Opinión
5 de Octubre de 2025
Perfil a Nicolás Grau: el primer frenteamplista en Teatinos 120
Por Kike Mujica
Es el ministro de Hacienda más joven desde la vuelta a la democracia y el más de izquierda, pese a que ha morigerado la ortodoxia que exhibía antes del baño de realidad que es La Moneda. Hoy encabeza la difícil negociación por el presupuesto 2026. Esta es la historia de Grau, una de las personas más cercanas a Boric: su paso por la FECH —y la famosa fiesta que le pena hasta hoy—, su biografía política y cómo lo ven los empresarios.
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La historia comienza con Marcel (Hacienda) y Siches (Interior) en la cumbre del poder y terminará —todo indica— con Grau y Elizalde. Dos tándems que ilustran este intríngulis progresista, una mezcla —con fórceps— de izquierdas varias e hijos de distintas épocas.
Grau sonó en Hacienda al principio de esta historia, cuando la prensa hurgueteaba nombres e intentaba dilucidar con quién gobernaría Gabriel Boric.
Pero el ungido fue Marcel. Y, con ello, el socialismo histórico. El presidente se atrevió a “innovar” con Siches, pero no jugó con fuego con la economía: no arriesgó las arcas fiscales.
Fue el primer atisbo de que Boric ya no era Gabriel. Y el inicio de un sinfín de concesiones con el “antiguo régimen”. Un economista de “los 30 años” se instalaba con atribuciones en Teatinos 120.
Grau se quedó con la cartera de Economía.
Cuando Marcel decidió partir, el Presidente pudo nombrar a uno de los suyos: Grau, amigo de la vida y compañero de ruta en el viaje político de Boric y su cohorte.
Es el ministro de Hacienda más a la izquierda desde la vuelta a la democracia. Y el más joven: llegó al cargo a los 42 años. Foxley asumió a los 50, Eyzaguirre a los 47, Felipe Larraín a los 52 y Marcel a los 62.
En dictadura, Buchi fue ministro a los 35 años.

Maldita fiesta
Grau nació el 9 de abril de 1983. Es penquista. Su madre es Paulina Veloso, exministra de Michelle Bachelet. “Todos los que yo conozco que son del Frente Amplio —y algunos muy cercanos—, son más bien hijos de personas que eran de la Concertación”, dijo la ex mandataria en 2017. (La frase fue tomada como agravio por los novísimos).
Grau estaría dentro del lote.
Es ingeniero comercial de la Universidad de Chile. Un profesor de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) me cuenta que fue un buen alumno. “Dentro del 10% de los mejores evaluados”. En 2011 cursó un magister en economía y luego partió a Filadelfia para estudiar un doctorado en economía en la Universidad de Pensilvania, una de los 8 mejores planteles —Ivy League— de EE.UU.
Fue presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) entre el 2005 y el 2006. Su gobierno estuvo marcado por un episodio del cual nunca, redes sociales mediante, ha podido zafar.
De hecho, esta semana, en medio de la discusión del presupuesto, resurgió la historia: “¿Cómo puede armar un buen presupuesto si ni siquiera pudo hacerlo con una fiesta?”, es la minuta de los diputados opositores.
En 2006 se cumplían 100 años de la FECH. Grau decidió organizar un recital para celebrarlo. Pero el evento terminó en un desastre financiero: la pérdida fue de $120 millones.
“Hicimos una celebración en el Estadio Nacional en el que fue Vicentico, Charly García, Los Tres y un grupo de salsa que se llamaba Los Van Van”, relató en 2019 a radio Cooperativa.
“Tenían que llegar cuarenta mil personas para que esta cosa funcionara y llegaron quince mil. Y producto de eso, y de una serie de errores que cometimos, en particular yo porque era el presidente de la Federación, se perdió mucha plata y eso significó que la universidad tuviera que cubrir eso porque era un acuerdo”, agregó Grau.
“Yo tenía 23 años en ese momento y creo que he madurado… fue un error”, sinceró.
“Es cierto: fue un episodio nefasto, pero ya fue: han pasado 20 años…”, dice un profesor de la FEN.
Otro episodio que recuerda un profesor de la universidad fue una supuesta amenaza de muerte que según Franco Parisi —entonces vicedecano de la FEN— recibió por parte del entonces estudiante Grau.
El entorno de Grau niega el hecho.
Luego de egresar, el hoy ministro fue académico de la Universidad de Chile. Incursionó en medios de comunicación —compartí panel con él en Tele13radio—, trabajó en la campaña de Beatriz Sánchez y fue coordinador programático de la campaña 2021 de Boric.
Hombre de mirada lánguida, sereno al hablar y de aspecto bonachón, es deportista y colocolino hasta la médula.

Maldito Twitter
Otros de los karma de Grau es su pasado tuitero. Mal generacional. Es como si hubiese existido Twitter en 1973 y en 1980 a la izquierda renovada le sacaran a colación los afiebrados posteos escritos antes del golpe.
“Pacos criminales y asesinos. Espero que todos ustedes y sus jefes políticos paguen alguna vez por todo el daño causado”, fue el tuit, con pésima vejez, que escribió en 2020 y que cada cierto tiempo se lo recuerdan, aunque lo borró de su cuenta.
En 2022 corrigió: “Esos tuits fueron dichos en un contexto específico de mucha frustración, lo digo desde un nivel más personal, hay eventos concretos que ocurrieron esos días que nos generaron molestia y frustración… Por supuesto que la forma en que está dicho es algo que yo no comparto en la actualidad”.
Grau precisó, además, que no compartía lo que había escrito Nicolás.
Bien de izquierda
“Era bien, pero bien de izquierda. Muy crítico de la Concertación, sobre todo del mundo socialista”, cuenta un profesor de la FEN. Eran los albores, el principio, de lo que sería el frenteamplismo. Numerosos movimientos de izquierda universitaria —ilustrada— comenzaban el bombardeo masivo contra el concertacionismo y todo lo que oliera a la “transacasición” (transaca con Concertación).
“Revolución Democrática nació en la UC, onda MAPU. Los autónomos son de la Chile, onda MIR”, me explica un militante socialista.
Grau militaba en la Nueva Izquierda Universitaria (NIU), un movimiento creado en 2005 por expresidentes de la FECH, como los ex PC Rodrigo Roco e Iván Mlynarz. Convivían con la Surda, otro movimiento de las nuevas izquierdas. En 2014, parte de esos grupos crearon una nueva organización política denominada Convergencia de Izquierdas, la que luego derivó en los autónomos, el movimiento de Boric, de Gonzalo Winter y de Grau.
“Lo que valoro de ‘Nico’ —me dice una persona que lo conoce bien— es que en un pasado no tan lejano era muy ideologizado, muy duro. En el gobierno se dio cuenta de que la realidad obliga a abandonar la ortodoxia. Te doy el ejemplo contrario: José Miguel Ahumada: él nunca se pudo sacar las anteojeras ideológicas”.
“Ha hecho la pega, pese a que muchos no le tenían fe. Es muy trabajador. Puede ser que al principio le haya costado entenderse con los parlamentarios, pero lo mismo le paso a Eyzaguirre en el 2000: destacados economistas con poca muñeca política, que les cuesta entenderse con diputados que no ven el conjunto: sólo sus pequeñas parcelas”, argumenta una fuente que ha convivido con ambos ministros.
Un profesor de la FEN mira con desconfianza el cambio político de Grau. “Es capaz de mucho para lograr sus objetivos políticos. Si es necesario ser neoliberal y ponerse corbata, lo hará”, señala.
Regular las regulaciones
Ejecutivos y empresarios lo auscultan con recelo —por domicilio político e inexperiencia— pero no con un rechazo visceral. Todo lo contrario a Marcel, un diablo conocido. Pero nadie chista demasiado: el Gobierno de Boric está en recta final. Distinto es si hubiese sido el primer ministro de Hacienda, me dicen.
Una persona que conoce el mundo público-privado me cuenta que empresarios valoran que los escuche. “Grau y Pardow los reciben en sus oficinas. Otros ministros, no”.
Que se haya embarcado en la agenda anti burocracia también le rindió réditos en el mundo empresarial.
“Fue un acierto de él enarbolar la bandera contra la permisología. Este tema no estaba en la agenda original del gobierno ni de él”, dice un economista del socialismo democrático.
El hastío de Marcel, me dicen como hipótesis, obligó a Grau. Marcel, en una entrevista en Tele13 Radio en octubre del 2023, se desahogó: dijo que el estrés regulatorio “preocupa y casi desespera”.
“Vamos a tener reformas en los próximos meses, nos vamos a preocupar de que en el futuro no vuelva a pasar esto”, precisó.
Grau tomó el relevo anti-regulatorio. Con entusiasmo mediático. “Algo impensado para quienes los conocimos en sus tiempos de ortodoxia económica. Sólo esbozar un deseo de ‘regular las regulaciones’ era sospechoso de ser cómplice de los privados”, dice un PS.
La relación entre Boric y Grau con el mundo empresarial no es igual, pero tampoco tan distinta a la que tuvo la Concertación: gestos más, gestos menos.
Los humores del empresariado respecto del Gobierno han estado marcados por la tensión. Cuando Boric ganó, espanto y una profunda incertidumbre. Con la llegada de Marcel, paz armada. Con la convención constituyente, terror (y más). Con el triunfo del apruebo les volvió el alma al cuerpo. Lo que vino después —salida de Marcel y entrada de Grau—, fue recibido con cierta indiferencia: la atención está en la presidencial.
El trabajo duro del presupuesto lo hizo Marcel. Así se estila en el Ejecutivo: ordenar los números hasta agosto para entrar en tierra derecha.
La muñeca de Grau se verá desde el lunes cuando ingrese la propuesta al Parlamento. El mensaje del gobierno es de austeridad. Los anuncios de los candidatos de oposición hablan de recortes superlativos para los próximos años. Eso también cargará el debate: Chile Vamos, aprovechando la instancia, pretende que republicanos explique cómo recortarán US$6 mil millones.
Sumen diputados en año de elecciones: voraces, insaciables e ingobernables.
Grau confía que en el espacio privado se forjarán los acuerdos. Los berrinches son parte de un año electoral.
Y un dato: la candidata Jara no se perdió foro alguno de los gremios empresariales. Hasta que sinceró que “en Sanhattan no votan por mí”. Ahí dejó de ir.



