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30 de diciembre de 2021

Primeras damas en Chile: la trayectoria de un cargo sin sueldo ni norma y que Karamanos promete cambiar

Sólo bastó que la pareja de Gabriel Boric prometiera "repensar" el cargo, para que comenzara todo un debate sobre su rol e historia. The Clinic contactó a tres expertas no sólo para conocer la evolución de las primeras damas durante el último siglo, sino para entender hacia dónde podrían ir las reformas que la futura administración ha prometido.

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Con las declaraciones de Irina Karamanos, cientista social, politóloga, antropóloga, activista feminista y pareja del presidente electo Gabriel Boric en el programa “Las Caras de la Moneda”, el cargo de primera dama ha vuelto a formar parte de la discusión pública a través de redes sociales y programas de televisión. 

“Opinaría que es un cargo que merece ser repensado, porque estamos en tiempos distintos, han cambiado muchísimas cosas, y creo que también así hay que repensar el poder y las relaciones que emergen de él”, respondió frente a la pregunta de Mario Kreutzberger sobre si ocupará o no el puesto de primera dama en el próximo gobierno del presidente electo. 

“Cargarlo mucho al carácter de ‘la pareja de’ es complejo, porque le quita capacidad política a la persona que ocupa el cargo”, mencionó este martes 28 de diciembre en una entrevista con Revista Ya de El Mercurio, donde contó detalles de su vida personal y familiar, y reafirmó su idea de repensar el puesto, considerando elementos como la transparencia y la perspectiva de género

El cargo de primera dama o primer caballero es fácil de entender, pero al mismo tiempo complejo. Lo recibe la persona que sea pareja del presidente o presidenta, y en caso de no tener pareja, o ser viudo/viuda, puede ocuparlo cualquier otra persona, independiente de si posee lazos familiares o no con el primer mandatario. Hasta ahí es relativamente simple, pero el tema de fondo es que sus funciones no están definidas de forma explícita. 

Carolina Guerrero, doctora en Ciencia Política, investigadora asociada al GIGA Institute for Latin American Studies en Alemania y con investigaciones centradas en primeras damas y mujeres en política, comenta que el cargo no posee funciones o atribuciones claras. 

“Es lo que el imaginario colectivo y la sociedad ha ido aceptando a través del tiempo. Por ello ha ido cambiado y seguirá cambiando. Por ejemplo en algún momento de la historia no hubiese sido posible que la primera dama propusiese una política pública o coordinase una iniciativa, ya que las mujeres no debían involucrarse en política, solo tenían una función protocolar de acompañante”, comenta Carolina. 

La mayoría de los países presidencialistas –explica Guerrero– tienen este cargo. Aunque no está regulado en ninguno de ellos, es una tradición. “No está regulado en ningún país, no está normado en ninguna ley ni mencionado en alguna Constitución. Ni siquiera en Estados Unidos. Por lo tanto, es un cargo informal dentro de la presidencia institucional. Con el tiempo ha pasado de ser un cargo meramente protocolar a tener influencia en política, aunque eso varía entre los países e incluso entre primeras damas de un mismo país”, señala. 

Tomás Jordán, abogado, cientista político y académico de la Universidad Alberto Hurtado, explica que hay que hacer dos diferencias dentro del cargo de primera dama. Una, es lo que tiene que ver con el cargo visible en sí, “como elemento ritual o simbólico que refiere siempre a la esposa del presidente o presidenta, pero ese es un sentido protocolar”, explica.

La otra diferencia está relacionada al rol político administrativo del cargo, que es una repartición dentro de la presidencia y se llama Dirección Sociocultural, regulada por primera vez en Chile desde el año 2014. “Tiene por objeto coordinar y fijar líneas de política para las fundaciones sin fines de lucro, en la cual la presidencia es parte de su directorio, y por tanto tiene un rol que cumplir en la coordinación y ejecución de esta fundación. Independiente del presidente, pues no necesariamente debe ser la primera dama la que cumpla esa función, sí existe esa unidad que requiere que alguien se la ejecute”, explica Jordán. 

El cargo de primera dama no recibe remuneración, pero la dirección como tal sí la percibe –señala Tomás–. Hasta antes del 2014, explica, solo existían las fundaciones. “Las mismas que hay ahora, pero no existía el rol formal de coordinarlas. El mismo rol se cumplía informalmente porque alguien tenía que coordinar todo ese trabajo, pero eso viene desarrollándose desde el año 90, cuando asume Aylwin”. 

“Históricamente es un rol asociado a la esposa del presidente y por lo tanto, a una mujer. Hay sesgos de género en ciertas labores o programas liderados por las primeras damas, pero no todas han sido así, algunas han trabajado en temas no tradicionales como Hillary Clinton, por ejemplo, que estuvo a cargo de la reforma de salud. Las primeras damas no necesariamente por ser mujeres van a promover una agenda pro-mujer. Su comportamiento debe ser analizado desde una mirada de representación interseccional, es decir no solo hay que ver que sean mujeres las primera damas, sino a quiénes representan y de qué forma lo hacen”, señala Carolina Guerrero. 

Los antecedentes de un cargo histórico

Dos expertas contactadas por The Clinic coinciden en que las primeras damas en Chile comenzaron a destacar de mayor forma durante el siglo XX, justamente en el periodo de los gobiernos radicales y el Frente Popular. Paulina Aliaga, académica de la carrera de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Magallanes (UMAG) y Magíster en Pedagogía, destaca dos liderazgos de ese periodo: Juana Aguirre Luco, esposa del presidente Pedro Aguirre Cerda y Rosa Markmann, esposa del presidente Gabriel González Videla. 

Juana Aguirre Luco

“Ambas impulsaron la lucha por la ampliación del voto femenino, dando un giro respecto a las labores de asistencia social y beneficencia que ejercían como primeras damas. Desde entonces, las mujeres en La Moneda fueron organizando su labor a través de la generación de redes nacionales que asociaron a mujeres dueñas de casa y apoyaron a las infancias hasta finales del siglo XX”, explica Paulina Aliaga. 

En cuanto a las labores sociales, explica Priscila González, académica de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Estatal de O’Higgins, Analista Política y Magíster en estudio de género y cultura, muchas de ellas se enfocaron en fundar organizaciones y promover iniciativas que tuviesen que ver con otorgar ropa de abrigo y regalos de navidad para los niños más pobres, entre otras cosas, y también en cuestiones de higiene, con el fin de  promoverla en los hogares y hablarles directamente a las mujeres chilenas. 

Rosa Markmann

Luego, durante la dictadura, con Lucía Hiriart como primera dama, los Centros de Madre (CEMA) comenzaron a alcanzar notoriedad, a pesar de que existían desde antes, en la década del 50, cuenta Priscila González. “Lo que sucede con los Cema Chile es que se masificaron y llegaron a muchos rincones de Chile, y también que los talleres, y lo que se impartía en ese entonces, tenía mucho que ver con un rol de reforzamiento de los roles tradicionales de las mujeres chilenas, con el cuidado de los niños, con la cocina, corte y confección y peluquería, con esos aspectos”, explica la académica. 

El cargo durante los últimos años, coinciden las expertas, ha tenido una evolución. Paulina Aliaga señala que es importante destacar que el rol de la primera dama, en sus inicios, no se forjaba como un cargo político, sino que fue en el marco de las dinámicas tradicionales de la cultura del matrimonio donde el puesto recuperó las responsabilidades de las mujeres en labores de cuidado. 

“De esta forma, a lo largo del siglo XX las primeras damas fueron enfocando su labor hacia la beneficencia a través de acciones y ayudas para aplacar la pobreza de las infancias, mujeres y adultos mayores.  Lo anterior marcó un territorio de acción de las primeras damas que representa la invisibilización de las labores de cuidado y quienes las requieren y quienes las ejercen”, explica Aliaga.

En adelante –continúa– las mujeres que acompañaron la transición política del país como primeras damas lo hicieron abriendo una forma de actuación vinculada a un enfoque de derechos y hacia otros espacios. «Durante la transición a la democracia, las primeras damas fueron marcando la agenda y necesidad de avanzar hacia la institucionalización de espacios que promuevan la responsabilidad política en materias de infancia, género y tercera edad. Sumado a ello, asumieron con el tiempo tareas en el ámbito diplomático y fortalecimiento de la imagen país a nivel nacional e internacional», explica.

Entrando a la democracia –agrega Priscila– otra primera dama influyente y bien destacada por su labor fue Luisa Durán. “Durante el gobierno de Lagos se fundaron las orquestas juveniles infantiles, la fundación Chilenter, entre otras, y además Luisa Durán fue rostro y promotora de un programa sumamente potente que fue el Sonrisa de mujer, que después continuó en el gobierno de Bachelet con otro nombre”, añade.

Luisa Durán

“Más que influyentes, las mujeres que han asumido como primeras damas durante los últimos 30 años han abierto puertas que no valoramos. Por ejemplo, Leonor Oyarzún impulsó la creación de la Fundación Integra para la atención de las primeras infancias y el Programa de Promoción de la Mujer”, dice Paulina Aliaga. Posteriormente –continúa– Marta Larraechea impulsará la atención al adulto mayor, convocando el Comité Nacional para el Adulto Mayor que terminará institucionalizando sus tareas a través del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y Luisa Durán, esposa de Ricardo Lagos, quien destacó por la promoción de las artes y la cultura, desde la creación de la Fundación Orquestas para Chile y Matucana 100, entre otras. 

Leonor Oyarzún y Marta Larraechea

“Sin embargo, la ciudadanía la recuerda por el gran impacto positivo que generó el programa Sonrisa de mujer que otorgó acceso a atención dental a mujeres de escasos recursos”, comenta. 

¿Cómo repensar el cargo? 

Las tres expertas contactadas por The Clinic coinciden en la idea que Irina Karamanos ha esbozado durante las últimas semanas: repensar el cargo de primera dama. Cada una de las expertas entregó sus opiniones, donde destacan puntos clave, como la probidad y la perspectiva de género.

Según Carolina Guerrero, como el cargo no está regulado legalmente en ningún país, existe espacio para realizar cambios graduales que sean más acorde con los nuevos tiempos y la personalidad de la primera dama. “Creo que es importante resignificar el rol, darle una mirada renovada con perspectiva de género, transparencia y no duplicar funciones que ya tienen otros organismos en el gobierno, sino más bien coordinar y promover temas de la agenda pública”, señala. 

También, indica, algunas primeras damas en Latinoamérica y Estados Unidos han resignificado y repensado el cargo dándole un sello personal, pues no todas son delegadas de sus maridos, especialmente las que tienen experiencia política previa, quienes tienden a tener una agenda propia de colaboración con el gobierno, impulsando y promoviendo temas relevantes. 

La académica Paulina Aliaga comenta que el desafío que abre la pregunta de repensar el cargo no remite solo a La Moneda y el rol de primera dama, sino que más bien insiste en la tarea de repensar el poder, la verticalidad y abrir espacios hacia una gestión y actuación de las relaciones políticas y sociales distinta, basada en la horizontalidad, la inclusión social, el valor de la diferencia y el reconocimiento del trabajo de cuidado y doméstico, entre otros. 

“Replantearnos el rol de primera dama, significa iniciar un proceso necesario de transformación del campo simbólico sobre las estructuras y representación del poder. Llevamos un largo camino de reflexión y lucha desde el feminismo que ha puesto en evidencia que lo personal es político, que la paridad es fundamental para nuestra democracia y, por tanto, la política requiere abrir todos los espacios que tiene a su haber para impulsar las transformaciones que hoy convocan a nuestra ciudadanía”, reflexiona. 

Priscila González señala también que sí se debiese replantear el cargo, tanto por aspectos simbólicos como por otros técnicos y políticos, dado que el Estado debiese llegar con cuestiones de competencia técnica por elección popular, o por nombramiento desde estos mismos cargos de elección popular. 

“En el caso de la primera dama, no se llega por ninguna de esas vías, sino que llegas a ser primera dama en tanto eres la esposa de alguien, y eso creo que no va muy acorde a nuestros tiempos, en los que a los funcionarios públicos se les exige gran capacidad técnica, y una validación mediante nuestro rendimiento o nuestro origen. Entonces es complejo en el caso de la primera dama, además de ser un aspecto bien machista de nuestra sociedad. La primera dama lo es en tanto esté casada con el presidente, y eso me parece que vale la pena replanteárselo”, concluye.

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