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Selección Nacional

4 de Octubre de 2022

De la calle a los escenarios: Jennifer Soto, la diseñadora de ropa sustentable que viste a las figuras del género urbano

Flor de Rap a la izquierda y Jennifer Soto a la derecha

En 10 años, los diseños de Jennifer Soto han logrado transitar desde un paño en las veredas del Barrio Lastarria, hasta importantes escenarios musicales como el Luna Park, en Argentina. El camino para lograrlo no fue intencional ni sencillo, como ambulante arrancó de los "pacos" por los cerros de "Valpo" y durante los meses más estrictos de cuarentena se las ingenió para conseguir material pese al sobreprecio por la escasez. La constancia y el saber moverse han sido claves. Una de las razones para persistir: no volver nunca más al hambre. Las creaciones de Fraktal no generan residuos -todo se recicla- y hoy músicos como Flor de Rap, Pailita o Cris MJ buscan sus creaciones para usarlas en videoclips y presentaciones en vivo: “La costura nunca fue mi prioridad, nunca fue estudiarlo, nunca fue dedicarme, yo jamás pensé en ser diseñadora”, dice.

Por

Un pito, dos pitos, tres pitos, contó Jennifer. La cuarentena la tenía sin materiales, así que sacó un salvoconducto de su pololo y se movilizó desde San José de Maipo a Independencia. Ahí, observó la gente de la calle por cinco horas -acompañada por el humo de los caños de marihuana que llevó- con la idea de encontrar algo que la pudiera ayudar. De pronto, apareció la señal ante sus ojos: una mujer que se desplazaba con un rollo de hilo para coser.

— ¡Señora! ¿Dónde consiguió eso? —le preguntó Jennifer.

La mujer la llevó a un cité habitado por peruanos, y casi de forma clandestina le permitieron entrar. Todo por esa señora que tenía el dato exacto y se cruzó justo frente a las convicciones y el humo emanados por Jenny. 

En el cité estaba todo lo que necesitaba: géneros, telas, alfileres y agujas, pero todo costaba por lo menos el triple del valor normal. Le pidieron 15.600 por un rollo de elásticos aunque ella sabía bien que el precio real no era mayor a 2.900. Era una de las consecuencias provocadas por la pandemia en 2020: escasez y sobreprecio.

Jennifer en su taller

No hubo espacio para la duda, el taller debía continuar. Jennifer llevaba ya ocho años enfocada en el taller de diseño de vestuario al que llamó Fraktal y -pese al alto costo- en 2020 pudo sacar una pequeña colección junto a una amiga que le permitió seguir vigente. 

Buscar materiales durante la pandemia fue uno de los tantos obstáculos que pasó Jennifer Yaritza Soto Pavez, de 35 años, para afirmarse como diseñadora en la escena musical. Actualmente, artistas como Pailita, Flor de Rap, Pablito Pesadilla, King Savagge, Denisse Rosenthal, Jonas Sanche, Chystemc, entre muchos otros, han usado sus creaciones. Y la lista crece.

“Anoche no te pude contestar, cosí hasta las 10 de la noche porque Cris MJ se fue a Luna Park, y heavy que un chico de 21 años esté en Luna Park. Mi pololo quedó loco: ‘¡Pero Jenny, esa hueá es gigante!’ Bueno, pa’llá va la ropa. Yo la entregué anoche y se fue. Entonces sí po’, yo estoy haciendo escenarios importantes sin querer y sin tenerlo consciente, está sucediendo nomás”, explica a The Clinic.

Taller de Jennifer

La aguja al ritmo del beat

Jennifer Soto nació el 30 de abril de 1987, vivió su infancia y adolescencia donde confluyen los límites de las comunas de Quinta Normal y Cerro Navia. Ahí, desde pequeña miró a su abuela materna usar las máquinas de coser a las que no tenía permitido acercarse, hasta que cumplió 11 años. “Yo aprendí de mi abuela desde muy chica. Ella me sentó en la máquina para que yo supiera que era peligrosa, porque yo era muy curiosa con respecto a la costura, desde siempre tuve la inquietud de ver, revisar, buscar”, recuerda.  

La curiosidad fue tanta, que aprendió a usar la máquina al mirar cómo trabajaba su abuela. “Ella era como de ‘veme y aprende, porque estoy realmente ocupada’. Y en el taller a mí me pasa igual acá con mi hija, que me cuesta mucho enseñarle porque de verdad estoy ocupada”, reflexiona. 

“Anoche no te pude contestar, cosí hasta las 10 de la noche porque Cris MJ se fue a Luna Park, y heavy que un chico de 21 años esté en Luna Park. Mi pololo quedó loco: ‘¡Pero Jenny, esa hueá es gigante! Bueno, pa’llá va la ropa. Yo la entregué anoche y se fue. Entonces sí po’, yo estoy haciendo escenarios importantes sin querer y sin tenerlo consciente, está sucediendo nomás”

Por esos años, empezó a usar los “residuos” que caían al suelo producto de los trabajos que realizaba su abuela. “Siempre me interesó construir con lo que ella iba desechando. Yo creo que partió de ahí la reutilización. La conciencia ambiental viene después. Pero la inquietud de hacer con lo que ella botaba, sí, fue necesidad cuando partí experimentando”.

Impedida de poder usar las telas de su abuela, sin saber, comenzó su relación con la sustentabilidad con la única opción que tenía: cada trozo de género que tenía a disposición le sirvió para aprender. “De ahí el recurso fue increíble porque nada se repetía, un pedazo único al otro y ahí mi cabeza fue flasheando con ese tema”. 

Jennifer en su taller

Han pasado dos décadas desde esas primeras experiencias y aún mantiene la creatividad que desarrolló reciclando los materiales que tenía a disposición: En una esquina de su taller ubicado en San José de Maipo, acumula todos los hilos que caen. “Eso va para un cojín o va para una prenda que luego coso encima y se va a ver hermoso”, dice.

Jennifer también expresó su curiosidad en otros ámbitos de su vida. En Cerro Navia durante los 90’ conoció el mundo del rap, a la antigua, de plaza y rodeada por vicios duros que supo esquivar. A lo que no le hizo el quite fue al estilo rappers. Las ferias eran su fuente favorita de ropa  y con 14 años mezcló su hobby por la costura con el rap: Jennifer arreglaba su ropa y la de sus amigos.

“Yo aprendí de mi abuela desde muy chica. Ella me sentó en la máquina para que yo supiera que era peligrosa, porque yo era muy curiosa con respecto a la costura, desde siempre tuve la inquietud de ver, revisar, buscar”

Con 17 años se le hizo habitual asistir a tocatas que planificaba junto a sus amigos. Se organizaban minuciosamente con el sonido, en la promoción, en el cobro de entradas y quienes rapeaban, todos tenían un rol. Tuvo la oportunidad de compartir  constantemente en fiestas con músicos de barrio y ver cómo hacían las pistas sobre las cuales grababan canciones. “Viví el rap cómo se hacía en la esquina, en estudios artesanales”. Muchos de sus amigos fueron más allá, y lograron trasladarse a otros escenarios. Por ese entonces conoció a destacados artistas nacionales como Jonas Sanche o Hordatoj.  

Jennifer tenía entre ceja y ceja una cosa en las presentaciones de sus amigos: el estilo. “La visión de vestuario era esa, siempre mirar a los cabros detrás del escenario y ver cómo se veían. Ahí fui en mi cabeza -sola- hilando para donde más o menos iba. Lo que me interesaba era la estética visual del rap ¿Cachái?”, explica.

Fraktal Taller

Jennifer Soto estudió maquillaje artístico tras salir del colegio, pero se desencantó rápido de la competitividad del rubro. “Cuando tú tienes 19 y no tienes ni uno, tienes que tener el workshop en Londres para que puedas optar. Creo que no era mi camino, como que había que empezar demasiado desde cero para poder optar a eso y realmente no era tampoco lo que yo quería”, dice. Así que comenzó a trabajar en tiendas de ropa, ligadas al estilo skater. Jamás dejó de lado la costura, pero ahí entendió que lo suyo era la ropa y tras varios años decidió desistir del trabajo formal —¿Por qué limitarme a elegir vestuario cuando puedo crearlo? —se preguntó.

En 2012 abandonó definitivamente los trabajos estables y se volcó a lo que quería. Invirtió 100.000 pesos en chaquetas de mezclilla, las rediseñó y salió a vender a la calle: estuvo ocho horas en el Barrio Lastarria y le compraron todo. Transformó la inversión inicial en 1.000.000 de pesos. “Cuando pasó eso dije: ‘esto es, esto da, esto es rápido, se me hace muy fácil’ y empecé a juntar todas las informaciones requeridas hasta ese momento, tanto de maquillaje y producción, tiendas y comenzó Fraktal”, recuerda.

Los diseños de Jennifer estuvieron años en la calle. En 2015 se trasladó a Valparaíso junto a dos amigas diseñadoras, ambas fuentes de inspiración. Habla con cariño de la “Juani”, y de la “Belen”, que también tiene un taller en la ciudad puerto: “Magma Recicla”. “Yo vi cómo construían a través del reciclaje, explotó mi cabeza”, dice Jenny.  

Gentileza de Jennifer

En la urbe costera pasó más de un susto. El comercio ambulante no era bien mirado por las autoridades por lo que estuvo expuesta a fiscalizaciones, multas y a que le quitaran las prendas. En una ocasión, recuerda, tuvo que “correr como delincuente” de Carabineros. “Había cosido demasiado rato como para regalarle la hueá a los pacos, ni cagando. Entonces agarré la hueá, vi que estaban como en el tercer puesto y yo corrí, me salieron persiguiendo pero no me pillaron”, relata.

Pese a todo, aquel año fue fundamental y a Jennifer le pidieron -incluso- vestidos de novia, muestra clara del crecimiento de su emprendimiento. Pero la consolidación total se dio con su traslado al Cajón del Maipo, donde actualmente tiene su taller y encuentra la tranquilidad necesaria para enfocarse en un 100% a su arte como diseñadora.

El constante movimiento, es uno de los secretos del éxito de Fraktal Taller. “¡Muévete, anda para la calle, tira el paño, pon la hueá! Si las vendes eran buenas. Y así partí, real onda: Valpo, en la calle, con partes de los pacos, arrancando con el paño con las hueás. Posterior, ahora, Pailita”, dice.

Marca consagrada

Cuando se mudó al Cajón del Maipo todo empezó a salir mejor. Conoció a su pareja, quien le dio mucho impulso para continuar con el proyecto, manifestándole explícitamente su admiración por el potencial que desarrollaba, al punto que le decía “no puedes darte el lujo de perder el talento que tienes versus todo lo que puedes lograr”.

En 2016 tuvo su primera hija, lo que le provocó una resignificación del concepto de la reutilización de materiales. “Nació mi hija. Huella de carbono. Conciencia absoluta. Ver lo que está pasando, darme cuenta que las colecciones de muchos diseñadores son hermosas pero les importa un hoyo donde van las cosas”, explica. “Una vez hice un buzo, parte de arriba y parte de abajo, y salieron dos bolsas de basura ¡Conchesumadre! ¿Si yo hago 20 busos, si yo hago 100, si yo hago 1000?”, ejemplifica.

Gentileza de Jennifer

Por esos años, tuvo la oportunidad de trabajar con Francisca Valenzuela, la primera vez que se le abrió una ventana para trabajar con artistas fuera del rap. En 2019, le llegó un llamado inesperado, era Richi Fuentes, músico de Santa Feria, quien la contactó especialmente luego que los miembros de la banda de cumbia se enteraron que Fraktal trabaja de forma sustentable y que recicla absolutamente todo desde sus inicios. Se reunieron, pero llegó el Estallido Social, luego la pandemia, y la idea diseñarles vestuario se diluyó.

Con las cuarentenas se acabaron los espectáculos en vivo, pero se abrió una ventana poco explorada por la escena musical hasta entonces, la realización de videos musicales de alta calidad, lo que incluía, por supuesto, vestimenta adecuada. El tema de 2021, “Mi Familia”, de Flor de Rap, Arte Elegante y un incipiente Pailita por aquel entonces, fue la vitrina perfecta para que Fraktal Taller se luciera con los trajes de charol rojo, negro y amarillo que confeccionó para los tres artistas. Desde entonces no sé detuvo el trabajo con músicos.

Fraktal junto a Flor de Rap

“Yo hacía ropa siempre igual brígida, pero: ‘¡Qué lindo! Pero ¿cuándo me la voy a poner?’ La gente dudaba. En el videoclip era perfecto, porque era todo lo que se quería ver, el brillo, los cortes, entonces cambió mi público, de ser publico normal ahora mi requerimiento son las productoras, comerciales, cambió mi rumbo”, analiza Fraktal.

Video oficial, Mi Familia – Flor de Rap, Arte Elegante, Pailita

Jennifer siempre estuvo interesada en trabajar con Flor de Rap, precisamente por el estilo musical de la artista, con quien continúan en colaboración y establecieron una amistad. En aquella experiencia, conoció a Pailita, generando una rápida conexión como amigos. “Yo le mandaba la ropa gratis, hermanables”, cuenta Jenny, “Cuando yo sea famoso te juro que nunca te voy a abandonar”, cuenta que le decía el artista urbano.

De ahí en adelante, Fraktal Taller se ha hecho parte importante de la escena musical, al vestir y acompañar a los músicos que recurren a ella en los diferentes escenarios que se presentan. Aunque también tiene un espacio en el Drugstore, donde -junto a otras marcas que reciclan- ofrece sus diseños de forma particular. “Cuando tengo tiempo hago hueás pa’ la tienda, porque me llaman los cabros y me dicen: ‘Luna Park’, no les puedo decir que no por tirar un polerón en la tienda ¿Cachái?”, menciona Jennifer sobre lo ocupada que se encuentra.

Es la expresión del diseño como arte, la ansiedad creativa, un life style, lo que la llevó a enfocarse de lleno al vestuario con la marca de sustentabilidad que proyectó. Pero también fue caerse y saber levantarse. Jennifer analiza su pasado y sabe que las carencias de infancia fueron vitales. “Todo el tiempo ha sido necesidad, primero necesidad creativa, posterior necesidad económica. Ahora ya todos los chicos me necesitan directamente, le hago el escenario como a seis artistas que están full en boga. Entonces estoy en constante creación todo el tiempo”, dice Fraktal.

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