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21 de Julio de 2025

Beber después de los 65: estudio revela que consumir alcohol se hace cada vez más riesgoso con la edad

Un estudio plantea que el alcohol afecta de manera más perjudicial a medida que envejecemos, incluso a aquellos que se hacen llamar bebedores sociales. Además, se plantea que el beber puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades como la demencia, diabetes, cáncer, hipertensión y cardiopatías.

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Un estudio publicado por The New York Times advierte que el alcohol es aún más perjudicial cuando envejecemos. Incluso si el consumo era el mismo que cuando se era joven. “La gente puede no darse cuenta de que las bebidas que solían tolerar bien ahora afectan a sus cerebros y cuerpos de forma diferente”, explicaron los expertos en el tema.

Con respecto a los efectos que el alcohol puede tener en un cuerpo de mayor edad, el análisis señala que éstos se manifiestan a partir de los 65 años y afecta a incluso a aquellos bebedores que se califican a sí mismos como consumidores ocasionales o sociales. Lo anterior se explica porque los adultos mayores tienden a tener menos masa muscular y a tener menos agua en sus tejidos en comparación a personas más jóvenes.

La investigación también plantea que las personas a mayor edad muestran déficits en la memoria operativa con concentraciones de alcohol en sangre más bajas que los bebedores más jóvenes. Junto con eso, también se detectó que las resacas o molestias tras beber alcohol empeoran conforme avanzan los años. Asimismo, plantea que al beber puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades como la demencia, la diabetes, cáncer, hipertensión y cardiopatías. Pero eso no es todo, también puede empeorar los síntomas de aquellos adultos mayores que ya viven con alguna enfermedad crónica.

Los efectos del alcohol a corto y largo plazo

El psiquiatra y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Diego Portales, Adrián Mundt, explicó a The Clinic que “a corto plazo el alcohol y especialmente la embriaguez aumenta múltiples riesgos de accidentes laborales, de tránsito, domésticos, caídas, interacciones sociales no deseadas, incluso violentas, aumenta el riesgo de cometer y ser víctima de agresiones verbales, físicas y/o sexuales. A largo plazo está el riesgo de tolerancia, aumento de dosis y adicción con síntomas de privación a cesar o disminuir el consumo. Después todos los daños orgánicos que van desde el sistema nervioso central con deterioro cognitivo o atrofia del cerebelo con ataxia a prácticamente todos los órganos y sistemas. Los más conocidos son daño hepático crónico, múltiples cánceres, hipertensión arterial con las consecuencias vasculares de infartos cardíacos y cerebrales. Problemas gastrointestinales, pancreatitis, polineuropatías periféricas, etc”.

Mundt añade que “hoy sabemos que todo consumo de alcohol es perjudicial para la salud y conlleva riesgos. Por eso hablamos de un uso de bajo riesgo en adultos de hasta 3 unidades (correspondiendo a 3 cervezas chicas de 0,3L) por ocasión y hasta 3 días por semana. Cuando avanza la edad, cuando hay deterioro cognitivo, cuando el metabolismo se pone más lento en metabolizar, cuando hay otras enfermedades crónicas presentes, el límite para un uso de bajo riesgo tiene que ajustarse a la baja“.

El trabajo de prevención de consumo de alcohol tiene que iniciar en la juventud. A partir de los 18 años es legal tomar alcohol. La mayoría inicia el consumo antes. Retrasar el inicio del consumo de alcohol mejora el pronóstico de mantener un consumo controlado durante la vida y es uno de los objetivos del modelo islandés de prevención de consumo en adolescentes que trajimos y adaptamos para el país desde la Universidad de Chile”, apunta el académico. 

Las diferencias entre hombres y mujeres

El psiquiatra detalla que “las enfermedades y accidentes que puede provocar el alcohol y sobre todo los trastornos por uso de alcohol son infinitas. Si uno va a un hospital general, en casi todos los departamentos y especialidades médicas tratan consecuencias del consumo de alcohol. Ya sea por el daño tóxico que tiene sobre múltiples sistemas y órganos o por los accidentes y conductas violentas que puede provocar en las personas”.

Por otro lado, indica que “dado que las mujeres tienen menor masa corporal y muscular en promedio, están más sensibles a los efectos tóxicos del alcohol a corto y largo plazo. Una fase de especial vulnerabilidad incluye el embarazo y la lactancia en la cual la recomendación es no tomar en absoluto dado que es tóxico para el desarrollo del feto o recién nacido”.

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