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Una década de la gratuidad: la primera generación que hizo realidad el sueño universitario y hoy enfrenta las grietas del mercado laboral

A punto de que se cumplan diez años desde la implementación de la gratuidad universitaria, The Clinic reunió diversos testimonios de los primeros profesionales formados bajo la medida impulsada en 2016 por el gobierno de Michelle Bachelet. Académicos y expertos analizan la reforma, mientras unos la celebran, otros son más críticos.

Por Colomba Bolognesi y Ronit Bortnick 8 de Noviembre de 2025
Sandro Baeza / The Clinic
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Sin la gratuidad “definitivamente no habría podido estudiar”, relata Mahara Seisdedos (34). En 2016 entró a estudiar cine en el Instituto Profesional Arcos y ahora es la primera generación de su familia en haber cursado una carrera y ejercer. Trabaja en el departamento de fotografía de una empresa de producciones cinematográficas. Aún así, cuenta que, “en lo personal, nunca me han pedido el título” para ningún trabajo como cineasta.

“Comencé a estudiar siendo madre soltera de una niña de cuatro años, sin apoyo familiar. Fue muy difícil, pero pese a todo, ahora hago lo que amo, ejerzo mi pasión que es el cine”, relata con emoción.

La política de gratuidad fue implementada en 2016 durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet. La reforma al Sistema de Educación Superior establece que “la educación superior es un derecho, que debe estar al alcance de todas las personas, de acuerdo a sus capacidades y méritos”. Hoy, pueden acceder a la gratuidad las familias correspondientes al 60% con menores ingresos del país, según el Registro Social de Hogares.

Sin embargo, diez años más tarde, las cifras evidencian un escenario distinto al esperado. Un estudio de la Fiscalía Nacional Económica (FNE) abarcó la educación superior de pregrado en el período 2007-2023, considerando 126 universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica que componen este sector. Este constató que “35% de las carreras de educación superior que se ofrecen tiene un retorno económico negativo y que el porcentaje de personas que ingresa a este segmento de carreras ha tendido a aumentar, alcanzando cerca de 40% en 2023″.

La FNE también constató que muchas veces el trabajo que realizan los profesionales no está alineado con la carrera que estudiaron. Dos de cada cinco personas declaran que su trabajo se relaciona parcialmente o poco o nada con sus estudios.

“La elección que realizan las personas al ingresar a la educación superior no siempre aumenta sus posibilidades de encontrar empleo, ni se traduce necesariamente en una remuneración que sea superior a la que hubieran alcanzado en caso de no haber cursado una carrera“, constata la FNE.

Agencia Uno

“Tengo una amiga que estudió también con la gratuidad, es contador auditor, y le va a la raja hoy en día. Yo también pensé que me iba a ir la raja, pero no”, relata Ignacio Pastor (28), que entró a estudiar Diseño de Interiores al Duoc con gratuidad en 2017. El joven cuenta que esperaba que tener un título lo ayudaría mucho más a estar económicamente estable. “Yo sé que mi pega actual de diseñador la puede hacer cualquier otra persona, teniendo título o no teniendo título”, relata.

“Siento que perdí mi oportunidad de la gratuidad”, confiesa. Su profesión “no tiene un campo laboral firme, los pagos son nefastos”. Hace un año y medio que está buscando un nuevo lugar de trabajo, pero no ha podido encontrar.

En otros casos, la experiencia fue muy distinta. El sueño de la familia de Francisca Parada (27) era que ella y su hermana pudieran estudiar en la universidad. “Mi papá no pudo terminar de estudiar y mi mamá siempre quiso estudiar una carrera del área de la salud”, recuerda la joven.

En 2016, Francisca pudo ingresar a estudiar Trabajo Social en la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) gracias a la gratuidad. Sin este beneficio, la joven relata que hubiese tenido que estudiar con Crédito Aval del Estado (CAE): “Habría estado endeudada y no hubiese tenido la capacidad de ahorro que tengo ahora, es una carga mental menos”.

Con su hermana a punto de terminar la carrera y ella trabajando en el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, en su casa es casi imposible no hablar las oportunidades que les entregó la gratuidad: “Es imposible sostener a dos hijas en la universidad, mi hermana estudia en Concepción y yo en Santiago, es imposible sin la gratuidad y nos cambió la vida”.

Francisca todavía vive con sus papás, por lo que se hace cargo de algunos gastos de la casa y también disfruta hacerles regalos: “Poder darles cosas que a lo mejor ellos no van a gastar o que en algún momento no pudieron costearse por distintas razones”. La trabajadora social añade: “Yo sé que en el fondo significa mucho para ellos y es un alivio”.

La gratuidad ha generado “una educación universitaria cada vez más mediocre”

El académico y antropólogo de la Universidad de Chile, Pablo Ortúzar, critica que “la ley de gratuidad lo que hace es consolidar una sobreoferta de títulos universitarios en áreas que no son estratégicas ni prioritarias y donde probablemente los egresados van a haber defraudado su expectativa de sueldo y de ocupación”. Además, “tenemos universidades que no están proyectando al estudiante hacia industrias donde pueda encontrar trabajo”, critica.

Además, explica que las carreras son demasiado largas, y que si, por ejemplo, el estudiante se arrepiente de su especialización, “es imposible para él corregir esa decisión a tiempo, porque ya ha invertido dos o tres años y tiene que invertir dos más para poder obtener el título”.

Para Ortúzar, “la gratuidad y el financiamiento siempre debieron ser políticas públicas vinculadas al mérito académico”. De lo contrario, lo que sucede es que “se opta por facilitar el ingreso bajando la calidad, y el efecto es que haya muchísimos titulados que no poseen las habilidades que sus cartones dicen, y también muchos que no encuentran un trabajo a la altura de sus expectativas“.

El resultado de la gratuidad “ha sido generar una educación universitaria cada vez más mediocre, que ofrece títulos, muchos de los cuales están altamente devaluados y degradados. Un estudio de la Fiscalía Nacional Económica confirmó que para cerca de un 40% de los estudiantes habría sido más rentable ni siquiera haber estudiado”, sentencia el experto.

FOTO: CRISTIAN OPAZO /AGENCIAUNO

En 2014, Isidora Galdames (29) entró a estudiar Psicología en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Dos años más tarde, pudo continuar sus estudios gracias al beneficio de la gratuidad. Así, ella y sus hermanos fueron los primeros de su familia en convertirse en profesionales: “Fue un gran alivio poder estudiar porque mis papás siempre quisieron que nosotros tuviéramos una carrera universitaria”.

Sin embargo, al egresar, se llevó algunas “decepciones” en el ejercicio de su profesión. “Obviamente sabía que los ingresos eran bajos, pero es una carrera en la que necesitas estar formándote constantemente. Tienes que pagar cursos, diplomados, postítulos, que con suerte te alcanza para pagarlos con el sueldo. Necesitas la especialización para lograr quedar en ciertos cargos con mejor sueldo”.

Mirando hacia atrás, la joven reflexiona: “No sé si haber tenido estudios universitarios me asegura una mejor vida”. Isidora agrega que “quizás, no habiendo estudiado, teniendo un negocio o haciendo otra cosa, me hubiese ido mejor”.

Agencia Uno

El subdirector Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (CEPPE UC), Cristóbal Villalobos, explica que “la gratuidad permitió, más que la posibilidad de ingresar a la educación superior, expandir la posibilidad de la elección”. Jóvenes que no veían posible estudiar una “carrera prestigiosa, pudieron acceder a ella por primera vez gracias a la gratuidad“, aclara.

“Es un efecto específicamente más concentrado en los grupos bajos medios y de estudiantes que acceden a universidades de mayor prestigio que efectivamente no lo hubieran hecho sin la gratuidad”, añade el experto.

“Estos estudiantes acceden a un mejor nivel de vida en general que sus familias, pero en comparación con sus propios compañeros, siguen viviendo y sintiendo las diferencias en el mercado. Un mercado que discrimina, no por la carrera, si no por el apellido, por el colegio, etc”, sentencia el subdirector de CEPPE UC.

Las historias de Mahara, Ignacio, Isidora y Francisca reflejan que la gratuidad es una promesa que se sigue construyendo. Para algunos, este beneficio significó un cambio radical en su vida familiar; para otros, un sueño que no se cumplió del todo. Así, esta primera generación de profesionales agradece haber tenido la oportunidad de estudiar, pero con la constante duda de si habrá valido la pena o no.

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