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7 de Diciembre de 2021

¿Qué deben saber los candidatos sobre la tercera edad?: “Kast y Boric hablan de cuidado. Eso no pasaba antes”, dice experta

La imagen muestra a un grupo de adultos mayores reunidos

El envejecimiento etario de la población chilena, la salud mental de los adultos mayores, el rol de las cuidadoras y su inclusión en los programas de gobierno de los actuales candidatos presidenciales son algunas de las aristas desarrolladas por Alejandra Araya, investigadora asociada del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado, en conversación con The Clinic. "Es muy importante que ojalá exista un compromiso de Estado" en el tema de cuidados, sostiene la experta.

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Se ha dicho desde hace tiempo: las personas mayores en Chile tienen un gran compromiso cívico y tienden a ir a votar en las elecciones. De acuerdo con un reciente estudio de DecideChile, 53% de los votantes de entre 50 y 70 años acudieron a las urnas el pasado 21 de noviembre, y 40% de los mayores de 70 años lo hicieron.

Frente a esas cifras, los candidatos que van al balotaje deberían estar atentos a las necesidades de este grupo etario. Pero, como bien indica Alejandra Araya, investigadora del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado (MICARE), los adultos mayores componen un grupo heterogéneo, con demandas y urgencias distintas. Más todavía si se considera que Chile es uno de los países de América Latina con mayor grado de envejecimiento demográfico.

“Yo creo que siempre es una buena noticia que los países puedan envejecer. Por suerte nuestro país tiene los medios y los avances tecnológicos que hacen que las personas puedan vivir más, y eso es una buena noticia”, dice la también Enfermera-matrona y Doctorado en Filosofía de las Ciencias de la Enfermería, con quien The Clinic conversó sobre diferentes aristas asociadas a la tercera edad, y sobre el rol de las cuidadoras en la vida de los adultos mayores.

¿Cómo siente que Chile está enfrentando el desafío del envejecimiento de la población?

-Nosotros estamos envejeciendo siendo un país aún en vías de desarrollo, a diferencia de los países europeos que envejecieron, pero ya siendo países desarrollados. Eso lo que marca es la cantidad de recursos, de infraestructura, de programas y, en el fondo, robustez económica para abordar el envejecimiento, y creo que ese es nuestro principal desafío, que nosotros estamos envejeciendo de hecho más rápido de lo que envejecieron los países europeos, pero no hemos ido como sociedad ni como estado, independiente del gobierno de turno, avanzando al mismo ritmo. Entonces tenemos ciertos desafíos que debemos ir abordando ojalá lo más rápido posible.

¿Qué desafíos?

-Yo diría que uno, a mi juicio, es abordar la fragmentación del sistema de salud. Creo que todos los que estamos acá, y sobre todo después del estallido social, sabemos en el fondo que hay más conciencia de la precariedad que tiene en algunos aspectos nuestro sistema de salud, pero eso se acrecienta porque hay una fragmentación que es importante, y lo que hace es que los distintos niveles de atención no conversen entre ellos. Por ejemplo, yo veo un paciente en la atención primaria, en el consultorio de la vuelta de la esquina, le hago su evaluación, y si ese paciente se hospitaliza, no hay una conexión donde el otro colega que esté atendiendo en el hospital pueda ver lo que se ha hecho, lo que se ha trabajado. Con el adulto mayor es muy importante llegar oportunamente, sobre todo al grupo que está más frágil. 

¿Y cómo va perjudicando eso?

-Cuando nos retrasamos en la atención, caemos en estos problemas mayores que tienen que ver con que el adulto mayor empiece a perder funcionalidad, y ese es un aspecto clave para el mayor. Mantener la función, poder hacer lo que siempre ha hecho, más que tener una enfermedad, más que en el fondo, tomar una pastilla más, lo que más les importa es perder la función. Entonces creo que al menos en el ámbito de salud, evitar o tratar de contribuir a no tener una fragmentación, y ojalá otorgar un cuidado a largo plazo y continuo, es un gran desafío que tenemos como país entero, porque no solo involucra salud, involucra el área tecnológica, muchos más aspectos.

Creo que todos los que estamos acá, y sobre todo después del estallido social, sabemos en el fondo que hay más conciencia de la precariedad que tiene en algunos aspectos nuestro sistema de salud, pero eso se acrecienta porque hay una fragmentación que es importante

¿Y en segundo lugar?

-Un segundo desafío que me atrevería a decir, cae en la sociedad completa, y tiene que ver con la mirada, y el cómo nos relacionamos con las personas mayores. Porque en general hay un trato que es muy paternalista, o maternalista, porque somos sociedades latinas que manifestamos mucho el amor y cariño probablemente en esa línea. Pero muchas veces esa línea le hace muy mal al mayor, y tiene que ver con la restricción de libertades que muchas veces hay cuando empiezan a envejecer. “No vayas para allá, no hagas esto otro”. Quizás un segundo desafío es cómo podemos incorporar como sociedad, como personas con plenitud de derechos, a las personas mayores.

-Se les suele infantilizar en ciertos aspectos…

-Exacto, se les trata como un niño pero mayor, y no son niños. Vivieron toda una vida, tienen una sabiduría distinta que ha evolucionado con los años. A algunos les tocó vivir una pandemia anterior, entonces son un reservorio de sabiduría. Por lo demás, la coartación de derechos es algo muy complejo, porque se hace, te vuelvo a repetir, desde este cariño. “Yo te estoy cuidando, no cocines, yo te quiero, no hagas esto”. Pero hace al final del día que los mayores empiecen a tomar cada vez menos decisiones, y eso no es correcto. Si no tienen ninguna patología mental que haga en el fondo que no puedan tomar decisiones, pueden tomar todas las decisiones que quieran. Si yo tuviera que escoger dos desafíos, del área de salud yo creo que la fragmentación nos hace mucho daño, y lo otro es la inclusión, cómo incluimos pero no desde el paternalismo, sino que con potencialidad de derecho

Quizás un segundo desafío es cómo podemos incorporar como sociedad, como personas con plenitud de derechos, a las personas mayores.

Alejandra destaca que un punto beneficioso en el cuidado de las y los adultos mayores son los Centros de Día, instalaciones enfocadas en la tercera edad que existen hace algunos años en Chile, y que buscan fomentar la funcionalidad de los mayores desde un ambiente social. Sin embargo, al mismo tiempo presentan una arista que se debe potenciar, cuenta la experta, pues en la actualidad no son muchos los centros existentes, y presentan dinámicas dispares dependiendo de la ubicación y recursos.

Adultos mayores en pandemia

-En los primeros meses de pandemia y cuarentenas en Chile hubo especial énfasis en el cuidado y encierro de las personas de tercera edad. ¿Cómo la pandemia instauró retrocesos y aristas nuevas en esta área?

-Creo que la pandemia fue de dulce y agraz para los mayores. Siempre pensamos que iba a ser el grupo etario que se iba a ver más afectado, pero cuando uno ve los últimos estudios, no fueron el grupo etario más afectado, y yo creo que eso tiene que ver con la capacidad de resiliencia que tienen los mayores. La capacidad de poder aceptar lo que viene, y yo creo que la pandemia nos ayudó un poco a tener una visión distinta de los mayores. 

-¿En qué sentido?

-En el fondo hubo esta sobreprotección al comienzo, no podían salir ni de la puerta de la casa. Después podían caminar dos horas en la mañana, dos en la tarde, fuimos un país súper restrictivo con los derechos de los mayores, todo el mundo salía y los mayores no podían, fueron los primeros vacunados e igual seguían teniendo restricciones… Creo que lo peor fue el volver para atrás, esta cosa del edadismo que se llama, que es tratar de infantilizar al mayor, creo que ocurrió un poco en la pandemia. Esto de “no, son los frágiles”… Es verdad que son los que más se morían si uno ve las estadísticas, es pero yo al menos creo que la decisión es de la persona mayor, no tiene por qué uno decidir por ellos. Creo que ese es un aspecto que, si uno volviera atrás, hay que mirarlo, y es el aspecto más negativo de la pandemia.

Y es para tomar cuentas en caso de nuevas olas…

-Sí, yo creo que tenemos un país tan diverso, que hace que tengamos desafíos desde el punto de vista tecnológico también. Debiéramos poder llegar a las casas ojalá con una atención oportuna. Cuando uno ve a los pacientes a través de la pantalla, uno inmediatamente te puedes dar cuenta de cómo está, y dar instrucciones específicas. Creo que si hay algo que nosotros tenemos, es que nuestra población mayor es súper diversa, no es un solo adulto mayor, no es como el niño que a los seis meses tiene que comer su primera papilla como todos los niños. Acá no, nosotros tenemos personas mayores de 65 años que se ven quizás hasta más joviales que yo un lunes a las ocho de la mañana, y por lo contrario tienes personas que tienen muchos déficit, o que han tenido alguna patología que hace que tengan un cuidado distinto.

Yo creo que la pandemia nos ayudó un poco a tener una visión distinta de los mayores.

La experta explica también que la atención a los mayores es “un traje a la medida”, pues no todos pueden ser atendidos de la misma forma, siendo un desafío para el personal de salud. ¿Cómo lograrlo? Con una atención primaria más involucrada en los terrenos, comenta Alejandra, a través de una telemedicina que vaya más allá de una videollamada y que logre ser efectiva, por ejemplo, en pacientes postrados que no pueden ser trasladados desde sus hogares a los centros de salud.

Tareas pendientes

Un aspecto preocupante en Chile es el abandono de adultos mayores, evidenciado, por ejemplo, en el documental “Agente Topo”. ¿Qué rol cumplen las cuidadoras/es en ese sentido?

-Ahí hay un tema no menor. Yo trabajé un tiempo en un hogar cuando tenía pacientes hospitalizados. Es para escribir un libro de todo lo que uno escucha, de todo lo que el mismo mayor dice. “Yo me merezco estar solo, nadie me debería venir a ver, no me porté de lo mejor con mis hijos, con mi esposa”… Pero yo creo que independiente de ello, la soledad es lo más democrático que yo he visto, dentro de la vejez. Es muy democrática, porque afecta a todas las clases sociales. Yo tenía pacientes que vivían muy acomodadas, con una holgura económica extremadamente impactante, pero cuando le pregunto quién es su persona cercana, es el conserje de turno que está abajo en el edificio. Hay que hacer dos distinciones con la soledad en términos absolutos. Una soledad escogida, voluntaria, y una soledad que a uno le llegó, donde uno nunca quiere estar solo. 

-¿Cómo siente que el Estado puede hacerse cargo en ese aspecto?

-Quizás la buena noticia es que hay varias cosas que se hacen actualmente. Por ejemplo, está el manual de Yo me cuido, que ayuda a las cuidadoras para poder cuidar mejor, y también hay varias instancias que distintos gobiernos, ya no el estado, han hecho para poder potenciar esa línea. Han hecho cursos de formación, han ido con cuidadoras que dan un respiro a las casas, en fin, hay distintas estrategias en ese sentido. Yo diría que la mayor problemática que aquí se tiene, y cómo el Estado podría contribuir, es efectivamente como tú lo estás diciendo, que sea el Estado el que se haga cargo. 

-¿Y desde los gobiernos?

-Cada gobierno, del color político que sea, quiere darle un sello, entonces no hay una continuidad. Tienes cosas como el Plan de cuidadores que se hizo en el gobierno anterior, pero ahí quedó. No siguió, o se hizo en algunas comunas de Santiago como piloto, pero no en todas. Nosotros necesitamos llegar a todos lados, a todos los territorios, y probablemente, el territorio más alejado es el que más lo requiera, más que el que está más centralizado. Hay que hacerse cargo de poder llegar, y eso debiera ser un compromiso del Estado, que vaya más allá de los gobiernos, y esa voluntad yo no la veo. En términos generales uno ve políticas que van en la línea, de eso no cabe duda, pero son destellos, cosas que ocurren en un territorio pero no en el otro, no están masificadas.

La soledad es lo más democrático que yo he visto, dentro de la vejez. Es muy democrática, porque afecta a todas las clases sociales.

-En 2018 se ingresó un proyecto de ley para poder incorporar un marco aplicable a quienes se dedican al cuidado de personas en situación de discapacidad, pero hace más de un año y medio que el proyecto no presenta ningún tipo de avance. ¿Siente usted que hay una falta de interés por parte de los poderes del Estado en empujar proyectos de este tipo?  ¿Llegan tarde estas medidas?

-Yo creo que estamos tarde porque empezamos a envejecer antes de que esto fuera un tema. Hay un interés, en general soy bien positiva para mirar las cosas. Estuve el otro día mirando los programas actuales de los candidatos presidenciales, y en todos hablan de cuidado. En primera vuelta casi todos los candidatos hablaban algo de cuidado, y si tú te centras en Kast y Boric hablan de cuidado. Eso no pasaba antes.

¿Y qué representa eso?

-Creo que hay una necesidad sentida que los políticos están oyendo, y que tiene que ver con la carga que tenemos en el cuidado. Aquí caben todos, toda esa persona que necesite cuidados, sea por edad, por una discapacidad, o porque es una persona mayor que lo requiere. Tienen una necesidad que se está oyendo, y ese oír, significa que está dentro de los programas, lo cual es una buena noticia. Que exista en la mente de los equipos políticos que pretenden liderar este país en los próximos años, a mí me parece sin duda que es una buena noticia.

¿Y la convención juega un rol allí?

-También me parece que en la Convención están oyendo temas de cuidado, de hecho nosotros tenemos personas en MICARE que han ido a exponer, tanto en temas de discapacidad como de cuidado, y eso también a uno le da esperanza, porque son las instancias que tenemos hoy en las cuales podemos, en el fondo, llevar esto a la luz, que es la primera cosa, que nos vean, que digan que el cuidado es importante, pero segundo, y quizás más importante, es que se puedan tomar medidas concretas, que vayan en la línea de masificar lo que hay, que no exista más fragmentación entre salud, y que vayan en la línea de poder tratar al adulto mayor con dignidad en el fondo y como un sujeto de derecho.

En primera vuelta casi todos los candidatos hablaban algo de cuidado, y si tú te centras en Kast y Boric hablan de cuidado. Eso no pasaba con candidaturas anteriores.

-¿Existen tareas pendientes dentro de las candidaturas?

-Creo que en ese sentido es muy importante que ojalá exista un compromiso de Estado, y yo lo que echo de menos es que los candidatos que después se transforman en presidente, a lo mejor pudieran hacer un compromiso entre ambas candidaturas a tener unos mínimos comunes. Qué van a sacar del cuidado, en qué podrían seguir para adelante, porque lamentablemente estas políticas son a largo plazo, entonces cuando tú tienes periodos presidenciales tan cortos, es difícil poder tener una línea hacia adelante que podamos ir construyendo escalonadamente. Yo los invitaría a eso, a que haya un compromiso de Estado.

-Un tema clave asociado a los cuidadores es que en su mayoría son mujeres y, según diferentes estudios, muchas veces o renuncian a sus trabajos, o no lo hacen para cuidar, pero trabajan el doble, no sacan vacaciones, no tienen instancias para disfrutar a solas. ¿Siente que los programas de gobierno se hacen cargo de esa interseccionalidad?

-Yo creo que esto necesita urgente una visión de Estado, de que todos los colores políticos se pongan de acuerdo en algunos mínimos. Necesitamos un Estado que dé los fundamentos para tener un sistema de cuidados. Parte de la desigualdad de género que ocurre, tiene que ver con este tema del cuidado. La sala cuna sigue estando a cargo de las mujeres. ¿Por qué no pueden ser tantos hombres también? Entonces tenemos una brecha de género también allí, y eso hace que cuando tú estás en una casa, y se dice “ya, alguien se tiene que quedar cuidando por ejemplo a un adulto mayor”. Tú dices quién se queda, ¿el sueldo más alto o el sueldo más bajo? Eso es obvio, por eso cuidamos más mujeres, porque las mujeres ganamos menos que los hombres.

Creo que en ese sentido es muy importante que ojalá exista un compromiso de Estado, y yo lo que echo de menos es que los candidatos que después se transforman en presidente, a lo mejor pudieran hacer un compromiso entre ambas candidaturas a tener unos mínimos comunes.

Salud mental y tercera edad

-Otro tema importante en el cuidado de adultos mayores es su salud mental. Las tasas de suicidio son mayores en ellos que en otras franjas etarias de la población. ¿Reconoce medidas en esta área dentro de los programas presidenciales?

-Yo diría que sí, hay una preocupación por la salud mental hace harto tiempo, de hecho salieron las últimas guías de salud mental para el adulto mayor hace poco. Por lo tanto hay una preocupación por la salud mental del adulto mayor, y para los cuidadores también, pero yo creo que donde probablemente fallamos, es el acceso. El acceso no necesariamente es muy oportuno, porque tenemos una lista de espera, sobre todo con la pandemia.

-Además hay poca educación en términos de salud mental en este rango etario, imagino…

-Hay muy poca educación. Necesitamos pensar las ciudades para todas las diversidades de personas, recién estamos teniendo estas micros que se bajan para que la silla de ruedas suba. Estamos atrasados en distintos elementos que, volviendo a la salud mental, también te influyen. Imagínate un adulto mayor que, después de una vida entera, cuando se supone que está más libre para salir y vivir sus años dorados, está con algún grado de discapacidad, que no lo limita a salir, pero la micro no es la adecuada, la calle no es lo más adecuado… Y en salud mental influyen muchas más cosas que solo lo físico. Necesitamos espacios de esparcimiento que sean apropiados, y que el mayor quiera hacerlo.

También puedes leer: Columna de Alejandra Ximena Araya: El poder de caminar: una estrategia para enfrentar la fragilidad en las personas mayores


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