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20 de Agosto de 2022

Michelle Bachelet, acceso restringido

En pleno Mes de la Fotografía, The Clinic presenta esta serie especial donde los retratistas y fotógrafos personales de los presidentes que asumieron desde 1990 repasan imágenes y desclasifican anécdotas. Hoy: Michelle Bachelet y las historias fotográficas de sus dos gobiernos.

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El rumor corrió rápido en el palacio de Gobierno: la Presidenta Michelle Bachelet quería venirse sola esa mañana en el metro desde su casa a La Moneda. La acompañaría solamente su escolta y en su equipo ya estaban al tanto.

“Era sin duda un hecho insólito y que no iba a volver a pasar. Nunca más íbamos a poder tener esa imagen, que podía ser importante o no, pero no sé si tenemos fotos de un Presidente viajando en el metro como cualquier otro ciudadano. Ella no quería que llegara la prensa y yo traté de explicarle que yo no era la prensa sino su fotógrafo personal. No quiso o no quisieron, y al final no hubo foto”.

Quien habla es José Manuel de la Maza, fotógrafo del equipo de prensa de la Presidencia durante los dos gobiernos de Michelle Bachelet y el primero de Sebastián Piñera.

A la expresidenta la conoció durante su periodo como ministra de Defensa y luego retrató su primera campaña. “Bachelet no era muy amiga de las fotos. Lo justo y suficiente, y sólo lo protocolar y lo formal. Más allá de eso, muy poco, casi nada. A diferencia de Piñera, que era 24/7 y quería retratarse y tener registro de todo”, cuenta el fotógrafo.

Bachelet no era muy amiga de las fotos. Lo justo y suficiente, y sólo lo protocolar y lo formal. Más allá de eso, muy poco, casi nada. A diferencia de Piñera, que era 24/7 y quería retratarse y tener registro de todo”, cuenta el fotógrafo José Manuel de la Maza.

De la Maza tomó algunas de las imágenes más difundidas del día en que Michelle Bachelet asumió como Presidenta, en marzo de 2006. La retrató también por el mundo y al centro de un terreno de hombres, como lo ilustra una imagen de la APEC en la que aparece rodeada de Bush, Putin y media docena de líderes internacionales escuchándola hablar. Algunas de esas imágenes se exhibieron en una muestra sobre su primer año de gobierno, en 2007.

“Bachelet cuidaba mucho más lo que se publicaba de sí misma que Piñera. Tuvimos un acceso más restringido con ella porque tiene una mayor y mejor visión y proyección histórica de sí misma”, dice De la Maza.

“Es cierto además que por el hecho de que fuera mujer y la primera Presidenta, había siempre mucho cuidado con lo que se publicaba porque podía ser mal utilizado. Sus asesores la protegían harto. Uno ve las fotos que hizo Pete Souza de Obama, o los libros de Lula en Brasil, y claro, pienso que podríamos haber hecho mucho más con ella, pero no tuvimos acceso”, agrega.

A comienzos de 2015 y después de diez años como fotógrafo La Moneda, De la Maza negoció su salida del palacio de Gobierno. Eran los días más críticos del segundo gobierno de Bachelet. “Justo había estallado el caso Caval y todo estaba estaba muy contaminado por ese tema, partiendo por el ambiente de trabajo”, recuerda.

Es cierto que por el hecho de que fuera mujer y la primera Presidenta, había siempre mucho cuidado con lo que se publicaba porque podía ser mal utilizado. Sus asesores la protegían harto. Uno ve las fotos que hizo Pete Souza de Kennedy, o los libros de Lula en Brasil; y claro, pienso que podríamos haber hecho mucho más con ella, pero no tuvimos acceso”, agrega De la Maza.

“Durante su segundo mandato estuve mucho más presente en el primer año, que fue el de las reformas, pero Caval se comió el resto del gobierno. Quedó mucho de ese periodo que casi no se vio, por ejemplo sel proceso constituyente que impulsó la presidenta. En ese registro se aprecian varias de las demandas que se instalaron en el estallido social, pero lo que llenaba las páginas de la prensa por esos días era el escándalo”, señala.

Crédito: José Manuel de la Maza
Crédito: José Manuel de la Maza

De la Maza cree que la figura del fotógrafo personal del Presidente se ha ido perdiendo en el tiempo. “Antes tenían cierto rango, eran considerados parte del equipo más cercano al Presidente de turno, tenían una oficina, etcétera. Se ha ido desfigurando ese rol; ahora están reducidos a ser uno más en el equipo de prensa, lo cual le impide generar un registro histórico con perdurabilidad en el tiempo. Se los come la rutina del día a día y casi no les queda tiempo. Depende también de cada Presidente: no todos le sonríen a la cámara”.

Retrato angelical

La primera Presidenta de Chile convocó también y por primera vez a una mujer para retratar su histórico arribo a La Moneda. En 2006, su equipo contactó a la destacada fotógrafa de moda estadounidense Nancy Coste, cuyo trabajo ha sido publicado en Vogue, ELLE, Marie Claire, Le Figaro y, en Chile, en revista Paula. Radicada actualmente en Catar, Coste trabajó también como fotógrafa oficial de Bachelet en su primer gobierno y fue también la autora del retrato de su segundo gobierno, en 2014.

Julio Donoso –el retratista de Eduardo Frei y Ricardo Lagos– considera que de todos las fotos presidenciales oficiales desde el regreso a la democracia, la de Bachelet en su primer gobierno es la mejor lograda.

Crédito: Nancy Coste

“La Presidenta lucía perfecta en ese traje blanco medio Mao, muy moderno, al igual que el fondo blanco. Hay algo angelical en esa foto; su mirada, sus anteojos, el corte de pelo. Si la analizas y la comparas con cualquier otro retrato presidencial, es la que más te muestra a la persona y lo que esa mujer representaba en ese momento. Es verdaderamente una fotografía conmovedora y que le hace bastante honor al personaje”, opina el fotógrafo.

“La Presidenta lucía perfecta en ese traje blanco medio Mao, muy moderno, al igual que el fondo blanco. Hay algo angelical en esa foto; su mirada, sus anteojos, el corte de pelo. Si la analizas y la comparas con cualquier otro retrato presidencial, es la que más te muestra a la persona y lo que esa mujer representaba en ese momento”, opina Donoso.

“El segundo retrato también es una buena foto -agrega Donoso-, pero sin duda la primera es superior; más potente y emblemática hoy en día, tanto por el retrato mismo como por su valor histórico”.

Vibra de gol y zapatos voladores

La fotógrafa Ximena Navarro trabajó 22 años en prensa, en diarios como La Época, El Metropolitano y La Tercera, y además presidió la Unión de Reporteros Gráficos. Fue la primera mujer que pasó por La Copucha -la sala de prensa de La Moneda– y luego llegó a formar parte del equipo de fotografía de Presidencia, con el segundo gobierno de Bachelet. Su pase se lo ganó con la famosa y premiada foto del zapato volador de la Presidenta en la inauguración del estadio Germán Becker de Temuco.

“Ella partió siendo muy reacia a las cámaras, pero aprendió muchas veces a no ver la cámara, a no estar pendiente”, comenta Navarro.

Menos conocida, aunque igual de futbolera, es la fotografía que le tomó a la Presidenta celebrando un gol de la selección chilena en la Copa Confederaciones de 2017. “Ella estaba en una reunión con los ministros de la Corte Suprema que se había alargado bastante y en la sala de al lado había una tele. Invitó a todos los ministros a ver el partido, se instalaron, con mis compañeros camarógrafos subimos a hacer imágenes y a ella no le pareció mucho que estuviéramos ahí”, recuerda Navarro.

Crédito: Ximena Navarro

“Era una instancia súper privada, pero como uno aprende a trabajar con los años, me di la vuelta y entré por otro lado de la sala que estaba apenas iluminada por la luz de la tele -agrega la fotógrafa-. Me quedé parada atrás de la tele, ella no me veía. Me agaché y justo hace un gol Chile. Ella saltó con la boca abierta, gritando y todos los de la Corte Suprema hicieron lo mismo. Logré tomar esa foto”.

“Nadie quería hacerla pública en el gobierno en ese momento. La peleé harto, dije que no la podíamos desperdiciar y finalmente se la mandaron a El Mercurio y salió publicada. Mostrar a la Presidenta en esas situaciones es mostrarla más humana, más cercana, como una chilena más que se sienta a ver el partido y que vibra con un gol. En lugar de perjudicarla, la iba a favorecer y a mi parecer, así fue. La Presidenta era muy espontánea y de repente tenía salidas que a la gente le gustaban y que a nosotros como fotógrafos nos servían mucho”.

Me quedé parada atrás de la tele, ella (Bachelet) no me veía. Me agaché y justo hace un gol Chile. Ella saltó con la boca abierta, gritando y todos los de la Corte Suprema hicieron lo mismo. Logré tomar esa foto”, recuerda Ximena Navarro.

Otra: Caracas, año 2007. Michelle Bachelet culminaba su primera visita oficial a Venezuela a una semana de un bullado impasse con su anfitrión, Hugo Chávez, quien había llamado “fascista” al Senado chileno. Ambos mandatarios sostuvieron una reunión privada en la que aclararon personalmente lo ocurrido. Navarro logró capturar una imagen en la que aparecen, en este orden, Nicolás Maduro, Bachelet y Chávez. Los tres miraban al cielo.

“Se escuchó algo y los tres se dieron vuelta. En ese momento pensé: a lo mejor era solo una foto. Hoy día es una foto histórica”, dice Navarro.

Crédito: Ximena Navarro

Códigos

“La presidenta Bachelet intentó mantener la formalidad durante su gobierno, pero ya con el pasar del primer año se había empezado a manejar más con la cámara encima. Tuvo un antes y un después: comenzó muy reacia a la imagen, pero de a poco se fue dando, siempre con un límite”, cuenta Ximena Navarro.

Crédito: Ximena Navarro
Crédito: Ximena Navarro

“No es fácil estar constantemente seguido por una cámara y los Presidentes tienen que acostumbrarse a la fuerza. Ella además sentía el peso de la sobreexposición en gran parte porque es mujer y porque seguía siendo la primera Presidenta. Y puso sus límites: no accedía a que entráramos a su oficina un día cualquiera a hacer fotos con ella en su escritorio, por ejemplo. Tampoco la podías fotografiar en la ventana mirando hacia la Plaza de la Constitución, lo que sí se hizo con Piñera. En esas cosas no fue manejable fotográficamente”.

Puso sus límites: no accedía a que entráramos a su oficina un día cualquiera a hacer fotos con ella en su escritorio, por ejemplo. Tampoco la podías fotografiar en la ventana mirando hacia la Plaza de la Constitución, lo que sí se hizo con Piñera. En esas cosas no fue manejable fotográficamente”, cuenta la fotógrafa.

“Tenía todos los ojos puestos en ella y yo creo que pensaba que en todos lados la querían joder. Con una imagen, una foto, un meme. Se cuidaba de todo eso y entre todos la cuidábamos también: si andaba despeinada, yo le hacía el gesto para que se peinara, o si le habían quedado labios marcados en el rostro cuando la gente la saludaba, yo le hacía el gesto para que se limpiara -recuerda Navarro-. Empezamos a tener esos códigos y después nos buscábamos las miradas. Eso abría espacios de confianza con ella. Yo también sabía cuándo ella no quería y no quería no más. Como mujer empaticé mucho con ella. Dudo que muchos hombres puedan con el peso que ella cargó sobre sus hombros”.

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