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11 de junio de 2022

Un recordatorio “para quienes están creando un nuevo y mejor país”: Alfredo Jaar interviene la sede de la Convención Constitucional con un coro de recién nacidos

Alfredo Jaar Isidora Torrealba

El artista inauguró en el hall del ex Congreso Nacional una reedición local de su obra Música (Todo lo que sé lo aprendí el día que nació mi hijo), instalación sonora estrenada en EEUU en 2014 que transmite los primeros llantos de recién nacidos en el país junto al nombre y la hora de nacimiento de cada uno. La pieza permanecerá en el histórico edificio hasta el 4 de julio, día en que la Convención presentará la propuesta final del texto constitucional que se votará en septiembre. “Estoy optimista y creo que se está construyendo un mejor país, más justo, más sensible, y más generoso”, dice Jaar a The Clinic.

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El día en que su hijo Nicolás nació, en el año 90, Alfredo Jaar (1956) estaba en la sala de parto y el médico se lo pasó para que lo tomara por primera vez en brazos. La emoción que sintió en ese momento no tenía equivalente alguno en su vida. “Me di cuenta que yo como artista nunca podría crear nada, pero absolutamente nada que fuera tan extraordinario, tan asombroso, como crear otro ser humano. Y esa es la gran frustración de varios artistas”, dijo el Premio Nacional la mañana de ayer (10 de junio) durante la inauguración de su obra Música (Todo lo que sé lo aprendí el día que nació mi hijo), instalación sonoro-inmersiva que desde hace unos días revoluciona el hall del histórico edificio ubicado en Compañía 1131, el ex Congreso Nacional y sede de la Convención Constitucional.   

“Estar con esta obra aquí es como haber ganado un segundo Premio Nacional”, añadió el artista vía Zoom desde Nueva York, donde está radicado desde 1982. 

El proyecto de Música surgió hace varios años e inicialmente iba a ser desplegado en el frontis del Ministerio de Educación de Chile como un llamado urgente sobre el compromiso de la institucionalidad en la formación de la ciudadanía. No le resultó y el artista logró estrenarla recién en 2014, en Estados Unidos, para el décimo aniversario del Nasher Sculpture Center de Dallas. Jaar instaló en el jardín del mismo museo una estructura cúbica de tonos verdes translúcidos diseñada por él mismo. De fondo se oían llorar bebés recién nacidos en el mismo Estado desde algunos meses antes y durante la exhibición de la pieza. “Después de estos meses infinitos de duelo, quisiera celebrar el extraordinario milagro de la vida“, contaba Jaar. 

“Me di cuenta que yo como artista nunca podría crear nada, pero absolutamente nada que fuera tan extraordinario, tan asombroso, como crear otro ser humano. Y esa es la gran frustración de varios artistas”, dijo el Premio Nacional.

La obra fue traída por primera vez a Chile recién este año, en enero, para la Bienal de Artes Mediales, durante la última visita de Jaar a Chile. Se expuso en el hall del Museo Nacional de Bellas Artes y poco tiempo después, y simultáneamente, en el pasillo Crucero del Centro de Extensión Palacio Pereira, donde aún se encuentra uno de los dos ejemplares de la obra que existen en el país. Tras su salida del edificio en el parque Forestal, y gracias a la gestión de Enrique Rivera, exdirector de la Corporación Chilena de Video y del Museo Interactivo Mirador (MIM), la instalación fue trasladada a fines de mayo al ex Congreso Nacional, donde permanecerá hasta el próximo 4 de julio, cuando la Convención presente formalmente la propuesta final del texto constitucional que se votará en el plebiscito de salida del 4 de septiembre. 

Uno de los principales impulsores al interior de la Convención para que la obra de Jaar se concretara, se dijo también esta mañana, fue su vicepresidente, Gaspar Domínguez, quien participó de la discreta inauguración en el ex Congreso junto a la ex candidata presidencial socialista y nueva embajadora de Chile ante la Organización de Naciones Unidas, Paula Narváez.

Crédito: Isidora Torrealba

En esta nueva versión diseñada para Chile, la obra de Jaar transmite los llantos de bebés nacidos entre mayo de este año y hasta la fecha en Chile, tanto en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile como en otras regiones del país. Cada nacimiento está sincronizado a una pantalla LED verde en la que se leen los nombres de cada uno y la hora en que nacieron. La reedición de la instalación estuvo a cargo de un equipo de la Bienal de Artes Mediales liderado por Rivera, quien hizo correr un teléfono celular y un número de WhatsApp entre un grupo de matronas que ayudaron a registrar los audios. 

“Para Alfredo Jaar todo se trata de estar en el momento y el lugar correcto. Y finalmente esta obra se convirtió en un ejercicio y un esfuerzo colectivo que hoy la hace posible, similar a lo que se está viviendo hoy en el país y en este edificio donde se está a punto de parir una nueva Constitución y un futuro posible para Chile”, dice Enrique Rivera. 

Uno de los principales impulsores al interior de la Convención para que la obra de Jaar se concretara, se dijo también esta mañana, fue su vicepresidente, Gaspar Domínguez, quien participó de la discreta inauguración en el ex Congreso junto a la ex candidata presidencial socialista y nueva embajadora de Chile ante la Organización de Naciones Unidas, Paula Narváez.

Luce a primeras como un letrero lumínico desarmado y en reparación. Como un circuito desnudo, con sus cables y órganos metálicos a la vista, y aparentemente en mal estado. Instalada en la entrada principal del ex Congreso, algo parece no funcionar en la obra hasta que de pronto se enciende una pantalla LED y da las primeras señales de vida. Un nombre se lee escrito en letras verde flúor, Bruno, además de la hora exacta: 9.16 de la mañana. No pasa ni medio segundo y por un parlante se empieza a oír un llanto, el primero de su vida. A las 9.19 vuelve a aparecer otro nombre y a oírse un nuevo llanto, el de Luciano, otro niño que acaba de nacer en Chile y de dar su primera gran interpretación.

Desde Nueva York, Alfredo Jaar conversó con The Clinic sobre esta nueva y local versión de Música. También sobre su nuevo escenario, además de su singular audiencia y el momento clave que hoy enfrenta el país. Su autor define la obra como “un canto a la vida” y un rito inaugural que nos recuerda el sentido de responsabilidad de lo que está por venir. Cuenta que incluso ha ofrecido donarla al Estado chileno, pero que aún no ha tenido respuesta. Así y todo, dice, siente que su obra al fin está en su casa. 

“Para Alfredo Jaar todo se trata de estar en el momento y el lugar correcto. Y finalmente esta obra se convirtió en un ejercicio y un esfuerzo colectivo que hoy la hace posible, similar a lo que se está viviendo hoy en el país y en este edificio donde se está a punto de parir una nueva Constitución y un futuro posible para Chile”, dice Enrique Rivera. 

-Concebiste Música para presentarla en el frontis del Ministerio de Educación hace algunos años y no se pudo concretar. ¿Cuál era el primer motor de esta obra y cómo crees que le habla hoy a la Convención Constitucional? 

-Soy un arquitecto que hace arte, y para un arquitecto, el contexto es todo. Cuando fui invitado por el Ministerio de Educación, decidí muy naturalmente enfocar la obra hacia los recién nacidos. Lamentablemente la obra no se pudo materializar. Dallas me ofreció la oportunidad de crearla para el Museo Nasher, cuya audiencia me pareció muy elitista y excluyente. Fue así que introdujimos las voces de recién nacidos latinos y afroamericanos en el museo, con el objetivo de cambiar su problemática realidad demográfica.

«Finalmente, la Bienal de Artes Mediales me invitó el año pasado a instalarla en Santiago, y me ofreció tanto el Museo de Bellas Artes como el Palacio Pereira. Acepté inmediatamente: era un retorno a Santiago donde la obra había nacido y era un momento histórico extraordinario ya que se estaba escribiendo la nueva constitución. Que ahora llegue al ex Congreso, sede de la Convención Constitucional, es absolutamente asombroso, maravilloso. Los primeros oyentes y testigos de estos gritos de nueva vida serán los participantes de la Convención Constitucional, recordándoles para quienes están creando un nuevo y mejor país», comenta Alfredo Jaar. 

Crédito: Isidora Torrealba
Crédito: Isidora Torrealba

-¿Pretendes seguir expandiendo y amplificando la obra hacia otros lugares? 

-No lo creo, pienso que esta obra llegó finalmente a su casa. 

-¿Piensas o pensaste en donar esta obra al Estado? 

-La hemos ofrecido, sería un grandísimo honor que sea aceptada. 

«Que ahora llegue al ex Congreso, sede de la Convención Constitucional, es absolutamente asombroso, maravilloso. Los primeros oyentes y testigos de estos gritos de nueva vida serán los participantes de la Convención Constitucional, recordándoles para quienes están creando un nuevo y mejor país», comenta Alfredo Jaar. 

¿Qué mirada tiene usted del país hoy, a propósito, también del proceso constituyente -y las tensiones del Apruebo y el Rechazo- y del actual gobierno que encabeza Gabriel Boric? 

-Desde New York donde vivo, el proceso que vive nuestro país captura de manera extraordinaria la imaginación y el interés público. Han aparecido muchísimos artículos de prensa sobre el proceso constituyente, su enorme complejidad y sus grandes desafíos. La paridad y la presencia de 17 miembros de pueblos originarios ha sido muy comentada, muy positivamente. La elección de Gabriel Boric fue también primera plana y generó muchísimo entusiasmo y preocupación por igual medida. La composición de su administración, con su mayoría de mujeres y su juventud provocó estupefacción y admiración.

«Debido al Covid, llevo más de tres años sin poder viajar a Chile, a excepción de un viaje muy corto a fines del año pasado, por lo tanto, me es difícil dar una opinión informada y profunda sobre la situación actual. Pero mí impresión es que nuestro país está viviendo un momento de un potencial enorme. Pienso que la política ha fallado miserablemente en los últimos años y este es el momento para las nuevas generaciones de actuar. A pesar de todas las dificultades que están apareciendo por el camino, estoy optimista que se está construyendo un mejor país, más justo, más sensible, y más generoso», concluye Alfredo Jaar.

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