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Opinión

12 de Enero de 2025
Sandro Baeza / The Clinic

Los Allende: la casa de los espíritus

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

El título prestado es de la escritora; el lío mayor es de la senadora. La bochornosa compra de la casa donde habitó la figura consular de la izquierda chilena trae a colación la figura de un mito o de un fantasma -depende del ojo- y sacude hasta la médula a la “sagrada familia” -los Allende- del socialismo criollo. El Partido Socialista no dejará caer a las únicas herederas políticas de su mártir.

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No hay clan más reverenciado en los partidos políticos chilenos. Los Allende dentro del Partido Socialista (PS) son, como me dice un militante, “la familia sagrada”. Tiendo a pensar que si Jaime Guzmán hubiera tenido descendencia biológica y política, algo similar podría haber sucedido en la UDI. En la Democracia Cristiana, los herederos de Frei Montalva y Aylwin no convocan esa veneración incondicional: Frei Ruiz-Tagle a estas alturas parece ser un familiar no deseado; Mariana Aylwin emigró, y la feligresía falangista actual gozó con la expatriación. Bachelet es ella, y Alberto, su pasado: no son “los Bachelet”. Lagos Escobar brilla sin partido -sufrió los desaires del PS- y su hijo milita en el PPD. Piñera es Piñera: no hay clan. Aún.

Por eso, este episodio inexplicable –por el intento de compra de la casa de Salvador Allende por parte del Gobierno– le ha pegado duro a los Allende y al PS. Para el partido es hora de cerrar filas y tragarse sapos: es imposible explicar tamaña tontera. 

La consigna, vaya paradoja, es: “¡Con Allende, no!”.

Tres generaciones de poder

Aunque muchos no sepan, la conexión del clan con el poder no la funda Salvador Allende Gossens. La familia, que llegó a Chile en el siglo XIX, desde su origen habitó inmersa o aledañamente a los círculos de la política. Antes del mandatario, hubo tres generaciones influyentes. El patriarca de la saga es Gregorio Allende Garcés. Luego, Ramón Allende Padín (doctor). El siguiente fue Salvador Allende Castro (abogado). Y de ahí el más famoso de todos (doctor), hijo de Laura Gossens Uribe.

“Hay quienes sostienen que su nombre completo es Salvador Isabelino del Sagrado Corazón de Jesús Allende Gossens. Yo, sinceramente, no he tenido el valor suficiente para preguntarle si ello es efectivo. Podría ser cierto y una cosa así sería terrible”, escribió Eugenio Lira Massi en el libro La cueva del Senado y los 45 senadores.

El clan tuvo decanos, senadores, abogados y doctores, entre otros. He leído hipótesis que especulan de si Allende es hijo de la clase alta o de la clase media. Es cierto, la familia tiene una biografía a contrapelo de la cultura de la alcurnia de esos tiempos: eran masones -cercanos al Partido Radical- y de izquierdas. Pero en ese Chile donde se empezaba a configurar lo que se vendría a mediados del siglo XX, los Allende cortaban el queque y, si no, convivían con los que sí los hacían.

A saber: su cuñado -Eduardo Grove, casado con Inés Allende (hermana de Salvador)- fundó el 6 de junio de 1932 la frustrada “República Socialista de Chile”. El experimento duró 11 días. Él era hermano de Marmaduque Grove, un ícono atávico del socialismo chileno.

Todos giraban en el mundo de Salvador, un nombre que empujaba a ser salvador.

Te llamarás Salvador

El expresidente se casó con Hortensia Bussi. Se conocieron la noche del 24 de enero de 1939 durante el terremoto de Chillán. El 17 de marzo de 1940 se casaron: Allende era ministro de Salud del gobierno de Pedro Aguirre Cerda.

Bussi, popularmente conocida como Tencha, era profesora de historia y geografía. Socialistas de larga trayectoria la definen como una mujer muy política, inteligente, intelectual y elegante. 

No hubo otro Salvador Allende. Solo fueron hijas: Carmen Paz (1941), Beatriz Jimena (1943) e Isabel (1945).

Beatriz – la más comprometida en los vaivenes de la montaña rusa revolucionaria de los 70- se suicidó posgolpe, en 1977, en Cuba. Carmen Paz ha vivido en el anonimato. Isabel, la senadora, es la que perpetuó el legado. 

Isabel Allende
La senadora Isabel Allende.

La siguiente línea del clan la integran los nietos del mandatario. 

Carmen Paz, la mayor, tuvo tres hijos con Héctor Sepúlveda: Héctor, Pablo Salvador y Carmen Beatriz. Este yerno de Allende nunca se dedicó a la política y en 1991 tras volver del exilio, partió a vivir, como ermitaño, a las montañas de la región del Biobío.

De esta línea familiar, solo Pablo Salvador Sepúlveda se ha relacionado con la política. Estudió kinesiología en Cuba y en Venezuela se convirtió en yerno de Hugo Chavéz, quien anunció públicamente, con bombos y platillos, el noviazgo del nieto de Allende con su hija María Gabriela.

Sepúlveda volvió a Chile en medio del estallido social. Ha participado en algunos capítulos del programa “Sin Filtros”, donde defendió el régimen cubano y el venezolano. Además, es el único miembro de la familia que insiste en la tesis de que a su abuelo lo mataron.

Está muy lejos del PS. En una entrevista al medio Interferencia, dijo: “El Partido Socialista ha tenido el mismo papel histórico de los gobiernos de la Concertación: deplorable y vergonzoso. Es vergonzoso cómo manosean la imagen de Salvador Allende… Allende se revolcaría en su tumba si viera en qué convirtieron al PS”.

Cuando su prima, la hoy ministra Maya Fernández, se postuló a presidenta del PS, él la criticó: “Le dije personalmente que tenía la oportunidad de transformar el rumbo de ese partido, de poder sacarlo de los intereses en los que está metido, que son los intereses del partido del orden y no la defensa de la clase trabajadora ni el pueblo, sino que defiende los intereses de los grandes grupos económicos.  Le dije que ella tenía un capital simbólico, político e histórico capaz de hacer eso. Creo que le ha faltado algo de coraje para poder realmente hacer que el PS rompa con el neoliberalismo y así volver a sus orígenes y aliarse con sectores políticos más a la izquierda y más populares. Si ella lo hiciera, podría ganar adeptos para eso, pero ha sido muy diplomática en su actuar”. 

Beatriz tuvo dos hijos, que nacieron en Cuba, con un miembro de la élite castrista: el oficial de inteligencia Luis Fernández Oña. Maya Fernández es la única nieta con carrera política del clan. Su hermano Alejandro Salvador -uno de los cuatro miembros de la familia que participaron en la frustrada venta de la casa- es de muy bajo perfil. Cuentan que Fidel ordenó que cambiara su primer apellido por el segundo. 

En 2000 partió a vivir a Auckland, Nueva Zelandia, junto a su pareja. Es activista del movimiento LGBT. En muchas entrevistas, criticó el trato a los gays en Cuba. “Yo me di cuenta de que era homosexual siendo un niño. Y para mí era muy muy difícil. Yo de hecho pensé como niño en el suicidio para evitarle a mi familia toda esta vergüenza. Porque era imposible, en la Cuba de los 80, ser maricón y ser nieto de Allende”.

Isabel tuvo dos hijos: Gonzalo Meza -se suicidó en 2010- y la bióloga Marcia Tambutti, pareja de Felipe Vio Lyon, abogado que efectuó, como mandante, la firma del contrato de la casa. 

Ella realizó dos documentales sobre su familia: Tencha (2008) y Allende, mi abuelo Allende (2015), el cual se estrenó el 17 de mayo de 2015 en el Festival de Cannes, donde obtuvo el Ojo de oro. 

Dicha obra provocó comentarios por la franqueza al abordar temas tabúes para el clan y también por mostrar el mundo privado de, como ella lo llama, “Chicho”. 

Un ejemplo: en un diálogo entre Tambutti y su abuela Tencha, ella le sincera: “Le encantaba flirtear (…) Nunca me quise presentar como víctima. Pero sabía que me engañaba”.

Las biografías de cada uno de los nietos revelan que salvo Maya, todos optaron por un camino distinto al del abuelo. Sus vidas están marcadas por el Golpe de Estado, el exilio y la posterior veneración de la izquierda mundial hacia la figura del expresidente. 

***

“Los Allende son la realeza del PS. Isabel, Maya, e, incluso, algunos más periféricos como los Pascal Allende”, me dice un militante histórico del socialismo.

—¿Cuál es la relación del PS con el clan Allende?,- le pregunto.

—“Isabel Allende es una figura muy respetada y querida. Se le mantiene siempre más allá del bien y el mal. No se le critica. Se le cuida, incluso cuando ha tenido adversarios ocasionales en la interna. Diría que en los comunales más humildes del PS se le ve como parte de una realeza, existe un sentimiento reverencial hacia ella. Pudo haber llegado a ser candidata a presidenta de Chile, pero creo que le faltó ambición e instinto de poder”.

Otro socialista replica esa figura simbólica: “Isabel es lo más parecido a un patrimonio vivo de los socialistas. Eso significa que hablar de Isabel de alguna forma es hablar de Allende, de Salvador”.

Con Maya Fernández no existe tal devoción. Pero, de todos modos, la gran mayoría del PS la defenderá a rajatabla.

Los militantes del PS con los cuales hablé reconocen el soberbio peso del apellido y a la vez coinciden en que los Allende no han influido en los derroteros ideológicos del partido.

“El clan Allende no es influyente en el PS, es simbólicamente importante. Por clan Allende hay que hablar de tres personas: Isabel, Maya Fernández y la Denise Pascal Allende. Queda la Isabel y Maya, y ellas no tienen fuerza orgánica”, precisa un dirigente del PS.

Otro me dice: “Solo Isabel participó en la interna, fundando la tendencia ‘Grandes Alamedas’. Esa fue una escisión de la antigua Renovación. Aunque ella no se interesó mucho en cultivar el lote y lo delegó en operadores de menor monta”.

La feligresía aduladora

Esta adhesión de las izquierdas, adquirida o adscrita, según cada cual, dificulta la distancia con que el Gobierno en particular y el oficialismo en general, podrían aquilatar con objetividad el proceder desafortunado de las Allende. 

Lo he escuchado dentro de La Moneda, en privado, por cierto: las Allende están lejos del bien y del mal, sobre todo por la gran cantidad de feligreses que tiene Allende en el Frente Amplio, partido del Presidente Gabriel Boric. Para muchos, quizás eso influyó en el mal juicio de la familia al suscribir la transacción: quizá pensaron, por el mareo de altura, que las incompatibilidades eran secundarias.

“Si así fue, y si respetan tanto a la figura de Allende, el Gobierno debería haberlas protegido, no expuesto a este escándalo”, me dice un militante del Partido Socialista.

En el Frente Amplio hay quienes se muerden la lengua respecto de las culpabilidades. “Esto fue culpa no solo de la ministra Sandoval, sino también de la familia. Ambos deberían haber dado cuenta del error”, argumenta una frenteamplista.

Pero con los Allende no es bueno ni prudente meterse. 

¿Y la imagen?

Dijo Paulina Vodanovic: “La memoria de Allende merece una explicación”.

¿Este episodio afectará la imagen del exmandatario?

⁠”⁠A Salvador Allende no lo afecta, su imagen ya está consolidada. Lo que creo que no tiene futuro es el museo en la casa. Es una lástima porque yo que estuve ahí muchas veces, es realmente emocionante recorrerla: la han mantenido tal cual la usaba Allende”, dice una exautoridad del gobierno de Bachelet.

“No creo que desfigure a Allende, porque la forma de morir de Allende es tan poderosa que resiste todo tipo de desfiguraciones posteriores”, agrega un PS.

“No hay figura histórica que tenga más cuadros y más imágenes colgadas en la sede del partido que el presidente Allende. Ni Bachelet”, concluye un dirigente socialista.

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