La felicidad comienza pasados los 50 años: somos más plenos a medida que envejecemos y la generación de 18 a 29 son los más insatisfechos
En las distintas mediciones de felicidad en el mundo, solía el gráfico tener una curva en forma de "U": mayor felicidad en la juventud, la más grande insatisfacción alrededor de los 50 años, y luego un repunte. Pero hoy, con cambios sociales y demográficos, hay transformaciones, con los jóvenes más insatisfechos. En Chile se repite la tendencia, y la felicidad, dependiendo la edad, se afirma en distintos pilares.
Por Isabel Plant 26 de Abril de 2025
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Lector: ¿cuándo ha tenido más felicidad? Quizás tiene recuerdos de veranos de infancia gozosas, o de soplar velas de cumpleaños con dicha. Quizás fue el primer beso en la adolescencia o la primera gran noche de fiesta. Las tardes de pan con palta con amigos. El abrazo de algún abuelo.
¿Y a los 20? Ese verano eterno de mochileo. Los primeros años de independencia económica. Amores. Amigos. Tardes de padres, hermanos y sobrinos.
¿Y a los 30? Las primeras noches en una nueva casa familiar. Viajes de a dos, viajes de amigos, otra vacación de playa a la arena de siempre con la familia completa. Las primeras sonrisas de un hijo, o sus primeros pasos.
Quien escribe tiene 41. La famosa crisis de la mediana edad, como dicen los clichés, ¿me hará comprar un deportivo rojo, hacerme un lifting facial o divorciarme, teñirme rubia o empezar a correr maratones, buscando la felicidad cada vez más esquiva? Hay un famoso poema de Robert Browning con una frase que se ha ido manoseando en el tiempo. Comienza así: “¡Envejece conmigo! Lo mejor está aún por llegar”. La ciencia le daría la razón.
La curva en “U”
Por años se ha considerado, según variados estudios, que la curva de nuestra felicidad tenía forma de “U”: los años más felices de la vida estarían en la juventud, para luego caer durante la mediana edad hasta llegar a lo más bajo a fines de los 40. Ahí, pasados los 47 años, comienza un repunte sostenido. La curva en U, según algunos papers, se podía encontrar en mediciones de cerca de 140 países.
Pero en el nuevo milenio eso estaría cambiando: “Llevamos más de 15 años estudiando la felicidad y sus determinantes”, dice Wenceslao Unanue, psicólogo economista, profesor asociado de la Escuela de Negocios de la UAI y parte del directorio del Instituto de Bienestar en Chile, mientras muestra diferentes tablas en su pantalla. Están divididas por edades, de 18 a 29, de 30 a 44, de 45 a 59, de 60 y más años. Son resultados de un estudio, hecho junto a Jesus Unanue, profesor asistente de la Facultad de Economía y Negocios UNAB, a más de 1.477 participantes.
“La curva con U la calculaban con mediciones de la satisfacción con la vida, pero en el mundo occidental. En Chile la hemos tratado de calcular, desde hace 10 años, y no nos daba lo mismo, más bien era un gráfico que iba cayendo. Era bien triste porque los menos felices eran los adultos mayores y los más felices los jóvenes”, dice Wenceslao Unanue. “Los jóvenes son los que más propósito tienen en su vida, la ven larga, hacia delante. Pero resulta que eso ya no pasa ahora y se dio vuelta completamente: hoy en Chile los menos felices son los de 18 a 29 y los más felices son los de 60 y más. Y estos son datos”.
Según un estudio del Global Interdependence Center en Filadelfia, que repasó más de 600 papers publicados sobre la curva en U, afirma que esta se sostenía entre los años 70 y hasta fines de los 2010 de manera consistente. Pero que hoy el grupo etario entre los 18 a 25 años estaría más infeliz que nunca antes, cambiando el patrón por primera vez en décadas.

De qué hablamos cuando hablamos de felicidad
Primero, qué es ser feliz. Cómo se mide. Los estudios anuales de felicidad en distintos países llevan cerca de 40 años; Harvard, por su parte, tiene una famosa medición que comenzó en 1938.
Como en toda ciencia y academia, no hay una sola definición, sino que distintas aproximaciones y caminos. Habría dos rutas principales. El modelo hedónico comprende la felicidad desde el individuo y lo ve como placer y ausencia de dolor. La medición, diseñada por Ed Diener, es una escala de Satisfacción con la Vida, donde los encuestados ponen puntaje a cuan conformes o no están con distintos aspectos. Desde ahí se mide la famosa “U” de nuestras vidas.
Luego, los expertos Carol Ryff y Corey Keyes propusieron una medición de la felicidad eudaimónica, que incluye seis conceptos clave, como propósito, crecimiento personal o relaciones positivas. Una visión de bienestar sicológico que abarca lo social.
Finalmente Martin Seligman propone que no pueden ser solo esas dos rutas a la felicidad: las junta y sintetiza en cinco elementos clave. Emociones positivas, relaciones, propósito, logro y le suma el “flow” o compromiso, aludiendo a la capacidad de conectar con lo que nos apasiona, esa sensación de que el tiempo pasa volando cuando hacemos lo que nos gusta.
De qué depende nuestra felicidad
Magdalena Martin es diseñadora de profesión, emprendedora de carrera y hoy experta en felicidad; tema que la comenzó a obsesionar tras la quiebra de su empresa. En el momento más bajo de su vida profesional, tras nueve años de empujar un negocio y verlo caer, quedando llena de deudas, conectó con su propósito principal en lo laboral, que no había cambiado, y que se trataba de entregar momentos de felicidad y conectar a las personas. Se lanzó a estudiar todo lo que encontró sobre ciencia y felicidad, y hoy lo sintetiza en su libro “(In)felicidad”, donde además detalla que la felicidad no es solo despertar y buscar momentos buenos, sino que se trabaja día a día. Eso sí, dentro de una base con la que venimos seteados.
“Nuestra felicidad viene 50% por la genética; es cómo tú naces y si tienes más predisposición a los pensamientos positivos, o a los negativos o la depresión. Después, un 10% viene por las circunstancias que te pasan en la vida y que ese fue un dato que a mí más me impactó. Yo pensaba que influía mucho más las circunstancias: si me separo, si tengo un accidente, si me gano el kino, eso influye solamente un 10% en si soy feliz. ¿Por qué? Porque te acostumbras. A lo bueno y a lo malo nos adaptamos. Eso deja un 40% que depende de nosotros. De nuestras acciones”.
En su libro, Martin propone diferentes caminos para trabajar la felicidad de la mente, espíritu y cuerpo. Añade: “La gente cree que ser feliz es estar alegre, estar contento todo el tiempo, pero yo puedo estar súper triste y también ser feliz”.
Sobre las mediciones y sus cambios, la experta hace hincapié en el Reporte de Felicidad Mundial, publicado anualmente por la ONU, la Universidad de Oxford y Gallup. Ahí, donde Chile este año cayó del puesto 38 al 45, Estados Unidos tuvo un descenso drástico al número 24, su mayor baja histórica. Tiene que ver con distintas variables como la polarización política o la caída en redes interpersonales, pero el grupo que reporta la mayor insatisfacción es el de los jóvenes adultos. Una tendencia al alza en el resto de los países.
“Los de 25 años están siendo más infelices que antes. Eso cambia más que nada por el tema social en la era digital. Están mucho más conectados, pero a la vez mucho más solos. Las relaciones sociales son el proyector número uno de felicidad, estudiado y comprobadísimo. Da lo mismo el nivel socioeconómico que tú tengas. Es que con quién puedes contar cuando tú estás en problemas o estás mal, y eso hoy en día se está perdiendo”, sentencia Martin.
“Uno de los determinantes más grandes es la felicidad son los vínculos, las relaciones”, apoya el experto Wenceslao Unanue. “Si tú no estás construyendo eso, tu felicidad va a ser menor. Súmale a eso las pantallas y cómo afecta negativamente a los jóvenes. Estamos en una crisis de problemas de salud mental en la juventud. Creo que eso lo explica harto”, dice sobre el cambio en las mediciones.
Entre los estudios alrededor del mundo, se replican los problemas que hoy hacen que las nuevas generaciones se sientan insatisfechas: redes sociales y salud mental, claro, pero también la imposibilidad de acceder a una vivienda, o las crisis económicas que los han hecho endeudarse para terminar carreras con las que después no encuentran trabajo.
La famosa curva de U ponía en los 46 a 47 años el momento más bajo de felicidad en la vida. Tenía que ver con que hasta hace diez años, el modelo que seguían las vidas era más o menos similar: a esa edad todavía se estaban pagando dividendos, se criaba hijos adolescentes y venía el momento de evaluar lo que serían dos décadas de carrera. Las responsabilidades de la vida eran muchas, aunque quedaba menos para empezar a liberarse y que comenzara a escalar nuevamente la curva. Pero hoy los hitos de cada vida han cambiado. ¿Qué pasa ahora que no se compran casas y se vive como arrendatario por siempre? ¿Qué pasa si ahora no hay hijos, la felicidad sube o baja?¿La crisis está viniendo antes, para después repuntar?

La felicidad de los chilenos
Ipsos tiene su propio índice de felicidad, que viene midiendo desde 2011 en cerca de 30 países, incluido el nuestro. A nivel global, en el informe de este año el país más feliz es India -en gran parte por su espiritualidad, explican- y los factores principales de felicidad son la familia, sentirse apreciado y querido, además de sentirse en control de la propia vida. Los de infelicidad: la situación financiera, la salud mental y la salud y bienestar físico. ¿Cuándo son más felices las personas? Según esta medición, a sus 60 y 70 años, y menos felices a los 50.
El estudio recoge la percepción de 30 ámbitos de la vida del del ser humano, que va desde lo más personal y el entorno íntimo, a lo más social, como la economía, política y los contextos que nos rodean. Chile subió en felicidad seis puntos con respecto a la medición anterior, en parte -explica Karla Zamora, gerente de área de estudios cualitativos de Ipsos- porque veníamos de años bastante convulsos, con las propuestas constituyentes, pandemia y estallido. Ahora, con todo más asentado, las personas repuntan en diferentes ámbitos.
Resalta también, que desde 2017 a la fecha, nuestro país ha subido 33 puntos porcentuales. “Vamos para arriba. Es una sociedad que está por encima hoy día de promedio global, que es 71%; nosotros estamos en un 74% que se siente feliz. Ahora, igual tenemos un 26% de personas que dicen no soy feliz, lo que no deja de ser. Una de cada cuatro. Pero estamos mejor que el año pasado, se nota que salimos ya un poquito del hoyo, por así decirlo”.
Como en distintas mediciones, en la de Ipsos la mayor contribución a la felicidad la hacen la familia y las redes. ¿Y el dinero no hace la felicidad? “No tener suficiente dinero es la mayor causa de infelicidad, pero tener suficiente dinero no es la causa de la felicidad”, dice Zamora.
Si se desglosa a nivel etario, son distintos motivos los que nos dan felicidad. Para los Baby Boomers – mayores de 60- o la Generación X, el factor medido que más incide en su felicidad es la condición de vida: “Es un estoy bien donde llegué, es lo que yo quería, ya no hay mucho más por hacer. Mis condiciones de vida son buenas, donde sea que vivan, esta es la casa que construí”, dice Zamora y añade: “Cosas que no sé si van a pasar en las próximas generaciones. Cada vez cuesta más tener esas cosas, como la casa propia. Y para esas dos generaciones también es importante la relación con la familia, el núcleo de la felicidad está en lo interior”.
En el caso de los millenials, que hoy rondan los 40, lo que “apalanca” la felicidad es la situación financiera. “Sentir que monetariamente me la puedo”, dice Zamora. “Estoy bien, estoy viviendo como quiero vivir, que es distinto a como puedo. Y el otro factor súper importante son los amigos y las relaciones sociales”.
En el caso de la Generación Z la felicidad tiene que ver con sentirse apreciado y valorado, con los amigos, pero también el bienestar mental es un tema preponderante. “Son jóvenes que nacieron pensando y están pensando hoy que la salud mental es súper importante, algo que no se veía en las generaciones anteriores”.
La medición de Ipsos a nivel global coincide con los números que presentó Wenceslao Unanes, y que también se presentan en otras mediciones hechas en el país: las personas son más felices a partir de los 65 años. Un tema de madurez, de gratitud, de no vivir pensando en las expectativas del resto. El famoso poema tendría razón: lo mejor está por venir.



