Negocios
28 de Noviembre de 2025“Todo lo hacemos a mano”: Dulcería Frutillar, la pastelería familiar con treinta años de historia que alista su cuarto local en Santiago
Con recetas inspiradas en la tradición alemana y austríaca, Dulcería Frutillar, la pastelería creada por Carmen Sahr y su hijo —y continuada por sus nietos— ha logrado consolidar un sello propio basado en calidad, frescura y planificación, alejándose de procesos industriales. Ahora, tras más de tres décadas de historia, proyecta su cuarta apertura en la capital.
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Todo comenzó hace más de tres décadas en un pequeño local en Las Condes, donde Carmen Sahr vendía platos preparados y algunos postres casi como un complemento. Eso, hasta que su hijo —Pablo Aguirre Sahr—, recién llegado de la Patagonia, decidió sumarse al negocio y, al poco tiempo, vio una oportunidad para apostar por lo dulce al notar la creciente preferencia de los clientes. Así fue como dieron vida a Dulcería Frutillar, una pastelería inspirada en recetas tradicionales alemanas y austríacas.
Catalina Aguirre, hija de Pablo, cuenta a The Clinic que “esa acogida fue el impulso que los llevó a enfocarse en la pastelería, dando origen en 1993 a Dulcería Frutillar”. Agrega que “desde esos primeros años hasta hoy, mantenemos la misma filosofía: todo se prepara a mano, con insumos naturales y sin preservantes, lo que nos permite ofrecer pastelería realmente fresca, hecha cada mañana en nuestra casa matriz”,
Su hermano, Pablo Aguirre, profundiza en lo que constituye el sello —o legado— de Dulcería Frutillar, sobre todo en un mercado cada vez más competitivo. A su juicio, su éxito radica en que “fuimos pioneros en la creación de recetas clásicas de la pastelería chilena moderna”.
“Nuestros fundadores fueron los primeros en Chile en nombrar y consolidar tortas que hoy son parte del imaginario nacional, como la Torta Frutillar, la Torta Reina Ana y la Torta Puerto Varas, todas originales de nuestra casa”, señala.
Otro aspecto que los caracteriza es haber mantenido un modelo de pastelería fresca elaborada a diario, con insumos naturales y sin procesos industrializados. “Cada producto se prepara el mismo día, con un nivel de cuidado que se refleja en el sabor, la textura y la experiencia”, explica Pablo.
“En un mercado que ha tendido hacia la industrialización y las modas, nuestro legado es haber protegido la calidad, la coherencia y el valor de hacer las cosas bien. Dulcería Frutillar es barrio, es memoria, es historia viva. Y esa identidad, junto con nuestras recetas icónicas, es lo que realmente nos diferencia”, añade.
En la misma línea, Catalina recalca: “No buscamos sorprender con modas pasajeras; buscamos emocionar con lo auténtico”. Por eso, en Dulcería Frutillar trabajan con producción diaria y cantidades acotadas. “Solemos ser cuidadosos al planificar, y recomendamos anticipar los pedidos en fechas especiales para asegurar disponibilidad”, declara.

—¿Cómo Dulcería Frutillar ha logrado sobrevivir en un mercado en el que cada vez hay más pastelerías?
—(Catalina) Sobrevivimos, y seguimos creciendo, porque no tratamos de competir en aquello que muchas nuevas pastelerías priorizan: volumen, rapidez o tendencia. Nuestra fortaleza es la consistencia, la calidad, el trabajo cuidadoso y el trato humano. En un contexto lleno de productos muy dulces, empalagosos o industrializados, nuestra propuesta se mantiene vigente porque ofrece equilibrio, elegancia y un sabor que no satura.
Dulcería Frutillar se expande
A la fecha, la marca cuenta con tres locales en Santiago —en Las Condes, Chicureo y Vitacura—, todos operados bajo un modelo familiar. Además, entre sus planes está abrir un cuarto recinto a inicios de 2026, en la calle Luis Carrera, en Vitacura.
Sobre este punto, Pablo enfatiza que buscan “avanzar de forma sostenible y fiel a lo que somos”.
Admite que sí han debido modernizarse, “pero más en la cara pública de la compañía que en la propia gastronomía”. Y añade: “No somos bots; somos personas que cocinan para personas. Ese es, finalmente, nuestro mayor valor”.

Sin embargo, reconoce que ese modelo implica grandes desafíos. “Elaborar todo el mismo día, trabajar con insumos naturales y sin preservantes, y no producir para almacenar requiere una planificación muy exigente: debemos calcular con precisión la demanda, ajustar la producción diariamente y operar con stocks limitados”, dice.
Catalina, por su parte, se refiere al escenario económico, que define como “desafiante”, considerando que “los costos de las materias primas han subido de forma sostenida”. Explica que, mientras parte de la industria recurre a sustitutos más económicos, “nosotros hemos decidido no transar la calidad. Eso ha requerido disciplina, negociación con proveedores y un compromiso profundo con nuestros principios”.
Finalmente, asegura que la competencia también obliga a adaptarse. “La irrupción de nuevas pastelerías ha dinamizado el mercado. Nuestro desafío ha sido mantenernos vigentes sin perder nuestra esencia: responder a nuevos hábitos, modernizar la imagen y ampliar líneas —como la sin azúcar— sin renunciar a la frescura diaria ni al sabor equilibrado que nos caracteriza”, concluye.



