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Entrevistas

26 de Agosto de 2022

Kathya Araujo, socióloga: “Hay un alto grado de irritación, que va creciendo”

Es una voz respetada para entender los movimientos que tensionan a la sociedad. Hoy, a pocos días del plebiscito, Araujo sostiene que todas las demandas del estallido siguen vivas y que se requiere de un gran acuerdo nacional.

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El mundo no se va a acabar el 5 de septiembre. Gane el Rechazo o gane el Apruebo, el país tiene que seguir”, sostiene la renombrada investigadora social Kathya Araujo poniendo en perspectiva el álgido debate de estos días. A su juicio, el mundo político debe tomar nota que la demanda de cambio sigue viva en las personas, pero requiere nuevas formas para encarar lo que viene.

Kathya Araujo es una de las investigadoras sociales más importantes del país. Trabaja en terreno. Testea en vivo los anhelos y también las angustias de la sociedad. Ella sí vio venir el estallido social de octubre del 2019 y lo advirtió. Desde mucho antes venía alertando de un malestar subterráneo que cruzaba la vida cotidiana de amplios sectores del país.

Hoy, a días del plebiscito en que se va a aprobar o rechazar el texto de una nueva Constitución, Araujo llama a los actores políticos a sellar un gran acuerdo nacional y dejar de lado las posturas rígidas, binarias, que no recogen los matices ni la diversidad del país.

Directora del Centro Núcleo Interuniversitario Individuo, Lazo Social y Asimetrías del Poder (NIUMAP), esta socióloga vive en el mundo de la academia. No sólo opera como profesora titular del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago, sino que investiga.

Por estos días, junto a un equipo de académicos, dio a conocer los resultados de la primera Encuesta Nacional de Autoridad. ¿Qué entienden los chilenos por autoridad?, ¿cuán difícil se ha vuelto ejercerla?, ¿qué tan autoritarios somos? Esas son algunas de las preguntas que ese estudio intenta responder.

-En ese estudio sobre autoridad no salimos muy bien parados. ¿Podría haber una correlación que explique el momento incierto que se está viviendo?

-Estamos en un momento en que las aguas están muy movidas. Hay corrientes sociales que están yendo en una misma dirección desde ya hace mucho tiempo, pero que continúan vigentes. No lo vemos, porque estamos mirando más la cresta de la ola que todo el movimiento que está aconteciendo en la sociedad.

-¿Y eso tiene riesgos? ¿Cuáles?

-Totalmente. El gran riesgo es que lo que acontece en la superficie del mar, no conecte lo suficientemente bien con lo que está pasando en la sociedad y con los problemas que se están anunciando desde hace tiempo.

-¿Por qué? ¿Qué subyace en ese mar de fondo que a ti te preocupa? 

-Hay varios temas. Primero, tenemos individuos que se han transformado y que esa transformación los ha empujado a ser híper-actores. Eso ha terminado produciendo mucho agobio en las personas y también ha generado enorme distancia con las instituciones. En ese sentido, aparece un segundo factor que quizá es lo más preocupante: que se ha generado una retracción hacia las relaciones de proximidad.

-¿Cómo?

-El mandato de ser un híper-actor, de que tienes que hacerlo todo, resolverlo todo, es extremadamente agotador para una buena parte de la sociedad. Y por un conjunto de razones, los principios, las lógicas con las que nos relacionábamos, han dejado de funcionar.

-¿Quieres decir que nos quedamos sin herramientas para relacionarnos los unos con los otros?

-Claro, porque como estamos en un momento de transformación, todos esos principios y valores con que nos relacionamos, se han visto alterados. Eso ha afectado las relaciones que organizaban nuestra vida social. El espacio común está puesto en cuestión y eso genera mucha incertidumbre en la vida ordinaria de la personas. Hay un alto grado de irritación… Yo lo vengo diciendo hace tiempo, pero lo que veo ahora es que esa irritación sigue aumentando. Va creciendo…

El espacio común está puesto en cuestión y eso genera mucha incertidumbre en la vida ordinaria de la personas. Hay un alto grado de irritación… Yo lo vengo diciendo hace tiempo, pero lo que veo ahora es que esa irritación sigue aumentando. Va creciendo…”

-Esa irritación, ¿es rabia, es angustia?

-Creo que es una mezcla. La irritación tiene que ver, sobre todo, con que las personas reaccionan a los estímulos de manera sobredimensionada. Alguien te da un pequeño empujón en la calle porque no te vio, y tú reaccionas de una manera súper exagerada. También se ven grados de desconfianza sobredimensionadas. Los reportes de este tipo de irritación, de estas formas de intolerancia, de dificultad para relacionarse y reaccionar airadamente o con el uso de la fuerza, están aumentando en la población.

¿Eso quiere decir que podría explotar un factor emotivo en la sociedad?

-Las relaciones están muy, muy irritadas entre las personas. Eso te lleva a la retracción, que es lo que a mí más me preocupa.

-¿Por qué?

-En nuestros reportes, mucha gente siente que es mejor alejarse, retraerse. Estas formas de retracción, yo las he llamado desapegos. Es una actitud en que decides restarte del mundo en común. O sea, la gente trata de protegerse. Ronda un sentimiento de agobio, de incertidumbre, de desmesura en las exigencias. Son síntomas problemáticos de este Chile actual. Acabo por eso de publicar un libro que, traducido al castellano, se llama “El circuito del desapego”.

-¿Qué efectos puede gatillar el desapego en la vida en común? ¿Sólo desinterés?

-Mi preocupación por el desapego tiene que ver con lo siguiente: para que la vida en sociedad se conduzca de una cierta manera, para que tenga un grado de pacificación y sea una vida vivible, tienen que pasar varias cosas. Una de ellas es que las personas se sientan dignificados. Otra cosa es que adhieran a respetar algunos principios de ese mundo común.  Dignificación y adhesión a la vida en común son claves para definir cómo organizamos la vida en conjunto. Y eso es lo que hoy está puesto en tensión.

En nuestros reportes, mucha gente siente que es mejor alejarse, retraerse. Estas formas de retracción, yo las he llamado desapegos. Es una actitud en que decides restarte del mundo en común. O sea, la gente trata de protegerse. Ronda un sentimiento de agobio, de incertidumbre, de desmesura en las exigencias. Son síntomas problemáticos de este Chile actual”.

-¿La vida en común es lo que está en crisis?

-Como hay tensión, el espacio público es considerado cada vez más como el reino de la ley del más fuerte. Por lo tanto, hay que defenderse, protegerse, replegarse. Y, a la vez, eso genera un atrincheramiento en tu propio mundo, porque sientes que sólo ahí puedes tener tranquilidad. Ese sentimiento va en aumento. El problema es que la adhesión hacia el espacio común es esencial para que podamos salir adelante.

-Y ahí, ¿qué rol debería jugar la política?

-Producir certezas. Con una sociedad así, es muy complicado introducir tanta incertidumbre, como lo que ha pasado en este tiempo. Es nefasto construir un debate político simplista y binario. Eso sólo  aumenta este sentimiento de irritación, agudiza la distancia y dificulta la posibilidad de identificarse y adherir a lo común. Cuando todo es blanco y negro, sin matices, no hay espacio para albergar lo plural, lo diverso.

-O sea, ¿los actores políticos no han ayudado a ese encuentro?

-Yo veo que los grados de incertidumbre que tenemos hoy, producto del camino que tomó este debate político, no han ayudado en nada. Seguimos en esta cuestión binaria y sin matices que cansa y distancia. 

Es nefasto construir un debate político simplista y binario. Eso sólo  aumenta este sentimiento de irritación, agudiza la distancia y dificulta la posibilidad de identificarse y adherir a lo común. Cuando todo es blanco y negro, sin matices, no hay espacio para albergar lo plural, lo diverso”.

-¿Dirías que no estamos yendo por un buen camino?

-Hace un tiempo no. Yo creo que es urgente e indispensable un gran acuerdo nacional… Un gran acuerdo que aporte a construir un debate público amplio, que entienda que las personas sí quieren que las cosas cambien, pero al mismo tiempo quieren tranquilidad. ¿Es una contradicción? Pero el reto es encontrar una manera para articular los cambios sin tanta incertidumbre. Lamentablemente, hoy tenemos un debate muy crispado, muy alterado, que no ayuda para nada.

“HAY UN CANSANCIO MUY GRANDE”

-El proceso constitucional era también una apuesta por la esperanza, por un nuevo pacto común. El 80% dijo que quería una nueva Constitución. Ahora eso está en duda. ¿Qué pasó? ¿Se diluyó esa expectativa de cambio?

-Efectivamente, el plebiscito de entrada selló un acuerdo respecto a la voluntad de las personas de que las cosas tenían que cambiar. Seguir igual era insostenible. Y eso se mantiene. El malentendido era pensar que todos queríamos cambiar las mismas cosas. Y no. Era sólo el punto de partida para empezar a discutir. Por ejemplo, yo quiero una vida más digna para todos. Me parece que, moralmente, eso nos hace más consistentes como país, pero los caminos para transitar hacia ese país más digno son muchos. De eso se trataba esta conversación…

-¿Y la Convención no logró ser espejo de esa conversación? 

-Hemos centrado demasiado la discusión en la Convención. Se la puesto en el centro y dejamos de mirar las otras cosas importantes que están ocurriendo en el país. Aquí tendría que haber habido un acuerdo político mayor para acordar las bases de lo que teníamos que resolver. Era obvio, pero no se hizo. La pandemia profundizó la crisis. No había que ser economista para saber que se nos avecinaba una crisis económica de marca mayor. Era el momento para pensar en grandes acuerdos.

Hemos centrado demasiado la discusión en la Convención. Se la puesto en el centro y dejamos de mirar las otras cosas importantes que están ocurriendo en el país. Aquí tendría que haber habido un acuerdo político mayor para acordar las bases de lo que teníamos que resolver. Era obvio, pero no se hizo”.

-¿Por qué crees que no pasó?

-Porque entramos en una especie de torbellino, con un discurso político binario de buenos y malos, de quién gana y quién pierde. Para la gente ha sido muy agotador. Hay un cansancio muy grande. Y ahí hay una responsabilidad de los actores políticos. Construir estos momentos de polarización tan altos, no nos ha dejado ver otras cosas.

-¿Por ejemplo?

-Tenemos un problema serio, profundo con el ejercicio de la autoridad. Esto no es un asunto menor en la sociedad. La autoridad está en el corazón de cómo funciona la vida social. Para que funcione nuestra vida social se requieren asimetrías de poder, jerarquías que aquí están puestas en juego.

-¿Hay distancia, desconfianza con las figuras de autoridad?

-O sea, las personas reconocen que en la política tienen que haber figuras que ejerzan autoridad. Sin embargo, lo interesante es que cuando les preguntas a quién reconoce como a alguien  con autoridad, una proporción muy alta dicen que a los miembros de su familias. O sea, las personas están colocando las fuentes de autoridad en la familia.

-¿Y eso cómo habría que leerlo?

-Nos pone la pregunta de hacia dónde estamos yendo… Porque hay un montón de señales que te muestran que el mundo de lo público está perdiendo el  lugar de fuente de autoridad.

-Tampoco está siendo fácil ejercer autoridad.

-No. Y la gente está consciente de que hay muchas dificultades para ejercer autoridad. ¿Qué esperan para darle ese reconocimiento? Básicamente, la gente quiere autoridades que tengan un buen trato, que sean capaces de escuchar, pero también que sean eficaces cumpliendo las promesas que hicieron. Eso es lo que se están pidiendo. Entonces, las instituciones tienen que reaccionar seriamente. Estamos ante una situación de transformaciones relacionales que están produciendo roces, muchas tensiones.

-¿Hay una grieta abierta?

-Más que una grieta, son desacoples que están dificultando la confianza, el funcionamiento de la vida social. Porque para que las instituciones funcionen, los individuos tienen que adherir a ellas.

EL 5 DE SEPTIEMBRE

-En ese contexto, ¿cómo visualizas el día después del plebiscito? Me refiero a la legitimidad de las autoridades para llegar a acuerdos y proponer caminos. Me refiero a la irritación que tú adviertes..

-No sé lo que va a pasar. No soy cientista política, pero lo que es claro es que aquí no podemos perder lo avanzado. Básicamente, se trata de entender que hay cosas de la vida en común que tenemos que modificar. Las expectativas de cambio, de mejora de la vida, no se han modificado.  Ojalá todos los actores políticos lo tengan en cuenta. Las personas quieren una vida mejor, especialmente ahora que las condiciones son mucho peores que en el 2019. Somos un país más pobre y con un escenario internacional mucho más difícil. Esa es una primera cuestión.

-¿Y la segunda?

-Tiene que ver con las expectativas. Hay que ser lo más sincero, consistente y realista respecto a las promesas que se hacen y el discurso que se tiene. A partir del día 5 de septiembre, tenemos que empezar a construir un discurso político de renuncias y de pérdidas. Ojalá sea un acuerdo transversal de máxima sinceridad. No hay otra manera de poder hacer los cambios que se necesitan sin antes reconocer que se harán en la medida de lo que el contexto lo permita…

A partir del día 5 de septiembre, tenemos que empezar a construir un discurso político de renuncias y de pérdidas. Ojalá sea un acuerdo transversal de máxima sinceridad. No hay otra manera de poder hacer los cambios que se necesitan sin antes reconocer que se harán en la medida de lo que el contexto lo permita…”

-¿Avanzar en la medida de lo posible?

-El gran reto es que, lentamente, todos los sectores políticos comiencen a instalar un discurso de renuncia, porque todo cambio va a implicar una pérdida. Es inevitable. Y lo otro, pensando en la cuestión social, es que  a partir del día 5 el descenso de incertidumbre tiene que ser rápido.

-¿Y cómo se baja la incertidumbre? ¿Cómo se administra?

-La incertidumbre está presente en la vida de las personas desde hace décadas. Y ha sido bastante difícil e insoportable para su día a día. Es verdad que todo proceso de cambio conlleva grados de incertidumbre, pero el problema es que aquí se ha dilatado demasiado. La incertidumbre ha sido muy larga y eso es erosivo.  La incertidumbre produce irritación. Las irritaciones producen grados de enfrentamiento que podrían darse de otras maneras…

-¿La violencia podría ser un factor que podría volver a entrar a escena?

-Lo que pasa es que hay grupos que son minorías políticas muy activas y que tienen capacidad de movilización en ciertos grupos. Pero no necesariamente están reflejando lo que está pasando en la sociedad.

-Pero lo que es claro es que hay un sentimiento de irritación que sigue ahí, ¿no?

-Sin duda, la demanda por dignidad, por mejora en su vida ordinaria, por una mayor redistribución siguen ahí. Esas inquietudes no se han terminado. El sentimiento de que ésta es una sociedad extremadamente clasista y que deja sin oportunidades a muchas personas también está extendido en muchos sectores. Todo eso continúa presente. El discurso de dignidad es muy importante para las personas, pero que eso las lleve a una acción violenta, no tenemos cómo saberlo. 

-En el fondo, el mundo político debería tener muy presente que las demandas siguen vivas. No hay adormecimiento…

-Así es. Y ya hemos avanzando un paso. No tenemos por qué retroceder. Lo importante es construir un país donde la gente se sienta viviendo de una manera más satisfactoria, más digna, con mejor educación, con mejor salud y sintiendo que son parte de una vida en sociedad. También hay que aliviar las formas en que se concentró poder en el país. No hay que olvidarlo, porque está muy presente todavía. Por eso es que creo que aquí urge un acuerdo nacional y a partir de ahí comenzar a discutir todos esos temas.

El mundo no se va a acabar el 5 de septiembre. Gane el Rechazo o gane el Apruebo, el país tiene que seguir. Este es un país de personas muy sensatas. Pero la cosa colectiva, que es producida políticamente, genera un clima crispado que no ayuda”.

-¿Por dónde partir en momentos en que todo parece tan expectante?

-Entendiendo que ni Chile ni el mundo son el mismo de antes. Hay que modificar las instituciones. Hay que cambiar el discurso político y abandonar esa dimensión binaria ya sea de derecha o de izquierda. Y lo más importante ahora: los actores políticos tienen que controlar la incertidumbre que han producido.

-¿Bajar la crispación?

-Salir de este escenario de disputa. Cada uno tendrá sus posiciones, pero ahora hay que producir algo nuevo que no siga generando este clima de desastre e incertidumbre. No sólo no ayuda. Hace mal. El mundo no se va a acabar el 5 de septiembre. Gane el Rechazo o gane el Apruebo, el país tiene que seguir. Este es un país de personas muy sensatas. Pero la cosa colectiva, que es producida políticamente, genera un clima crispado que no ayuda.

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