Los 80 años de Elkika Ilmenau: la fusión perfecta entre la fuente de soda chilena y la tradición alemana que conquistó Providencia y es hoy el restaurante más antiguo de la comuna
Hace exactamente 80 años, una pequeña fuente de soda se instaló en el límite del canal San Carlos con avenida Providencia. En ese entonces no había grandes avenidas, altos edificios ni estaciones de metro. Hoy son los nietos del inmigrante alemán que compró el local quienes administran Elkika, que en el último tiempo ha buscado mantener la tradición de los sabores y de la atención. Su dueño actual, Máximo Picallo, cuenta que han rechazado ofertas para convertirse en cadena y abrir en malls, aunque están trabajando en la apertura de un tercer local.
Por Felipe Betancour 9 de Noviembre de 2025
Compartir
Un pueblo en el corazón de Alemania, que hoy no supera los 30 mil habitantes, es el punto de partida de una historia que une a Alemania y Chile a través de la comida. En Ilmenau, región de Turingia, nació en 1914 Hans Heyn, un inmigrante alemán que llegó a Chile con una empresa dedicada a la venta de vidrio para laboratorios. En busca de expandir sus negocios, decidió comprar una fuente de soda inaugurada en 1945 y conocida como “El Kika”.
Fue en la década del 50 cuando este alemán apostó por un lugar que prácticamente marcaba el límite urbano de la ciudad. Con el nuevo dueño llegaron dos cambios: primero, el local incorporó su apellido en honor a la ciudad natal de su propietario, pasando a llamarse “Elkika Ilmenau”; y segundo, los platos tradicionales de la fuente de soda fueron complementados con preparaciones germánicas.
En el menú aparecieron los crudos y los lomitos, que hasta hoy se mantienen entre los más populares, junto a un clásico chileno: el completo, acompañado de unas exquisitas papas fritas caseras que se han convertido en parte del sello del local.
“Para Hans surgió la oportunidad de comprar el negocio, tener una fuente de soda, pero sin la intención de convertirla en una cadena ni nada parecido. Simplemente le gustaba el rubro y lo tomó como una segunda fuente de ingresos”, cuenta Máximo Picallo, casado con Sigrid Heyn, quienes hoy están al frente del negocio.
Tras su llegada al proyecto familiar, la pareja decidió apostar por ampliar el local de avenida Tobalaba e inaugurar un segundo, Elkika de calle Diego Velásquez en 2005, a pasos del metro Pedro de Valdivia.

Picallo relata que en los años 80 y 90 el local creció por todos lados. “Compramos dos propiedades más, remodelamos y seguimos ampliándonos. Elk
ika fue testigo de todos los cambios que tuvo el barrio. Cuando nació, era una zona muy residencial, con esas casonas grandes típicas del barrio oriente. Con el tiempo, esas casas fueron dando paso a la construcción de edificios, lo que generó un verdadero boom inmobiliario.”
Ese auge urbanístico convirtió al local en uno de los favoritos de los obreros. “Llegaban los días 15 y 30 a tomarse sus cervezas. En esa época no existía la variedad que hay hoy: el mercado cervecero se reducía prácticamente a una malta o una pilsen. Nosotros vendíamos chop blanco y chop negro”.
Sobrevivir en el tiempo
La popularidad del local solo fue en alza y hoy es común ver, por las tardes, las terrazas de ambos locales llenas. El público varía según la jornada, por ejemplo, un día de semana después del horario laboral, es común ver oficinistas sentados en el local de Tobalaba tomando cerveza y compartiendo completos. Los fines de semanas, familias enteras llegan al local de Diego Velásquez para compartir sándwichs y papas fritas. El turismo también es un ingreso importante para el local, que ante la cercanía con hoteles y Airbnb, recibe a visitantes de todo el mundo que buscan el tradicional local.
“Una de las razones por las que nos hemos mantenido en el tiempo es que no nos quedamos pegados en una sola generación. Las generaciones van cambiando: quizás los más antiguos venían por unas cosas y los más jóvenes por otras. Ahí está, tal vez, parte de nuestra identidad: algunos nos reconocen como un local de completos, otros como un lugar de comida alemana, y otros nos identifican por nuestros crudos, lomitos o churrascos”, dice el dueño del local.
Para mantener esa popularidad, Maximo dice que también calidad de los ingredientes e intentar mantener los costos a raya son la clave del éxito de legendario local, según él, el mas antiguo de la comuna de Providencia.
“Yo pienso que, a veces, cuando las empresas ponen demasiado foco en los costos, aparece la tentación de cambiar proveedores para mejorar el rendimiento económico. Pero eso, muchas veces, puede llevar a una pérdida de calidad. No digo que siempre ocurra, pero por eso nosotros hemos tratado de mantener cierta estabilidad.
Tenemos proveedores con los que trabajamos hace más de cuarenta o cincuenta años. La idea ha sido conservar los formatos y la calidad. Siempre hemos tratado de mantener una muy buena relación entre calidad y precio. Ese, finalmente, es el foco que queremos tener”.
Un bar futbolero y de personalidades
Kneipe es el nombre que se le da en Alemania a un bar, una posada o una taberna; lo que para nosotros equivale a la clásica fuente de soda. En ese país están por todos lados y resisten a la multiculturalidad de ciudades como Berlín. De interiores oscuros, las cervezas se sirven frías y, en general, hay televisores que transmiten la liga alemana. Nada que envidiar a la realidad chilena.
En ambos locales, el fútbol chileno es prioridad en los televisores. Si hay un partido de la liga local, las pantallas lo transmiten; el resto del día se alternan repeticiones y competencias internacionales. Los fines de semana, cuentan los trabajadores del local, el lugar se llena de hinchas dependiendo del partido. Incluso, el propio presidente Gabriel Boric ha pasado por el local para ver un encuentro de su club, Universidad Católica.
El actual mandatario no ha sido el único presidente en visitar Elkika. Máximo Picallo recuerda que el expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle también solía frecuentarlo. Otra figura habitual en su momento fue Don Francisco, quien, después de las emisiones de “Sábado Gigante”, se comía tres lomitos al hilo.
El propio Don Francisco cuenta que, cuando se independizó a los 25 años, y como le gustaba cocinar por su experiencia previa como ayudante de cocina en Nueva York, mandó a hacer las mesas y sillas en el mismo lugar donde el dueño de Elkika había encargado las del local. En su casa solía recibir invitados y prepararles perniles y lomitos. Además, iba al local junto a su señora y lo frecuentó durante las décadas del 60 y del 70, hasta que se fue a Estados Unidos en 1985.
Más allá del fútbol, el local tiene otros clásicos, como los relojes cucú instalados en una de las paredes del local de Tobalaba y la señora Mirta, quien lleva más de 50 años trabajando allí. Llegó cuando tenía 17 años y hoy dice que Elkika es su casa y su familia. Con el paso del tiempo, se ha convertido en toda una institución dentro del local.

Mirta llegó desde Valdivia acompañada por una tía que conocía al dueño, y desde ese día se quedó a trabajar. Cuenta que antes de entrar no sabía ni siquiera llevar dos vasos, y que todo lo aprendió en el local de Tobalaba, donde aún atiende a los clientes.
“Lo más lindo es ver cómo la gente va creciendo con el local. Hay jóvenes que después son padres y vienen con sus hijos, o parejas que se conocieron aquí, se casaron y pasan a saludar de vuelta del matrimonio. Trabajar acá, para mí, es ser parte de una gran familia.”
La atención, tal como dice Mirta, es clave en el funcionamiento de ambos locales. Es rápida, servicial y cuenta con un equipo de meseros que no tiene problema en cambiar las papas fritas si no están con la frescura y crocancia que los clientes esperan. Para Mirta, otra de las claves del éxito es que los productos siempre están frescos, en un local que abre de manera continua desde las 9 de la mañana hasta la 1 de la madrugada.

Sobre la posibilidad de expandir el negocio y abrir un tercer local, Máximo Picallo explica que su modelo ha sido siempre mantener la independencia y propiedad de cada espacio.
“Cuando un cliente entra a una marca o a una tienda del mall, quiere que la oferta sea la misma en Arica, en Santiago, en La Reina o en La Florida. Y eso, por lo tanto, favorece mucho a las cadenas. Nosotros no entramos en ese modelo”, comenta.
Luego agrega: “Estos son modelos de arrendamiento. En nuestro caso, somos dueños de nuestros locales; nuestro proyecto siempre ha sido ser propietarios de ellos.”
Respecto a la apertura de un nuevo punto, adelanta con cautela: “Son opciones que estamos evaluando, quizás en el barrio de Providencia o en otros sectores. Como dicen ustedes, es una noticia en desarrollo. Pero sí, está la intención; no lo voy a anticipar todavía, pero la intención está.”
Esa mezcla entre tradición, cercanía y un espíritu que rehúye de la lógica de las cadenas ha sido la fórmula que mantiene vigente a Elkika. Más que un bar, es un punto de encuentro donde se cruzan historias, generaciones y pasiones. Un lugar donde el fútbol, la buena comida y la memoria colectiva siguen sirviéndose con la misma calidez de siempre.



