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Opinión

25 de Mayo de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Perfil de Marco Enríquez-Ominami: Marco, el porfiado

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

Quince años lleva como candidato presidencial. Esta es su quinta vez, superando el récord de Salvador Allende. ¿Por qué ahora, de nuevo, otra vez? ¿Cómo pretende ganar? El 2009 terremoteó el tablero: ¿Qué fichas, si las tiene, puede jugar hoy?

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Dos años antes Steve Jobs había lanzado el iPhone. Uno antes, Raúl Castro reemplazaba a su hermano Fidel, Obama se convertía en el primer presidente afroamericano en la historia de EE.UU., el Chaitén eruptaba y Gabriel Boric aún no terminaba la universidad. 

En 2008, Marco Enriquez-Ominami masticaba la idea de saltar al ruedo presidencial. Con 35 años, el entonces diputado socialista era el enfant terrible de la izquierda chilena y su proyecto a La Moneda parecía una alocada idea,sin destino alguno más que saciar un ego que, según sus enemigos, era desenfrenado.

“Marquitos”, le decía Camilo Escalona, haciendo ver que para muchos socialistas históricos, Enríquez-Ominami era un excéntrico, vitriólico, personaje más que persona, heredero del inmaculado Miguel Enríquez y más cineasta que político.

En resumen: nadie se lo tomó en serio.

La historia es conocida: “Marquitos” se convirtió en Marco, una amenaza, un huracán de energía, que sacó a pasear a Frei. Por esos días, connotados concertacionistas acusaban a la prensa de inflar a MEO para ayudar a Piñera, como si la novedad no fuese noticia.

En una campaña brillante, dividió los votos de la izquierda. Piñera fue electo presidente y la derecha llegó al poder después de 20 años de Concertación, una coalición que comenzaba a cavar su tumba paleada por el propio MEO.

Hay quienes piensan que ahí comenzó a incubarse el Frente Amplio. Cuando dicen que ellos son los herederos de la Concertación, creo que no es tan así. 

El primer hijo rebelde de la transición fue MEO.

Marco Enríquez-Ominami lo llama perseverancia

Marco Enríquez-Ominami otra vez va por La Moneda. Este año superará a Salvador Allende, quien postuló cuatro veces a la primera magistratura. Eso sí: Allende fue candidato por 18 años, Marco lleva 15.

Veamos su desempeño:

2009: 1.405.124 votos (20.14%)

2013: 723.542 (10.99%)

2017: 376.871 (5.71%)

2021: 534.485 (7.61%)

¿Por qué seguir en esto?

Hay varias hipótesis en el mundo político: ego, visibilidad, cateo de la laucha, obsesión, plataforma para otros objetivos, temor a la irrelevancia o, peor, al anonimato.

MEO me dice que en su carrera política ha tenido triunfos, derrotas y también cicatrices. “Trece causas penales”, subraya. 

Pese a todo tengo esperanza, porque si uno es capaz de resistir, se da cuenta de que hay un grupo de personas que te sigue acompañando. Es cosa de ver las encuestas. Existe un pueblo que observa que la palabra perseverancia es un atributo y no un defecto”, dice.

Perseverancia será una palabra clave en su quinta campaña.

MEO explica este nuevo intento: grosso modo, considera que él es el candidato más parecido a los chilenos; que las personas quieren una economía mixta, al igual que él; y que las últimas elecciones con voto obligatorio han estado marcadas por la rabia y la impugnación.

“Y esa rabia la interpreta la extrema derecha. A ellos tengo que confrontar: serían gobiernos extremistas ideológicamente y peligrosos para la sociedad chilena”, dice.

Marco cree que esa es su misión: ganarle a la derecha.

meo karen doggenweiler

Boric y Tohá

“El Frente Amplio abrazó banderas correctas, pero las abandonó. Algunos sus líderes, los más importantes, carecieron de coraje y de convicción”, argumenta. 

Dice que el error de  Boric fue no ejecutar, en el primero año de su gobierno, los cambios que había prometido. Y que confió que ganarían el primer plebiscito constituyente. 

“Eso me lo dijeron en mi propia casa. Con la derrota se acabó el gobierno: la sociedad chilena se enojó con ellos porque tuvieron la vanidad de pensar que les alcanzaba por su belleza -porque lindos son- o por su carisma -porque carismáticos son “.

Sobre Carolina Tohá argumenta: “Desde que voy al colegio, ella ha estado en el debate público. El problema es que representa la continuidad más densa de todas y en una competencia acerca de quién representa mejor el cambio, Tohá no es creíble para enfrentar a los candidatos de extrema derecha”.

Cuesta definir qué izquierda habita MEO. Parece ser un plato de autor. Es Puebla. No es FA ni Socialismo Semocrático. Conversó con Jadue. Quiso ir a las primarias del oficialismo.

Daniel Jadue y Marco Enríquez-Ominami

La novedad

Los analistas políticos y electorales repiten como mantra que la “novedad” atrae votos. Así han explicado, cada uno en su momento, a lumbreras como MEO, Parisi, Boric o Kaiser, entre otros.

Ese Marco, el del 2009, según personas que trabajaron en su campaña, brilló porque fue el primero en detectar -y verbalizar- una crítica, incipiente, a los años de la Concertación. 

“Se convirtió en el hijo pródigo de los auto flagelantes. A Bachelet le brillaban los ojitos con Marco. Y chasconeó el statu quo”, dicen.

“Sumen que entendió mejor que nadie que los debates eran un show televisivo. Tomó muy en serio -y explotó- el rol de ‘personaje televisivo’”, agregan.

Pero la novedad es fugitiva. A poco andar, se evapora. La de Marco, a la luz de sus resultados electorales, terminó tempranamente con la elección de 2009. 

“Ese rol lo puedes jugar una sola vez, no dos. Hace rato que Marco no es “lo nuevo”, dice un exasesor.

“No creo que la política sea un asunto de novedad. Si fuese por novedad ni Bachelet ni Sebastián Piñera hubiesen sido reelectos”, retruca MEO, optimista de que los momentos vividos y los años y las canas le den opción electoral.

¿Qué hizo en cuatro años?

¿Qué haces entre candidatura y candidatura?, le pregunto.

“Mi derrotero durante estos años ha sido siempre el mismo: construir artefactos para participar del debate público”, responde.

Eso a través de charlas, viajes, textos, dice Marco Enríquez-Ominami. “Desde fuera de la política representativa”. Muerto el Partido Progresista intenta hoy “reconstruir una fuerza ciudadana distinta, articulando grupos de WhatsApp en 326 comunas”.

Dice que le hubiese gustado recorrer Chile, pero “tenía agendado un sinfín de compromisos profesionales, tanto audiovisuales como académicos”.

Pero su cargo más visible es ser coordinador y fundador del Grupo de Puebla. “Somos un grupo de articulación y reflexión progresista integrada por líderes de 18 países, entre ellos Lula, el presidente Luis Arce y Rafael Correa”.

Puebla para sectores del Socialismo Democrático, me dicen, es una instancia que huele a añejo. Y los socios de Marco Enríquez-Ominami, en general, le restan a ese aire progre liberal, atractivo, que tuvo en su momento, sobre todo en 2009. 

Ni hablar de su cercanía con Alberto Fernández, el expresidente argentino, que terminó sumergido en una alcantarilla política y personal.

Debate Anatel

Machistas de mierda

¿Qué sería bueno para MEO en esta nueva contienda presidencial?

Cristián Valdivieso, director de Criteria y columnista de Tele13 radio, cree que “el mejor -e inesperado- escenario para MEO sería repetir el porcentaje de votación que obtuvo en 2021, con voto voluntario, y en un ambiente más propicio para la izquierda. O sea, si repitiera en 2025 el 7.6% de 2021, sería un muy buen resultado. Sería hoy prácticamente el doble de votos, dado lo obligatorio del sufragio”.

Valdivieso agrega: “Visto el contexto derechizado de hoy y el voto obligatorio, un 5% de votación sería un buen deal para alguien que ya no representa la novedad y acostumbra a aparecer en política en el momento de las elecciones para mover el avispero de quienes recuerdan que en 2009 encarnó la rebeldía contra la política tradicional”.

Un exasesor siente que la negativa del oficialismo de acogerlo en una primaria -él lo pidió- “puede lapidar la posibilidad de que él mantenga vigencia política”. Pero destaca su talento y voluntad política. Por ejemplo, si Tohá se impusiera en la primaria, él puede tomar un discurso más ultrón en la primera vuelta y robarle votos así por el flanco izquierdo. No lo daría por muerto, él puede hacer daño”.

La primera meta es reunir las 35 mil firmas. Su propuesta de construirle un estadio a la Universidad de Chile -es hincha del club- si sus hinchas firmaban por él levantó comentarios negativos. Es más: dijo que sería en Cerrillos.

Es la especialidad de Marco Enríquez-Ominami: generar cuñas, provocar comentarios, brillar en los escenarios, jugar al trabalenguas, marear a los periodistas. Ya comenzó su “gira” por las pantallas: ha estado en todo tipo de programas: Fútbol y Parrilla -un programa deportivo en donde contó que le regaló una polera de la U al Papa Francisco- o Sin Filtros, donde sentenció que no se bajará de la primera vuelta aunque el oficialismo le ofrezca oro y aseveró que ya tenía ocho mil firmas.

Esta semana le robaron una camioneta SUV marca Toyota la noche de este miércoles, que figura a nombre de Karen Doggenweiler.

En redes los acusaron de profitar de su mujer.

Él aprovechó de disparar: 

“Me robaron el auto. A algunos les escandaliza más que estaba a nombre de mi esposa. Si hay hombres que se insegurizan cuando sus esposas ganan más que ellos, esos hombres necesitan terapia. Machistas de mierda, ¡Sigan chillando!”.

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