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9 de junio de 2022

Francisco Huenchumilla: “Si la DC opta por el Rechazo, significa que está desahuciando su política de alianzas con la centroizquierda”

Francisco Huenchumilla

El senador DC reaccionó de forma inmediata a la idea de Chile Vamos de presentar un “Plan B” para hacer cambios a la Constitución en caso de que gane el Rechazo en el Plebiscito de Salida. En este sentido, critica la credibilidad del sector y cuestiona a personeros de la centro izquierda "que se han comprado" la estrategia opositora. Sobre su partido, en tanto, asegura que en la DC hay "dos almas" ante el Referéndum, aunque advierte del giro histórico que tendría la Falange ante sus históricos socios de la ex Concertación, en caso de sumarse a la derecha ante el referéndum del 04 de Septiembre.

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Cuando caía la noche del pasado domingo 05 de Junio, el senador Francisco Huenchumilla (DC) difundió una declaración que buscaba responder a la posición tomada por Chile Vamos respecto a rechazar la nueva Constitución en el Plebiscito de Salida del próximo 04 de Septiembre.

En el escrito, Huenchumilla criticó que los partidos de Chile Vamos (UDI, RN y Evópoli), llamaran a rechazar en el referéndum para hacer cambios constitucionales de otra forma -aún no definida- en una especie de “Plan B”. “Este plan es un disfraz del Rechazo; bajo su apariencia se envuelve el Rechazo con papel couché”, apunta el senador en su declaración.

Pero la declaración de Huenchumilla no sólo llegó un día después de que los partidos de oposición se aferraron al Rechazo a la nueva Constitución. El manifiesto del senador por la Araucanía ocurrió en el contexto de que otros senadores de su partido, como Ximena Rincón y Matías Walker, han salido a criticar el proceso.

De todos modos, el documento de Huenchumilla no apunta directamente a nadie en particular, sino que en general: “Es preocupante que sectores de la centroizquierda se compren esta operación de la derecha”, sentenció en un fragmento de su comunicado.

En entrevista con The Clinic, el senador DC profundiza en su crítica, aborda las diferencias internas en su partido y da luces sobre su futura posición ante el Plebiscito: “Me di cuenta que el contenido no era tan malo como el proceso lo presentaba”, afirma.

-¿Por qué le nació la idea de publicar esta declaración?

-Hace tiempo se estaba generando un movimiento de la derecha económica y política, al que se estaban sumando personajes de centroizquierda, en orden a presentar, en primera instancia, una tercera vía en la papeleta del 04 de Septiembre. Esto no prosperó, entonces el diseño fue hacer una alternativa de «rechazo con cara buena». Eso yo lo llamo una operación encubierta, lo llamo rechazo envuelto en papel celofán o couché.

Me pareció un diseño inteligente, pero maquiavélico, de cierto engaño a la opinión pública. Esto no es una realidad, porque si gana el Rechazo, lo que sucede políticamente y jurídicamente es que la derecha vuelve a recuperar su poder de veto que perdió en la Convención con la elección de constituyentes. Me pareció correcto vislumbrar ese diseño comunicacional, marketero y político de la derecha.

Además, lo que me molestó un poco, es que hubiera políticos de la centroizquierda que compraron este diseño, sin darse cuenta de que el Rechazo significa la recuperación del poder de veto de la derecha.

-La derecha dice que ya están trabajando en este «Plan B». ¿Si llegan a materializar la propuesta, dejaría de ser un «Rechazo en papel couché»?

-Bueno, tendría que ver esa propuesta primero. Pero la idea de un «Plan B» implica que yo le crea a la derecha que, auténticamente, está en una disposición de cambiar la Constitución del 80. La derecha le está pidiendo a la gente un acto de fé. Nos están diciendo: Yo nunca quise cambiar la Constitución, pero ahora le prometo que si la quiero cambiar.

Yo me pregunto: ¿por qué tengo que creerles, si ellos nunca quisieron cambiar la Constitución? ¿Y en qué sentido la quieren cambiar? Porque lo van a hacer recuperando su poder de veto, y eso no me garantiza a mi que no se haga un cambio gatopardesco para que todo cambie y nada cambie. Aquí hay un problema de credibilidad en las credenciales de la derecha para cambiar la Constitución.

-A su juicio: ¿que esconde este «Plan B» de la derecha?

-Lo que se juega en el cambio constitucional, más que los derechos o el Estado Plurinacional o un montón de otros temas el centro, el corazón y el nervio central de lo que defiende la derecha es el mantenimiento del modelo neoliberal, en virtud del cuál lo que manda es el mercado. Por lo tanto, mantener un tipo de capitalismo específico como tiene Chile y no uno más a la europea.

Digamos las cosas como son: esta nueva Constitución, así como está en el borrador, mantiene la democracia occidental como la conocemos y mantiene la economía de mercado, está la libertad de emprendimiento y la propiedad privada. Lo que cambia es que tenemos un tipo de capitalismo distinto al que hemos conocido hasta ahora, donde el mercado no es todo y hay una acción importante del Estado con derechos sociales garantizados.

Ahora, reconozco que estamos en este escenario porque el proceso se comió al contenido. El proceso que hicieron los convencionales, desde el primer día, generó un ambiente negativo en la opinión pública, porque la forma en cómo se comportaron, fue rompiendo todos los esquemas tradicionales de cómo tienen que comportarse los políticos que están tomando decisiones serias para el país.

La derecha está siendo hábil en esto. Yo no estoy criticando la inteligencia para defender sus intereses, lo lamentable es que muchos personeros o senadores de centroizquierda se han enganchado.

-¿A quiénes se refiere con “personeros de centroizquierda que se han enganchado” ante esta idea?

-No quiero dar nombres porque siempre es odioso estar señalando, pero esos nombres salen en los noticieros, en la prensa, en los canales de televisión o en los programas de debate. Están dando su opinión respecto de esto y están cuestionando al borrador de la nueva Constitución.

A mi mismo no me gustó para nada la forma de trabajo que hubo en la Convención, porque pensaron que todo parte de cero o que la historia parte desde el año 2021. No me gusta eso. Me cargan los chiitas, me cargan los pijes tirados a revolucionarios también. Es fácil ser revolucionario cuando tienes a tu papito y a tu mamita detrás tuyo.

-¿Y qué tan avanzada está la idea del «Plan B» en la centroizquierda?

-Entiendo que tiene que haber una preocupación de prever distintos escenarios, por lo tanto, hay en el ambiente político una preocupación de decir qué va a pasar si gana el Rechazo. Y el gobierno y las autoridades tienen que prepararse para cualquier escenario, pero una cosa distinta es hacer un diseño marketero y comunicacional para darle al Rechazo un envoltorio y decirle a la gente ‘vote rechazo, que no es nada malo y es bueno porque yo se lo garantizo’.

En el ambiente hay conversaciones y preocupación sobre este tema, pero hay personajes, no colectivos, de centroizquierda que se han comprado la necesidad de votar rechazo.

-¿Por qué cree usted que logra calar esa idea en la centroizquierda? ¿A qué responde?

-Porque el proceso se comió al contenido. Entonces se generó un ambiente que se refleja en que las encuestas coinciden en que va ganando el rechazo. La pregunta es por qué, si todavía no hemos examinado el tema.

La gente no lee, el ser humano no siempre reacciona racionalmente, sino que lo hace primero por emociones, por sentimientos, por lo que llega. A mi juicio se creó un clima psicosocial contrario, porque hubo un ambiente que dio la sensación de que esto era una chacota.

Sobre el apruebo o el rechazo: “Me di cuenta que el contenido no era tan malo como el proceso lo presentaba”

-¿Cree que el Apruebo pueda dar vuelta a la opinión pública una vez que termine el proceso y el debate se centre en los contenidos?

-Claro, porque en la medida que se vaya generando un debate público, se van a ir cayendo algunos mitos. como el proceso de la descentralización. Uno debería empezar a ver que en determinados programas haya profesores de Derecho Administrativo, que le digan a la gente que todo está correcto y que se usa en otras partes del mundo, como en Italia. Por lo tanto, este proceso en el tema de descentralización no echa la estantería abajo.

El tema de las autonomías territoriales indígenas, eso va a quedar supeditado a la ley y sobre esa materia, hay dos instrumentos que Chile firmó: la declaración de las Naciones Unidas sobre los Pueblos Indígenas, y la declaración de la OEA sobre los Pueblos Indígenas, donde está anclado el tema de la autonomía firmado por el Estado de Chile.

Entonces, resulta que se arma un escándalo en circunstancias que eso ya está incorporado en nuestro ordenamiento jurídico, como dos instrumentos internacionales. Lo que pasa es que la gente no lee y hay mucha ignorancia o mucho prejuicio. Todas esas cosas se van a ir decantando.

-El contenido del borrador, ¿lo deja conforme?

-Por supuesto que he leído los 499 artículos. También estudié el documento que hizo la Segpres respecto de las normas transitorias y la armonización. Ahí me di cuenta que el contenido no era tan malo como el proceso lo presentaba. Me di cuenta que efectivamente había un cambio de giro en la organización política chilena, y que el Estado Democrático de Derecho iluminaba todo el contenido de la nueva Constitución. Me fui dando cuenta que era más el ruido que las nueces, pero todavía estoy en un proceso de seguir estudiando, estoy esperando el texto 3.0.

Y lo estoy esperando porque me interesa participar en la toma de decisiones de la Democracia Cristiana. Ese es un proceso que estoy esperando para no tomar una decisión individual, sino que tratar que se tome una decisión colectiva en la DC.

Eso tiene otros efectos políticos y quiero que la DC no tropiece con la misma piedra, no cometa errores históricos como en el pasado, y tome una buena decisión. Por eso es que estoy en esta pausa de tomar una decisión. Quiero participar de una toma de decisiones más colectiva en un proceso que está en desarrollo en la Democracia Cristiana.

“Rechazo la idea de los expertos, porque creo en la política”

-Pese a criticar el “Plan B”, en su declaración usted afirma que en caso de ganar el Rechazo, espera voluntad para darle continuidad a la agenda de cambios. ¿Ese criterio no es similar a esperar de Chile Vamos voluntad política para impulsar una agenda de cambios y un Plan B para el Plebiscito de Salida?

-Yo me coloco en el escenario perfectamente factible de que gane una u otra opción, porque una opción va a ganar; yo me coloco en la posibilidad como método de análisis. Analíticamente, me pongo en la posibilidad de que pueda ganar el Rechazo, la diferencia es que la derecha pide un acto de fe. Ahí yo digo no, yo no le doy un acto de fe a la derecha.

Después, yo digo que debemos tener una responsabilidad con sentido de Estado de buscar un nuevo escenario después de lo que viene. Pero no le doy un certificado de fe a la derecha que nunca ha tenido una voluntad de cambio. La derecha no tiene las credenciales como para pedirle al país un certificado de buena conducta.

-Usted descarta de plano la idea de un comité de expertos. En caso que gane el Rechazo, ¿cuál sería el mejor camino para continuar con esta agenda de cambio? Hacerlo desde el Congreso, una nueva Convención…

-Yo rechazo la idea de los expertos porque creo en la política. En la historia de todas las constituciones en la Historia de Chile, la han hecho un grupo de expertos. Creo que el gran dilema del mundo contemporáneo, es la relación que hay entre la política y la técnica. La técnica coloca los elementos de juicio, pero todo lo que se decide es una decisión política, quien tiene la última palabra es la política. Lo mismo pasa con la Economía, que coloca los elementos de juicio pero, al final, la decisión siempre es política. Por eso descarto lo de los expertos.

Sobre la fórmula que se busque, estoy llano a escuchar argumentos, a participar de un debate después de eso, donde coloquemos todos los elementos de juicio y los argumentos para ver cuál es el mejor camino que pudiera haber en caso de que hubiera un Rechazo. Pero también me coloco en el escenario de que gane el Apruebo, y digo que ahí tenemos un tremendo desafío porque la arquitectura jurídica que hay que hacer si gana el Apruebo, es inmensa.

Es un trabajo tremendo donde se va a requerir un gran trabajo político-legislativo en ambos escenarios.

-De hecho, en su declaración destaca la importancia de las normas transitorias.

-Exactamente, porque las normas transitorias es la cancha de aterrizaje que debe tener la nueva Constitución. Ese proceso de gradualidad es fundamental en que se va un mundo viejo y empieza a aparecer el mundo nuevo, pero no es por generación espontánea. Es un proceso gradual, como todas las cosas de la vida.

-Parte del debate de las normas transitorias es el rol del Congreso actual para reformar la Constitución. ¿Cuál debería ser el rol del Congreso si gana el apruebo?

-Las reglas de la Constitución son normas de Derecho Público y rigen In actum, a menos que haya normas transitorias que le den una vigencia distinta. En este caso, tiene que darle una vigencia gradual y distinta, porque para que entre a funcionar el nuevo Congreso, se requiere una ley que lo haga operativo, no sólo cómo va a operar, sino cómo se va a elegir.

Por eso es técnicamente imposible que el Congreso pueda entrar a funcionar un 05 de Septiembre, si es que no se le colocan normas transitorias, porque se va a requerir una ley que haga los detalles de cómo va a funcionar la Cámara de las Regiones y la Cámara de Diputados y Diputadas.

El Congreso debe tener todas las facultades respecto de las instituciones y las normas que empiezan a funcionar inmediatamente. Toda norma que tenga vigencia, ya sea el 05 de Septiembre o el 30 de Septiembre o la fecha que sea, va a quedar bajo la competencia del Congreso que esté, en este caso, el actual. Por lo tanto, el Congreso va a tener facultades para cambiar las cosas que estén vigentes.

A mi juicio, el Congreso no debería tener competencia en las cosas que no están vigentes, porque si un organismo va a empezar a funcionar en cinco años más, cuando empiece a funcionar se podrá cambiar. Pero difícilmente podrá cambiarse, si todavía no entra en vigencia.

Si la Cámara de las Regiones empieza a funcionar el año 2026, a partir de esa fecha podrá cambiarse. No me parecería bien que alguien pudiera cambiar un organismo que todavía no entra en vigencia. Entonces, por supuesto tiene que haber una norma que le permita al actual Congreso tener un quórum para que pueda cambiar las normas que están vigentes, pero no las que están postergadas.

“La nueva Constitución simplemente se pone al día en el derecho internacional de los pueblos indígenas”

-¿La propuesta de nueva Constitución ayuda a resolver el conflicto en la Macrozona Sur?

-No creo en las soluciones jurídicas para los problemas políticos de esta naturaleza, cuando hay un conflicto con violencia política. Porque las constituciones y las leyes fijan un marco de acción, pero no te dice cómo deben moverse sus jugadores para llegar a un acuerdo. Entonces, el nuevo marco de acción dice que probablemente va a haber una ley para expropiar.

Ese es un instrumento jurídico para expropiar tierras. El actual instrumento jurídico es comprar tierras, es una solución de derecho privado para un problema que es público y político. Porque en el año ‘
93 el escenario era otro, no tenía el tema mapuche la connotación política que tiene hoy en día. En ese tiempo era un tema de desarrollo, identidad, orden público, pero no tiene la connotación que tiene hoy, que es un tema netamente político.

Entonces, si quieres usar un instrumento político, vas a tener que esperar cuál va a ser la reacción de los afectados y vas a caer nuevamente en el conflicto. En esa parte, insisto que la solución no está en una ley, ni siquiera en una Constitución, sino que la solución es un acuerdo político entre el Estado y las grandes forestales. Sin acuerdo político vamos a seguir empantanados, por mucha cosa que diga la Constitución, que puede ser letra muerta si es que no hay un acuerdo político para eso.

-¿Le gusta cómo quedó la Constitución en materia de pueblos originarios?

-Creo que hay en Chile, sobre todo su clase dirigente, una profunda ignorancia de estos temas. Mira, estos temas están resueltos por el Derecho Internacional de los Pueblos Indígenas. Está la Declaración de las Naciones Unidas del año 2007, que establece la autonomía y el pluralismo jurídico. Esa declaración fue firmada por el Gobierno de Chile y forma parte, por tanto, de nuestro ordenamiento jurídico. ¿Pero quién conoce eso? Al parecer no lo conoce nadie, porque la gente opina en las clases dirigenciales sin conocer que eso ya está en nuestro ordenamiento. La OEA sacó otra declaración en la misma dirección, por lo tanto, eso es un instrumento que está en nuestro ordenamiento.

El pluralismo jurídico existe en todos los países que han tenido problemas con los pueblos originarios. El Presidente anda hoy en día en Canadá, donde el tratamiento que tienen ellos con sus pueblos originarios no tiene nada que ver con cómo lo hace Chile. Lo que quiero decir es que en otras partes del mundo, los países desarrollados como Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Colombia, Panamá, Noruega, Dinamarca, existe pluralismo jurídico, existe la autonomía y en Chile lo que existe es una ignorancia completa de la clase dirigente respecto a este tema, aparte del prejuicio y el racismo que tiene este país. A mí me parece que la nueva Constitución simplemente se pone al día en el derecho internacional de los pueblos indígenas, avalado por las Naciones Unidas.

Tengo dudas de que se pueda arreglar en la Constitución el problema político que existe aquí con las forestales y con las tierras. A mí me parece que la solución no es jurídica, la solución es política.

-El ministro Jackson ha insistido en que la actual Constitución es una traba para llevar a cabo los cambios del programa de gobierno. ¿Es un problema de la Constitución actual o de la incapacidad del Ejecutivo para conseguir votos?

-La Constitución actual tiene un modelo de sociedad que hizo crisis en el Estallido Social. La gente se pronunció en contra de los abusos y la desigualdad ante un proceso de modernización capitalista de la sociedad y el Estado chileno que produjo un bienestar, pero que subterráneamente había un río que venía, y que no se vió, de un profundo malestar de los sectores vulnerables respecto de los abusos, de las desigualdades, del sistema de castas y de clases que existe en este país. Y ese malestar produjo un Estallido Social con características propias en toda la historia de Chile. Todos los otros estallidos fueron golpes con participación de las Fuerzas Armadas y de los partidos políticos.

Esta vez fue la gente la que se manifestó. Había una petición de cambio del modelo y esta nueva generación de políticos que asumió el poder llegó con el discurso de que había que cambiar esta sociedad, entre lo cual estaba la Constitución. La gente le creyó, votó, le dio una gran mayoría y tuvo una gran esperanza y expectativa respecto a lo que iba a hacer el nuevo gobierno de Gabriel Boric. Entonces, un rechazo significaría un golpe a la línea de flotación de este gobierno en el entendido de que el país quiso cambios y ahora en una vuelta de carnero le diría ‘le rechazo el modelo que usted me ha presentado’.

Pero esto no tiene nada que ver con la falta de capacidad política que tiene este gobierno, ese es otro tema. En su debut este gobierno demostró que no estaba preparado para gobernar, cuando se subió al escenario la guitarra no le funcionaba. Evidentemente que este gobierno tiene un déficit de conducción política y eso es claro con esta Constitución o con cualquier Constitución. Su déficit es político.

Ahora, se espera que esto cambie, que se aprenda rápidamente, que su coalición se afiate, que los socialistas como partido central con experiencia y con mejores cuadros, pueda tener un rol protagónico. En fin, el problema de este gobierno es un problema de conducción política.

-A lo largo de la entrevista usted se ha mostrado más a favor que en contra de la nueva Constitución. ¿Ya tomó la decisión de cómo va a votar en el Plebiscito?

-No quiero dar una noticia que aún estoy trabajando internamente en la DC. Esa es una noticia en desarrollo aún.

“Es evidente que en la DC hay dos almas, está dividida por la mitad”

-Su declaración viene después de que Ximena Rincón, dijera estar defraudada con el proceso. Una semana antes, su colega de bancada, Matías Walker, había dicho que la Convención se farreó el 78% del Apruebo. ¿Cómo evalúa esas críticas de dos senadores importantes de su partido?

-La DC tiene un problema: hay dos almas en el partido. Esa es una realidad insoslayable que en algún minuto va a tener que enfrentar. Cada postura yo la respeto, tengo mucho respeto por todas las personas, y sobre todo por dos senadores que les tengo afecto. Formamos parte de la misma bancada, pero en la DC hay dos almas que conviven y no sé en qué va a terminar eso, si se va a lograr llegar a un acuerdo respecto de la manera de ver la vida y el mundo en el Siglo XXI.

Yo hice muchos esfuerzos en su minuto para que pudiera haber una lista unitaria, no un pegoteo, sino que pudiera haber una lista que se abocara a tener una DC 2.0 o 3.0. Pero ese proceso fracasó y hoy día tenemos una DC empatada técnicamente, pero políticamente dividida. Entonces, es una tarea pendiente y yo me temo que en algún minuto tendrá que resolverse. Para eso es muy importante hacer política, y hacer política le corresponde a la directiva actual con Felipe Delpin y la senadora Yasna Provoste, que son los liderazgos más importantes y notorios.

-Respecto del Apruebo y el Rechazo, ¿para qué lado ve que se están inclinando las bases de su partido?

-Hay un natural debate interno, subterráneo, sigiloso, en todas las redes internas de la DC, esperando qué es lo que va a hacer y cuál va a ser la decisión y cómo se va a tomar esa decisión. Como dicen los periodistas, esto es una noticia en desarrollo.

-Al parecer, tanto Walker como Rincón coinciden con la idea del «Plan B», ya que presentaron un proyecto para rebajar los quórums de la actual Constitución a 4/7 y viabilizar reformas. ¿Cómo observa esta movida?

-Te respondo con otra pregunta: ¿Quién se podría oponer a rebajar los quórums? Nadie. Pero el problema no es ese. El problema es que esa es la tesis de la derecha de decir ‘yo rebajo los quórums y doy un test de la blancura, bajo la posición política de votar Rechazo’. La rebaja del quórum está asociada a que opere el Rechazo, porque ahí operaría esa rebaja de quórum.

Yo diría que harto tarde llega esta puesta en escena de sectores de la derecha y de la centroizquierda. Pero lo más importante a mi juicio, es que la votación del Rechazo está impregnada de un escenario político específico, cualquiera sea el quórum: el efecto político es que la derecha recupera su poder de veto.

-¿Incluso con el cambio de quórum?

-Sí, incluso con el cambio de quórum. Porque los 4/7 requieren de todas maneras conseguir votos de todos los sectores. Entonces, vuelvo a repetir: nadie se puede oponer a rebajar los quórums, pero la lectura no puede ser tan simplista, la lectura tiene que ser en el conjunto del proceso político que estamos viviendo. Pero, lo fundamental, es que el Rechazo resucita el poder de veto de la derecha.

-Pese a la intención de la derecha de modificar el quórum, ¿usted mantiene su desconfianza?

-Lo novedoso de esto es la oportunidad que se presenta paralelamente al diseño de la derecha. Este es un diseño de la derecha para presentarse de manera amable frente al Rechazo. La derecha le está pidiendo al país un acto de fe. Un acto de fe yo lo practico en la religión, pero no en la política, sobre todo cuando los actores tienen una historia larga. No me compro gato por liebre.

-¿Y qué le parece que la reforma venga de dos senadores de su partido, que parecen inclinarse hacia la idea del «Plan B»?

-Es evidente que en la centroizquierda, más tirado para el centro, hay distintas visiones sobre este proceso y sobre el modelo, y es evidente que en la DC hay dos almas, que está dividida por la mitad.

Yo me pregunto si eso va a resolverse en algún momento, porque es difícil convivir con dos almas en un partido, que tiene que tener objetivos políticos propios. Si no la gente se pregunta qué es la DC, cuál de las dos almas, ¿o la DC es la indefinición?. Un partido tiene que mostrarle al país lo que quiere y la DC tiene que definirse pronto.

-El problema es que queda poco para el Plebiscito, no van a alcanzar a solucionar problemas internos antes del 4 de septiembre.

-Pero ahí la DC se enfrenta de nuevo, entre el Apruebo o el Rechazo, no sólo a votar una de las dos alternativas; a mi juicio se enfrenta a una definición histórica. Una Constitución hecha de esta manera es algo histórico que se hace por primera vez en Chile. Es bueno no equivocarse en los procesos históricos y tener una mirada en perspectiva.

Nosotros lo hicimos bien con la reforma agraria de Eduardo Frei Montalva, un punto para la DC. Nos equivocamos con el Golpe de Estado y con la declaración de la Cámara para declarar ilegítimo el gobierno de (Salvador) Allende. Otro punto para la DC fue el eje histórico PS-DC.

Hoy día, si la DC opta por el Rechazo, significa que está desahuciando para el futuro toda su política de alianzas con la centroizquierda. Y eso lleva a la pregunta: ¿nos vamos a ir a la derecha, o nos vamos a quedar en solitario? La DC tiene que pensar muy bien lo que va a hacer.

-¿Para usted, la postura de la DC en el Plebiscito define el futuro de las alianzas?

-Exactamente. Ahí va a estar la consecuencia para la DC sobre la decisión que se tome cuando ya termine el Proceso Constituyente.

-Y en esa línea, ¿para usted la política de alianzas debe seguir en la centroizquierda?

-Por supuesto, ese es el domicilio de la DC en toda su historia y debe seguir siéndolo.


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