Opinión
7 de Septiembre de 2025
Chile 73 y la tapa de la National Geographic
Por Ignacio Bazán
Es un nuevo aniversario del golpe de Estado. Y aunque el Chile post golpe se ha contado poniendo foco en víctimas y victimarios, hay personas que sin querer fueron la cara de un relato. Esta es la historia de National Geographic y la chilena que llegó a su portada en octubre de 1973.
Compartir
“La historia la escriben los vencedores”, decía Winston Churchill o, al menos, esa frase se le atribuye.
En el caso de la Segunda Guerra Mundial puede ser cierto, basta ver la amplia literatura y cine donde los alemanes son retratados como sádicos, pero al mismo tiempo ingenuos; los norteamericanos valientes y buenos para engañar alemanes; y los ingleses ingeniosos y al mismo tiempo muy elegantes.
Pero la frase o el concepto, que ha estado dando vueltas desde siglos anteriores, no aplica para todos los conflictos.
La historia de la guerra civil española la escribieron los perdedores. Vietnam, lo mismo. Lo que vino después de la dictadura argentina también es un relato principalmente desarrollado desde el lado de los derrotados.
Y en el caso chileno, la narrativa que prevaleció post golpe y dictadura, claramente es la historia del lado perdedor. Y está bien que así sea. Todo el mundo debiese ir alguna vez en su vida al Museo de la Memoria, porque lo que pasó, no se nos puede olvidar nunca.
Aún así, hay historias que merecen ser contadas más allá de perdedores y ganadores. Y esta, aunque algo personal, es una de esas.
Octubre, 1973
Alguna vez tuve una obsesión con las National Geographic. Estudiaba periodismo en Montreal, Canadá, y mi compañero de departamento tenía tres estantes llenos de estas revistas de lomo amarillo, y que no solo eran sobre flora y fauna: también había crónicas sobre ciudades, países, estilos de vida, conflictos en el mundo en general.
Cuando me metía a revisar las revistas una por una veía cómo casi todos los países llegaban a la tapa menos Chile. Al menos en la colección de mi amigo, de cerca de cien ejemplares, no había ninguno donde apareciéramos y pensé que éramos más insignificantes de lo que creía.
Mientras tanto, cada vez que entraba a una librería de libros usados, siempre me fijaba en la sección de National Geographic y las iba revisando una por una. Y me picaba un poco el orgullo chovinista del desterrado que no hubiese alguna dedicada a Chile.
Hasta que un día apareció.
Y lo que vi fue una mujer con polera roja, pañuelo azul con puntitos blancos, sosteniendo una bandera chilena. Debo haber pagado 50 centavos para quedarme con la edición.

Cuando abrí la revista, lo que leí también era la crónica de un país al borde del barranco, pero también era un texto en el que seguía habiendo humanidad. Gordon Young, el periodista que escribe, recorre todo el país en busca de respuestas en el Chile de la UP y se va encontrando con diferentes personas que lo van guiando y que eran pro y anti gobierno.
La edición de la revista salió en octubre de 1973, pero ya se había ido a imprenta cuando ocurrió el golpe, por lo que el hito que nos ha marcado por medio siglo ni siquiera es mencionado en el texto.

Por eso, el cierre de la crónica se lee al borde de la tragicomedia: “Chile es una tierra de gente sincera que –independiente de su apoyo o rechazo al gobierno– trabaja duramente para construir un país mejor”.
Más allá de la crónica misma, también me llamó la atención de que no supiéramos nada de la mujer de la portada. Adentro no había ninguna a alusión a ella -ni nombre ni edad- y tampoco sabíamos si la foto fue tomada en un contexto de apoyo o protesta al gobierno.
La revista la guardé. Luego terminé la carrera, volví a Chile, y en mis primeros trabajos de periodista freelance le propuse el tema a Francisco Martorell, editor de El Periodista. En el 2006 o 2007 escribí sobre este hallazgo de revista y la crónica de más 30 páginas de Young, acompañada de fotos de época en Santiago, la zona central, además del norte desértico y la Patagonia profunda.
No recuerdo cómo, pero días después alguien me pasó el dato de la mujer de la portada. Y la llamé. Y luego nos juntamos y me contó su historia.
Su nombre es María Violeta Rentería y cuando su cara llegó a la portada de la mítica Geographic tenía tan solo 15 años.
Esa vez me contó varias cosas, pero lo principal fue disipar el misterio de su nombre y en dónde estaba cuando le tomaron la foto. Me dijo que se acordaba incluso del mes y lugar: marzo del 73, plaza Italia.
Y que estaba en una protesta contra el gobierno de la UP.
Luego vino el golpe y el resto de su vida también.
Se convirtió en azafata, hoy asistente de vuelo. En paralelo Violeta Rentería vio el mundo y empezó a pensar que lo de Pinochet estaba yendo demasiado lejos: en cantidad de años en el gobierno y también en violaciones a los derechos humanos.
Me dijo que, aunque se consideraba una mujer privilegiada, no habría podido soportar que algún tipo de abuso de la dictatura hubiese tocado a su familia.
Y el 88 votó que no.
Después, siguió volando. Y le tocó ser auxiliar de vuelo de todos los presidentes hasta Lagos. Con Frei fue con quién más voló, pero a Lagos lo encontró más encantador. Antes había sido la jefe de cabina del equipo que le tocó atender al Papa en el aire su visita a Chile y terminó yéndolo a dejar a Buenos Aires.
52 años después
Para los 50 años del golpe quise volver sobre esta historia, ya que me tocó armar y editar la salida de especiales 50 años que hizo La Tercera en torno a la fecha. Un periodista se contactó con ella, pero amablemente desistió. Violeta Rentería estaba en pleno tratamiento por un cáncer y no tenía energía para aparecer, le dijo.
Dos años después decidí volver sobre sus pasos porque, y vuelvo sobre la misma idea, creo que la voz de la historia no solo debe enfocarse en víctimas y victimarios, perdedores y ganadores. También hay que prender el volumen a quienes la vivieron en forma anónima y silenciosa. Y en el caso de Rentería, también simbólica.
Confieso que tuve susto. De que no contestara, de que ya no estuviera.
Pero sí lo hizo. Y estaba feliz, ya con 67 años, de que su cáncer estuviera finalmente en remisión.
Hace casi veinte años que no hablaba con ella, pero recordaba la entrevista que tuvimos perfectamente y estaba feliz de contar en qué está.
En corto, 44 años casada con un piloto de Latam. Dos hijas, cuatro nietos. Un trabajo de dos días a la semana en Bonino, una tienda de zapatos italianos y españoles de un amigo en el Pueblo del Inglés en Vitacura. Y también, acompañante ocasional de Constanza Martínez @mamasinpelos, quien también tuvo un cáncer. Con ella visita a mujeres que sufren la misma enfermedad de ambas en varios hospitales de la capital. Dice que el solo hecho de sentirse escuchadas por personas que ya sufrieron los mismo puede hacer toda la diferencia.
Pero aclara: “Hasta para la enfermedad fui privilegiada”. Y luego cuenta que tenía un seguro con el que pudo realizarse todo el tratamiento en una clínica de Vitacura.
Este mes es un nuevo aniversario del golpe.
-¿Qué se te viene a la mente?
-Son fechas que nunca se olvidan. Hay mucha melancolía y falta de justicia para mucha gente.
Y hace un paralelo con el Chile de hoy. “Como en el 73, hay un clima en que nadie se pone de acuerdo. No tengo idea por quién votar ahora, nadie me convence. La verdad es que tengo una debilidad con el Presidente Lagos, con Pepe Auth. Tengo un poco de alma PPD. Me encantaría tomarme un café con Pepe Auth”.
Sin quererlo ni desearlo, Violeta Rentería terminó en la tapa de una de las revistas más icónicas del mundo. Y las dos veces en que la escuché hablar, entendí que la historia no solo es de vencedores y vencidos, de la DINA, el MIR, la junta y el PC. También es de quienes pudieron vivir las dificultades geopolíticas con cierta perspectiva y cabeza algo más fría.
Bienvenida a la historia, Violeta Rentería.



