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Opinión

29 de julio de 2022

Más se lee la Constitución, más crece el Apruebo

Más allá de lo insólito que resulta que un intelectual y académico se oponga a promover la lectura y descalifique a quienes leen para votar de manera informada, los dichos de Cristián Warnken dan cuenta de su “falta de calle”.

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El vocero amarillo, Cristián Warnken, puso en duda, en su columna del jueves 28 en El Mercurio, que los chilenos leyeran efectivamente la nueva Constitución. Más aún, desconfió que los lectores tuvieran “las herramientas de análisis y los conocimientos para descubrir las falencias y errores” del texto.

Todo esto para deslegitimar la acción del gobierno en su tarea de informar en torno a la nueva Constitución, incluyendo la distribución masiva de la propuesta que será sometida a plebiscito el próximo 4 de septiembre.

Más allá de lo insólito que resulta que un intelectual y académico se oponga a promover la lectura y descalifique a quienes leen para votar de manera informada, los dichos de Cristián Warnken dan cuenta de su “falta de calle”. Su columna muestra una forma de hacer campaña por el Rechazo sin moverse del escritorio, simplemente pensando cómo atacar al gobierno y descalificar a quienes votarán Apruebo.

La columna de Cristián Warnken muestra una forma de hacer campaña por el Rechazo sin moverse del escritorio, simplemente pensando cómo atacar al gobierno y descalificar a quienes votarán Apruebo».

La experiencia de quienes estamos a diario conversando con los vecinos y vecinas de distintas comunas, es muy distinta. Las personas tienen hambre de saber. Aplauden a quien le entrega un ejemplar de la nueva Constitución, no para venderla -como afirma Warnken- sino para que algún ex constituyente (es mi caso) se la firme, para guardarla como tesoro -dicen-, para regalarla a hijos y nietos que esperan disfruten del cambio de rumbo que plantea la propuesta constitucional.

En cada conversatorio, son muchos y muchas quienes ya han leído el texto, que preguntan citando el número del artículo específico que les interesa profundizar. Contrariamente a lo que afirma el columnista, la gente está cada vez más informada y, a medida que tiene acceso al contenido, no descubre los errores, que perciben algunos, sino más bien las bondades de una propuesta que busca cambiar el rumbo del país y establecer un Estado social y democrático de derecho, con todo lo que esto significa. Sin duda, no es bueno para los que promueven el Rechazo.

Lo cierto es que, inmersos en el texto oficial, las y los lectores no sólo aprecian normas que les parecen positivas, sino que no logran encontrar aquellas afirmaciones que acusan a la nueva Constitución de múltiples horrores como terminar con la propiedad privada o la libertad de enseñanza. No se necesita tantas herramientas ni conocimientos específicos para entender que ambas cosas están garantizadas para el futuro. Mientras más se lee, más crece el Apruebo.

Contrariamente a lo que afirma el columnista, la gente está cada vez más informada y, a medida que tiene acceso al contenido, no descubre los errores, que perciben algunos, sino más bien las bondades de una propuesta que busca cambiar el rumbo del país y establecer un Estado social y democrático de derecho».

Las acusaciones de intervencionismo al gobierno son propias de cada campaña electoral, independiente del color político de quienes están en La Moneda. Sin embargo, en esta ocasión las autoridades tienen la obligación de informar a la ciudadanía con más fuerza que nunca sobre el contenido del próximo plebiscito. Porque el 4 de septiembre próximo no se estará eligiendo una autoridad por cuatro o seis años, sino que estaremos definiendo nuestro futuro para varias décadas.

Hace tiempo ya que, en las democracias occidentales, el Leviatán de mil caras, dejó de estar en el Estado y se instaló con más comodidad en el poder económico. Desde allí actúa, como lo hemos comprobado, concentrando su poder en los medios de comunicación y universidades, invirtiendo fortunas en redes sociales, infiltrándose en el poder político para manipular leyes y políticas públicas.

Confío en que mientras más se lea la nueva Constitución, el debate público se irá enriqueciendo y se centrará por fin en su contenido y no en especulaciones lejanas a la realidad. Será un debate respecto de las ideas que están en juego como la garantía de derechos fundamentales para hacer posible la libertad, la paridad de género para que las mujeres participen efectivamente en la toma de decisiones que afectan al país o la economía sostenible y la protección del medio ambiente para asegurar la sobrevivencia de la especie. Todos temas del siglo XXI, frente a los cuales estamos atrasados.

Leer es indispensable para informarse, opinar y votar.

*Patricia Politzer es ex constituyente.

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