Opinión
16 de Marzo de 2025
El colmo de la renovación: no tener renovación
Por Kike Mujica
El columnista Kike Mujica escribe hoy sobre las dificultades y desencuentros del Frente Amplio para dar con una carta que pueda tomar la posta de Gabriel Boric. El más reciente antecedente en esta materia es la síntesis del último comité central del FA: postergar la proclamación de una precandidatura presidencial.
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Gabriel Boric no era el candidato presidencial de Gabriel Boric. Lo confirmó la madre del mandatario, María Soledad Font, en una entrevista a la Revista Ya de el diario El Mercurio en 2022.
– Cuando él nos cuenta que iba a ser presidente, yo lo único que le decía era: “¿Por qué otra vez te inmolas, por qué otra vez tú? ¡Si hay tanta gente!”. Él me contestó: “¡Mamá, yo no levanté el dedo, no busqué visibilizarme! Se van cerrando los círculos, ¡la persona que yo esperaba no aceptó!”. Él jamás pensó en ser Presidente y si él no lo pensó, nosotros tampoco.
La persona que Boric “esperaba” era el abogado Fernando Atria. La otra opción nunca fue: Giorgio Jackson, no cumplía el requisito de la edad (35 años).
Boric fue el descarte.
La historia se vuelve a repetir hoy, con el agravante de que entre el 2021 y el 2025 el Frente Amplio fue gobierno. Un tiempo más que suficiente para preparar y buscar la sucesión. La ambición por el poder es propia de la política, sobre todo cuando la misión es mantenerlo. Es -o era- el hambre de la hegemonía que floreció en esta nueva generación del FA: ser LA izquierda de las izquierdas.
El colmo de la renovación: no tener renovación
El plan A
Tomás Vodanovic, el alcalde de Maipú, dijo una y otra vez que no. Hasta el hartazgo y la molestia por la presión “torpe y desenfrenada”, según su entorno, del FA.
Uno de los riesgos que el alcalde veía en la llamada “procesión a Maipú” era el mismo que el PPD atisbaba en la sincronización quirúrgica del “no de Bachelet” y el “sí de Tohá”: que la deserción de la primera no hiciera ver a la segunda como el plan B. Un desafío de cronómetro político: que el rechazo del edil convirtiera al ungido en el candidato de consuelo. El peor es nada.

Hablé con Vodanovic pocos días después de que fuera reelecto. Era -es- la joya del frenteamplismo. Le pregunte tres veces si sería candidato presidencial. Creo que el alcalde no anda apurado por la vida y sabe que el sillón de La Moneda son palabras mayores. Desde el primer momento su intención fue quedarse en Maipú. Para pesar de su cohorte, que confió hasta hoy en torcer su opinión bajo una andanada de argumentos: la ultraderecha, la lista parlamentaria, la división de la oposición, la continuidad.
Hace dos semanas le pregunté a una frenteamplista encumbrada quiénes eran las opciones. “Tomás o Gonzalo”, me respondió. Hasta último momento.
Para la batalla
En sectores del FA hay molestia con la directiva que encabeza Constanza Martínez. El proceso de sucesión ha sido laxo. Confiar en la venia de Vodanovic fue voluntarismo, el peor de los males de la política.
Los críticos de la directiva argumentan que el proceso pareció “un casting” más que un desafío que amalgamara un proyecto con el o la ungida.
Hace un par de años, una dirigente de Convergencia Social, me explicó cuál, a su juicio, era la diferencia entre su partido y Revolución Democrática: “Ellos son buenos para la máquina, para el poder; nosotros leemos”.
El FA hizo suya la “batalla cultural”. Ha intentado poner en agenda discusiones sobre los destinos de la nueva izquierda, más allá de las vicisitudes de la coyuntura.
“En Argentina acaba de salir Presidente alguien que llegó a ser Presidente no por un programa de gobierno, sino estrictamente por una disputa ideológica, que él (Milei) le llama ‘batalla cultural’. Estamos en ese momento y el gobierno yo creo que no está asumiendo esa tarea”, dijo Gonzalo Winter.

Esa batalla por la hegemonía -una oda a Gramsci, que seduce tanto a izquierdas como a derechas (donde Gramsci es más temido que Marx)- es la urgencia de la nueva izquierda por perpetuarse, por presencia histórica.
El Frente Amplio necesita ser un proceso, todo lo que Podemos –su antiguo y tempranamente apolillado referente- no logró ser. Podemos, al final, fue un estado de ánimo.
Ese es el riesgo del FA. Pero dar la batalla cultural requiere de soldados y generales.
Eso es lo que les faltó en esta instancia histórica: la posibilidad de recibir la posta de Boric y continuar con “el proceso de transformaciones”.



