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Olegario Hernández - Servicio Nacional del Patrimonio Cultural

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30 de Septiembre de 2025

De la esclavitud cuando niño a ser reconocido como Tesoro Humano Vivo: la vida de Olegario Hernández, tejuelero de Tortel

Olegario Hernández, nacido en Fresia en 1943, creció trabajando desde muy niño debido a la dura vida que enfrentó junto a su familia en el sur de Chile. Hoy, a sus 82 años, comparte su historia marcada por la injusticia.

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Olegario Hernández Yefe lnació el sábado 17 de abril de 1943. Fue inscrito en Fresia y no se ha movido mucho desde el sur de Chile. Su madre María Olga y su padre también de nombre Olegario, a quien dice no querer porque permitió que lo esclavizaran los colonos alemanes y cortaron su derecho a estudiar. Es el tercero de un total de 12 hermanos, todos condenados a trabajar desde muy niños.

La entrevista con The Clinic se pactó para que fuera telefónica y al llamar a Olegario nos comenta que tiene todo para que sea una videollamada. Resultó que el día anterior se encontró a Pamela, una joven a la que contó que lo entrevistarían y le dijo que ella lo ayudaría con el computador.

“Qué lindo, qué orgullo de conversar cara a cara con usted. Verle su cara tan simpática que la veo”, es lo primero que comenta cuando logramos coordinar a videollamada. Con Pamela decimos que ojalá nos acompañe la conexión del Internet y él agrega: “Cuando uno hace las cosas de buena fe, no falta quien le ayude“.

La esclavitud de Olegario

—¿Cómo comenzó a ser tejuelero?

—Soy Olegario Segundo Hernández, ya adulto mayor, con 80 y tantos años, y con muchas ganas de seguir, ojalá, vivir 80 más, llegar a los 100 y tantos.

Tengo tres hijos hombres y una hija mujer, todos mayores de edad. Soy abuelo. El oficio de tejuelero lo aprendí cuando tenía unos 12 años. Yo soy nacido en la Provincia de Llanquihue, en un pueblito que se llama Fresia. Ahí se hacía todo a ñeque antiguamente. Se cortaban los palos con una trozadora, se partía con el hacha, se hacía la tejuela y todo a pulso, buscándole la hebra al palo. Cuando a todas cosas se le usa la hebra, y ya con la hebra ya se troza. Ahí aprendí.

Por razones de la vida me vine a un pueblo que se llama Cochrane como en el año 76. Ahí encontré una compañera y siempre pensé en tener tierra. Me hablaron en esos años de Tortel y era muy difícil. No había pasarela, no habían embarcaciones motorizadas, no había camino, había que venirse a caballo, había que venirse por el río Baker con base y todo el cuento. Siempre pensé en tener una tierra mía, porque yo vivía en una esclavitud.

—¿Cómo? ¿Me puede explicar eso?

—Mire, cuando niño vivía con mi padre y él fue esclavo de los alemanes. Sabe usted… tal vez el cuento cuento es un poco largo de contar.

—No se preocupe, tenemos tiempo

—Me gusta conversar la realidad y eso necesita tiempo. Mi padre fue esclavo de los alemanes en Fresia, por ahí por el año 40 ó 30, no sé muy bien. Los alemanes se tomaron la Provincia Osorno, Valdivia, Llanquihue. Se tomaron todo eso los alemanes, los extranjeros.

Se tomaban a la familia más numerosa para esclavizarlos de su trabajo y mi padre cayó ahí porque nosotros éramos 12 hermanos. Yo venía siendo uno de los terceros. Quise estudiar… Yo no tengo estudios, quise estudiar y la injusticia llegaba a tal punto en esos años que los patrones alemanes no querían que los padres le den estudios a sus hijos para que ellos siguieran trabajando y así esclavizarlos. Como los ricos hacían lo que querían, explotaban a la tierra, explotaban la naturaleza y explotaban al ser humano. Por último, está bien que hayan explotado a los viejos, a los viejos antiguos, pero no a los hijos. Yo me crié muy amargado y muy triste.

Recuerdo que siempre quise estudiar. Había una escuelita en el pueblo y le dije a mi padre que quería ir, a quien por cierto no lo quiero. Está muerto el viejo, pero no lo quiero porque fue muy tonto. A mi mamita sí.

Los patrones le dijeron a mi papá ‘si le quieres dar estudios a tus hijos, entonces te vas. No tienes más trabajo’. Mi papá le dijo ‘pero, patrocito, si mi hijo quiere estudiar, quiere aprender a leer y escribir’ y solo recibió una negativa, un ‘No. No le vas a dar estudios a ninguno de tus hijos. Si quieres darle estudios dale, pero te vas. No tienes más trabajo’. Eso le dijo el alemán. Mi papá siguió con él trabajando. Quedó esclavo él y con él, nosotros.

Olegario Hernández – Servicio Nacional del Patrimonio Cultural

—¿A qué edad empezó a trabajar usted?

—De niño. A los ocho años empecé a trabajar. Se cosechaba el trigo y se llevaba a una máquina, hasta la trilladora que tenía un caño grande que hacía unas parvas, iba dando vueltas y quedábamos encerrados con esas tremendas parvas.

—¿Dormían encerrados ahí mismo?

—Sí, ahí dormíamos. Nos poníamos cómodos y dormíamos en las mismas parvas. Éramos 10 ó 20 cabros, a las cinco de la mañana empezaba la faena de cosecha. Sufrí mucho cuando niño y con rabia. Siempre me decía ‘cuando sea grande, me voy a ir. No soy para estar de esclavo’. Y así fue.

Cumplí 16 años, me peleé con mi viejo y me fui a un pueblito llamado Palena. Allá me fui y entré a trabajar hasta que me formé. En esa época el servicio militar era obligatorio y lo fui a hacer en Traiguén en Artillería Montada Número 4. Ahí me formé hombre, fui militar. Soy medio amargado en mi vida porque fui buen militar, me tocó como herrero y me querían contratar, dejarme de planta. Pero por los estudios no pude. Como no tenía estudios no pude. Pero ahí fue donde aprendí a leer y a escribir.

“Me declararon Tesoro humano Vivo”

—¿Cuáles fueron sus pasos después del servicio militar?

—Volví a Palena y ahí conocí a mi exmujer, la que es madre de mis hijos. Creo que eso fue por el año 80. Me junté con ella y me vine a Tortel a poblar unas tierras como era mi sueño. Eran como 600 hectáreas. Desde ahí tengo esas tierras hasta ahora. Trabajé bien, crié a mi hijos, les di estudios como pude, sufriendo mucho. Porque no quise que mis hijos sean analfabetos como lo era yo. A Dios le doy gracias porque todos mis hijos llegaron a la universidad y salieron todos profesionales.

Yo sigo luchando por mi vida. Sigo siguiendo el oficio de tejuelero, pero aquí encontré la madera de ciprés. Yo soy maestro carpintero, empecé las primeras pasarelas… esas las hice yo. Los palos que me daban los acarreaba, hacía tablones, los vendía a la municipalidad y el resto tejuelas. Me fue bien, gané plata y así le pude dar estudios a mis hijos. Trabajé, era el sostén de mi casa. Ahí aprendí el oficio del tejuelero. Siempre hice miles y miles de tejuelas. En este periodo pasaron alcaldes y alcaldes, me reconocieron mi trabajo. Dijeron ‘vamos a premiar a este hombre porque es un hombre inteligente, metido en el oficio del tejuelero y me premiaron. Me declararon Tesoro Humano Vivo”.

Fue en 2022 cuando Olegario Hernández fue reconocido como Tesoro Humano Vivo de Chile y dos años más tarde fue destacado como uno de los 100 Líderes Mayores por Conecta Mayor

—¿Qué piensa de ese reconocimiento?

—Bueno, de todas maneras, uno… Porque yo soy creyente en Dios, le doy gracias a mi Dios nomás por el por el cambio de mi vida, pues. ¿Se da cuenta? Y sigo con las ganas, las ideas de seguir aportando para mi comuna y para mi país, mi patrimonio.

La amargura de la infancia y el sueño de una profesión

—Usted me contaba que tenía mucha amargura por cómo lo pasó de niño ¿sigue igual de triste a pesar de los años?

—Sigue el trauma, queda la molestia, la injusticia queda. Y todavía sigue lo mismo, porque no podemos decir que no hay injusticias hoy día. Imagínese, nosotros nos tenemos que ganar el pan, la vida, el trabajo, muy esforzados y hay otros que se ganan la plata facilito. Los políticos ¿Qué me dice? No es poca plata. En estas comunas apartadas todavía estamos viviendo en una injusticia, todavía estamos a trasmano. 

—El país tiende a ser muy centralista ¿ustedes que están al sur se sienten abandonados?

—Exactamente, como dejados de lado. Imagínese,  este señor Presidente no ha venido. El señor Boric no conoce a estos pueblos. 

—¿No le da miedo que el oficio de tejuelero se vaya acabando con el paso de los años?

—Ahora la juventud, principalmente, no es por nada, pero las mujeres…, ustedes están sacando la cara por los chilenos. En la misma comuna tenemos una mujer de alcaldesa y la comuna está creciendo. Está sacando adelante su comuna, ella está en todas las paradas con nosotros y eso me llena de orgullo.

—Y usted si hubiese podido estudiar, ¿Qué hubiese estudiado?

—Me hubiese gustado estudiar Ingeniería porque hacen falta profesionales acá mismo. Pero ingenieros de los buenos para la construcción y para todo. Eso me hubiera gustado. Yo no voy a aflojar mientras viva, voy a seguir trabajando. Mientras me pueda la macheta para hacer tejuelas y motosierra para cortar los palos, no pienso abandonar nunca porque es un relajo para mí, es como una terapia que tengo.

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