Tiempo Libre
29 de Mayo de 2025Pablo Larraín y Netflix preparan miniserie basada en cuentos de Mariana Enríquez
El director de No y El club trabaja sigilosamente en una nueva producción para Netflix, en la que llevará a la pantalla cuatro relatos de la exitosa escritora argentina y autora de Un lugar soleado para gente sombría. El proyecto marcará su regreso al horror tras El Conde (2023), y también a las series, después de Prófugos (2011) y Lisey’s Story (2021). Aún sin título y definida por el propio Larraín como una apuesta por el “terror íntimo”, será una coproducción chileno-argentina entre Fábula y la productora K&S –detrás de títulos como Relatos salvajes y El reino–, y cruzará historias de fantasmas, duelo y violencia con los miedos más personales. Actualmente en fase de preproducción, la serie contará con un elenco de ambos países y será filmada a contar de junio entre Santiago y Buenos Aires, donde el cineasta se encuentra por estos días.
Compartir
“Lo peligroso, en realidad, ocurre en la mente de quien observa… Así es como se crea el terror y el pánico”, reflexionaba Pablo Larraín en 2021, al abordar su aproximación al género de horror durante la promoción de Lisey’s Story, la miniserie de ocho capítulos que dirigió para Apple TV+, basada en una novela de Stephen King.
Según contó en rondas de entrevistas, el cineasta chileno nacido en 1976, director de Tony Manero (2008) y Post Mortem (2010), se permitió en esa experiencia explorar un terror más psicológico y emocional, alejado del efectismo clásico, y anclado en la memoria, la pérdida y el trauma, los mismos motores que atraviesan buena parte de su cinematografía.
Dos años después, volvió al ruedo con El Conde (2023), estrenada en Netflix, donde convirtió a Augusto Pinochet en un vampiro de 250 años para conjugar terror gótico con sátira política. Se cumplían 50 años del Golpe de Estado, y la película —que obtuvo el premio al Mejor Guión en el Festival de Venecia— encendió el debate en Chile. Pablo Larraín explicó que la figura vampírica del dictador respondía a una necesidad simbólica: “Cuando pensaba cómo abordar su maldad, de su impunidad surgió la idea de un vampiro y de la vida eterna”, declaró entonces.
Tras ese desvío hacia la alegoría en escala de grises, Pablo Larraín ha vuelto a sumergirse en lo oscuro, pero desde otra vereda. Por estos días, el cineasta se encuentra en Buenos Aires junto a un grupo de colaboradores cercanos, en plena preproducción de su siguiente trabajo: una miniserie para Netflix que llevará a la pantalla cuatro relatos de la escritora argentina Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973), figura clave del horror literario en lengua castellana.
Los textos seleccionados –y que figuran en la portada del guion que circula entre algunos miembros del equipo– provienen de dos libros distintos de la autora: tres de ellos –“Mis muertos tristes”, “Julie” y “Un lugar soleado para gente sombría”– integran su más reciente publicación, Un lugar soleado para gente sombría (Anagrama, 2024); mientras que el cuarto, “Cuando hablábamos con los muertos”, fue incluido en un volumen homónimo editado por Montacerdos en 2013.
Según comentan cercanos a la producción en exclusiva a The Clinic, el director ha comenzado a compartir con su equipo la idea que lo ronda: un “terror íntimo” y cotidiano, alojado en los traumas y fantasmas de lo real.
La serie es una coproducción chileno-argentina entre Fábula –fundada por los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín– y la productora K&S –detrás de premiados títulos como Relatos salvajes (2014), El clan (2015) y El reino (2021)–, y se filmará en Santiago y Buenos Aires entre junio y septiembre, con un elenco integrado por actores de ambos países.
En el equipo figuran colaboradores habituales de Pablo Larraín, como Waldo Salgado, primer asistente de dirección, con quien ya trabajó en No (2012), y cuyo nombre aparece también en los créditos de filmes como 1976, de Manuela Martelli, y La ola, de Sebastián Lelio. Lo acompañan, además, Sergio Armstrong en la dirección de fotografía y Eduardo Paxeco a cargo del casting.
Desde Fábula no quisieron referirse al proyecto. Tampoco desde Netflix. El anuncio oficial de la serie será durante la segunda semana de junio.

Mariana Enríquez, un fenómeno literario que se toma el streaming a manos de Pablo Larraín
El universo literario de Mariana Enríquez comenzó a filtrarse en el lenguaje audiovisual hace varios años. Ganadora del Premio Herralde de Novela por Nuestra parte de noche (2019), algunos de los relatos de la periodista y narradora fueron adaptados por realizadores, como La virgen de la tosquera (2025), largometraje dirigido por Laura Casabé que combina dos de sus cuentos y que recientemente debutó en Sundance. También, su primera novela, Bajar es lo peor, fue llevada al cine de forma independiente a comienzos de los 2000.
Sus personajes e historias, marcados por lo marginal y lo sobrenatural, también han circulado en versiones fan realizadas por lectores entusiastas, podcast, adaptaciones gráficas y hasta versiones escenificadas. Un ejemplo destacado es la obra de teatro Las cosas que perdimos en el fuego, adaptada por la directora y dramaturga chilena Manuela Infante, y estrenada en el Theater Basel en Suiza este mismo año.
Mariana Enríquez se ha convertido en un fenómeno literario dentro y fuera de América Latina. Sus libros y apariciones públicas acarrean a miles de lectores, muchos de ellos jóvenes y con fervor casi religioso, a peregrinar a librerías y festivales dondequiera que se presente.
Finalista del International Booker Prize, la autora argentina ha sido comparada con Shirley Jackson y Stephen King, pero con un estilo inconfundible, que convirtió al cuento de terror latinoamericano en una forma contemporánea de reflexión y resistencia.
El fenómeno que suscita su obra trasciende la literatura: en 2024, Enríquez presentó No traigan flores, una experiencia performática que combinó lectura en vivo, música e imágenes, y que llevó sus cuentos a distintos escenarios de Buenos Aires, y también a Santiago, donde se presentó ante un Teatro Nescafé de las Artes a tablero vuelto.
Ese mismo año, la autora recibió el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, otorgado por la Universidad de Talca, reconocimiento que profundiza su vínculo con Chile y confirma su lugar central en la literatura en español, junto a figuras como Pedro Lemebel y Diamela Eltit.
El jurado destacó su capacidad para usar el horror como herramienta para enfrentar realidades como la violencia estructural, la desigualdad o los duelos históricos: “Un recurso estético que nos confronta con los aspectos más apremiantes de la realidad latinoamericana”, dijeron en el acta de premiación.
Ahora, cuatro de sus cuentos llegan nuevamente a la pantalla de la mano de Pablo Larraín. Tres de ellos provienen de su libro más reciente, Un lugar soleado para gente sombría (Anagrama, 2024), mientras que el cuarto se publicó una década antes, en Chile, bajo el título Cuando hablábamos con los muertos (Montacerdos, 2013). Cargados de fantasmas literales y metafóricos, estos relatos exploran horrores terrenales: la violencia, la pérdida, la locura, el duelo y las cicatrices de la dictadura.
Breve guía, sin spoilers
Mis muertos tristes
Una médica de sesenta años, con la capacidad de ver y escuchar a los muertos, vive en un barrio de clase media trabajadora en Buenos Aires. Su don la convierte en mediadora entre los vivos y una creciente oleada de espectros: jóvenes asesinados que comienzan a manifestarse en las calles, portando las heridas de sus muertes violentas. La aparición de un nuevo fantasma, resultado de un crimen ignorado por la comunidad, perturba el equilibrio y destapa verdades incómodas.
Julie
Julie, una joven argentina criada en Estados Unidos, regresa a Buenos Aires debido a una enfermedad que no puede costear tratar en el extranjero. Su llegada a la casa de sus parientes desencadena tensiones familiares y una creciente incomodidad. Julie, con un aspecto desalineado y comportamientos extraños, afirma tener relaciones con espíritus, lo que desconcierta a su familia.
Un lugar soleado para gente sombría
Una periodista argentina viaja a Los Ángeles para investigar la misteriosa muerte de Emily Lam, una joven que apareció ahogada en el tanque de agua de un hotel. Evocando el caso real de Elisa Lam, en 2013, Mariana Enríquez fusiona el género de true crime con elementos sobrenaturales, explorando el morbo digital y la exposición del dolor ajeno como espectáculo, muy al estilo de la serie Black Mirror.
Cuando hablábamos con los muertos
Ambientado en la posdictadura argentina, un grupo de adolescentes realiza sesiones de espiritismo para contactar a seres queridos desaparecidos. Lo que comienza como un juego se convierte en una experiencia perturbadora, marcada por apariciones y una atmósfera opresiva.



