Boris Quercia: “La cultura no tiene por qué tener una ideología política, es libre de eso”
En tiempos de streaming y divorcio entre el cine chileno y la audiencia, Boris Quercia logró una hazaña: el director estrenó dos películas el año pasado que tuvieron excelente taquilla. "Me rompiste el corazón", la historia de Roberto Parra y la Negra Ester, se transformó en la película de ficción local más vista, y ganó esta semana en los Caleuche, mientras sigue dando vueltas por el país. Quercia aborda el por qué el filme fue tan bien acogido por los espectadores, su intención de hacer cine convocante y masivo, el funcionar como "outsider" del circuito local y sobre su incursión en la franja presidencial, donde fue creativo de Mayne-Nicholls. "Viví en dictadura, ya viví un modo pensante que no aceptaba otro, y que el que pensaba distinto iba preso o pasaban cosas mucho más graves. Eso no puede ser, tenemos que ser capaces de vivir en democracia", dice sobre la necesidad de diálogo en la política.
Por Isabel Plant 7 de Febrero de 2026
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Boris Quercia se acerca peligrosamente a los 60 años. Quizás lo único que puede dar pistas de ese futuro cambio de folio es el pelo blanco, modernamente cortado.
“No te vas a dar cuenta y de repente uno ya tiene ese sesenta”, dice riendo, cuando se le pregunta por la edad. “Es una cosa que uno no sabe cómo ocurrió. Shakespeare decía ‘la juventud es delicada tela que no dura’. Porque, la verdad, es que uno es joven muy poquito. Pero me siento muy bien, muy activo; la verdad que no siento la edad hasta que me miro al espejo y digo ‘¿quién es ese señor’? Hasta no verme al espejo, voy como avión”.
Su entusiasmo al hablar y su actividad laboral van con su discurso: el año pasado estrenó dos películas que fueron un éxito en salas locales: “Me rompiste el corazón”, con cerca de 60 mil espectadores, y “Cuándo te vas” con casi 40 mil; hits en lo que es hoy asistencia a cine chileno. Además dirigió una teleserie vertical para TVN y participó en la franja presidencial, por Harold Mayne-Nicholls.
Ahora, al otro lado del zoom, levanta la cortina para dejar que apreciemos brevemente la vista: el Pacífico, barcos y puerto en una soleada mañana de febrero. Quercia está en Valparaíso, editando su próxima película -“Conejillos”, que debería estrenarse a fin de año-, la tercera que hace con el productor Joaquín Matamala, que vive en la Quinta Región, por lo que Quercia siempre está con un pie allá y otro en la capital.
También este 2026 grabará una serie televisiva ahí, tras adjudicarse un fondo regional del CNTV con la comedia romántica “Una noche de San Valentín”. Y su próxima novela, que está escribiendo, lo trae de regreso al policial -después de varias novelas protagonizadas por su personaje detective, Santiago Quiñones-, pero esta vez la trama se desarrolla también en la ciudad puerto.
Mientras, “Me rompiste el corazón” -la que produjo con su otro partner creativo, Alberto Gesswein, con quien compartió en “Los 80”-, la historia de Roberto Parra y su amor por la Negra Ester, sigue dando vueltas por rincones de Chile, tras haber sido la película de ficción chilena más vista de 2025 en salas. Estas semanas, por ejemplo, se mostrará en el Festival de Puerto Guadal, a orillas del lago General Carrera, destaca Quercia encantado.
“Es bonito eso, porque una cosa que hizo Andrés Pérez con la Negra Ester fue que recorrimos Chile, aunque era una locura. Era comercialmente absurdo porque en Santiago estábamos llenos de público, pero a él le interesaba eso e hizo ese recorrido de Arica a Punta Arenas”, dice Quercia, quien interpretó a Roberto Parra en el hoy clásico musical, dirigido por Pérez. Después de varios intentos y postulaciones frustradas, no solo logró llevar la historia a la pantalla grande con éxito, sino que la convertirá en serie a exhibirse en TVN, adentrándose más en la historia de Parra. La película se llevó dos premios Caleuche esta semana, para los actores Daniel Muñoz y Carmen Gloria Bresky, y entró en la preselección de los internacionales Premios Platino.
“Me rompiste el corazón” llevó a gente a salas, lo que en estos tiempos es hazaña para producciones chilenas. Quercia dice, buscando explicar la buena recepción: “De alguna manera pertenecer a un país, una identidad, son cosas en común; La Negra Ester es parte de nuestra identidad”.
Luego agrega: “La Negra Ester toca un tema que es muy emocionante, que es el de los amores perdidos. En la vida de todos nosotros los amores son muy importantes. Y en la vida de casi todos nosotros hay una cierta sensación de haber perdido un amor, uno está muy enamorado de la pareja que tiene, pero hay un amor imposible, o que se rompió por cualquier circunstancia, no sé. Esa sensación es muy común. Y el cuento de Roberto agarra eso desde el corazón y lo representa. Entonces por ahí hay algo muy convocante, porque nos pasa a todos y nos sentimos reflejados en esa sensación del amor perdido”.
Cine chileno para todos
Es interesante lo que sucedió con el cine chileno el año pasado en salas. La película más vista fue un documental que tiene secciones ficcionadas, sobre el centenario de Colo Colo; “Eterno” rozó los cien mil espectadores. En tercer lugar queda “Denominación de origen”, que también es un documental-no-documental, sobre la batalla de la longaniza de San Carlos, con cerca de 60 mil espectadores oficiales. Y en medio, “Me rompiste el corazón”, con 61 mil, una ficción inspirada en una historia real, la de Roberto Parra, su vida, y la Negra de sus amores.
Chilenidad pura y dura, popular y masiva. Y, en tiempos post pandemia y de streaming, éxitos en números que quizás no compiten con los de antaño -en 2003, Quercia llevó 900 mil personas al cine con “Sexo con amor”, por ejemplo-, pero quizás representan una respuesta a qué es lo que quieren ver los chilenos en el cine.

—”Eterno”, “Me rompiste el corazón” y “Denominación de origen” pueden ser una respuesta del público a una puesta en escena de la chilenidad. Una identificación, que quizás se había perdido en los últimos años. ¿Por qué crees tú que engancharon estas películas?
—Uf, lo que pasa es que es tan misterioso esto, porque no existe una receta, y además es muy aleatorio, porque uno prepara una película con dos, tres años, a veces más de antelación, entonces imposible saber cuál va a ser la atmósfera cuando uno estrene. Es lo más parecido a jugar a la lotería. Ahora, dicho esto, también hay películas que tienen una vocación mayor de ser convocantes, de llegar al público, de querer hacer un relato que reúna a la gente en la sala, y hay otras películas que tienen otra orientación, un poco más cerrada, críptica o de un interés del director en otras cosas y que no le interesa tanto la convocatoria a las salas.
No es nada ni bueno ni malo. Hacer cine es difícil, si tú quieres hacer una película críptica o más dura o más difícil de ver, está súper bien. Ahora, evidentemente cuando ese tipo de películas llegan a la sala, le es más difícil al público verlas porque se aburren, no le encuentran el sentido, tienen mal boca a boca. Y esto no tiene nada que ver con el presupuesto ni nada, sino que solamente un deseo primario de la serie, o de la película, de decir, ‘chicos, les voy a mostrar algo, tengo una cuestión súper interesante aquí que me gusta muchísimo, si quieren la ven, si quieren no la ven’.
—¿Cine de autor versus cine de convocatoria? ¿Como mal entendiendo el concepto de cine arte?
—No, no sé si cine arte, yo me iría a esta intención de ser convocante o no, porque yo considero que lo que yo hago es cine de autor. Todas las películas empiezan en un guión, se van transformando en el camino, hay un deseo detrás, una idea. Ahora, que sean comedias, ¿qué importa? Porque no tengo un plano que dure cinco minutos detenido en un atardecer, no va a ser cine de autor.
Yo creo que hay una intención detrás: quiero ser convocante, mi labor como artista es hablarle a toda la gente y convocarlos en una historia que les resuene, porque yo estoy hablando del presente, lo que está pasando en la calle, lo que le pasa a cada uno de nosotros o a la mayoría de la gente. O quiero hacer una historia de un trauma interno que yo tengo y que no me interesa que se propague tanto. Yo creo que es como en la raíz del asunto.
—Hago una película para mí o para juntarme con todos.
—Yo creo que la labor de los cineastas, los actores, es una labor igual como la tienen los recolectores de basura, o los enfermeros. Cada uno en la sociedad cumple un rol. Y yo me siento cumpliendo un rol que es súper importante, porque ocupa el tiempo de ocio a la gente, que es el que más valioso. Ese tiempo que pueden salir al parque un ratito con los niños, el que pueden salir con la señora una vez al mes. No sé, cada vez tiene menos tiempo la gente, porque hay que trabajar cada vez más para lograr la subsistencia, y ahí hay un tiempo de ocio que pueden ocupar en esto. La película los puede hacer llorar, reír, meditar, aprender, hay muchos tipos de cine, pero este es para ellos, no es para mí, ellos pagan la entrada. Yo le estoy haciendo un producto a ellos, no estoy haciendo un producto para mí, para tener en mi currículum.
—¿Por qué no va la historia de Roberto Parra a representarnos al Oscar? Pensando en que las películas que nos han representando en la Academia son más de Cannes, en los últimos años. Versus algo más popular.
—Sí, bueno, eso pasa por una responsabilidad mía, de alguna manera compartida. Yo no tenía la menor idea, para que veas lo desconectado que estoy con el medio, de que había que postular para que la Academia Chilena escogiera tu película.
Entonces de repente veo en el diario las películas que van al Oscar y yo dije Roberto está pintado, es súper chilena, por qué no estoy en esa lista. Entonces llamé a la Academia y me dicen no, pero es que hay que postular.
—Claro, pues, se presentan las películas hasta cierta fecha y luego los miembros de la Academia votan.
—¿Y dónde sale eso? Me dicen: sale en nuestras redes. Pero yo no los tengo en redes. Entonces bueno, me dijeron pucha, no sabíamos que estaba haciendo la película, así que tampoco te avisamos.
—Sobre eso, en esta etapa de tu carrera, estás logrando armar algo presente en la taquilla, fuera de las grandes productoras chilenas, o de los dos streaming que rigen quién hace películas. ¿Te sientes un poco outsider?
—Sí, yo me siento bastante outsider, pero me acomoda. Jamás estaría en un club que acepten a alguien como yo de miembro, como decían los hermanos Marx. Me acomoda porque me da bastante libertad y soy como poco gregario de pertenecer a agrupaciones y cosas así. Está bien que existan y todo, pero no me molesta andar por mí cuenta. Sobre todo no me molesta una cosa con la que me he abuenado, y que me he dado cuenta que es mejor: trabajar con presupuestos bien acotados. Mi primera película la hicimos entre cinco personas, después la otra grabando en la casa de mis papás de locación, consiguiéndose todo. Siempre ha sido así, es tremendo.
Con la excepción de ‘Los 80’, cuando estuve en Canal 13, que eran los buenos tiempos de la televisión.
Pero después las cosas que hemos hecho aquí son de presupuesto súper acotado. Por otra parte me doy cuenta que eso me da muchísima libertad. Yo voy cambiando el guion en el camino, voy inventando escenas sobre la marcha, vamos conversando con los actores, cambiamos el sentido de las cosas.

—¿Cómo te va con lo streaming? Como funciona hoy día el sistema para poder realizar proyectos, al parecer es poder convencer al señor de Netflix o de Amazon Prime Video que te compre.
—Sí, obviamente uno siempre está ahí en conversaciones, intentando, a veces más cerca, a veces más lejos. Es por supuesto una opción súper interesante de financiamiento de una película. Tiene sus costos también, como te digo, de que hay una mirada ajena sobre lo que está haciendo y una exigencia de ciertos parámetros que quizá uno no les encuentra tanto sentido a veces. Pero claro, obviamente si alguien está financiándote la película tienes que acatarlo.
Pero es muy difícil, es súper difícil esto de las plataformas y todo eso. Es muy complicado porque obviamente ellos trabajan, ya tienen sus proveedores y Chile es un país muy pequeñito, por lo tanto no necesitan más que un proveedor o dos.
Boris Quercia, la franja y la política
—El año pasado participaste en la franja presidencial, como creativo de la de Harold Mayne-Nicholls. ¿Qué aprendiste de tu experiencia ahí?
—Fue muy interesante, muy divertido de hacer. Me hubiera encantado que hubiera salido presidente. Fue una relación muy directa y llana con él. Es alguien muy sencillo también, que toma las decisiones personalmente. Así que nada, fue muy fluido, nos dejó hacer mucho también, le gustó el concepto y fue para adelante sin ninguna duda.
Y lo pasamos muy bien haciendo esa franja, nos reímos mucho, teníamos ganas de seguir haciéndola como una sitcom, así que todavía está ahí como posibilidad de proyecto andando.
—¿Cómo ves que estamos los chilenos hoy en día? ¿Qué encuentras, que son las cosas a destacar?Sobre todo ahora que tuviste un pequeño pie en política.
—Sí, fue desde un punto de vista de creación igual, no partidista. De trabajo profesional. Mira, yo tengo la enfermedad del optimismo un poco, siempre estoy tratando de ver los brotes verdes. Creo que hay súper buen material humano en Chile. Me parece a mí que como país tenemos muchas posibilidades, muchos peligros también. Me gusta también que existan oponentes políticos fuertes de uno y otro lado. Porque cuando se concentra todo en un lado, se presta a que haya abuso. Entonces me gusta que cada fuerza política tenga del otro lado alguien que lo va a fiscalizar.
Porque hemos visto que en todos lados se cuecen habas. Por eso es interesante en la política que hayan fuerzas opuestas, que sean fuertes y que no sean amigos entre ellos. El peligro es que sean amigos entre ellos y después de pelear se vayan todos a tomar café. Que se confronten, que se escruten, que estén mirando debajo del agua de lo que está haciendo el otro. Eso me parece que es importante para la buena salud de la democracia.
—¿Cómo ves tú que se va a dar ahora la coyuntura en un nuevo gobierno donde quizás la cultura no es prioritaria? ¿Cómo va a ser la situación para el mundo del arte y la cultura en Chile?
—Mi impresión es que desde la vuelta de democracia, y yo he seguido todo ese proceso, soy viejito ya, ha habido un camino continuo de fortalecimiento de la cultura desde los primeros gobiernos de la Concertación, también en los gobiernos de derecha, ha habido una continuidad en eso. No creo que haya una intención, me parece a mí, de hacer tabla rasa y partir hacia otro lado. Creo que las cosas que están bien van a continuar. Obviamente hay cosas que no están tan bien, que hay que revisar, pero no soy fatalista, me parece interesante los cambios de mirada. Yo no soy ortodoxo.
Soy libre pensador, me interesan todos los puntos de vista. A ver qué punto de vista se plante, y si hace crecer la cultura y continúe con el camino que hemos tenido de crecimiento cultural y apoyo a a las expresiones a todos los niveles, va a ser súper bienvenido y si no, no. Pero eso pasaría en todos los gobiernos. Vimos también en un gobierno de un presidente que es lector, toda la cuestión, donde pasaron cosas que fueron contrarias a lo que se suponía que tenían que seguir los caminos culturales. Entonces no es tan obvio que tal o cual gobierno va a ser un mejor o peor trabajo en la cultura, no lo sé.
—¿En qué cosas estás pensando del gobierno actual?
—Bueno, no fuimos a la Feria de Frankfurt, ponte tú, que era un evento extraordinario para la literatura chilena. Ahora volvió eso a reactivarse y le va a tocar a este gobierno. Entonces la cultura no tiene por qué tener una ideología política, es libre de eso.
De hecho los artistas son personas libres, pensadoras, que están desde otra vereda mirando lo que hacen unos, lo que hacen otros, en mi punto de vista. Por supuesto que hay actores, hay figuras del arte, que son comprometidas políticamente y están en su libertad de serlo, pero yo creo que la mirada de la cultura y el artista es una mirada que engloba todo, no es parcelada por una ideología.
—¿Otros artistas te pueden cuestionar justamente por este espíritu libre pensador y no comprometido por la izquierda?
—No, para nada, para nada. Obviamente mi modo de ver las cosas tiene mucha coincidencia con el espíritu de la izquierda. Lo que pasa es que yo no soy de un partido, no pertenezco a un partido político, pero estoy a favor de un montón de cosas como la eutanasia, la libertad de la mujer en sus decisiones sobre su cuerpo. Por otro lado, también me gusta el desarrollo económico: sé que el desarrollo económico es lo que nos va a sacar de la pobreza, y no estatizar las cosas. Esos son como mis pensamientos globales políticos. Lo interesante de la gente que trabajamos la cultura es que tenemos que tener un criterio amplio para las cosas y tomarla, pensarlas. De eso se trata también, de no cerrarse y decir ‘a este señor es de acá, no lo voy a hablar’.
Se trata de dialogar y ver cómo entre todos avanzamos en un país que tiene mucha falencia , que somos pobres y que falta plata siempre, y qué hay que tratar de salir adelante. Encerrarse en ideología y decir el otro no vale, descalificar al otro, eso es muy poco democrático. Yo creo en la democracia, yo ya viví eso durante mi juventud: viví en dictadura, ya viví un modo pensante que no aceptaba otro, y que el que pensaba distinto iba preso o pasaban cosas mucho más graves. Eso no puede ser, tenemos que ser capaces de vivir en democracia.



