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Reportajes

Los episodios desconocidos de Gonzalo Winter: la rebeldía escolar, su fracaso electoral universitario y el viaje a Punta Arenas a la sombra de Boric

Antes de convertirse en el candidato presidencial del Frente Amplio, Gonzalo Winter atravesó distintas batallas políticas: fue el niño disidente del Verbo Divino que levantó una inédita candidatura y terminó castigado por alzar su puño izquierdo; el joven que protagonizó un cortometraje de ciencia ficción; el estudiante que le disputó la presidencia del centro de alumnos de Derecho a Francisco Orrego; y el escudero de Gabriel Boric en la lejana epopeya de Punta Arenas. Aquí, el recorrido del diputado que comenzó cuestionado por ser electo con el 1,2% de los votos en su distrito y que cimentó una carrera que lo levantó como el candidato presidencial del Frente Amplio.

Por Sebastián Palma y Martín Browne 6 de Abril de 2025
Gonzalo Winter
Gonzalo Winter
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic
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Gonzalo Winter tenía 16 años cuando escribió una de sus primeras declaraciones políticas. Lo hizo en un panfleto dibujado a mano, con estética de cómic, donde se autorrepresentaba como una figura humanoide con uniforme escolar, chasca puntiaguda y una máscara que proyectaba un rostro desquiciado.

Corría el año 2004 y Winter postulaba a la presidencia del centro de alumnos del Colegio Verbo Divino, uno de los establecimientos de elite del país, cuna de figuras como Sebastián Piñera, su primo Andrés Chadwick, el empresario Roberto Angelini, el exministro Nicolás Eyzaguirre y el senador Felipe Kast.

En ese folleto artesanal, y anticipando prejuicios, dejó una frase escrita para quienes lo consideraban un outsider sin destino: “Hay quienes, guiados por los rumores, ven esta campaña como una absurda rebeldía, una campaña acéfala, sin una razón de ser. Eso (que quede claro) es una estupidez”.

Gonzalo Winter era, en ese colegio, el tipo de alumno destinado a ocupar un lugar disidente. No por falta de apellidos ni conexiones: su padre, Jaime Winter, es economista, ligado al rubro inmobiliario, votante del “No” en el plebiscito de 1988, pero fiel a la derecha en las presidenciales, desde Hernán Büchi hasta José Antonio Kast. Su madre, María Elena Etcheberry, abogada y exsuperintendenta de Isapres durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, prolonga la tradición democratacristiana de los Etcheberry, marcada por su patriarca Alfredo Etcheberry, uno de los penalistas más influyentes del país y autor de referencia en las principales facultades de derecho.

La marginalidad de Winter no tenía que ver con su cuna, sino con su temprana disidencia ideológica. Desde niño expresó una sensibilidad política que desentonaba con la hegemonía conservadora del establecimiento ubicado en la calle Presidente Errázuriz.

En tercero medio se lanzó como candidato al centro de estudiantes. Con un look atípico para la época —aros, anillos, usando camisas al revés, andando en micro, según se lee en su anuario, que también da cuenta de su fanatismo exsacerbado por Charly García—, convocó a otros alumnos que también se sentían fuera del molde: los que no destacaban ni por sus marcas en atletismo ni por su rendimiento en matemática —habilidades que, en “el Verbo”, eran consideradas señales del futuro empresario exitoso—, pero que compartían una incomodidad con el orden establecido. Él, que participaba en el taller de teatro y en los scout, empezó a sumar apoyos entre los “distintos” del colegio: quienes elegían los electivos artísticos y humanistas, quienes dibujaban y escribían poesía a escondidas en sus cuadernos.

Uno de los primeros en sumarse a su campaña fue Diego Cumplido, hoy cineasta y autor de cómics. Compañero en el taller de teatro, fue el encargado de diseñar el panfleto que lo retrataba como una figura distinta, dispuesta a dar pelea desde la izquierda en uno de los colegios más conservadores del país.

“Había una frustración latente en un grupo del alumnado, y muchos abrazamos esa campaña porque se sentía como una forma de canalizar esa incomodidad”, recuerda Cumplido, quien también diseñó el lienzo de propaganda que acompañó la candidatura. En él, el número tres —su lugar en la papeleta— fue incorporado de forma abstracta dentro del apellido Winter.

“Ese lienzo lo hicimos inspirados en una pintura expresionista que Gonzalo tenía en su casa. Pero los rivales escolares se portaron igual que los políticos adultos: inventaron el rumor de que ese tres representaba una hoz y un martillo, como si fuera un guiño comunista”, dice.

La paranoia en torno a su figura no tardó en escalar. En los pasillos llegó a circular la versión de que, si ganaba, Winter instalaría una estatua de Salvador Allende en el patio del colegio. 

Sus formas, por cierto, no ayudaban a desmontar el mito: en un acto recitó un poema de Pablo Neruda —costumbre que mantiene hasta hoy y que incluso incluye en sus discursos— cerrando su alocución levantando el puño izquierdo. Ese gesto lo hizo con dos compañeros de curso, los tres pasaron a la papeleta, una infracción grave según los códigos internos del colegio. La situación fue un escándalo, el rector de la época exigió disculpas públicas y los tres alumnos se negaron, recibiendo el respaldo de alguno de sus profesores.

Más allá del escándalo del puño levantado, Benjamín Uriarte, abogado y uno de sus amigos más cercanos desde la época escolar, recuerda otro episodio de esa campaña: “Con dos amigos fuimos sus jefes de campaña. Le hacíamos los carteles y los los discursos. Una vez, a uno se le ocurrió poner como propuesta ‘iluminar las canchas de fútbol’. Era una tontera, pero en el recreo se acercaron como 50 compañeros a comentar el tema. Gonzalo miró el cartel y dijo: ‘Pero huevón, esto no lo hemos conversado, está generando muchas expectativas. En realidad, no me quiero comprometer’. Y, delante de todos, rompió el cartel. Fue completamente contraintuitivo. Y, por eso mismo, inolvidable”.

Gonzalo Winter finalmente no ganó esa elección. Quedó en segundo lugar, detrás de Francisco Ducci —hoy abogado en el estudio Bofill Mir—, representante de la candidatura opositora y del espíritu más tradicional del colegio. La pequeña revolución que impulsó no logró convencer a la mayoría, y la imagen que lo retrataba en el cómic diseñado por Cumplido —ese rostro distinto y desafiante— quedó archivada como un intento fallido. Uno de los tantos de su carrera política, pero también uno de los más fundacionales.

Años más tarde, algunas de esas frases ayudan a entender el discurso del pasado jueves, cuando se oficializó su carrera presidencial. Entre aquellas declaraciones escolares, hay una que anticipó la tendencia política que desarrollaría con los años. En tinta negra sobre papel blanco, Winter trazaba una línea clara entre lo que era, lo que lo rodeaba y lo que pretendía representar:

“Existen un grupo de intereses que suelen ser considerados intereses del ‘buen Verbita’… también es indiscutible el hecho de que existe gente distinta en este colegio que no debe sentirse menos verbita por el hecho de tener otros intereses, distintos a los que la idiosincrasia de este colegio suele aceptar como suyos”.

Esa vez perdió la elección, pero encontró su tono. Un tono que pese a la distancia suena a Frente Amplio. Se quedó sin el cargo, pero con una certeza: Winter no iba a convertirse en otra cosa que en un político. Un político de izquierda, pero no de la Concertación. El primer candidato presidencial en la historia del Frente Amplio como partido único. 

El cómic de campaña de Gonzalo Winter que realizó Diego Cumplido.

El Plan W

“Así como rompimos el atril, la vamos a romper en la elección. Como ya lo hemos hecho muchas veces. Todas antecedidas por nuestros adversarios declarándonos por muertos”. 

Gonzalo Winter llevaba más de 10 minutos de su primer discurso como candidato a la presidencia en la sede del Frente Amplio cuando, justo mientras hablaba de supersticiones, y tras un gesto brusco, rompió el atril que sostenía el documento que leía. Y, con la ayuda de la presidenta del partido, Constanza Martínez -antigua amiga en la Universidad de Chile-, salió jugando.

En la esencia de sus palabras, hizo recordar las mismas performances que hacía de adolescente, con poesía y referencia a Violeta Parra incluida, citando la canción “Al centro de la injusticia”.

Así como cuando era un político estudiantil Winter quiso hacer un gesto hacia las minorías. “Aquí entre opresor y oprimido elegimos al oprimido y lo defendemos”, leyó el diputado.

Dijo: “Ahora, quienes en toda nuestra historia han estado en contra de las mayorías nos dicen que nosotros ya no apoyamos a las mayorías, porque apoyamos identidades. ¿Qué identidades? ¿Se refieren a las mujeres, que literalmente son la mayoría del país? También nos dicen que apoyamos “identidades” refiriéndose a la comunidad LGTBIQ+. Efectivamente, la apoyamos. Y esto no es gracioso, porque la apoyamos, porque la sociedad conservadora que Kast, Kaiser y Matthei representan, estaban generando una cultura del odio”. 

Su amigo Benjamín Uriarte suele comparar los discursos de Winter con los que hacía desde niño. “Al ver su relato veo al cabro de 10 años. Desde muy niño de manera inconsciente siempre su posición era más bien ponerse del lado del débil, del que molestaban. Y en su liderazgo apoyaba esas causas”, recuerda. 

Pero, pese a las ovaciones, las banderas, y el evento masivo afuera de la sede del Frente Amplio, la elección de Winter no fue fácil para el partido, ni mucho menos la primera opción de la mayoría.

Antes de que Winter aceptara, la directiva intentó convencer al alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic -quien fue categórico en su negativa, pese a liderar en las encuestas-, y otros optaban porque la expresidenta Michelle Bachelet aceptara una candidatura unitaria. 

El diputado Diego Ibáñez, expresidente de Convergencia Social, quien se emocionó hasta las lágrimas con la proclamación de Winter, semanas antes hizo todo lo posible por convencer a Vodanovic. “El alcalde de Maipú podría ayudar mucho más a los vecinos siendo presidente”, había dicho.

“Winter es el mejor de los nuestros”, escribió Fernando Atria, antiguo profesor en la Universidad de Chile del ahora candidato y compañero de partido, el mismo académico que hace dos meses decía que la mejor candidata para enfrentar la elección por el oficialismo era la expresidenta Michelle Bachelet.

Winter, de hecho, en un momento también le dio un “no categórico” a la directiva. Fue padre de su hijo Manuel hace pocos meses y les comentó que no se sentía del todo preparado. Además no quería ser visto como el “Plan B” o “Plan W”, como empezaba a circular. Pero, a diferencia de Vodanovic, en el comité central del partido, sabían que al abogado sí podían convencerlo por su compromiso militante. Y así fue. Con cartas, arengas, reuniones y compromisos, el diputado terminó por ceder. Incluso, llegó a sacrificar la oportunidad de presidir la Cámara de Diputados para asumir el desafío.

Winter en su evento de proclamación.

“Olé olé, olé olá, si no se baja Winter dejamos la cagá”

Gonzalo Winter creció rodeado de estímulos intelectuales. Desde niño, su abuelo Alfredo Etcheberry lo incluía en conversaciones de adultos, alentándolo, como a sus hermanos y primos, a pensar críticamente y seguir sus propios intereses. A esa edad, sus padres ya se habían separado, y con el tiempo apareció una nueva figura en su vida: Giampiero Fava, abogado, pareja de su madre y un referente clave en su formación.

Fava, militante de izquierda, había vivido en la Villa Los Presidentes y estudiado en el Instituto Nacional. Su presencia rompió la burbuja social en la que se movían los Winter. Para Gonzalo, fue una ventana a otro Chile. En una comida familiar su hermano mayor, Jaime Winter Etcheberry —hoy uno de los penalistas más reconocidos del país y abogado de varios de los militantes del Frente Amplio— resumió su influencia con una frase infantil: “Giampiero me enseñó que alguien ateo puede ser una buena persona”, fueron las palabras de Jaime según un miembro de la familia.

Fava los llevó a actos políticos, como las celebraciones en el centro de Santiago cuando Ricardo Lagos fue electo presidente. Gonzalo aún era un niño, pero ya sentía fascinación por la política. Comenzó a coleccionar suplementos antiguos del diario The Clinic y a seguir figuras ligadas a la izquierda. Algunos profesores incluso lo comparaban con Patricio Fernández, fundador y exdirector de este medio.

“Un profesor mentor de Gonzalo (y también mío) fue Manuel Cornejo, de lenguaje. Le había hecho clases al Pato Fernández. Una vez, en su oficina, nos mostró una foto de curso donde salía con él. Nos dijo que creía que Gonzalo iba a ser como el Pato, que le recordaba mucho a él”, recuerda su amigo Diego Cumplido.

En un colegio como el Verbo Divino, declararse de izquierda lo convertía en una rareza. Winter parecía disfrutar nadar contra la corriente. Un día llegó a su casa cuestionando por qué era hincha de Universidad Católica. “En el Verbo todos eran cruzados y de la UDI”, decía. Buscando un equipo con el que sentirse más identificado, le preguntó a su nana de qué club era. Ella, que venía de Longaví, le respondió que no le gustaba el fútbol, pero que si tuviera que elegir, sería de Rangers de Talca, el equipo más cercano a su pueblo. Winter decidió entonces que ese sería su nuevo club. Fue hincha de Rangers durante años, hasta que se cambió a Universidad de Chile, equipo del que también es fanático su padrastro, con quien hasta hoy va al estadio.

Esa necesidad de ir a contracorriente también se manifestó a los 15 años, cuando participó en un cortometraje de ciencia ficción titulado Causto. En la cinta, protagonizada junto a Katherine Salosny, interpretaba a un niño con aspecto de alienígena que lideraba una rebelión de clones en un futuro distópico. La historia transcurría en el año 2300, cuando la mitad de la población mundial estaba compuesta por clones, creados por humanos y utilizados como clase inferior. La rebelión, encabezada por el personaje de Winter, desataba una guerra por el futuro de la humanidad.

Winter se enamoró adolescentemente de su compañera de elenco. Katherine Salosny era, a sus ojos, una diosa televisiva que en el set se transformó en una mujer real. Veinte años después, Salosny contesta el teléfono y estalla en carcajadas cuando se le pregunta por Causto.

—¡No me digas que Gonzalo Winter era Causto! ¡Ahí sí que me muero! ¡Qué gracioso! —dice al teléfono.

No lo recuerda. Ni su rostro, ni su nombre. Solo el maquillaje de alien. Al enterarse de que ese niño raro que lideraba la revolución de los clones es hoy diputado y precandidato presidencial, reflexiona:

—¡Es casi como el mensaje de la película! —dice.

Winter en la película en la que actuó junto a Salosny.

El alienígena marginal que terminó liderando la rebelión de los clones continuó con su propia rebelión escolar. Luego de perder la elección por la presidencia del centro de alumnos, Gonzalo debía asumir como vicepresidente. Sin embargo, optó por un cargo distinto: delegado de cultura. Desde ahí, lideró distintos proyectos.

El más recordado fue la creación de una revista escolar llamada Revista Normal, que dirigió junto a Diego Cumplido. Su gestión abarcó tres números, donde se publicaron dibujos, crónicas del colegio y cartas de alumnos y profesores. Winter redactó todos los editoriales, en los que siguió profundizando sus ideas sobre abrazar la diversidad.

“Participen y será una venganza: contra el aburrimiento y contra todas esas veces que tienes algo que decir y simplemente no tienes dónde decirlo”, escribió en el primer número.

Como delegado de cultura vivió otro episodio recordado entre sus compañeros. En los campeonatos interescolares —que los colegios de la élite chilena realizan en el Estadio Nacional— Gonzalo Winter se subió a una tarima. Algunos compañeros del Verbo, incluido uno de los hijos de Carlos Alberto Délano, comenzaron a gritarle: “Olé olé, olé olá, si no se baja Winter dejamos la cagá”.

Gonzalo Winter sufrió la humillación frente a un Nacional lleno de escolares, incluidas las niñas del Villa María, colegio de mujeres cercano al suyo. Esa escena juvenil condensa algo importante en su personalidad: si bien su histrionismo caía bien en buena parte de su entorno, también generaba un rechazo no menor en otros. Él aprendió a convivir desde muy chico con ese rechazo. Incluso parecía disfrutarlo.

Winter, al centro y de corbata roja, junto a sus amigos del colegio.

El día en que Winter se postuló como sucesor de Boric y perdió

Después de salir del colegio, a Gonzalo Winter le costó decidir qué estudiar. Dudaba entre Derecho e Historia, una carrera que su abuelo consideraba muy apropiada para él. Ambos solían debatir sobre la historia de Chile, y Etcheberry disfrutaba guiando a sus nietos según sus inquietudes. En una ocasión, una de sus hijas le pidió intervenir para disuadir a un primo de Gonzalo para que no estudiara música y eligiera una carrera más tradicional. Alfredo aceptó, pero lo hizo con una trampa: llegó con un violín de regalo y le dijo a su nieto que, más allá de las expectativas familiares, debía seguir aquello que realmente le hiciera sentido.

Gonzalo finalmente optó por Derecho en la Universidad de Chile, la misma escuela donde su abuelo había sido una leyenda. Pero no fue en los códigos ni en la jurisprudencia donde encontró su lugar: lo encontró en el patio de la facultad, en una época marcada por la efervescencia estudiantil.

Discurso de Winter junto a Boric en la toma.

Allí, Gabriel Boric —un compañero mayor que él— lideraba una histórica toma. Winter se sumó con entusiasmo. Todas esas características que lo habían hecho parecer un bicho raro en su colegio ahora se transformaban en herramientas políticas: tomaba el micrófono con soltura, ya sea para moderar debates o para animar juegos como la pesca milagrosa o el tiro al blanco. Estaba siempre dispuesto a lo que hiciera falta: pegar carteles, redactar comunicados, mover mesas. Boric, que entonces presidía el Centro de Estudiantes de Derecho, lo observaba con atención.

Tras la toma, vino un nuevo desafío. Boric se preparaba para enfrentar a Camila Vallejo en la carrera por la presidencia de la Fech, una misión que muchos consideraban imposible. Desde su entorno surgió la idea de que Winter podía ser el relevo natural para sostener el proyecto político en la facultad. Así fue como Gonzalo se embarcó en su segunda candidatura estudiantil: buscó presidir el centro de alumnos de Derecho enfrentando a Amanda Gaete, del socialismo, y a Francisco Orrego, más tarde candidato a gobernador metropolitano de RN y panelista de Sin Filtros—, quien representaba la apuesta de la derecha. A Winter en la lista lo acompañaban la actual ministra de Desarrollo Social, Javiera Toro (FA), y la diputada Gael Yeomans (FA), con quien además formó el Colectivo Arrebol, lote que se formó en paralelo a la Izquierda Autónoma y que concentraba su esfuerzo en el trabajo social.

Afiche de campaña de Winter en la Universidad.

Orrego recuerda bien esos años:

—Llegamos a la elección y la lista de Gonzalo quedó última. Penúltimo quedé yo —dice.

—La toma terminó mal, entonces el estudiantado estaba muy enojado. Fue una campaña bien álgida, con debates duros. Recuerdo haber estado en el aula magna discurseando con todo contra la Izquierda Autónoma —agrega.

Según su percepción, el fracaso de Winter como el “delfín” de Boric se debió más al desgaste postoma que a su figura personal:

—Fue por eso, no por Gonzalo. Este gallo es muy simpático, profundamente equivocado en sus ideas, pero simpático. Bueno para la talla, liviano de sangre, dialogante con todos los sectores, de tomarse un copetito en el patio. Está muy equivocado, sí, pero es muy simpático.

Foto de campaña de Winter al Centro de estudiantes de Derecho. En la foto aparecen la ministra Javiera Toro, la diputada Gael Yeomans, la presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, y y atrás, a lo lejos, el Presidente Gabriel Boric.

La derrota no marcó el fin de su carrera política universitaria. En la facultad estrechó lazos con Javier Velasco, quien actuó como una especie de puente entre Winter y Boric. Hasta ese momento, pese a compartir sector, no eran particularmente amigos.

La amistad llegó después, cuando Winter apostó su futuro a la candidatura a diputado de Gabriel Boric, lo que también marcó una distancia dentro de la Izquierda Autónoma con aquellos que no creían que era el momento de dar el salto al Congreso. Se fue al sur antes de titularse, mientras hacía su práctica en la Defensoría Penal Pública. Fue ahí, en esa decisión, donde finalmente siguió el consejo de su abuelo: hacer lo que le hiciera sentido. La política, el Frente Amplio y Gabriel Boric se transformaron en su violín.

El apostolado en Punta Arenas

–¿Mari, un amigo se puede quedar en tu casa para la campaña?–. 

Quien hablaba era el actual Presidente Gabriel Boric antes de ser candidato a diputado por primera vez, en 2013, y quien recibió el llamado era Mari Villegas, una vecina de Punta Arenas, quien vivía a pocas cuadras de la casa de los Boric Font y que se puso a disposición anónimamente de la campaña. 

Villegas aceptó -sin ningún peso de por medio- y Winter llegó a las semanas. Su pieza la decoró con una figurita de Salvador Allende, que aún se mantiene en la casa de Villegas como recuerdo. 

Mari Villegas recuerda que en esos días Winter no paró. Madrugaba y llegaba al anochecer haciendo campaña, mientras tenía que estudiar para cerrar la carrera. Eso generó preocupación en la familia del actual diputado, que veía con preocupación que partiera a Punta Arenas en medio del término de su etapa universitaria. Todo por apostar por Gabriel Boric, quien también tenía tensiones con su familia por su atrevimiento político. 

“En el minuto en que se iba a postular a diputado, yo lo amenacé con las penas del infierno. Yo no estaba en Punta Arenas y cuando llegué a la casa estaba invadida de jóvenes. Al ver a toda esta gente con proyectos propios dejando todo por este voluntariado, me entregué. Entendí que esto era un apostolado para él”, dijo Soledad Font, madre del Presidente.

En esos días, según varios testimonios recogidos para este reportaje, fue donde el vínculo entre Winter y Boric, incluyendo a su familia, se profundizó. Allí en Punta Arenas se hicieron amigos.

Luis Boric, padre del Mandatario, recuerda a Winter. “Lo conocí. Fue un gran soporte en la campaña. Muy entusiasta, movió gente. El trabajo que hizo fue increíble. Fijó prioridades. Motivaba al resto del equipo. Siempre ha sido una persona leal, muy apoyadora con Gabriel. Es un motivador con la gente”, dice a The Clinic. 

Esa fidelidad con Boric se expresó en alocadas maniobras de campaña. Mari Villegas recuerda un día en que Winter, aprovechando su pelo castaño y ojos claros, entró al casino Dreams de Punta Arenas para entregar folletos de Boric.

Dentro de la instalación no le fue bien: al ser advertido por los guardias lo sacaron rápidamente a rastras mientras gritaba contra el “capitalismo” y el “individualismo”. 

La campaña de los jóvenes en Punta Arenas dio resultados. Boric consiguió el cupo y ganó la elección. Como celebración, ambos debieron pagar una amanda y lanzarse al Estrecho de Magallanes.

Con Villegas, en todo caso, la relación se mantuvo. “Él le dijo a mis hijas que era el hijo varón que no habíamos tenido”, recuerda.

De hecho, para el cambio de gabinete en el que Boric asumió como Presidente en La Moneda, Villegas decidió viajar a La Moneda. Ahí, en la Plaza de la Constitución, se encontró con Winter. Le dijo: “Tú vas a ser el siguiente presidente de Chile”. 

El diputado del 1,2%

Mientras Boric era diputado, Winter se dedicó a terminar sus estudios en Punta Arenas y luego trabajó como asesor legislativo del actual Presidente. Eso le permitió una soltura en redes sociales que otros no tenían, por sus cargos de poder. Desde ese lugar pudo criticar duramente a La Concertación, el gobierno de Piñera y analizar semanalmente las entrevistas en Tolerancia Cero y los partidos de Chile y de la U. Antes ya había dado muestras de eso.

En 2013, por ejemplo, antes de la primaria de la Nueva Mayoría, había publicado que no votaría por Michelle Bachelet -a quien varios del Frente Amplio le suplicaron ser la candidata oficialista en esta elección–.

“A mí me encanta ir a votar, me gusta hacer la fila, pintarme el dedo, encerrarme y todo eso. Pero en verdad me paso el año diciendo cosas malas de la concertación y la alianza y no votaré por ellos en diciembre, por lo que encuentro que sería muy irresponsable y cara de raja de mi parte ir a votar. No es un acto de rebeldía, es de deber cívico. No meterme en discusiones de grupos que me son ajenos”, escribió en su Facebook el 30 de junio de 2013. Finalmente, votaría por la ex presidenta en segunda vuelta.

Críticas como esa hay muchas en las redes sociales de Winter. Hay comentarios en que trata de “pillín” al actual ministro de Vivienda, Carlos Montes (PS), o que incluso trata de “facho” al actual secretario general del Partido Socialista, Camilo Escalona. El mismo con el que hoy se sienta a negociar. 

“Escalona es un facho que no está ni pa’ maquillajes del modelo, pero igual me molesta la santificación de las primarias”. Gonzalo Winter en X. 15 de mayo de 2013. 

“La Concertación durante años destruyó el tejido social y evitó una serie de avances progresistas para la sociedad chilena bajo la excusa de que ‘estaban los milicos en la puerta’ y con su espíritu de la responsabilidad debían protegernos de ellos”. Columna de Gonzalo Winter en El Quinto Poder. 16 de noviembre de 2013. 

Con ese ímpetu, Winter fue agarrando un lugar en el Movimiento Autonomista. Tenía el respaldo de Boric, pero también varios militantes lo empezaron a seguir en redes sociales por su capacidad discursiva y por participar en todas las reuniones, fiel a su compromiso “scout”. Por eso, varios lo definen como un “militante a la antigua”. Esa misma disciplina que hizo que varios lo prefirieran como candidato por sobre el alcalde Tomás Vodanovic, quien es más autónomo en su forma de actuar. 

Winter en una de tantas actividades formativas junto a militantes.

Así también se fue preparando su campaña a diputado, su primera elección formal. El líder del distrito 10 en ese entonces era Giorgio Jackson, militante de RD, quien creía que era posible obtener tres cupos por el fenómeno que generó como representante del movimiento estudiantil en su primera elección en 2013.

En todo caso, su llegada al Congreso tuvo algo de azar. Quienes conocieron aquella negociación dicen que en el Movimiento Autonomista -que posteriormente pasó a ser Convergencia Social- estaban indecisos entre Winter y el exministro Yerko Ljubetic.

Pero también dependió de otro factor: el sociólogo Alberto Mayol y la periodista Beatriz Sánchez fueron a primarias presidenciales y a ambos los partidos del Frente Amplio les ofrecieron ser candidatos parlamentarios en caso de perder. Ninguno quiso, pero Mayol después se arrepintió. 

Luego vino la polémica. Mayol le pidió a Natalia Castillo, la otra candidata de RD además de Jackson, que se bajara y en el FA terminaron vetando al sociólogo. ¿El resultado? La predicción de Jackson se cumplió: salió electo con un 23,7% y arrastró a Castillo, con un 1,0%, y a Winter -que en esos días ocupaba una polera que decía Wallmapu Libre- con un 1,2%. Un número que lo iba a acompañar por sus primeros cuatro años como parlamentario.

El 1,2% fue un número que quedó grabado en la cabeza de Gonzalo Winter hasta hoy. Siempre que lo recriminaban como el “diputado del 1%”, lo que ocurrió en discusiones familiares, políticas y redes sociales, él respondía que era el del “1,2“, mostrando una clase de orugullo que lo movilizaría a sacar un mejor resultado para la siguiente elección.

“Por cuestiones difíciles de explicar, haber sacado un 1,2% me hizo mejor diputado y persona”. Gonzalo Winter en X. 17 de mayo de 2021.

Winter en el evento que realizó con Villa Cariño para recibir fondos para su campaña.

La cuenta parodia

“Tengo la intención de hacer muchos videos durante mis 4 años de diputado y explorar mucho el lenguaje de la comedia para hacer política”. Gonzalo Winter en X. 2 de diciembre de 2017.

En el Congreso a Winter los parlamentarios de oposición le tienen estima, dicen que para el estallido social y la pandemia fue que empezó a tomar notoriedad y peso en la opinión pública.

En la pandemia se convirtió en un francotirador. Participaba diariamente en matinales, que lo invitaban recurrentemente por su estilo discursivo. Mientras que en el gobierno de Sebastián Piñera -de quien era muy crítico- generaba mucho ruido por la facilidad y desconocimiento, a juicio de los ministors, con que criticaba al Ejecutivo en un momento complejo. También se encargó de darle cada vez más difusión a su imagen en redes sociales: creó un Podcast y un canal de Youtube, en los que podía expresar sus ideas al margen de los medios tradicionales, de los que ha sido constantemente crítico. Sin ir más lejos, durante su discurso de proclamación interpeló a El Mercurio. 

Mientras que, más tarde, en la campaña de Boric, también jugó un rol clave. Estaba a cargo del equipo comunicacional -a quienes llegó a arengar como equipo de fútbol- y se desplegó, nuevamente, por su eterno compañero. Cada vez que Boric debatía, Winter lo llamaba para darle feedback y analizar las instancias. 

En la parlamentaria 2021, sin Jackson en competencia, el resultado esta vez estuvo a su favor, y de manera abultada: fue tercera mayoría nacional y primero en el distrito.

Desde ahí se vio otro Winter en el Congreso. Asumió un rol de liderazgo que lo llevó a ser jefe de bancada, realizó jornadas introductorias a los nuevos parlamentarios de su partido e incluso los acompañaba a las comisiones para defender al Gobierno y las ideas progresistas. 

Con la oposición, y su entorno, ha tenido varios conflictos. Como el gritoneo en “El Pensador” (un salón del Congreso) con el diputado Jorge Alessandri, o cuando trató de “Locos Adams” a la bancada de Florcita Motuda, Pamela Jiles y Renato Garín. 

Eso sí, en la oposición, pese a lo que se expone en redes sociales, lo ven como un parlamentario dialogante, “con el que se puede negociar” y dispuesto a ponderar en los conflictos. 

El año pasado, en una sesión de presupuestos, el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, estaba hablando con un amigo de apellido Coeymans mientras la diputada Gael Yeomans hablaba. Al finalizar le tocó la palabra a Ramírez. Se confundió y dijo: “No estoy de acuerdo con la diputada Coeymans”. En el Frente Amplio escucharon “coimas” y explotaron, por lo que Ramírez se vio obligado a acercarse al comité a pedir disculpas. 

“Perdona Gael, es el apellido de un amigo”, le dijo el UDI. Pero en el FA no le creyeron. “¡Ese apellido no existe!”, le gritaban, mientras Ramírez intentaba justificarse sin efecto. La situación escaló en tensión hasta que Winter intervino: “Yo aquí voy a hacer una defensa de clases. Coeymans sí es un apellido, iban en mi colegio y el Guille tiene razón”. Todos ríeron. 

Pero también le ha tocado recibir críticas: le dicen que es el “pingo” de Boric, algunos le hacen ver la “contradicción” por su origen familiar, y difunden constantemente una cuenta parodia que lo suplanta, con la que incluso ha llegado a interactuar y denunciarla. Esta cuenta le ha provocado malos ratos con familia, amigos y colegas en el Congreso.

De hecho, su cuenta parodia fue la primera en empezar a difundir irónicamente imágenes de su campaña presidencial. En una de ellas una usuaria respondió pensando en que era real: “Esto es puro ego, no estás calificado, elijan a una persona que de verdad le pueda ganar a la derecha, en esta pelea no eres tú, es un país que necesita políticos a la altura”.

Pero Winter, el 14 de marzo pasado, en los días en que no estaba disponible para ser candidato a través de su perfil real que la campaña provenía de una: “cuenta parodia”

La familia frenteamplista

A su vez, para el Gobierno se transformó en uno de sus principales “voceros externos”. Semanalmente se comunica, hasta hoy, con personeros de la Secom, de Comunicaciones de Presidencia y de la vocería, para ver cómo apoyar desde afuera con sus interlocuciones. Incluso, en La Moneda estaban al tanto del detalle de su proclamación presidencial, aunque no estaba previsto para nadie en el oficialismo que ese mismo día se viera entorpecida por la desititución de la senadora Isabel Allende por la fallida compra de la casa de su padre Salvador Allende.  

Ese peso de la voz de Winter en el Frente Amplio quedó en evidencia en los resultados de la elección del comité central, en 2024, cuando se transformó en la primera mayoría nacional. En aquellos comicios duplicó en votos individuales la exministro Giorgio Jackson.

Prueba de la cercanía entre Winter y La Moneda es que todos los que participaron en su equipo parlamentario hoy están en espacios de poder en el Ejecutivo: Javier Velasco es embajador en España; Carlos Durán es el jefe de gabinete de Boric; Fernando Rojas es el jefe de gestión ciudadana del Segundo Piso; Cristóbal Cortés es asesor de la Segegob; y Constanza Martínez fue de delegada presidencial de la Región Metropolitana y hoy la presidenta del Frente Amplio. 

Un caso aparte es el de la arquitecta Dolores Reyes, su pareja y madre de su hijo, quien fue parte del equipo programático de Boric en temas de vivienda y hoy trabaja en seguimiento de compromisos presidenciales en los mismos temas en el Segundo Piso.

Gonzalo Winter es muy celoso de su vida personal y la del presidente. No le gusta que se filtren detalles de los encuentros sociales en la casa del mandatario. En los que se le ha visto debatir de poesía con el presidente y cantar a viva voz canciones de las bandas punks La Polla Records y 2 Minutos.

Su paternidad le ha hecho resguardar aún más su privacidad. Su hijo, nació el 3 de diciembre de 2024, un año después de la muerte del abuelo materno de Winter. El niño fue bautizado como Manuel Alfredo, un homenaje al patriarca de los Etcheberry. En el entorno de Winter aseguran que si su abuelo hubiese estado vivo, él habría aceptado antes la propuesta presidencial. Que esa pérdida marcó mucho al ahora candidato.

Winter y su hijo Manuel. Foto de sus redes sociales.

La diputada Francisca Bello (Frente Amplio) dice que en el último tiempo se ha acercado mucho a Winter. Eso tiene un motivo en especial: meses atrás, al igual que él, fue mamá. “Un día estaba de posnatal y Gonzalo me escribió para decirme que iba a ser papá. Estaba muy muy alegre”, cuenta la parlamentaria.

“No es fácil tener un hijo y ser parlamentario al mismo tiempo. Evidentemente hay un cansancio, horas de sueño, etc. Pero Gonzalo estaba muy feliz, él es muy gracioso, pese a la imagen que tienen algunos”, añade.

Por lo mismo, dice, para la campaña la bancada le prometió algo. “Esta no será una campaña igual a la de Boric donde había un candidato soltero, que podía estar todas las horas que quería. Esto va a ser 100% diferente. Lo vamos a acompañar en su proceso de paternidad. Tanto él como su pareja son militantes”, comenta.

Esta vez, el Verbo Divino, los fantasmas de la Concertación, y el elitismo, no son factores de cuestionamientos para Winter. Así lo describe Bello: “Gonzalo Winter y su familia son una familia del Frente Amplio”.

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