Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

Francisca Imboden: “Yo siento que no funciona tan mal este país, a mí me gusta este país… no creo que se esté cayendo a pedazos”

La actriz Francisca Imboden está en pleno reseteo existencial. Tras perder el contrato en el área dramática de Mega, se lanzó a planificar lo que viene para ella ahora que está más adulta y más libre. La favorece, explica, el haber sido siempre muy ordenada. Este fin de semana comienza una pequeña temporada de reposición del musical “Provócame”, en el Teatro Nescafé de las Artes. A fin de mes partirá con talleres de actuación y el 22 de octubre debutará la segunda temporada de la serie “Baby Bandito”, en Netflix. Dice que no se arrepiente de haber apoyado a la franja del gobierno de Gabriel Boric y que, si pasa a segunda vuelta, votará por Jeannette Jara: “Con las derechas en general me pasa que las encuentro más egoístas”.

Por Jimena Villegas 4 de Octubre de 2025
Felipe Figueroa - The Clinic
Compartir

Suscríbete al newsletter

—¿Y cómo está usted, Francisca?

Tres días después de haber sido hecha esta pregunta en una mañana fresca y primaveral, Francisca Imboden Fernández, actriz de profesión, vuelve a responderla. Esta vez, lo hace por mensaje de audio y con una explicación mediante: “Es que a mí me vienen todas las contestaciones retroactivas”, dice. Su nueva respuesta, evidentemente más reflexionada que la primera, es la siguiente:

—Estoy en un estado de aceptación. Aceptación de mi cuerpo, de los cambios hormonales, del nido vacío, de la independencia contractual, de que el mundo no es perfecto… Aceptación (se ríe), pero con entusiastas posibilidades futuras.

****

Francisca Imboden es -para qué negarlo- ultra simpática. Aliña casi todas sus intervenciones con comentarios divertidos. Logra así que el tiempo compartido pase con felicidad. De sí misma afirma que tiene un genio de los demonios, pero durante la hora y veinte que va a durar esta conversación eso no se nota. Sí, en cambio, saltan de inmediato su tono optimista, su tendencia a ir y venir distraídamente hilando los temas y el intento, que parece muy consciente, de reflejar que lo que ella piensa o cree o dice no tiene por qué aplicar para nadie más. Es solo suyo y para sí.

A los 54 años, Imboden está en una especie de reseteo controlado. No solo porque, como ella misma apunta, está menopáusica y anda con el abanico en la cartera. En mayo pasado se hizo pública su salida del elenco estable de Mega, el único canal chileno que todavía mantiene un pequeño grupo de actores contratados para hacer teleseries. A cambio, cuenta que está probando dar talleres de actuación con The Mirror Producciones, una academia de artes integrada que dirige el actor Mario Bustos. Su primer intento será el 22 de octubre, en Puerto Montt, junto a Álvaro Morales.

También está en una película de la que ahora no puede decir nada “porque va a salir más adelante” y acaba de confirmarse que el 22 de octubre debutará la segunda temporada de la serie “Baby Bandito” en Netflix. Inspirada en la historia de Kevin Olguín, la serie ficciona en torno al llamado “robo del siglo”. Ocurrido en el aeropuerto de Santiago en 2014, implicó el asalto a un camión blindado y el hurto de más de $6 mil millones de pesos.

Este fin de semana y el próximo, hasta el domingo 12, Imboden además volverá al Teatro Nescafé de las Artes para una reposición del musical “Provócame”, escrito por Los Contadores Auditores y con la productora Cultura Capital. La historia es un juego distópico que tiene al cantante puertorriqueño Chayanne como leit motiv. Entre sus compañeros de elenco están Vivianne Dietz, Emilia Noguera, Carolina Varleta y Koke Santa Ana. Imboden dice es un tipo de montaje que le recuerda el estilo de la película “Yesterday” (2019), dirigida por Danny Boyle.

—¿Cómo se dio su participación?

—Siempre he hecho teatro, y he tratado de mantenerlo mientras hacía televisión. Nunca he trabajado con Alfredo Castro, pero sí haciendo cosas más bien serias y jamás esta desopilante comedia. Vi “Morir de amor” y me enamoré de la forma. Siempre tiraba como el gancho: “Si me quieren llamar, yo feliz”. Y justo pasó algo en la pandemia y me llamaron y fue lo mejor. Le agradezco para siempre a esa actriz que no pudo viajar. Siento, y ojalá ellos también sientan lo mismo, que hay un lenguaje, una comunión de pensamiento. Una vez una actriz me dijo: “Qué valiente, yo no me atrevería a hacer esto”. Y yo, ¿por qué no? Si total nosotros somos esto, un mono transformado. Y también somos el otro ser sensible. O sea, una cosa no quita la otra.

—Entonces, le gusta.

—Honestamente, lo paso muy bien con ellos. Encontré un espacio familiar y rico. Vuelvo con mucho placer a hacer “Provócame”, porque es también un volver a entenderse con el teatro como comparsa y no como con individuo estrella. Yo creo que siempre el teatro ha sido así, pero hay veces en que se desdibuja en esta cosa como del más notorio.

—Y esto es más coral.

—De verdad, muy, muy coral. Por supuesto que de repente destaca gente que canta mucho mejor que otra, pero no se trata de eso, sino de que este gran retablo que habla te invita a reírte y tal vez a reflexionar. Yo siento que tal vez tiene que ver… bueno, siempre tiene que ver con el momento histórico que uno pasa. Creo que las verdades tan abiertas no son aguantadas tan fácilmente hoy. Siento que hay una necesidad de que las cosas vengan dichas de un modo un poco más amable, ya que todo está tan complejo.

—Igual parece que hay una tendencia y que es de esta década, con grupos de teatro que apuestan por el musical. Pero no del tipo “La Pérgola de las Flores”.

—Absolutamente, está como de moda. Y no es “Chicago”.

—Y lo empujan los jóvenes…

—Es que “La Pérgola de las Flores” y “La Negra Ester” son dos íconos totales, son súper singulares y tienen mucho que ver con nuestra idiosincrasia. Me acuerdo patente de que me llamó (Francisco) Olavarría hace muchos años, para “Lennon”. Y yo misma, prejuiciosamente, leía el guion y le decía: “¿Qué querís hacer con esto?”. Y pensaba: “Ay, pero cantan, para qué quieres una actriz, mejor contrata una cantante. Te va a salir más barata”. Suena súper pedante, pero es que en realidad me preguntaba: “¿Qué aporte puedo hacer?”. Hoy día encuentro que sí, que es una súper bonita mezcla. Cuando yo estudié teatro nadie pensaba en hacer musicales.

—Pero las nuevas generaciones sí.

—Todos amábamos “La Negra Ester” y amábamos a la Ariane Mnouchkine, pero no pensábamos en el musical. Yo tenía mi profesora de voz, que era la Paz Yrarrázaval, que era maestra total, pero también una señora que fumaba mientras hacía clases y uno respiraba eso en una sala sin ventana. En el fondo tenía más que ver con cómo hablar. Era la musicalidad del hablar más que la del cantar. Cantar era como “ya, ojalá salves cantando”. Y movimiento tenía más que ver con hasta qué punto tú puedes darte cuenta la ductilidad de tu cuerpo, pero no para ser bailarín. Y ahora estas otras cosas ¡son con coreografía!

—Debe ser interesante.

—Es súper bonito de ver. Para mí fue como volver a la escuela y prestarse, con humildad, con un cuerpo de una mujer de 50 y tantos años, a levantar la pata y a tratar de cantar. Humildemente, sabes que te va a tocar el coro de la cuestión. Pero también te vas entusiasmando con tratar de desarrollar cosas mejores.

****

—¿Algún arrepentimiento respecto de esa acción en particular?

—¡Noooo! Ningún arrepentimiento. Creo que arrepentirse es lo más poco útil que existe, porque el pasado ya fue. Yo creí en lo que creí cuando hice eso y tengo que también validar mi pensamiento de ese momento y no estar con: “Ay, pucha”. Los hubiera o los tendría son unos condicionales que no existen en ninguna parte.

En diciembre de 2021, justo 21 años después de su estreno en pantalla, las actrices Francisca Imboden, Amparo Noguera y Antonia Zegers volvieron a ponerse los trajes de los que son, quizá, sus personajes más recordados: las gitanas María Salomé, María Magdalena y María Jacobé, las “tres Marías” de la teleserie “Romané”, de TVN. El gesto sirvió para apoyar la franja televisiva del entonces candidato a La Moneda y hoy Presidente de la República, Gabriel Boric.

El próximo domingo 16 de noviembre, Chile vivirá la primera vuelta de una nueva elección presidencial. Con este gobierno a punto de terminar, Imboden dice: “Para ser honesta, a mí me sigue gustando Gabriel Boric. Por supuesto que hay cosas criticables. Tampoco te digo que sea fantástico, porque la perfección no existe. Hay miles de cosas que sí me gustan y otras que no me gustan, como siempre me va a pasar con todas las personas de la vida, dirijan o no dirijan algo. Hay cosas que yo sí le valoro a este Gobierno”.

—¿Cómo por ejemplo?

—Por ejemplo (se ríe), estoy pensando ahora. La reforma laboral y las 40 ahora de la Jeannette Jara. la Ley “Papito Corazón” (Ley de Responsabilidad Parental y Pago Efectivo de Pensiones de Alimentos), que es importantísima. Yo siento que no funciona tan mal este país, a mí me gusta este país, todos lo hacen bien y mal. Y no creo que uno no pueda salir de su casa o que este país se esté cayendo a pedazos.

—Hay gente que sí lo cree.

—Y está bien. No le voy a decir que está equivocada a esa persona, pero creo que estamos muy influenciados por un desastre generalizado. A mí muchas veces me dicen (pone voz): “¿Y tú sales de noche o dejas a tu hijo salir de noche?”. ¡Por supuesto! “¿Y vas al centro?”. ¡Por supuesto! Y carreteo en el centro y me voy en metro, y no me pasa nada. No te digo que no pase nada. Pero también está esa cosa infantil de creer que todo tiene que estar perfecto. Realmente, si alguien cree que va a acabar con la delincuencia de raíz se equivoca. Perdón, pero la delincuencia existe desde que el ser humano pisó esta Tierra. ¿O creen que van a eliminar a todos los ladrones? Qué les vaiga bien. No creo que eso vaya a pasar.

—¿Entonces qué se hace?

—Lo que sí se puede es crear políticas públicas que ojalá le ayuden a más gente. Eso es todo lo que más me interesa a mí en la vida. (Pone voz) “¡Pero hay mucha más delincuencia!”. Sí, pero hay más gente también. Entonces, pongámoslo en contexto. Lo narco me pone más nerviosa, puesto que realmente ha penetrado en el mundo y nosotros no lo conocíamos. Estábamos como más protegidos. Pero tal vez también nos confiamos demasiado en que estábamos protegidos, que éramos perfectos, que éramos los únicos de Latinoamérica.

—A propósito de las 40 horas. Ahora Jeannette Jara está de candidata presidencial. ¿A usted le gusta?

—Le encuentro cosas buenas y cosas malas. De verdad, yo creo que no existe el candidato perfecto, porque no existe la persona perfecta, ni existen los sistemas perfectos. Tampoco creo en los dogmas ni en ningún partido político en especial. Sí me gusta votar y sí creo que es un deber votar. Encuentro que es una niñería decir: “Ay, es que ninguno me representa”. Pero es que nadie te va a representar ciento por ciento, pero alguien tiene que dirigir el país. Y si tú no eres capaz, ya que nadie te representa, de postular una forma de gobierno y convocar gente y hacer eso que tú crees que es tan perfecto, entonces vota por los que sí se están jugando por hacerlo. Si no, me hago mi propio gobierno y somos todos una anarquía, que no funciona. Yo voy a seguir haciendo mis cultivos y mis cosas en mi casa y mis meditaciones, pero con eso no voy a gobernar el país. Entonces, veo dentro de los candidatos al que tiene más propuestas que tengan que ver con el bien común y la única candidata que veo con propuestas que tienen que ver con el bien común es Jeannette Jara. ¿Y si no pasa? (a segunda vuelta). Bueno, hay que ver entre los que pasan quién tiene más cosas en común conmigo y votaré por esa persona.

—¿Aunque sea de derecha?

—Honestamente, lo que me pasa con los conceptos de derecha o izquierda es que, para mí, hay uno que tiene más que ver con el bien común y otro que protege más el bien particular. Me parece más importante el bien común. Creo que un país más sano y con una salud pública fuerte, más educado y con una educación pública fuerte, que se puede conectar bien con un transporte público fuerte es un país que puede prosperar mejor. No entiendo cómo puede ser que prefieras cuidar lo tuyo y que el otro sea inculto o esté enfermo. Me parece un poco egoísta esa postura y con las derechas en general me pasa que las encuentro más egoístas. Siento que por eso sigo siendo más de tendencia de izquierda. Pero no creo en el puño pa’arriba ni siento que el millonario es malo. Sí siento que las brechas en este país están en ordinarias, son cumas.

—¿Sus hijos fueron a un colegio público?

—Mira, a las niñas las quería meter en el Carmela Carvajal, pero me dijeron: “Usted igual tiene más, es profesional. Hay mucha gente que está esperando”. Y lo encontré lógico. Nos fuimos a un colegio que no está en ninguna lista y me costaba pagable. Pero tengo Fonasa y ando en transporte público. A mis hijos los tuve a todos en sala Fonasa. Lamentablemente, la educación está mucho más sesgada. Yo no entiendo esos colegios que donde te dicen que tienes que pagar un millón por el cabro chico. Lo que estás pagando es un lobby y usar a tu hijo para eso es horrible.

****


—¿Qué le enseñó la televisión a usted?

—Me sigue enseñando siempre. A nivel profesional, me enseñó el lenguaje, que es activo, tienes que estar muy concentrado. A nivel personal, me enseñó a ser más cuidadosa (se ríe). Sí, porque cuando nosotros partimos no había tanta farándula ni ninguna cuestión. A nadie le importaba si yo salía con no sé quién. Ahora hay una cosa farandulosa que no entiendo mucho. También me llevó a profundizar más el camino de la meditación personal, para poder sobrellevar todos estos egos que son inevitables. No tiene que ver con un grupo ni con personas. Todos tenemos ego, pero un ego expuesto en una tele es un ego mucho más complejo.

Francisca Imboden tiene 24 teleseries y 25 años de pantalla. Las últimas ocho telenovelas las hizo en Mega. Las diez primeras son de Televisión Nacional de Chile. De esas, seis forman parte de la llamada “época dorada” de TVN. Debutó a los 26 años, y siendo ya madre de sus dos primeras hijas, en “Oro verde” (1997), a cargo de Vicente Sabatini. Un año después era parte del área dramática del canal.

Integrando el equipo que trabajaba con Sabatini, grupos de hasta 40 actores, viajó por Chile con la meta de reflejar, a través de esas ficciones, identidades del alma nacional. Era un propósito, parte de la misión pública de TVN. En su lista al lado de Sabatini están “Iorana” (1998), en Rapa Nui; “La Fiera” (1999), en Chiloé, y “Pampa Ilusión” (2001), la gran cumbre del director, una producción de época que aborda las tensiones socioculturales en la era del salitre nortino, en los 30 del siglo XX.

En esta entrevista, sin embargo, Imboden elige “El circo de las Montini” (2002) para destacar: “La empecé a valorar estando ya más adulta. El mío, la Jessica, era un personaje bien mudo. Hablaba poquito, pero fue súper bonito desarrollarlo. Siempre había hecho más humor y esto era muy chiquitito. Ella mostraba el valor de lo pequeño, de la constancia, de seguir tratando de hacer lo que amas. Y, además, están los temas que se tocaron en esa teleserie, era súper cruda: el Alzheimer, el VIH y lo duro que es ser parte de un circo en Chile. Tan difícil, con la lluvia, con las guaguas y también con la herencia. Encuentro que es una teleserie muy digna.

—¿Qué le pasa hoy viendo el estado en que esta TVN?

—Me da mucha pena. Ese proyecto de una televisión nacional y cultural siempre tuvo el problema de ser este híbrido público-privado. Siento que es imposible mantener el espíritu público si tienes que estar supeditado económicamente al espíritu privado. Estás compitiendo. Tratas de ser cultural, pero tienes que conseguir la plata. A esa misma persona que quiere ponerle plata al reality hay que convencerla de que te ponga para la historia de “La Negra Ester”. ¡No te la va a poner! Porque con el reality invierte uno y gana diez y con la otra invierte uno y gana dos. Tiene que ver, lamentablemente, para mí, con un concepto de qué es la ganancia muy inmediato y muy torpe. También, en esa misma época, yo tenía como la sensación del Titanic.

—¿Así como de “la bandita”?

—Sí. Hubo un momento en que esta cuestión, con este edificio gigante, con una cantidad de gerentes… Eran muchas gerencias, y uno decía: “Uy, se siente un crujido”. Era como creerse más de lo que eres, perder la humildad y el sentido de realidad. Se te van los humos pa’ la cabeza, pierdes el buen control. Sí, al final, es rico que te esté yendo bien y agradeces, pero tienes que seguir adelante, no dormirte en los laureles.

—Se perdió el norte en TVN, dice usted.

—En el área dramática, porque soy súper camiseateada aunque no parezca, se hicieron esfuerzos importantes y con ganas. Pero uno sentía el contexto y no se entendía que había que amojonar y evolucionar. Ese pudo ser un momento importante para sentar las bases de esta especie de BBC que se quería hacer. Sí, se terminó perdiendo el norte. A mí el edificio me incomodaba. Para mí, era como metafórico: las oficinas de continuidad no tenían enchufe. Y uno decía: “Ah, ya”. Tenías que salir y, con el nivel de viento que se provocaba en ese pasillo, te resfriabas. Tuvieron que poner mamparas.

—No muy bien pensado.

—Ganó premios y todo, pero uno veía que nunca estuvo pensado para el uso humano. O sea, nos desconectamos del humano y de la necesidad real. Porque, como cuando tienes una casa, ¿hasta qué punto necesitas doble altura o cuatro estacionamientos? Y ahí empieza como una especie de arribismo torpe. Y después sostener ese arribismo empieza a ser más importante que acordarte de cuál era tu origen y de lo que querías hacer. Ahora el edificio lo ocupan para hacer de aeropuerto o para la graduación de los cabros chicos. Encuentro que es súper heavy que TVN se arriende para eventos, es como una ruina.

—¿A usted se le subieron los humos a la cabeza?

—Hay gente que me dice que sí, pero yo sentía que no, por supuesto. Tampoco salía tanto ni nunca fui tan protagónica ni nunca gané tanto. O sea, después, cuando me fui de TVN me di cuenta de lo mal que ganaba, porque negociaba yo sola y fueron 13 años de negociaciones súper equivocadas. Pero, como me alcanzaba, pensaba: “Ah, está bien po”. Después entendí que ganaba como un décimo de lo que debería haber ganado. Bueno, tampoco creo que uno necesite tanto. Cuando gané el Altazor, como todo es con los egos, sentí que hubo molestia. Se me dijo que se me habían subido los humos.

—¿Es muy duro estar sin contrato en Mega?

—Salí de la situación de contrato, pero en realidad espero no haber salido definitivamente de nada. Es duro sí, pero tengo pega. Estoy llena de pega. Y, además, he sido super ordenada porque, como uno no necesita tanto, uno guarda. Ahora, siempre que te dicen “oye, mira, gracias, ya no más” con algo, lo que sea, un quiebre, terminar con una pareja, que no haya más contrato, que te quiten el arriendo… Cuando eso pasa, te viene una crisis, por supuesto, porque inevitablemente como que cambia algo.Pero yo estoy súper agradecida de todo. Como tenía contrato, tuve… (busca la palabra).

—¿Indemnización?

—Sí, pero también, cómo se llama esto que te dan… el seguro de cesantía. Lo encuentro maravilloso. Antes, estuve 13 años en TVN y fue un muchas gracias, buenas noches y nada.

—¿No le pasó que perder esa estabilidad a esta edad le provocó la pregunta “qué voy a hacer”? ¿O incluso sentirse como de salida?

—Sí, pero “qué voy a hacer” me lo pregunto siempre. Es que, en el actor, el futuro siempre es insospechado. Desde el día uno no sabe lo que va a pasar al día siguiente. También creer que uno va a estar para siempre en un canal o para siempre con un sueldo es un poco ingenuo, porque cómo vas a ser siempre tan necesario solo tú. Y también creo que es una natural consecuencia. Yo estaba tirando señales de que sería bueno que no estar (se ríe). Pero no en mala. Yo, conmigo misma, me decía: “¿Estoy haciendo lo que quiero hacer? ¿Estoy sacándome trote en lo que quisiera?”.

—¿Y estaba?

—Parece que estaba como medio planteándome el futuro. Justo por esta cosa de la adultez, de que ya no tengo la necesidad de estar sosteniendo tres hijos, sino que solo uno. Tengo más libertad en la vida, ya no depende tanta gente de mí. También logré comprarme mi casa, después de muchos años pagando dividendos. Entonces, hay cosas que se cumplieron. Hice mi planilla Excel después de la pandemia. Porque también en la pandemia me vino la cuestión. En ese momento nos dijeron: “Oye chiquillos, no están haciendo nada. A los que están contratados les vamos a bajar el sueldo”. Me pareció súper lógico y dije: “Qué nervios, ¿cómo voy a vivir?”.

—Pero pudo…

—Me había dado cuenta hacía rato de que vivía con menos. Entonces, empecé a hacer orden, a ver cuáles son mis gastos reales. Vi que no necesito tanto para vivir.

—Porque usted es ordenada.

—O sea, desde siempre. Como tuve hijas cuando era chica, si no era ordenada la cosa no andaba. No quería depender de mis papás y me empecé a imponer.

—Es decir, va a tener jubilación.

—¡Sí! Voy a tener jubilación. Me impongo desde los 21 años. Tengo mi APV, mis ahorros, invierto por aquí y por acá. Tengo varios huevitos en varias canastas. Entonces dije: “Ya que gasto poco, cómo puedo vivir feliz teniendo tiempo”.

—Importante el tiempo.

—Me gusta mucho tener tiempo. Tiempo para leer, para caminar, para irme p’al campo, para meditar, para hacer cualquier tontera. Vuelvo a decir, estoy súper agradecida. No estaba molesta en Mega, no estaba rabiosa, no estaba sentida. Nada que ver, me dieron el valor que me dieron y estuvo perfecto. Pero sabía que el estar contratada quita cierta libertad. Tienes que pedir permiso para otro tipo de proyectos y a veces también es una joda para ellos, que tratan de compatibilizar. Me fui, agradecí todo, abracé a todos con mucho amor. Ahora reorganizas tu vida y empiezas a mirar hacia dónde quieres ir.

—¿Qué quiere hacer?

—Estoy tratando de que salgan proyectos sobre ciertas obras que me interesan, quiero generarlas yo.

—¿Habla de teatro?

—O lo que sea, porque en realidad ahora las plataformas son súper diversas. Incluso puede ser a través de la radio. Hay tantas posibilidades que todavía no sé qué. Pero me he puesto a pensar más. Siento que estaba siendo floja conmigo misma, uno se va achanchando. O sea, yo conmigo, no digo que nadie se achanche. Yo sentía que estaba siendo un poquito funcionaria. Y eso empieza a ser poco inquieto y el actor necesita, siento yo, este “no sé qué va a pasar” para estar activo.

Comentarios

Notas relacionadas