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Viña del Mar incendios
Luis Fuentes

Ciudad

6 de Enero de 2025

Las secuelas de los vecinos de El Olivar y la Villa Independencia a casi un año del incendio que quemó sus hogares en Viña del Mar

A once meses del megaincendio que arrasó con cientos de viviendas en Viña del Mar, los estragos de la emergencia aún siguen latentes en algunos habitantes de la ciudad. Muchos acuden diariamente a un comedor comunitario, mientras otros duermen en él como centro residencial. Por otro lado, varias familias arriendan otros espacios para vivir, como casas de emergencia, mediaguas e, incluso, algunos aún viven en carpas. La comunidad advierte que las ayudas municipales se han ido minimizando con el tiempo.

Por Juan Oportot Campillay
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El pasado dos de febrero de 2024 marcó un antes y un después en los habitantes de Viña del Mar. Aquel viernes redujo a cenizas los hogares de familias que llevaban más de tres décadas viviendo en los sectores de El Olivar y la Villa Independencia, estos fueron los sectores más afectados, donde casas, autos, plazas y parques terminaron hechos escombros.

Más de 800 casas fueron destruidas, y las muertes llegaron a 136. La última persona identificada se dio a conocer el pasado diciembre, cuando el SML reveló la identidad de Erick Maggio Aguirre, de 48 años. 

Pero la pesadilla sigue presente. 

Según indican vecinos, a casi un año de los hechos, los avances en la reconstrucción han sido lentos, lo que ha provocado que las familias continúen viviendo en arriendos, mediaguas e incluso, carpas. También la traumática experiencia ha provocado un deterioro en la salud mental, más aún con la llegada del verano y los calores intensos de la zona centro del país, que podrían provocar nuevas llamas.

—El miedo está constantemente. Aquí siempre está la sensación de que los incendios vuelvan a ocurrir, o peor, que aumenten la violencia y los robos. Además, se han ido creando numerosas tomas a los alrededores del sector ante lo lento de las respuestas de reconstrucción—, dice Felipe Glasser, presidente de la Junta de Vecinos de El Olivar I Etapa.

Por otro lado, en la II Etapa de El Olivar, Iris Mena, presidenta de la Junta de Vecinos, comenta que la sensación principal de la gente es la angustia por no tener una solución pronta.

—Hay incertidumbre, pues los bonos de ayuda se están acabando y las ayudas no llegan. Además, la sensación de inseguridad siempre queda acá. Se ve un territorio más inseguro y más pelado. Hay muchos sectores que quedaron completamente desolados—, añade Iris Mena. 

El comedor

Rosa Urqueta colabora como encargada del comedor comunitario de El Olivar I Etapa en Viña del Mar. Diariamente, junto a su equipo, entregan alrededor de 270 almuerzos a las familias que fueron afectadas con el incendio. La historia de este espacio se remonta a la pandemia, en 2020, como una ayuda a los vecinos de El Olivar, Villa Independencia, Villa Arauco, y los campamentos Manuel Bustos y Vista Hermosa. Hoy en día, tras el incendio que marcó la pauta de febrero de 2024, en bandejas de plumavit, Rosa va uno a uno entregando la comida a los habitantes que perdieron sus hogares, y algunos hasta sus familiares.

—Hay muchos traumas. Traumas y necesidades. A casi un año mucha gente aún no tiene nada—, dice Rosa Urqueta.

En el comedor se alimenta recurrentemente Julia Alvarado, madre de tres hijos. Al igual que cientos de familias, su casa, su auto y sus cosas se perdieron entre el fuego. Incluso perdió a su gato, a quien no pudo rescatar de entre las llamas. Una pérdida total que provocó que tuviera que arrendar otro espacio a metros de lo que quedaba de su hogar. 

—Todo fue muy rápido. Me acuerdo de que había salido a comprar pan y cuando volví la casa, esta ya se estaba quemando. Empecé a tirar agua muy desesperada, pero no recuerdo muy bien cómo fue todo, porque mi mente bloqueó esas cosas—, dice Julia Alvarado desde Viña del Mar.

Al centro comunitario asiste de vez en cuando, pues comenta que hay familias más necesitadas que la suya. Familias que, según ella, no tienen ni siquiera el espacio físico para comer. Incluso, algunos lo utilizan como albergue transitorio ante eventuales problemas económicos, o los deslizamientos de tierra en épocas más frías. Comenta que, cuando asiste, ve a los mismos vecinos. Madres e hijos diariamente transitan el espacio.

Para Julia la decisión de irse a vivir a otro lugar no fue nada fácil.

—Decidí arrendar por acá en El Olivar porque tengo una red que nos acompaña mucho, además de que está mi papá, mi hermana, mi sobrino, quienes también perdieron sus casas. No sacaba nada con quedarme mirando la casa quemada. Ya lo había perdido todo, hasta al Capri, mi gatito blanco de ojos color diamante—, agrega. 

—La gente accede por la necesidad que han tenido de construir su vida. Viniendo a comer acá se ahorran dinero, y la plata del bono, que son $160 mil pesos, la pueden usar para pagar sus arriendos u otras cosas—, dice Felipe Glasser, presidente de la Junta de Vecinos de El Olivar I Etapa.

Seguir durmiendo en carpas en Viña del Mar

Amanda Guerra y Michael Sasso Koo son dirigentes de la ONG Sobrevivientes Megaincendio en Unión, organización que ha trabajado en apoyo a las víctimas de Viña del Mar. Ambos han vivido toda su vida en la Villa Independencia, pero se conocieron luego de perderlo todo entre las llamas.

—Yo perdí a una tía. La encontré muerta. Es una imagen que todavía no me puedo sacar de la cabeza—, dice Amanda Guerra. —No hubo duelo, pues al tercer día ya estábamos situados en una carpa—, agrega.

Durante dos meses estuvo en una carpa junto a su familia. Ahí dormía, cocinaba y hacía su vida. Luego, pasó a una mediagua de emergencia, la que le entregaron sin baño. El invierno fue complicado, pues a aquel hogar provisorio le entró agua con las lluvias. 

Por su parte, Michael tenía su espacio en el terreno de su suegro, en donde había construido su casa. Tras el incendio, tuvo que marcharse a un arriendo con su familia que paga con el bono de ayuda que entrega el Estado durante seis meses. Bono que este mes cumple su límite de tiempo.

—Yo pago $430 mil por el arriendo, y es como lo más barato que hay actualmente. Este mes es el último que recibo el bono y, sinceramente, no sé cómo lo voy a hacer—, dice Michael Sasso. 

Amanda y Michael comentan que tras una actividad de la ONG descubrieron que no son lo únicos que vivieron en carpas, que incluso hay  una familia que lleva viviendo los últimos once meses en un campamento. Se trata de un matrimonio con hijos pequeños.

Agregan que realizaron una colecta para ayudarle con la cena navideña. Al intentar contactarse con la familia, estos decidieron no hablar, pues prefieren conservar el anonimato que han tenido durante todo este tiempo.

—La familia de la carpa no quiere hablar porque le da vergüenza pedir—, comenta Michael Sasso. —Una vergüenza que en realidad todos tuvimos, o tenemos, pues pasamos de tenerlo todo, una casa, un auto, algunos un negocio, a no tener nada con el incendio—, agrega.

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