar. “Siento dolor al hacer vibrar la garganta, y no puedo continuar”, dice con voz gangosa después del llanto.

“Tu presencia es un regalo para nosotras”, le responde Vanessa, también emocionada.

La profesora le pregunta a la clase si quieren cantar o quedarse con los ejercicios aeróbicos. “Sigamos cantando, démosle”, responde Jenny, con el entusiasmo renacido. “Lo que ella diga”, comenta el resto. Y como aquí se trata de sanar el cuerpo y el alma con música, Vanessa da las indicaciones para cantar “Laudate omnes gentes”.

La idea, explica, es cantar cada frase de una sola vez, sin tomar aire en medio: “De un fiato, como decimos los cantantes”. Agrega que la voz va sobre ese aire, no volando sobre la nada. Comparte la partitura en la pantalla del Zoom, y las alumnas cantan muy entonadas:

Laudate omnes gentes / Laudate dominum / Laudate omnes gentes / Laudate dominum

Laudate omnes gentes

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Respirar es mucho más que meter aire al cuerpo. Miryam Singer explica el alcance profundo de esta palabra: “Respirar es un asunto que en nuestra civilización no ha sido covenientemente abordado. Si miras civilizaciones orientales, el famoso ‘ohmmmm’ por ejemplo, ves que esos maestros se percataron de cuán importante es el acto de respirar, en un nivel muy espiritual, y descubrieron que es la interfase más perfecta entre el interior y el exterior. A través de ese aire que respiras, conectas todo su ser interno, tus materias, tus células, tus cromosomas, con lo que está más allá en una dimensión física, espiritual, metafísica, emocional y también social, porque ahí afuera están el mundo y los demás. Pero en nuestra civilización eso no está presente con la misma fuerza que tiene en el Lejano Oriente. Entonces el Covid, que afecta justamente el sistema respiratorio, viene a recordárnoslo. Y en este programa nuestro conectamos con eso, con el conocimiento que hemos perdido acerca de cómo respira el cuerpo”.

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Sesión siete. Lunes 16 de agosto.

“Estoy contenta con sus mejorías. Las veo consciente de su propio cuerpo; ¡bien!”. Así, con tono de arenga, comienza Vanessa la clase. La escuchan Claudia, Carolina y Cindy. No está Jenny; y no estará más. Después de una consulta con su fonoaudiólogo por sus cuerdas vocales decidió no exigirse más de lo que puede. Les prometió a su maestra que tomará más adelante el taller.

Respirar es mucho más que meter aire al cuerpo. Miryam Singer explica el alcance profundo de esta palabra: “Respirar es un asunto que en nuestra civilización no ha sido covenientemente abordado”.

El ejercicio de vocalización de hoy es con un vaso, un poco de agua y una bombilla. “La bombilla alarga la tráquea, y con eso ejercitaremos las cuerdas vocales con bajo impacto”, explica Vanessa. Da una nota al piano y pide que hagan el sonido sostenido de una U soplando a través de la bombilla. “El agua ofrece una resistencia, y eso ayuda”, señala.  “Es importante que mantengan siempre la postura erguida, aunque se les acabe el aire”.

Suma mas notas y pide cantarlas dentro de la bombilla, hasta que ya no tengan más aire en los pulmones. Dice que sientan cómo se activa la musculatura intercostal, al inspirar y al soplar una y otra vez. “La resistencia del agua hace de precalentamiento de la voz”, insiste.

Luego vienen los ejercicios de resonancia. Cantar y repetir una sílaba, según la melodía del piano. Que el aire salga parejito, pide la profesora. “Y la lengua relajada, traposa, como si estuvieran ebrias”, explica.

Ya listas, con la voz a punto, pasan a la segunda canción del taller. “Da pacem Domine”, de Mozart. Comparte la partitura en pantalla y canta sola para mostrar la melodía y los momentos de respiración:

Da pacem Domine / Da pacem Domine / In diebus nostris

Da pacem Domine”, de Mozart.

Cantan todas juntas. “Eso, con voz natural, pero como si tuvieran una sensación de bostezo”, las motiva Vanessa.

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“Me emociono en las clases, claro; pero me autorregulo mucho, porque soy quien debe contener a los alumnos. Uno enfrenta historias fuertes, sientes el dolor y frustración de las personas después del Covid. Me emociona también verlos avanzar y sonreír, y que vayan recuperando su calidad de vida”, reflexiona Vanessa Rojas cuando ya ha cerrado el Zoom. “Cantar es sanar porque cantar es una expresión natural del alma, y porque entrega un momento de pausa y de conexión con uno mismo en medio de una sociedad del rendimiento en que siempre debes estar volcado hacia afuera y donde parar es visto como un fracaso”.

Respira bien, como ella sabe hacerlo, y agrega: “En medio del martirio y el estancamiento que ha vivido mi mundo profesional con la pandemia, los alumnos de este programa me dan su alegría y me levantan el espíritu. Yo también sano con ellos. Ha sido una sorpresa hermosa”.

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Última sesión. Lunes 30 de agosto, siete de la tarde.

Están Carolina, Cindy y Claudia. Son las alumnas que han registrado la mejor asistencia en el taller. Ya casi no necesitan las indicaciones de la profesora para hacer la rutina de precalentamiento: se ponen de pie, activan sus brazos, su pecho, su espalda. Se estiran, se encogen. Sienten el aire instalado en su estómago. Luego, se focalizan en sus gargantas: inspiran y sueltan el aire haciendo largos sonidos con las letras M y S.

“Respiren con una sonrisa, con sensación de gratitud. Respiren y llamen al bienestar”, les aconseja Vanessa. Y todas lo hacen: respiran profundo y sonríen. Una clase feliz.

“Cantar es sanar porque cantar es una expresión natural del alma, y porque entrega un momento de pausa y de conexión con uno mismo en medio de una sociedad del rendimiento en que siempre debes estar volcado hacia afuera y donde parar es visto como un fracaso”.

“Eso, relajadas como si fueran una pluma. No fuercen la garganta. No es necesario que pongan mucha voz, lo importante es que al aire no deje de correr. Así, bien, siempre delicadas”, las va guiando la soprano.

Hoy, como cierra del curso, van a cantar las cuatro canciones que han aprendido. Y lo harán de memoria, sin apuntes. Sólo siguiendo las melodías que Vanessa tocará en el piano.

La primera es “Adeste fideles”. Todas, muy concentradas, van entonando: Adeste fideles / laeti triumphantes / venite venite in Bethlehem / Natum videte regem angelorum / venite, adoremus / venite, adoremus / venite, adoremus, Dominum

Adeste fideles

Solemnes, continúan con “Laudate omnes gentes”. “Muy bien, cantando derechitas y sin forzar la garganta”, les pide Vanessa.  Siguen con “Da pacem Domine”. Y rematan con la única canción en castellano del repertorio, “Los ángeles del cielo”, del grupo Mazapán. Los ángeles de cielo anuncian con su cantar / Que el hijo de Dios ha nacido / y sonríe en un pajar.

Vanessa las aplaude. Y ellas se aplauden a sí mismas, emocionadas.

Claudia, la mujer a quien el Covid le hizo vivir el duelo de sus hermanos, da las gracias, porque dice que este taller le devolvió la seguridad en sí misma y también una respiración calmada. Cuenta que aún sigue con crisis de pánico, pero que aprender a manejar el aire ha sido una ayuda para enfrentarlas.

Los ángeles del cielo

Carolina, la de la afonía permanente, dice que con este taller nunca más perdió la voz durante el día. Y que, como respira mejor, se cansa menos. Puede subir al segundo piso de su casa sin ahogarse en la escalera, secuela común entre quienes han sufrido el coronavirus. “Ha sido una experiencia maravillosa”, reconoce.

Cindy, la que tuvo el Covid leve y pudo pasarlo en su casa, dice que en este taller aprendió a relajarse y que volvió a dormir bien en las noches. Aunque lo más importante, confiesa, es que retomó su viejo gusto por cantar; y anuncia que ya no se detendrá más.

“Sólo quiero decirles que nunca olviden que las artes hacen que llevemos el cuerpo a límites que no pensaríamos en lo cotidiano -les dice Vanessa, conteniendo las lágrimas, cuando ya todas sus alumnas terminaron de hablar-. Eso hicimos aquí: expandimos los límites. Cuando uno hace arte se convierte en vehículo de algo superior”.

Es hora de despedirse. La soprano respira hondo. Mira a Cindy, a Claudia, a Carolina. Y pronuncia la última frase de este taller:

“Ustedes son sobrevivientes y ahora también son artistas”.

Si tuviste Covid-19, puedes participar del programa gratuito de la Universidad Católica si tu médico tratante considera que estás en condiciones de hacerlo. Para ello, puedes escribir a [email protected] con los datos de contacto de tu médico. Más información en https://respirasanaycanta.uc.cl/

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